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Críticas de antonalva
Críticas ordenadas por:
Maudie, el color de la vida
Maudie, el color de la vida (2016)
  • 7,2
    74
  • Canadá Aisling Walsh
  • Ethan Hawke, Sally Hawkins, Kari Matchett, Gabrielle Rose, ...
7
La mirada
Pero ¿quién fue Maud Lewis (1903-1970)? Estamos ante una biografía – suavizada y azucarada, se supone – de una mujer muy pobre e impedida desde su juventud por a una artritis reumatoide. Su mísera y aislada vida, como la de tantas mujeres desfavorecidas de aquella época, fue una sucesión de abusos, manipulaciones y desengaños, pero que encontró en la pintura naif o folk su forma de canalizar sus innatas dotes creativas que la sirvieron de válvula de escape de su esquinada existencia pueblerina y mutilada. Cuando parecía que estaba predestinada a acabar como solterona baldada y pertinaz, se casó con un rudo y hosco pescador (educado en un hospicio de huérfanos), tan pobre como ella, en cuya minúscula casa fue a hacer labores de sirvienta para poder así soltar amarras de una familia que la maltrató con su desconsideración y desprecio.

Tampoco ese matrimonio fue un camino de rosas, ya que la tosquedad y aspereza del marido no dejaba demasiado margen para la ternura ni el respeto. Pero alguna llama debió de prender entre esas dos almas en pena, retraídas y quejumbrosas, porque supieron acompañarse en su dolor y soledad, dejando cierto margen para que ella, además de las labores del hogar y pese a su progresiva discapacidad, pudiera dar cabida a su necesidad de pintar – de forma del todo autodidacta y primitiva – pequeñas estampitas bucólicas con las que se sacaba unos mínimos céntimos primero, unos pocos dólares después que ayudaban a mitigar sus estrecheces económicas. No es una película romántica al uso, ni un canto a la diferencia, sino el retrato de una mujer sensible y vapuleada que encauzó sus dificultades gracias a una expresividad artística sin ínfulas ni grandilocuencias hacia la sencillez más inmediata que la rodeaba.

En este caso, es absurdo y estéril tratar de separar realidad y ficción. Pero sin ser una experiencia gozosa, la cinta nos ofrece un atisbo de la cotidianeidad más prosaica e insulsa de dos personas casi marginales que supieron acompañarse durante unas fértiles décadas de cariño y compenetración. Su ritmo moroso y manso no hace sino reflejar la sucesión de unos días frugales y unas jornadas sin sobresaltos que ensalzan la dignidad intrínseca de todo ser humano, más allá de su pobreza o riqueza, reivindicando la compasión fundamental hacia todos tus semejantes. Somos únicos y dignos de respeto, con independencia de nuestros atributos o fortuna. El sino de la vida es el gozo cristalino del momento presente.

Es de justicia alabar la portentosa interpretación de Sally Hawkins, que hace una creación memorable, bordeando el patetismo sin caer en él, sorteando el tono sensiblero gracias a su tenacidad y empaque que compagina, a un tiempo, fuerza y fragilidad. Arrolladora.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Testigo
Testigo (2016)
  • 6,2
    291
  • Francia Thomas Kruithof
  • François Cluzet, Alba Rohrwacher, Simon Abkarian, Sami Bouajila, ...
5
Ardides y amaños… con un hedor a castaña
Puro engaño, ampulosa artificiosidad… no se me ocurre mejor manera de resumir la sensación que me ha provocado el visionado de esta alabada película francesa. Y el pecado original no está tanto en la realización – que es competente y sabe crear y mantener un clima de sospecha y peligro – sino que se debe al calamitoso guion (del que también es corresponsable el propio realizador, Thomas Kruithof), el cual supura quiebros temerarios y enredos calenturientos, como abducido por una obsesión paranoica en conspiraciones y corruptelas varias dentro de la policía francesa (o en los servicios secretos del Estado galo), que parecen fruto de unas fiebres o dengues tropicales, al infestar de cansina y rebuscada arbitrariedad cada escena de la cinta, lo cual produce perplejidad y hastío en el sufrido espectador.

Por lo tanto, si se trata de ver con total indulgencia como una sucesión de escenas ominosas que parecen bien trabadas – con un mínimo de solvente carpintería – podría tener un pase. Pero cuando se pretende seguir las florituras y adornos de la trama para ver si el deslavazado rompecabezas propuesto tiene algún sentido, el castillo de naipes se viene abajo, ya que no hay un mínimo de consistencia, ni de enjundia, ni de verosimilitud en el descabellado tiovivo que se urde con tajante desprecio por el espectador y nulo respeto por la credibilidad o, al menos, por la coherencia narrativa del relato. Ocurren algunas cosas, hay algún asesinato, hay cierta violencia repugnante y algunas escenas de suspense, pero en todo momento permanece la desagradable sensación de que asistimos a un refrito indigesto que combina el cine negro y la conjura política, pero sin saber por cual decantarse.

No basta con crear un buen personaje protagonista (y contar con un excelente actor como François Cluzet para encarnarlo) para conseguir que perdonemos los errores garrafales de una historia carente de interés, ayuna de nervio, menoscabada por sus múltiples ocurrencias arbitrarias de principiante que pretenden pasar por genialidades de maestro. La atmósfera viciada que se retrata produce una total indiferencia, la desesperación de su protagonista resulta risible de tan forzada y melodramática, su desgraciada historia personal y sus torpes escarceos sentimentales parecen un caprichoso pretexto narrativo para estirar el endeble y escaso metraje. Vamos, que estamos ante un monumento a la torpeza o un mausoleo de la fatuidad. Muy francés todo ello, pero – sobre todo – muy pesado y prescindible.

Ni enigma, ni emoción, ni misterio. El secreto a voces es su brutal nulidad presuntuosa.
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7 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Chavela
Chavela (2017)
  • 7,1
    54
  • Estados Unidos Catherine Gund, Daresha Kyi
  • Documentary, Chavela Vargas, Pedro Almodóvar, Elena Benarroch, ...
7
"Amantes del mundo: a veces es más hermoso recordar que vivir."
La cantante mexicana de origen costarricense Chavela Vargas (1919-2012) fue un personaje singular. La más macha entre los más machos en un pueblo de sementales desbocados, irreductible dipsómana hasta el delirio, promiscua y exuberante en su vida privada, sobria y emotiva en sus quejumbrosas e inolvidables interpretaciones públicas, avasalladora presencia que no alcanzó la fama y el reconocimiento – y la admiración – mundial hasta cumplidos los setenta años, paradigma de la mujer libre, ejemplo poco ejemplar para varias generaciones de féminas y admiradores, icono del arte interpretativo más allá de cualquier catalogación o concesión. Ella fue única en muchos sentidos y sobrevivió, contra pronóstico, a sus propios excesos autodestructivos.

Este documental nos acerca tanto a su vida como a su obra. Y consigue ofrecer un retrato abrumador y sugerente de este extraordinario animal escénico, malherido por sus muchos rechazos y desplantes – empezando por sus padres, que se desentendieron de ella muy pronto por rara – y que encontró en México su patria emocional y afectiva, que supo convertir en arte su desgarro interior hasta devenir en arquetipo de la libertad individual más allá de las convenciones de su época. Su carrera artística abarcó más de seis décadas y su larguísima lista de conquistas ilustres incluyó también a famosos como Frida Kahlo (1907-1954), lo cual es sólo una muestra de su indomable personalidad, pero nunca se vanagloriaba de ello, ocurrió y ya está. Sin embargo, tuvo que lamerse muchas afrentas en silencio. Y lo dejó dicho con su claridad habitual: "Lo que duele no es ser homosexual, sino que lo echen en cara como si fuera una peste".

Lo mejor de esta obra es la excelente selección de canciones que jalonan su metraje y que apostilla e ilustra cada momento de su larga y tortuosa vida. Sobre el escenario, cantando, se puede formular y expresar todo aquello que de otra forma pudiera parecer indecoroso o improcedente decir. Es el salvoconducto de los artistas, su válvula de escape, su catarsis. Y ella supo conectar con un público necesitado de verse representado y reconocido, aceptado y querido. Por ello, sus conciertos hacían las veces de espontáneas y campechanas terapias de grupo, donde el ambiente propiciaba la confidencia y la comunión en un ambiente amoroso, repleto de afectuosa compasión. Logró un vínculo casi místico con sus admiradores, que la adoraron con entusiasmo. Al fin y al cabo dijo: "Las mujeres con pasado y los hombres con futuro son las personas más interesantes".

Arrolladora muestra de una realidad imperfecta e indeleble. Digamos que fue… Puro Teatro.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Clash
Clash (2016)
  • 7,0
    248
  • Egipto Mohamed Diab
  • Nelly Karim, Hany Adel, El Sebaii Mohamed, Ahmed Abdelhamid Hefny, ...
7
El furgón (y calabozo) de los prejuicios
Egipto, 2013. Pero podría ser casi cualquier otro lugar y casi cualquier otro año de esta época tan devastadora como cruel, donde el hombre es pasto de los hombres y las ideologías sólo sirven para esclavizar y fanatizar a los pueblos, pero nunca para encontrar puntos de unión o de acuerdo, sino que se pretende alcanzar siempre la aniquilación del contrincante a toda costa, como si no cupieran las desavenencias en el mapa mental de la gente (y de sus manipuladores dirigentes). La disidencia es la excusa ¿inocente? para masacrar al rival, que es siempre un antagonista a batir, que no tiene lugar ni acomodo en el impecable paraíso idealizado construido a base de falsedades, atropellos y desolación. No es momento de cimentar un mundo más habitable, sino de destruirlo para que renazca – mutilado y yermo – de sus cenizas.

La nota distintiva de esta cinta es la claustrofobia. Y el bochorno. Y la arbitrariedad. Y al abuso de poder. Todo ello configura un retablo de la ferocidad y la locura de una sociedad regida por la tiranía del azar, donde lo importante no es quién eres ni qué haces, sino dónde te encuentras en un momento dado, con independencia de tu trayectoria anterior. Todo sucumbe a la errática fortuna del destino: ahora puedes ser intocable, mañana puedes ser un paria, ayer eras un profesional de valía, hoy apenas un infame enemigo peligroso y mañana tan sólo un cadáver abandonado en un estercolero. Son los infaustos y despóticos juegos de los poderosos, que abominan del respeto hacia el prójimo, desprecian a sus súbditos y utilizan a sus ciudadanos como utensilios prescindibles e intercambiables para alcanzar el control absoluto y perpetuarse en la cumbre, envolviéndose en banderas, intoxicándose con soflamas religiosas o abrazando eslóganes facilones de dudosa honestidad y nula compasión.

No estamos ante un esmerado estudio psicológico – los personajes que habitan la trama apenas tienen entidad, son meras marionetas simbólicas – sino que se nos brinda un asfixiante fresco impresionista con el objetivo de provocar sensaciones y emociones en el espectador, que se ve engullido por el caos y el estruendo que va desarrollándose alrededor de una sofocante situación única que deviene en un torbellino desesperanzado, repleto de sangre y saña y que sirve para establecer una rabiosa alegoría atronadora sobre las luchas civiles y religiosas de un pueblo vapuleado por sus enfrentamientos cainitas. Da igual quien gane, los perdedores están decididos de antemano: todos los hombres y mujeres de bien.

El director, Mohamed Diab, elabora una obra impactante y de calado. Pero me pregunto si tendrá una distribución normalizada en su país o ha sido confeccionada con el solo propósito de ser exportada y recibir premios y parabienes – con todo merecimiento – en los festivales de cine de turno.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
El caso Sloane
El caso Sloane (2016)
  • 7,0
    1.906
  • Estados Unidos John Madden
  • Jessica Chastain, Mark Strong, Gugu Mbatha-Raw, Michael Stuhlbarg, ...
8
El arte de la guerra
Hay un conocimiento lúcido y perenne en el afamado libro escrito por el general chino Sun Tzu hacia el siglo IV antes de nuestra era. Entre otras muchas citas célebres podemos destacar: ‘El arte de la guerra es el arte del engaño.’ O ‘Extiende cebos para atrapar al enemigo. Finge desorden y aplástalo.’ Pero también… ‘Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas.’ Y finalicemos este brevísimo repaso con… ‘Dirigir a muchas personas es como dirigir a unas pocas. Todo se basa en la organización.’ En todas estas frases está resumida la esencia de esta película enredadora e inteligente que hace de un enfrentamiento entre titanes con pies de barro un juego de estrategia tan implacable como locuaz, donde no se sabe bien si se está retratando la falta de escrúpulos de su protagonista o se está reflejando la indignidad de un sistema corrompido por el dinero y el afán de éxito sobre cualquier otra consideración.

Pero vayamos por partes. En primer término tenemos a una mujer ambiciosa, adicta a los estimulantes y opiáceos para poder enfrentarse a su inclemente devenir diario, que parece la encarnación impasible de la codicia desmedida, de la idolatría por la victoria, que renuncia a cualquier vida personal con tal de tener éxito y reconocimiento en una desalmada y obscena profesión habitada por cuadrillas de tiburones y pirañas. Pero también es un tóxico inventario de toda una caterva de personajes a cual más estomagante y repulsivo que vive en función de alcanzar unos objetivos marcados – con independencia de las incontables horas de fatiga y desvelo que haya que dedicar para conseguirlos y con total desprecio por un comportamiento ético y moral que permanece por completo desterrado de la ecuación. Hay que estar muy atentos a los hemorrágicos diálogos, que son el alma y la esencia de esta propuesta singular, que vertebran una acción tan conceptual como contundente.

Poco a poco se va configurando así el retablo inmisericorde de nuestra propia época, en la que la determinación por competir (y ganar) ofusca e insensibiliza la mente de todos los supuestos líderes del presente, donde la imagen y las encuestas de opinión lo son todo y la deontología carece del mínimo interés. Estamos en el ámbito de las percepciones y la apariencia, donde el modelo percibido señorea a sus anchas. Conocer el alma humana es fuente de sabiduría en los momentos de confrontación. Por lo tanto, toda contienda se desarrolla, en exclusiva, en el perímetro de lo percibido (de lo que nos tratan de vender aunque sea una mercancía averiada) y no de lo real.

Y pocas veces ha brillado con tanta solvencia y fascinación una maquiavélica Jessica Chastain. Formidable.
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7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dancer
Dancer (2016)
  • 7,4
    173
  • Reino Unido Steven Cantor
  • Documentary, Sergei Polunin
9
¿Para qué o quién quiero bailar?
La cartelera a veces ofrece sorpresas inesperadas y nos permite descubrir alguna obra atípica que proporciona un deleite tanto estético como íntimo. El bailarín Serguéi Polunin (nacido en Ucrania en 1989) era una figura para mí desconocida, pero tras el visionado de este portentoso documental británico se ha convertido en un seductor personaje lleno de luces y sombras y al que con seguridad trataré de seguir de ahora en adelante – pese a no ser un aficionado a la danza. ¿El motivo? Pues haber ido a ver este reportaje de apenas hora y media que tiene un brío y una fuerza envidiables, que te abre al disfrute de un arte minoritario por el que nunca he sentido ni el más mínimo interés.

Aunque bien mirado, no es un reportaje sobre el arte de la danza, sino que en realidad es un boceto biográfico sobre alguien que desde niño fue impulsado a perfeccionar y sacar provecho de un innato talento físico para la danza, pero en detrimento de su vida familiar y teniendo que buscar fuera de su país natal el caldo de cultivo propicio para desplegar todo su majestuoso potencial. Y eso es lo que de forma ordenada se aborda, sacando provecho de una estructura diáfana y lineal, haciendo un uso fabuloso y dinámico de todo tipo de material de muy dispar procedencia, pergeñando así un estudio fascinante sobre la soledad del artista y las crisis que provoca el perder o carecer de objetivos vitales que den sentido a lo que hacemos.

Porque ante todo estamos ante una elucubración sobre lo que nos motiva y lo que nos hace perder el norte, sobre la dificultad de separarse de la figura paterna durante la infancia y lo que implica seguir la senda que nuestros mayores nos trazan con independencia de nuestros propios intereses y deseos. La facilidad no es sinónimo de felicidad… y eso es algo que se olvida en demasiadas ocasiones. Limitarnos a agasajar la mirada que otros clavan en nosotros puede hacernos arrinconar nuestros propios gustos y anhelos, que no debieran circunscribirse a seguir el camino trazado por tus seres queridos o a satisfacer las demandas y exigencias que los demás ponen en ti, solo por no haber aprendido a encontrar tu propio acicate vital, ajeno a las presiones externas.

Detrás del artificio puede haber arte, tras toda imagen pública late un corazón necesitado de afecto y calor humano. Estamos ante un esbozo impresionista y turbador sobre la fragilidad de la existencia y nos engancha porque sentimos el dolor y participamos del calvario personal de un ser privilegiado y malherido. No se la deben perder: saldrán exultantes y enriquecidos. Una joya insospechada.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Personal Shopper
Personal Shopper (2016)
  • 6,0
    1.566
  • Francia Olivier Assayas
  • Kristen Stewart, Lars Eidinger, Nora von Waldstätten, Anders Danielsen Lie, ...
7
Aferrada al Abismo
El vacío de la pérdida o las llagas del duelo… hay múltiples enfoques posibles al abordar esta sugerente, imperfecta y singular película. En apariencia es una historia de fantasmas, pero también es el retrato de una impostura o el relato de un crimen o la disección de un desconsuelo o el juego perverso de un cínico descreído. O quizás estemos ante un caso de lacerante enajenación o ante una ocurrencia sin sentido… Y mientras la trama va revelándose ante nuestros ojos nos debatimos entre la incredulidad y la fascinación. El dolor de su protagonista lo impregna todo y nos hace poner en cuarentena nuestras propias convicciones, sensaciones y sentimientos. La gélida dirección penetra como un afilado bisturí en la carne atormentada y con aparente frialdad e indiferencia acomete la autopsia de un caso clínico que parece despreciar cualquier racionalidad.

Lo mejor de esta propuesta es todo lo que sugiere, todo lo que no dice, todo lo que no explica, todo aquello que no muestra y que deja al albur y percepción del espectador. Porque nos recuerda que vemos lo que queremos ver, nos fijamos en aquello que necesitamos descubrir y creemos en lo que nos urge idealizar. Todos nosotros creamos un mundo a nuestra imagen y semejanza, somos tanto los ojos que miran como los ojos que nos miran – o que nos imaginamos que nos observan – y siempre permanecemos en este calamitoso bucle, tanto si somos conscientes de ello como si no. Describir la trama de esta cinta es desvelar demasiado, porque pese al aparente enfoque realista con que se aborda el relato, establece una constante lucha dialéctica irresoluble entre el inefable mundo exterior y nuestra caótica y desbordada imaginación personal.

Quizás su protagonista sea una médium, quizás le hable un espíritu (o más de uno), quizás vea espectros… O tal vez es que no sabe ni quiere separarse de una pérdida irreparable – su hermano gemelo – que la hace sentirse culpable por haber sobrevivido. La soledad no es fácil de asumir ni soportar y nos encadena y tortura con fabulaciones grandiosas y prodigios admirables; preferimos la mentira a la verdad, preferimos negarnos a ver y comprender por miedo a palparnos y sabernos desamparados. Todo podría tener una explicación prosaica y nada mitológica, pero ¡qué pobre y esaborío sería un mundo tan rústico y ordinario donde sólo se pudiera ser esclavo de lo material!

Sin lugar a dudas es una obra irregular y algo críptica, pero también muy estimulante y con una gran interpretación de Kristen Stewart. Puede irritar tanto como fascinar, pero en todo caso no dejará a nadie indiferente.
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Déjame salir
Déjame salir (2017)
  • 6,7
    10.024
  • Estados Unidos Jordan Peele
  • Daniel Kaluuya, Allison Williams, Catherine Keener, Bradley Whitford, ...
7
Adivina quién se queda… sin cenar
El género de terror suele ofrecer mucha basurilla de consumo inmediato, lleno de clichés y fórmulas huecas que genera más fatiga (o vergüenza ajena) que miedo en el espectador, por muy predispuesto que vaya a pasar un mal rato. Por ello sorprende esta cinta, que sin revolucionar nada ni apartarse de caminos ya trillados, consigue urdir una trama interesante, con unos personajes bien trazados y con cierta enjundia, creando además un clima insalubre y de peligro constante que supone todo un acierto digno de celebrar. Lo que empieza como una comedia romántica en línea de la añeja pero aún icónica “Adivina quién viene esta noche” – no se sabe bien si como parodia o como homenaje, lo cual añade un toque turbio –, acaba deviniendo en un desasosegante cuento aciago lleno de ironía y mal agüero.

Se nos presentan ciertos elementos clásicos e ineludibles: una mansión solitaria en medio del bosque, una familia amorosa pero con un toque excéntrico (¿o no?), unos personajes en apariencia cordiales pero que generan un innegable desasosiego, ya que parecen habitar una realidad que alberga algún enigma opaco e inescrutable tras su fachada de burguesía cortés, adinerada y plácida, unos sirvientes (de color, claro) que no parecen encajar en el cuadro y cuyo comportamiento imprevisible añade un toque de desazón muy bien dosificado… En fin, todos los ingredientes necesarios para urdir un buen relato amenazador, pero sin caer en la penosa utilización de los efectos especiales para disimular carencias y tosquedades que ni tiene ni necesita maquillar. En definitiva, una buena carpintería – sin alardes ni excesos – como medio para despertar el pánico y generar un canguelo que oscila entre lo enfermizo y lo vivificante.

Lo mejor, sin duda, son tanto la dirección como el guión – ambos debidos al joven actor metido a director primerizo Jordan Peele – que no tratan de impactar por la vía rápida, sino que se detienen en crear (y mantener) una atmósfera ambigua y ominosa que sobrevuela todo el metraje, apenas aligerada por ciertos toques de humor – a ratos algo ganso y otras veces más incisivo y mordaz – que no siempre está del todo bien engarzado y hacen tambalear el tono del relato, aunque contribuyan a aligerar la congoja irrespirable de su protagonista y apuntalen, como de pasada, cierta crítica social… y que encuentra quizás su plena justificación en un final tan inesperado como liberador, que rompe con algunos esquemas narrativos sin por ello menoscabar el resultado en su conjunto.

En resumen, sin ser una gran película sí es una muy disfrutable propuesta llena de perversas intenciones y acertada ejecución, que adecenta y dignifica los cánones del espanto.
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14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Maravillosa familia de Tokio
Maravillosa familia de Tokio (2016)
  • 5,7
    286
  • Japón Yôji Yamada
  • Satoshi Tsumabuki, Yû Aoi, Yui Natsukawa, Kazuko Yoshiyuki, ...
6
Del amor y sus ramificaciones
Con seguridad que no estamos ante un Ozu reencarnado o tan siquiera menor – como tampoco estamos ante una gran película del veterano maestro nipón Yôji Yamada – pero pese a su tono algo burlesco y convencional, desprende un poso de autenticidad en cuanto al retrato que ofrece sobre tres generaciones de una familia japonesa que viven bajo el mismo techo, sus relaciones, sus vinculaciones, sus proximidades y desencuentros, sus peleas y reconciliaciones, sus sinsabores y su nueva sabia irrefrenable que brota a cada paso y que prolongan la estirpe más allá del tronco acogedor. A veces no hace falta ofrecer una cinta redonda e impecable para abordar los misterios de la convivencia en pareja, basta con que haya un conjunto de características que nos revelen las trampas y dificultades cotidianas para convertirla en un acierto entrañable.

El humor nos puede parecer algo ganso y exagerado, más cercano al vodevil aparatoso que a una sutil comedia de costumbres, pero su textura resulta consistente y bien trabada y sus muecas se nos antojan reconocibles y cercanas pese a la lejanía cultural innegable que nos separa del país del sol naciente. Conviene fijarse en los detalles, en lo no dicho aunque sagazmente esbozado (como por ejemplo el secundario papel de la mujer japonesa, del todo sometida a la voluntad y los antojos del marido, o también la dificultad para verbalizar lo obvio, como si fuera un desdoro reconocer los propios sentimientos y dependencias más allá de lo convencional o de lo tácito). Es esa acumulación de gestos y rasgos lo que eleva esta obra más allá de lo previsible y de lo epidérmico.

Casi todas las escenas son llevadas hasta la farsa y el exceso paródico. Hay muchas muecas, mucho histrionismo y muchas reacciones extremas y sobreactuadas, pero si se acepta y abraza su acentuado y sesgado tono de sainete chusco e irrisorio se atisban los márgenes de una verdad que tiene miedo por manifestarse y decir su nombre. El exceso de recato y disimulo de la cultura japonesa parece que conlleva asociado que ciertos temas sólo pueden abordarse de forma oblicua e indirecta, como si el pudor impidiera nombrar a las cosas por su nombre y hubiera que optar por la parodia para aproximarse a las incongruencias de la vida. Quizás sea este rasgo lo que dificulte a más de un espectador occidental adentrarse en la propuesta.

En resumen, estamos ante una obra modesta y acogedora, más crítica y afilada de lo que pudiera parecer a simple vista, que si bien no alcanza niveles de gran cine, resulta cálida y sugerente.
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6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alien: Covenant
Alien: Covenant (2017)
  • 5,8
    7.986
  • Estados Unidos Ridley Scott
  • Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Demián Bichir, ...
6
Universo Pop
Produce cierta perplejidad y sopor constatar, una vez más, la falta de ideas del cine comercial actual, su maniática obsesión por las supuestas “sagas” – que no son sino la repetición o expoliación de personajes, situaciones o tramas que han encontrado la bendición del público – y cuya fórmula repiten con mayor o menor fortuna durante años o décadas hasta que matan a la gallina de los huevos de oro por fatiga o inanición. Pero ya lo ha dejado dicho el propio Ridley Scott: él es un empresario y lo que de verdad le importa es el éxito de sus obras, no el reconocimiento crítico ni los premios. Y creo que este inminente octogenario infatigable ha sido honesto, es decir, lo que le gusta es hacer caja e incrementar su cuenta de resultados, supongo que para ser el más rico del cementerio o para erigirse un mausoleo tan fastuoso y estomagante como las cintas que produjo y dirigió a lo largo de su tan larga como irregular carrera.

Algunas veces hay cintas que conectan con el público de una época – como fue el caso del Alien (1979) primigenio – y su franquicia y su estética se convierte en una iconografía que se puede usurpar y pervertir cada vez que haga falta (o no). Ahora estamos ante la enésima secuela o precuela (qué más da), entretenida sí, bien realizada, con una producción vistosa e impoluta, con un monstruo – reproducido en serie y ad nauseam – pavoroso que genera tanto miedo como fascinación, con unos personajes tan insustanciales como accesorios (carne de cañón para ser masacrados sin remordimientos ni contemplaciones por los guionistas de turno), donde sólo tiene vida propia un maquiavélico androide con ínfulas de omnisciencia divina que a la postre es el mejor y más perdurable acierto de estas dos últimas entregas.

Todo reconocible, predecible y prefabricado, sin aspiraciones de originalidad ni perdurabilidad alguna, un producto de consumo bien hecho, tan prescindible como bien ejecutado, tan entretenido como insípido. No se trata de ningunear sus (innegables) logros, ni de erigirse en guardián de una supuesta pureza dogmática de cómo debería ser la industria del cine – que sobre todo es mero esparcimiento, que con suerte alberga algún sugerente sobresalto o al menos ofrece un vehículo para la ensoñación o la evasión – pero cuando más bien parece que se da por inercia a la máquina fotocopiadora con el único objetivo de pergeñar el calco corrompido de un duplicado borroso, la sensación en el espectador es que le están dando gato por liebre, que le están sacando fraudulentamente y con artimañas el dinero del bolsillo, ofreciendo dos horas de solvente nadería.

Amena aunque parca en novedades o hallazgos.
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29 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Z. La ciudad perdida
Z. La ciudad perdida (2016)
  • 6,0
    2.769
  • Estados Unidos James Gray
  • Charlie Hunnam, Sienna Miller, Tom Holland, Robert Pattinson, ...
7
Un placer adquirido
La fascinación por la aventura, cuando aún quedaban tantas cosas por descubrir en nuestra propia tierra y ciertas personas eran capaces de sacrificar su vida, su salud y sus comodidades con el objetivo de obtener un mayor conocimiento del mundo que habitamos, cuando viajar ya era una actividad habitual pero aún intrépida y arriesgada, llena de percances inesperados y dificultades sobrevenidas… Parece que de todo esto hace mucho tiempo pero apenas ha pasado poco más de un siglo y a nuestros ojos, esclavos de lo inmediato y de lo fácil, se nos antoja una empresa titánica o absurda, fruto de la enajenación o del disparate. Pero nuestra realidad presente se cimienta sobre estas ansias de saber, sobre el legado de tantos hombres que arriesgaron su vigor y sus haciendas en aras de un ideal o de unas fantasías que nos parecen absurdas o anticuadas, ahítos como estamos de conocimiento urgente, apresados en un mundo veloz donde hemos perdido la perspectiva del peligro y del valor del esfuerzo invertido en alcanzar la utopía.

Esta cinta se construye sobre estas innumerables ilusiones desmesuradas y se yergue sobre el perenne afán fantasmagórico que anida en ciertos espíritus inquietos y que a veces han dado frutos inesperados mientras que otras veces ha sucumbido a los peligros del caos. Es una propuesta a contracorriente, alejada del histerismo atolondrado del ‘más difícil todavía’ y se contenta con presentar el ardor de la batalla física y personal contra circunstancias adversas, donde prima la importancia del carácter sobre la vistosidad del montaje frenético y mecánico. Su gran virtud es un clasicismo elegante y pausado, tanto en el fondo como en la forma, donde el paso lento y quejumbroso del tiempo es un protagonista tan importante como el hechizo por lo desconocido y la poesía de los escenarios inabarcables y recónditos. No hay urgencias ni certezas, sino sólo enigmas y asombro. El sacrificio personal como segunda piel que impregna y fecunda cada minuto de su metraje.

Habrá espectadores que saldrán desencantados porque no se busca el impacto inmediato y súbito, sino que se pretende y consigue pergeñar una historia sobre el cansancio, sobre la monotonía del lento fluir de la existencia y sobre los amargos desengaños que acompañan a todo gran proyecto que se basa en meras conjeturas y quimeras. Nos habla de la penumbra del fracaso, del azar del éxito, de los atolladeros de la grandeza y la ruindad de la decepción. Es una película atípica porque retoma, sin dudas ni remordimientos, la épica intimista de un David Lean reencarnado. Abraza la aventura como experiencia vital y absoluta, regalándonos un relato fascinante y perdurable lleno de cristalina y luminosa imperfección.
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36 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rosalie Blum
Rosalie Blum (2015)
  • 6,7
    425
  • Francia Julien Rappeneau
  • Noémie Lvovsky, Kyan Khojandi, Alice Isaaz, Anémone, ...
7
Cuento de Navidad
Volver a empezar… cuando la vida no ha dado aún comienzo (o pareciera que ya ha llegado a su final antes de tiempo). Película sencilla e ingenua, pero con un irrefrenable encanto y simpatía que resultan contagiosos gracias a los tres solitarios y perdidos personajes que nos presenta, que viven aislados en el mundo, como ajenos a él, pero que acabarán unidos por una liviana trama de intrigas y búsqueda de la verdad. Alrededor de ellos bulle la vida pero ellos se sienten excluidos de la fiesta, como si hubieran llegado demasiado tarde al jolgorio y no supieran como participar en el carrusel que se contentan con contemplar desde la distancia. Son meros comparsas sin carnet de baile, marchitados supervivientes de no se sabe qué infortunio al que han sobrevivido desvalidos, dejándose por el camino toda ilusión y cualquier afán de retomar el hilo de su existencia.

Narrada como en tres capítulos aislados – uno por cada uno de los atribulados caracteres que lo habitan – que acabaran convergiendo en un esperanzador y vaporoso desenlace, con el añadido de un esclarecedor epílogo que nos muestra el origen de la desgracia que impregnó su ser de forma indeleble. La afabilidad de la narración no impide que bajo la superficie se perciba el dolorido latir de tres corazones quebrados que tratan de huir de su propia sombra y recoger las migajas de un presente que se antoja ya para siempre póstumo. Sin ser una comedia despierta la sonrisa cómplice, sin ser un drama nos desvela el hondo pesar por el paso del tiempo que todo lo desbarata y destruye. No queda más paraíso que abrazarse a un semejante y sentir la calidez redentora del contacto de un ser humano afín. Nada nuevo que sin embargo funciona por el manto de compasión y comprensión con que se cubre.

El tono melancólico lo impregna todo, pero no desde un fatalismo agorero, sino con ribetes de tragicomedia burlesca que nos hace encariñarnos con los tropiezos y desmayos ajenos hasta disculparlos sin por ello atribuirnos superioridad moral alguna. Perdonar no es una dádiva de los dioses, sino una necesidad de los humanos. También hay un cierto toque romántico, pero que no surgen como una tabla de salvación desesperada, sino que se manifiesta como la confluencia agradecida de dos espíritus afines que encuentran un inesperado descanso nutritivo a su incierto y apenado vagar por el mundo. El sosiego llega, al fin, con la paz y reconciliación con uno mismo, con su pasado y con sus anhelos.

En definitiva, una obra modesta pero luminosa, llena de benevolencia, ternura y humanidad. Como un regalo insospechado.
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lady Macbeth
Lady Macbeth (2016)
  • 6,8
    1.209
  • Reino Unido William Oldroyd
  • Florence Pugh, Christopher Fairbank, Cosmo Jarvis, Naomi Ackie, ...
6
Frustración esteticista
Resulta irritante visionar un relato de pasiones desbocadas y de lujuria irrefrenable tan encorsetado e inanimado como éste. Apela a la libertad de los sentidos, reivindica el amor y la espontaneidad individual pero sucumbe a la artificiosidad de postal ajada, se pierde entre vericuetos de la carne y una lascivia tan sin gracia ni frenesí que produce vergüenza ajena ver los coitos desaforados entre dos seres carentes de interés y sustancia, puro artificio fallero que pareciera más una cinta de adolescentes en celo que no una película seria con aspiraciones de trascendencia. Fondo y forma transitan sendas reñidas que no se entrecruzan jamás. La supuesta turbiedad libidinosa se queda en mero simulacro exánime, más atento a rematar los encuadres preciosistas que a desentrañar el meollo de la historia.

El punto de partida es interesante, pero apenas ofrece nada de lo que promete. La supuesta claustrofobia resulta tan impostada y falaz que apenas trasciende el decorado que la enmarca. Y los actores son incapaces de insuflar vida a unos personajes tan planos y tópicos que producen hartazgo y modorra en el espectador más predispuesto. No hay química alguna entre los supuestos amantes, sus cópulas lujuriosas resultan risibles y sus reacciones enloquecidas apenas alcanzan la banalidad más trillada. Son tracas de pólvora mojada sin erotismo ni sensualidad, más deshonestas que veraces, puro acartonamiento mañoso. Alberga buenas intenciones de denuncia (la sumisión de la mujer, el desprecio racista) pero se queda en un catálogo voluntarioso y fallido que tropieza a cada paso.

Carece de ritmo y armonía, las secuencias van encadenadas sin gracia ni expresividad, demasiado aisladas e inconexas, retablos brillantes e inanimados que se suceden sin una lógica o coherencia narrativa digna de tal nombre y no consiguen configurar una historia bien articulada. Pese a sus muchas carencias, también posee algunas virtudes: la vistosa recreación de la época victoriana en que se desarrolla la acción, la acertada representación de crueldades y desprecios hacia la mujer – aunque sea tu propia esposa o nuera – y hacia la servidumbre, una hermosa utilización de la luz y de las tinieblas tanto internas como externas, la ominosa sensación de desvalimiento y opresión carcelaria en la Inglaterra rural en que se desarrolla el libidinoso cuento nada ejemplar. Pero sus buenos hallazgos parciales son una carpintería afanosa que apenas exhala una simple corrección epidérmica.

En resumen: una decepción. Tanto más desilusionante en cuanto que pareciera contar con los mimbres adecuados para urdir un filme palpitante y conmovedor, pero se queda lejos de sus intenciones y no sobrepasa el tozudo cliché del cine pomposo que se jacta de su importancia en vez de abordar con más modestia y sencillez su cometido.
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19 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Stefan Zweig: Adiós a Europa
Stefan Zweig: Adiós a Europa (2016)
  • 6,2
    417
  • Austria Maria Schrader
  • Josef Hader, Aenne Schwarz, Tómas Lemarquis, Barbara Sukowa, ...
8
Acoso y Ocaso… Antes del Amanecer
Para cualquier persona educada en la cultura alemana – como es mi caso – Stefan Zweig es un escritor de referencia desde el colegio. Además, a principios del siglo XX fue uno de los autores más leídos y populares, paradigma del intelectual burgués cosmopolita e ilustrado, que creía – ingenuamente – en la civilización como vehículo de conocimiento, paz y concordia. Pero como tantos otros eruditos de aquel entonces tuvo que asistir al hundimiento de su vida y de su mundo, conoció el exilio de su Viena natal, tuvo que soportar la humillación de la quema de sus libros por los nazis antisemitas y contempló sorprendido, impotente y angustiado el derrumbamiento de su idolatrada Europa en una guerra fratricida que sembró de odio, muerte y destrucción sus campos.

Estamos ante el viacrucis de un austriaco en cuatro pasos y un epílogo, narrado con una estética reposada y austera – que contrasta con la lujuriosa y sensual vegetación brasileña – que muestra sin apenas movimientos de cámara ni alardes retóricos el recorrido de un alma en pena en busca de su salvación, mientras asiste, agotado, a la aniquilación de su país espiritual (el idioma alemán) y a la ruina voraginosa de su amada patria europea. El estatismo formal contrasta con el torbellino emocional que atormenta a su exangüe protagonista. La película se abre y se cierra con dos majestuosos e incisivos planos secuencia – que enmarcan toda la parca y tenue acción – de una sobriedad sobrecogedora. Sobre todo el último es de una elegancia estremecedora, haciendo un uso implacable de un inesperado espejo (ecos del maestro Max Ophuls) que revela de un plumazo el pasado y presente de un mundo hecho añicos, donde sólo queda rezar, en la religión íntima de cada cual, para despedirse del valle de lágrimas que habitamos.

No estamos ante una biografía al uso, ya que no se nos relata el origen o devenir de un personaje, sino que se limita a cinco hitos significativos circunscritos a su última década de existencia, supurantes de diálogos y llagados de disquisiciones que ilustran el calvario de un hombre doliente y letraherido que busca su hueco entre la barahúnda y el caos de unos años aciagos, arrasados por la guerra, asolados por el fanatismo y masacrados por las ideologías totalitarias del momento (que aún perduran con diversos ropajes o disfraces). Pudiera parecer una cinta árida y ensimismada, ajena a la emoción y ayuna de efusión, que no proporciona ninguna facilidad o felicidad al espectador, que deberá reconstruir por sí mismo el mosaico destrozado de una vida singular y atribulada.

Y no hay mejor forma de cerrar esta reseña que dando voz el propio Zweig, citando su carta de despedida (que se conserva en la Biblioteca Nacional de Israel): “Ojalá mis amigos asistan al amanecer… tras esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, les precedo.”
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11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
La profesora
La profesora (2016)
  • 6,4
    180
  • Eslovaquia Jan Hrebejk
  • Zuzana Mauréry, Zuzana Konecná, Csongor Kassai, Tamara Fischer, ...
7
Corrupción y Heroísmo
Nos rasgamos las vestiduras cuando nos encontramos con las tan nauseabundas como recurrentes corruptelas políticas en las que se desfalcan o saquean dineros públicos para el enriquecimiento personal o para el beneficio de unos pocos gobernantes en detrimento del bienestar y de la justicia, sin darnos cuenta que dicha ocurrencia puede tomar muchas encarnaciones diferentes – no siempre asociada con presupuestos rimbombantes o importes astronómicos – y que lo peor es la indefensión en la que quedan las personas corrientes cuando la nomenclatura política o el ordenamiento social impiden amparar a los individuos comunes ante los atropellos de los jerarcas de turno, protegidos por el sistema y el temor ante sus represalias que pueden desencadenar de forma arbitraria o flagrante.

Esta claustrofóbica y kafkiana película eslovaca nos muestra la insidiosa impunidad del envilecimiento coercitivo de una forma de soborno tan atroz como en apariencia inmune a la justicia, escudado por un ordenamiento político que favorece a los jerarcas del partido dominante (o único) frente a la libertad y autonomía de las personas. Nada nuevo, pero presentado con una rabiosa pertinencia y claridad que nos hiela la sangre y nos revela cómo ciertas personas saben utilizar y manipular los hilos de la nomenclatura en beneficio propio y en detrimento del cabal funcionamiento de las instituciones, socavando la convivencia pacífica y el desarrollo y bienestar de los ciudadanos.

Porque enfrentarse a la injusticia es confrontar al poder constituido y estar, por ello, abocados al fracaso lacerante y al antojo campante y arbitrario de la venganza. Esta cinta está construida como un primoroso ejercicio de estilo, es un rompecabezas que descoyunta y fragmenta la trama – como si de un filme policiaco se tratase – y nos recompone la historia entre sutiles repeticiones e inesperados paralelismos que van revelando la intrigante maquinaria del aparato burocrático omnímodo que aplasta cualquier disidencia y propicia todo abuso bajo el amparo del poder y la coerción policial. No sólo es una denuncia del despotismo penoso de un régimen comunista, sino de cualquier otro totalitarismo que anula la oposición y ahoga la diversidad y libertad individual en aras de un supuesto e intocable bien común supremo y abstracto.

Y lo peor es que las malas prácticas permanecen aunque cambien los sistemas, ya que las personas son fieles a sí mismas y su afán por aprovecharse del prójimo perdura más allá de los simples cambios cosméticos oportunistas, ya que los gerifaltes tienen la rara habilidad de sobrevivirse a sí mismos y perpetuarse en las altas esferas, mutando de pelaje pero conservando su torvo autoritarismo intacto. Lobos con piel de cordero capaces de travestirse según convenga para saquear sin remordimiento ni descanso. Desoladora pieza de denuncia que radiografía un pasado aún presente.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cantábrico
Cantábrico (2017)
  • 7,5
    610
  • España Joaquín Gutiérrez Acha
  • Documentary
7
Hermosura tópica
Un buen documental sobre la fauna cantábrica… y, sin embargo, no acabo de entender el entusiasmo unánime con el que ha sido aplaudida por casi todos. No cabe duda que tiene muchos puntos admirables: unas imágenes bellísimas, una fotografía espectacular, una estructura cuidada y llena de encanto que toma el paso por las diferentes estaciones como referente natural, la atención por el detalle primoroso como motor de la narración, la observación de todo tipo de animales – desde los más grandes y conocidos hasta los más pequeños e ignorados – y el mimo por mostrar las interconexiones entre todos ellos.

Sin embargo, también tiene pequeños lunares que la afean y achatan: una voz en off de locutor engolado y profesional (que lo mismo te vende una nevera que te pondera las bondades de un automóvil) demasiado insistente que aplana el conjunto y convierte el espectáculo visual en una mera mercancía que nos tratasen de vender, el tonillo didáctico algo cansino y trasnochado, un texto que no está a la altura de las estampas mostradas, la sensación de que estamos viendo en una sala de cine algo que tendría una más apropiada cabida en la televisión, la total y absoluta falta de originalidad del enfoque y planteamiento, que ni explora caminos nuevos ni propone ideas rompedoras. En fin, estamos ante el típico documental de animales salvajes – y poco más.

Es decir, se agradece ver una obra tan cuidada y bien elaborada, pero se echa en falta una pizca de atrevimiento y una mayor originalidad. Lo hemos visto antes y lo hemos visto siempre con máximo interés – y nos evoca la memoria de aquella labor tan notoria como pionera del trágicamente accidentado Félix Rodríguez de la Fuente – pero al finalizar la proyección uno se queda con la sensación de estar en el salón de casa, queriendo cambiar de canal o ir a buscar una cerveza para saborear y comentar lo visto, pero resulta que se tiene que coger el coche para refugiarse en la madriguera de la que quizás no se debió de salir para esto.

Quizás se haya alabado sobre todo que se haya estrenado en el circuito comercial, que sea posible ver cine diferente en salas convencionales, que nos traigan a colación una riqueza incalculable que está a un tiro de piedra y que sin embargo – como urbanistas descastados que somos – ignoramos casi en su totalidad. Bella y magnífica pero trillada.
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12 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
I Am Not Your Negro
I Am Not Your Negro (2016)
  • 7,1
    379
  • Estados Unidos Raoul Peck
  • Documentary, James Baldwin
7
Memoria y justicia
Leí varios libros del norteamericano James Baldwin (1924-1987) durante mi adolescencia y fue un hallazgo impactante. Sobre todo sus novelas ‘La habitación de Giovanni’ y ‘Otro país’ y sus ensayos ‘Nadie sabe mi nombre’ y ‘La próxima vez el fuego’ me resultaron memorables. En España es poco conocido y no creo que este interesante documental contribuya a rescatarle del ostracismo. Quizás su enfoque nos pueda parecer ahora anticuado o ajeno, pero su personalísima voz merece atención y reconocimiento, ya que fue un pionero y supo poner el dedo en la llaga: amaba a su país, pero le exasperaba la ceguera e indiferencia de sus compatriotas hacia la realidad y vivencias de los afroamericanos y supo exponer esa lamentable situación a través de una escritura llena de rabia vindicativa.

Tomando como base un libro inconcluso de Baldwin sobre tres activistas negros junto a los que participó en el movimiento por los derechos civiles y que fueron asesinados durante los turbulentos años sesenta del pasado siglo – Medgar Evers (1925-1963), Malcolm X (1925-1965) y Martin Luther King (1929-1968) – esta ecléctica amalgama deviene en un ensayo audiovisual atípico sobre la insensibilidad y ceguera de un pueblo hacia sus semejantes desfavorecidos. Combina el texto inacabado – leído por Samuel L. Jackson – con imágenes del propio James Baldwin en entrevistas y conferencias, así como con otros documentos gráficos lacerantes hasta configurar un retablo sobrecogedor de aquellos años convulsos y fratricidas que zarandearon la sociedad y nos adentran en el presente incierto que ahora habitamos.

Lo mejor de la propuesta es comprobar la cruel pervivencia del racismo, con diferentes ejemplos que son bosquejados de pasada y en formas no siempre claras ni rastreables. Se abole así la distancia temporal y se establece una correspondencia entre lo que fue y lo que es, entre lo que se denuncia y la persistencia impune y corrosiva de lo denunciado. Pero pese a su buen planteamiento y la fuerza de muchas de sus imágenes, en conjunto esta obra se me queda corta, porque apela demasiado al intelecto y lo racional, dejando de lado el componente irracional y arbitrario de lo que retrata. Se admira más las buenas intenciones y los buenos propósitos que no el resultado final del proyecto.

Sin embargo, pese a lo irregular del resultado, no cabe sino elogiar su existencia. Siempre es útil y necesario recordarnos que las injusticias deben ser denunciadas y que el mal – si no se hace nada – suele ganar la batalla gracias a la impunidad del olvido y la comodidad e indiferencia de todos aquellos que no nos vemos afectados de forma directa por los atropellos descritos. Necesaria aunque imperfecta.
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10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Incierta gloria
Incierta gloria (2017)
  • 6,6
    667
  • España Agustí Villaronga
  • Marcel Borràs, Núria Prims, Oriol Pla, Bruna Cusí, ...
5
Dudosa perfección
Hay dos ámbitos que anidan en el meollo de esta obra: una notable historia sobre el horror y el hedor de la guerra civil y una destartalada e inverosímil tragedia sobre unos personajes extremados que se suponen que encarnan tanto la suma pureza como la suprema bajeza del ser humano (vamos, el enfrentamiento inexorable e irreconciliable entre el bien y el mal en estado puro). Lo primero produce admiración mientras que lo segundo genera indiferencia y tedio. ¿A qué se debe esa contradicción tan abrumadora y tenaz? Resulta difícil resumirlo, pero al menos lo vamos a intentar.

La recreación histórica y el esfuerzo por poner en pie una época tan deleznable como fatigada son dignos de admiración. Pocas veces el cine español ha sabido utilizar tan bien los decorados y el vestuario para resucitar el advenimiento de la encarnizada infamia de una contienda que más allá del enfrentamiento de ideologías totalitarias de diferente cuño supuso el despliegue de brutalidades y truculencias que conmocionaron la sufrida piel de toro durante décadas y cuyos ecos bárbaros y desdichados aún reverberan en nuestro penoso presente desolador. Pero tanto esfuerzo resulta baldío y extemporáneo, ya que supone un empeño que se agota en sí mismo, al no servir más que a lo anecdótico y superficial, ya que el relato adolece de tantas carencias y arbitrariedades que produce hastío y desinterés en el espectador.

Porque el relato en sí es tan rebuscado e inverosímil, tan excesivo y enfático, tan truculento y siniestro que no engancha en ningún momento y no cala hondo por quedarse en la exposición de una trama epidérmica y fatalista que parece que se contenta con la mera provocación en vez de explorar los claroscuros y sutilezas psicológicas de unos personajes tan iracundos como desbocados. La mera acumulación de fango y podredumbre, de inmoralidad y arribismo, de mezquindad y ambición no bastan para interesar al estragado público que hubiese agradecido una crónica más sosegada y mejor construida, en vez de asistir al advenimiento del averno en forma de ángel exterminador o de emponzoñada mujer vengadora de agravios insepultos y de abusos bochornosos.

En fin, no cabe duda que asistimos – empachados y confundidos – a una pieza de cámara muy cuidada, que trasciende el manoseado encuadre que la vehicula pero emborronada por su exceso de autocomplacencia y tremendismo que resulta más cansino que admirable. No basta con tener una mirada ecuánime y lúcida hacia los atropellos que algunas personas causan a sus semejantes, se requiere también de cierta mesura y cariño para hacer creíble la ignominia y la violencia que refleja. El buen reparto – sobre todo Núria Prims y Luisa Gavasa – naufraga en su propósito de seducirnos y arrastrarnos hasta los confines de la náusea. Un delirio tan voluntarioso como fallido.
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10 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un hombre llamado Ove
Un hombre llamado Ove (2015)
  • 6,8
    1.128
  • Suecia Hannes Holm
  • Rolf Lassgård, Bahar Pars, Filip Berg, Ida Engvoll, ...
8
Vida, amor y muerte
Al concluir la proyección, tuve que pensar en el poema ‘Si el hombre pudiera decir lo que ama’ de Luis Cernuda que no me resisto a citar casi en tu totalidad: “(…) Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien / cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío; / alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina / por quien el día y la noche son para mí lo que quiera, / y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu / como leños perdidos que el mar anega o levanta / libremente, con la libertad del amor, / la única libertad que me exalta, / la única libertad por que muero. / Tú justificas mi existencia: / si no te conozco, no he vivido; / si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.” Salvando las distancias, creo que encuadra con precisión el contenido de esta agridulce película sueca centrada en un entrañable misántropo tópico y gruñón, pero corroído por la pérdida de su único amor.

Quizás resulte algo simple, con demasiadas ganas de agradar y resultar simpática y hacerse querer a toda costa, pero la verdad es que conforme avanza su metraje consigue poner en pie el retrato fascinante de un cascarrabias enfurruñado, obsesionado con las reglamentaciones estériles y las prohibiciones arbitrarias, que tras su fachada de gigantón insociable esconde un corazón demasiado grande y quebrado como para permanecer en un mundo que le resulta ajeno e inhóspito tras la muerte de su adorada media naranja. Coquetea en varias ocasiones con el suicidio – sin que por ello la cinta pierda su tono ligero y amable – pero siempre hay algo o alguien que le impide concluir con éxito sus meticulosos preparativos. La vida parece querer brotar en los páramos más yermos.

Gustará a los que sepan apreciar el humor negro, a los que crean en la bondad intrínseca de todos los seres humanos, a los que no se avergüencen de sus buenos sentimientos y a los que no les asuste explorar la realidad como un tobogán que recorre, a una velocidad de vértigo, lo mejor y lo peor de cada uno y de sus semejantes. Quizás pueda irritar a los que se crean manipulados por el optimismo inquebrantable y radiante que desprenden las humoradas y extravagancias del ladino introvertido que las protagoniza, pero si uno se deja llevar por la propuesta, encontrará una modesta joya disfrazada de astuta bisutería.

Su aparente blandura no es sino un canto a la generosidad y ternura que nos reconforta y alivia durante nuestro breve peregrinaje por un valle de lágrimas incierto y resbaladizo.
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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rara
Rara (2016)
  • 6,5
    314
  • Chile Pepa San Martín
  • Julia Lübbert, Emilia Ossandón, Mariana Loyola, Agustina Muñoz, ...
7
¿Con qué ojos nos juzgamos o nos creemos juzgados?
La mirada de los demás condiciona nuestra existencia más de lo que – en la mayoría de las ocasiones – somos capaces de reconocer. Queremos dar una imagen de nosotros mismos y nos esforzamos por conseguirlo – seamos conscientes de ello o no – e igual importancia tiene la imagen que creemos o pensamos que los demás tienen o se hacen de nosotros. Y casi todo nuestro afán, cuando vivimos esclavos del examen al nos creemos sometidos, se centra en querer desmentir una fantasía que hemos pergeñado nosotros mismos y que puede ser o no ser cierta, pero que la percibimos como verdadera e inapelable y en ese quijotesco empeño gastamos nuestra energía al luchar contra molinos de viento ilusorios que nos provocan huracanes y desazón.

En esta cinta se habla mucho, pero no siempre se dice todo lo que se piensa ni se expresa con palabras directas y claras lo que bulle en el interior y se quisiera decir pero no se sabe cómo. Salvadas las distancias, me ha recordado la estética y cadencia de Eric Rohmer, por su luminosidad en apariencia intrascendente, por la importancia de los diálogos y por el hecho de que muchos acontecimientos relevantes quedan fuera de campo, en segundo plano, por lo que el espectador tiene que reconstruir ciertos datos relevantes que subyacen entreverados en el tejido de la trama y hacer explícito lo que permanece implícito gracias a una vigilante escucha y observación.

Además hay varias historias y diferentes niveles en esta interesante y modesta obra chilena llena de encanto. Por una parte tenemos el retrato de una adolescente que anda peleada consigo misma y con su realidad – típica de la edad del pavo – y que busca su lugar en el mundo sin saber muy bien a quién acudir ni como acometer semejante tarea sin pelearse con casi todos sus seres queridos. Por otra parte tenemos el reflejo cotidiano de una pareja de mujeres que se aman y conviven pero que no son ajenas al entorno que se toma este hecho como una afrenta. Por último tenemos también el soterrado estudio de una separación y la lucha por la custodia de unas hijas que quieren permanecer junto a su madre (y su pareja), pero que acabarán siendo utilizadas como meros peones en un infamante juego de ajedrez.

Tierna, sutil y deliciosa, llena de amor y comprensión hacia sus personajes, con su pertinente y necesaria dosis reivindicativa sin que por ello resulte un panfleto irritante. Quizás le falte algo de ritmo y destreza, pero en general logra despertar la complicidad del espectador que agradece su cuidadosa y mesurada ambivalencia.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil