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El viajante (2016)

El viajante
Trailer
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Sinopsis
Emad y Rana deben dejar su piso en el centro de Teherán a causa de los trabajos que se están efectuando y que amenazan el edificio. Se instalan en otro lugar, pero un incidente relacionado con el anterior inquilino cambiará dramáticamente la vida de la joven pareja. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Irán Irán
Título original:
Forushande (The Salesman)
Duración
125 min.
Estreno
3 de marzo de 2017
Guion
Asghar Farhadi
Música
Sattar Oraki
Fotografía
Hossein Jafarian
Productora
Coproducción Irán-Francia; arte France Cinéma / Farhadi Film Production / Memento Films Production / Doha Film Institute
Género
Drama Drama psicológico
8
Venganza el solvente de vergüenza.
en 1949 se estrena por primera vez Muerte de un viajante, obra que otorga a Arthur Miller un éxito internacional inmediato. Su crítica del útópico sueño americano y la presentación del núcleo familiar como ente desestructurado situaron a este trabajo en el olimpo de la atemporalidad. El director iraní Asghar Farhadi ha sido el último en unirse al rol de artistas que han bebido de la influencia de Miller para la creación de sus obras. The Salesman, utiliza el libreto del dramaturgo tanto de manera explícita, mediante la representación meta-cinematográfica de la obra, como implícita, proporcionando a su filme un tratamiento descriptivo simbólico de la tragedia de un hombre corriente en una sociedad machista sin principios. Aquí Farhadi establece una separación cultural-sexual muy acertada para dejar a la mujer como el elemento razonable dentro de una sociedad brutalizada y arraigada en un patriarcado moderno pero inquebrantable.

Una joven pareja se ve obligada a evacuar su edificio a causa de un inminente derrumbe. Tras escuchar las excusas y el desentendimiento de su casero, que no quiere oír hablar de ninguna responsabilidad en el incidente, Emad y Rana se mudan a otra construcción gracias al favor de un conocido que tenía un apartamento en alquiler. El protagonista, que ya empieza a adoptar las maneras procedimentales de su alter ego: Willy, opina que una sonrisa puede abrir muchas puertas y, en este caso, su amabilidad con la gente ha dado los resultados deseados obteniendo el “enchufe” para entrar en su nuevo piso. Pero aquí entra en juego lo irónico de la situación descrita por Miller y adaptada por Farhadi, cuando creemos estar saliendo beneficiados por una transacción amistosa, lo más probable es que la otra persona piense lo mismo. Detrás de una sonrisa se ocultan mil miserias. Y llega el trágico suceso desencadenante de toda la trama. Rana escucha sonar el telefonillo antes de darse una ducha y, presumiendo que es su marido quien llama, como posiblemente hayamos hecho todos alguna vez, aprieta el botón de abrir sin preguntar, e instintivamente deja la puerta de acceso a la casa entornada para poder seguir con su aseo personal. Instantes después llegaría Emad encontrándose un reguero de sangre en el suelo y la casa vacía; su mujer ha sido atacada y trasladada al hospital con una contusión en la cabeza. Desde ese momento, el protagonista dedicará todo su tiempo a buscar una venganza con la que salvar el honor de su familia o, al menos, eso piensa él.

El daño ya está hecho. El hombre se muestra reacio a indagar en los detalles de la agresión, pues teme encontrar una respuesta que lo suma en un profundo estado de humillación. Su mujer muestra síntomas claros de haber sufrido abusos sexuales, sin embargo, el marido prefiere quitar importancia al asunto y dejar que la pobre Rana pase por la traumática experiencia sólo con su ayuda y el silencio al miedo de qué dirán. Cada vez más alienado por su personaje, la vida mental de Emad y su conducta se rigen por la máxima de alimentar la representación de su familia con una normalidad inaguantable. Recurre para ello a ilusiones y deseos de venganza que, de tanto repetirse, construyen la narrativa de su nueva vida. El comportamiento de los hombres en la película es hereditario de la brutalidad machista hegemónica de su país, seres rencorosos y egoístas que piensan que con la destrucción y la humillación retributiva serán felices; cuando el verdadero motivo de su infelicidad reside en su comportamiento como falla a su estilo de vida ejemplar de docente de un colegio y en su incapacidad para olvidar. La mujer, por el contrario, aunque es quien más sufre mentalmente, es piadosa y humilde. Conoce bien que su felicidad no pasa por arruinar la vida de nadie y, en su vergüenza y padecimiento, será la única que pueda poner límite a los accesos violentos masculinos. The Salesman resulta un trabajo demoledor y muy bien dirigido que expone un problema clásico y perenne en la sociedad contemporánea.
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77 de 95 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Deshonra, Culpa y Castigo
De nuevo, Asghar Farhadi nos propone una admirable pieza de cámara con un entramado sutil, complejo y claustrofóbico, con pocos personajes – de hecho, apenas un matrimonio de actores y algunos comparsas – que se enfrentan a un cataclismo íntimo y se mueven por motivaciones no siempre rectas, ni sanas ni clementes. Es la minuciosa, tozuda y fría representación de una tragedia en dos planos paralelos (la realidad y el teatro) que se complementan e iluminan mutuamente. Nos ofrece una obra en apariencia ligera y menor, realizada con maestría de orfebre y delicada caligrafía de cirujano experto, que va creciendo conforme avanza su metraje hasta estallar en su tramo final con un agobiante, tortuoso e iracundo desenlace que arrasa e incendia las entrañas del más ecuánime y prudente de los espectadores.

Se hace difícil resumir la trama sin traicionarla o menoscabarla, ya que o bien se queda uno en vagas generalidades (una esposa es ultrajada y malherida por error por un despechado cliente de una prostituta, lo cual desencadena las ansias de venganza en su consternado marido) o bien se tiene uno que detener en todos los meandros y recovecos de la historia, desvelando entonces el meollo y los abismos del conflicto. En resumidas cuentas, es el reflejo de una doble humillación – o de una afrenta personal que siembra la vergüenza y el terror en una mujer indefensa, pero dicha vejación acaba reverberando y desplazándose hasta secuestrar el ánimo y la voluntad de su ofuscado marido, que la convierte en una ofensa personal, trastocándola en un ultraje propio.

Asistimos perplejos y sin aliento a la autopsia punzante y dolorosa de una vendetta. Pero nunca lo que imaginamos se corresponde de forma unívoca ni limpia con lo que esperamos encontrar, sino que la vida se presenta en múltiples capas y pliegues, destapándose así la caja de Pandora que siembra la devastación y el desconcierto. No resulta fácil mantenerse fiel a unos principios – que suelen ser fruto de prejuicios y simplificaciones – que nos hacen actuar como si fuéramos peleles sin libertad ni raciocinio, esclavos de la mirada de los demás, siervos de la voluntad ajena, prisioneros de los escrúpulos morales o religiosos que nos atenazan. Salir de esa espiral de inquina e indignidad es tarea harto difícil, al alcance de muy pocos. Perdonar y perdonarse es la mayor dádiva de la inteligencia emocional, pero pocos la ansían o pretenden.

Impregnada de autenticidad, encharcada de impurezas, anegada de turbiedades y torbellinos, inundada de desolación y desconsuelo, abre las vísceras ponzoñosas del alma humana y nos deja con un regusto amargo a imperfección y locura que no nos abandona tras su visionado. Impactante en su escarchada sencillez.
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52 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil