arrow
Críticas de antonalva
Críticas ordenadas por:
Dunkerque
Dunkerque (2017)
  • 7,4
    16.724
  • Estados Unidos Christopher Nolan
  • Fionn Whitehead, Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy, ...
9
Sin palabras
Hizo falta el genio intelectual y político de un Winston Churchill para convertir una atronadora derrota en una memorable victoria. Como ahora ha hecho falta el talento cinematográfico y ético de un Christopher Nolan para resucitar y recrear aquel desolador episodio con una sencillez extraordinaria y estremecedora. Porque hay mucha sabiduría y destreza en la engañosa naturalidad documental de sus imágenes, como hay raudales de clarividencia en los mínimos diálogos que puntean todo su metraje…es decir, no estamos sólo ante una obra bien urdida y ejecutada, sino que asistimos a una portentosa composición coral que descuella, sin lugar a dudas, como un hito del cine bélico de todos los tiempos. Y todo ello con una aparente humildad que la engrandece aún más ante el aturdido espectador.

No me gusta el atropello de la guerra – no me gusta la idolatría del heroísmo estéril ni el patrioterismo de cartón piedra – pero aquí nos enfrentamos a algo bien diferente: el relato de cómo la unión hace la fuerza, de cómo la sinrazón y la barbarie saca tanto lo mejor como lo peor de nosotros mismos, de cómo el exterminio es un valle de lágrimas donde sólo cabe la derrota y el dolor, de cómo olvidar nuestro pasado nos condena a repetirlo. La amnesia nos aboca a un baño de cadáveres que amenaza con anegarnos para siempre.

Hay tantos aciertos que casi resulta tan redundante como imprescindible enumerarlos: un metraje perfecto donde cada secuencia deviene en necesaria y eminente, renunciando al énfasis superfluo o la alharaca festivalera; un guión tan férreo como inexorable, que empieza en el infierno y termina en el purgatorio; una dirección que de tan aquilatada y perfeccionista – recuerda al mejor David Lean – se vuelve invisible y omnipotente; un montaje modélico que debiera servir de ejemplo curricular en toda academia de cine; una fotografía que sustituye el significado del horror por el de elegía, ofreciendo un inventario de atrocidades que deviene en un catálogo del atrevimiento anónimo; una banda sonora – y no me refiero sólo a la música de Hans Zimmer, sino a todo el conjunto de resonancias y estruendos bélicos – que impacta tanto como las imágenes, fusionándose en una experiencia sin parangón; unos actores que combinan el anonimato y el estrellato en perfecta armonía. Por pura honestidad y justicia, he intentado encontrar algún error o debilidad, pero he sido incapaz de encontrarlo.

Una derrota puede erigirse en victoria no por un mero alarde retórico, sino por su significación moral y relevancia cívica. Por ello, recordemos, para finalizar, las palabras de Winston Churchill ante el parlamento británico el 4 de junio de 1940: “Seguiremos hasta el final. Lucharemos en Francia, lucharemos en los mares y océanos, lucharemos con creciente confianza y creciente fuerza en el aire, defenderemos nuestra isla, sea cual sea su coste. Lucharemos en las playas, lucharemos en los desembarcaderos, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas; nunca nos rendiremos.”
[Leer más +]
14 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un minuto de gloria (Glory)
Un minuto de gloria (Glory) (2016)
  • 7,1
    181
  • Bulgaria Kristina Grozeva, Petar Valchanov
  • Stefan Denolyubov, Margita Gosheva, Milko Lazarov, Kitodar Todorov, ...
8
¿Para qué te arrepientes, Hidra?
Kafka en Bulgaria… o camino de perdición. Podría enumerar un sinfín de títulos posibles – a cual más tremebundo, desolador o desengañado – para esta cinta y cada uno de ellos desvelaría una faceta de esta sencilla propuesta, pero ninguno de ellos sería capaz de capturar y hacer justicia del impacto emocional que puede llegar a ocasionar la astuta suma de sus sobrias imágenes y – sobre todo – de su tajante desenlace. En pocas ocasiones he transitado durante la proyección una gama tan amplia y heterogénea de opiniones: primero tuve la impresión de que me iba a aburrir como una ostra con la desaliñada cámara en mano y sus pringosas imágenes que basculan entre el apócrifo documental antropológico y el plañidero cutrerío tercermundista; pero poco a poco va creciendo la intensidad y la malicia de la cinta, ofreciendo una radiografía apabullante y áspera del calamitoso presente burocrático y cochambroso que bascula entre la funesta corrupción y el arribismo oportunista.

No es para almas pacatas o estómagos sensibles: es un mazazo rotundo y seco que te deja pegado a la butaca, abofeteado por unas imágenes que tardan en borrarse de la retina, como no queriendo abandonar nuestra memoria y dejar sitio al alivio o la esperanza, como una mala pesadilla o un delirio etílico mal metabolizado. Pocas veces ha brillado a semejante altura la cicatera ruindad de lo mezquino, pocas veces la pobreza moral y la indecencia ostentosa de la putrefacción ética ha tenido un reflejo tan austero como veraz. Una historia mínima que pudiera perecer que sólo debería ocupar apenas unos minutos de metraje se ramifica y enmaraña hasta alcanzar cotas de desasosiego e incomodidad imposibles de digerir y olvidar. El talento y el ingenio es lo que tienen: con elementos mínimos son capaces de construir un edificio en ruinas y sepultarnos bajo los escombros del descalabro total e inapelable. Es el hundimiento y abolición de la bondad, su sarcófago definitivo.

Un humor negrísimo jalona toda la trama pero en nada alivia el descorazonador hedor a descomposición que desprende su fatalista recorrido repleto de sebo y excrecencias, donde el egoísmo señorea a sus anchas y dicta una absurda lógica del fracaso. La precisión milimétrica de una planificación invisible convierte esta tragicomedia en una elegía al naufragio de cualquier confianza o ilusión; la utopía en una sociedad compasiva queda abandonada en aras de una frustración roñosa y ruin que destruye la fe en un mundo mejor y establece la tiranía de la arbitrariedad y la amargura como única realidad despótica.

Unas excelentes interpretaciones, un guión astuto y perverso, así como una dirección y montaje modélicos configuran una obra tan concisa como implacable.
[Leer más +]
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Baby Driver
Baby Driver (2017)
  • 6,9
    5.131
  • Reino Unido Edgar Wright
  • Ansel Elgort, Lily James, Jamie Foxx, Jon Hamm, ...
7
Arrollado por la madre ausente
Ya lo dijo Edith Piaf: ‘Cantar es una forma de escapar. Es otro mundo.’ Estamos ante una propuesta que combina la pura evasión con un barniz caballeroso y sensible que se antoja de otra época. Un engranaje endiablado salido de la imaginación calenturienta de un amante de la música que dinamita las estructuras del thriller y propone una historia romántica en la que los decibelios y la velocidad pretenden disimular la orfandad emocional de su singular protagonista. El lenguaje no es sólo sonidos, sino también signos y gestos que nacen del corazón y del silencio. Saber escuchar es un don reservado a los más atentos, a los bucean por debajo de las apariencias y entienden que la bondad no es sólo una palabra muerta sepultada en el diccionario, sino una segunda piel que nos predispone a encontrar soluciones compasivas ante problemas en apariencia exacerbados.

Dos en la carretera: es un sueño, aunque desean que se convierta en su realidad. Se han encontrado y no quieren separarse bajo ningún concepto. Pero en torno a ellos fluye un maremágnum de criminalidad, les explota y alcanza un volcán incesante de delitos y atropellos que amenaza con engullirles a cada torbellino o bandazo del camino. Se sienten amparados y protegidos cuando se miran a los ojos, pero la mirada de los demás sólo ve fajos de billetes y latrocinios por doquier, negándoles la tranquilidad y el cobijo de un puerto seguro y amoroso donde desprenderse de su capa de tristeza y malagüero, de su soledad añeja y costrosa, para así alcanzar un edén compartido que nadie les pueda arrebatar ni nada pueda malograr jamás. Pero salirse de la senda trazada por los demás es una tarea ímproba que merece todos los esfuerzos pero sin ninguna garantía de éxito.

Montada con virtuosismo, elaborada con artesanal eficacia, diseñada con esmero y tino, con un vigoroso guión bien trabado que no elude los lugares comunes pero dotándolos de abundante inventiva, chispazos y relumbrón, haciéndolos parecer así frescos y novedosos. Su máximo acierto es que arropa muy bien a todos los personajes, dotándolos de vida y turbiedad a partes iguales, pero sin tomarse muy en serio – sin por ello caer en la parodia o la payasada – la trama que les ha tocado habitar durante el frenético metraje. Una elegante ironía socarrona recorre de principio a fin este aquilatado mecanismo que sólo se propone entretener con ingenio y sentido del humor. Quizás algo previsible pero, sin duda, regocijante.

Sería descabellado ensalzarla como un prodigio sin parangón, pero resulta tan jovial como entretenida, tan centelleante como seductora, por lo cual merece nuestro sincero aplauso.
[Leer más +]
14 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un don excepcional
Un don excepcional (2017)
  • 6,4
    1.156
  • Estados Unidos Marc Webb
  • Chris Evans, Jenny Slate, Octavia Spencer, Lindsay Duncan, ...
7
Venganza póstuma
La paternidad no es sólo una cuestión genética, sino que trasciende los meros lazos de sangre hasta erigirse en una experiencia inefable que desborda cualquier explicación racional. Como padres solemos exigir que nuestros hijos alcancen lo que nosotros no hemos sido capaces de lograr, convirtiéndolos en una fotocopia apócrifa o mejorada de nosotros mismos, cegados por la ambición y el afán de notoriedad, aunque sea por delegación. Otras veces nos sentimos incapaces de dar a nuestros vástagos todo lo que creemos que nos demandan y eso nos abruma y desalienta, como si nos enfrentásemos a una tarea titánica de utópico éxito. Y como hijos solemos admirar a nuestros progenitores como si fueran la encarnación de todas las bondades y excelencias de la tierra. O bien odiarlos sin límite ni medida porque nos sentimos ignorados o invisibles, envueltos en un resentimiento indeleble que lo mancilla todo. Nuestra incapacidad para ver nuestras propias angustias y para entender los conflictos de los demás es nuestra condena y nuestra penitencia; tanto más grave cuanto más cerca los tenemos y más cercanos los sentimos.

Estamos ante una modesta película comercial que, sin embargo, nos ofrece un microcosmos rico en matices y rebosante de vida que aborda sin tapujos ni rodeos cómo nos vinculamos con nuestros familiares, los errores que solemos cometer, los aciertos que tendemos a ignorar y las dificultades que encontramos para entablar relaciones sanas y fértiles, más allá de nuestros egoísmos y obcecaciones. Tres generaciones diferentes, cada una con sus heridas, carencias y necesidades, cada una mirando al otro como una herramienta para el propio beneficio y satisfacción, como si fuéramos inmunes a las implicaciones del afecto, del cariño y la seguridad que nos brinda el sentirnos queridos por ser llana y simplemente nosotros mismos, sin manipulaciones ni coacciones en función de unos atributos que esperan o exigen de nosotros.

Todo ello lo consigue, sin aparente esfuerzo, gracias a un excelente guión que pone en pie a unos personajes bien dibujados y llenos de matices, que nos permite entender los motivos de cada cual, dónde no hay ni buenos ni malos, sino sólo almas malheridas e imperfectas que creen estar haciendo lo correcto, pese a sus arrebatos de insensibilidad y codicia, pese a sus disimulos y ardides. Se nos da muy bien mentirnos – no hay mejor ciego que el que no quiere ver – y se nos enciende la boca con improperios y vejaciones cuando nos creemos en posesión de la verdad.

Sería un error confundir la sencillez con simpleza. Estimulante propuesta que encarna lo mejor del cine independiente, gracias a una elegante puesta en escena y a unos actores que brillan en sus respectivos cometidos: sobre todo la niña protagonista, Mckenna Grace, así como la veterana Lindsay Duncan, pero también Chris Evans en un muy encomiable cambio de registro.
[Leer más +]
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Verano 1993
Verano 1993 (2017)
  • 7,5
    1.921
  • España Carla Simón
  • Laia Artigas, Bruna Cusí, David Verdaguer, Paula Robles, ...
6
Separación, pérdida y abandono
Una vez más, las loables intenciones son mejores que la recompensa obtenida. La ambición de pergeñar una obra honda y perdurable sobre el irascible dolor de una niña que acaba de perder a su madre y es acogida por sus calmosos tíos en una masía recóndita en mitad del campo – por tanto, alejada de la Barcelona donde había vivido hasta entonces con sus mimosos abuelos – es digna de elogio y atención. Pero resulta demasiado previsible, monocorde y morosa como para enganchar del todo al predispuesto espectador, que deambula entre el aburrimiento y la complicidad sin decidirse por qué decantarse. Quizás se deba a la nula simpatía que genera la nena protagonista, que produce un notable rechazo y deviene tan insoportable como exasperante y – aunque sea algo intencionado – me parece un error que empaña de principio a fin todo su metraje.

Es una película que se centra en los detalles, tanto en lo que no se menciona de forma expresa y queda soterrado, acechando como una losa o una condena, como en momentos llenos de perspicacia y una capacidad de observación que desbordan cualquier formulación verbal. Rebosa ternura y afecto hacia sus personajes, pero se toma demasiado tiempo para cada escena y la acción no avanza sino a trompicones y ráfagas, con unos desfallecimientos y arritmias que ponen a prueba la paciencia. Esa endeblez formal agota y pese a que se puedan paladear sus innegables virtudes y aciertos, no acaban de borrar la sensación de pesadez que desbarata toda armonía.

Otro error, quizás el principal, es el deslavazado guión que se propone mucho pero no remata casi nada. Sugiere más que enuncia – lo cual podría ser una mérito – pero se queda en el esbozo de lo que pudo haber sido pero no llega a ser por un excesivo ensimismamiento que impide el normal fluir de los acontecimientos. Hay mucha verdad psicológica en lo que se cuenta y en cómo lo cuenta, pero los personajes adultos – que debieran sentirse desbordados por los acontecimientos – parecen siempre en control de la situación y muestran una clarividencia y certeza que no se corresponde con su datos biográficos. Y otros sujetos colaterales se antojan superfluos y tópicos, en absurda contradicción con el meollo central del relato. Cerrar bien un duelo es una tarea ímproba que aquí se resuelve como por casualidad.

Sin embargo, también contiene media docena de momentos impresionantes que sobrecogen y emocionan por su profundidad y precisión. Sobre todo hacia el final – y en especial la mínima escena última – que casi redimen el conjunto y lo elevan hasta cotas inesperadas. Si bien un soberbio desenlace no hace olvidar un desarrollo interesante aunque fallido.
[Leer más +]
29 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
La casa de la esperanza
La casa de la esperanza (2017)
  • 6,0
    656
  • Estados Unidos Niki Caro
  • Jessica Chastain, Daniel Bruhl, Johan Heldenbergh, Iddo Goldberg, ...
6
Cautivos del mal
Recordé un poema de Borges durante el visionado de esta cinta – ‘Los justos’ – publicado en 1981 en La Cifra. Dice así: “Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire. / El que agradece que en la tierra haya música. / El que descubre con placer una etimología. / Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez. / El ceramista que premedita un color y una forma. / Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada. / Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto. / El que acaricia a un animal dormido. / El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho. / El que agradece que en la tierra haya Stevenson. / El que prefiere que los otros tengan razón. / Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.” Es decir, el mundo sólo se salva gracias a una sencilla característica común de algunas personas: la ausencia de malicia o el don de la bondad.

Aunque le sobra metraje y adolece de cierta simplificación gacetillera, en conjunto resulta agradable y está bien elaborado, pese a lo trillado del tema (el holocausto judío durante la II Guerra Mundial) y pese a lo insípido y superficial de casi todos los personajes que habitan la trama. Pretende contarnos el callado hacer de algunas personas buenas que desafiaron los riesgos y adversidades que suponía ayudar a ciertos conciudadanos que habían sido estigmatizados por los dirigentes y la propaganda nazi. Nada nuevo, nada rompedor, nada memorable; ‘La lista de Schindler’ nos ofreció una historia semejante y sentó cátedra. Pero nunca viene mal recordarnos que todas nuestras acciones – y omisiones – tienen consecuencias. Sólo aportando nuestro granito de arena podemos mejorar la existencia de nuestros semejantes.

Quizás el mayor error sea un guión prolijo, repetitivo y plano, que suaviza cualquier arista y evita todo conflicto con vistas a no espantar a los espectadores y ganar su complicidad y aquiescencia. Es muy difícil representar en el cine la generosidad y la ternura de forma creíble, ya que se tiende a caer en la ñoñería o a la simpleza o a bordear el ridículo. Por ello es más agradecido centrarse en la maldad y la depravación, porque resultan mucho más atractivas y fotogénicas. Pero al menos intenta ser un homenaje honesto y sincero de un puñado de ciudadanos anónimos que fueron conscientes de la gravedad de los acontecimientos y trataron de poner remedio, aunque les pudiera costar la vida.

Y el mayor acierto es, una vez más, la presencia de Jessica Chastain, una actriz deslumbrante que consigue hacer creíble un personaje dibujado e inverosímil.
[Leer más +]
11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Maudie, el color de la vida
Maudie, el color de la vida (2016)
  • 7,3
    427
  • Canadá Aisling Walsh
  • Ethan Hawke, Sally Hawkins, Kari Matchett, Gabrielle Rose, ...
7
La mirada
Pero ¿quién fue Maud Lewis (1903-1970)? Estamos ante una biografía – suavizada y azucarada, se supone – de una mujer muy pobre e impedida desde su juventud por a una artritis reumatoide. Su mísera y aislada vida, como la de tantas mujeres desfavorecidas de aquella época, fue una sucesión de abusos, manipulaciones y desengaños, pero que encontró en la pintura naif o folk su forma de canalizar sus innatas dotes creativas que la sirvieron de válvula de escape de su esquinada existencia pueblerina y mutilada. Cuando parecía que estaba predestinada a acabar como solterona baldada y pertinaz, se casó con un rudo y hosco pescador (educado en un hospicio de huérfanos), tan pobre como ella, en cuya minúscula casa fue a hacer labores de sirvienta para poder así soltar amarras de una familia que la maltrató con su desconsideración y desprecio.

Tampoco ese matrimonio fue un camino de rosas, ya que la tosquedad y aspereza del marido no dejaba demasiado margen para la ternura ni el respeto. Pero alguna llama debió de prender entre esas dos almas en pena, retraídas y quejumbrosas, porque supieron acompañarse en su dolor y soledad, dejando cierto margen para que ella, además de las labores del hogar y pese a su progresiva discapacidad, pudiera dar cabida a su necesidad de pintar – de forma del todo autodidacta y primitiva – pequeñas estampitas bucólicas con las que se sacaba unos mínimos céntimos primero, unos pocos dólares después que ayudaban a mitigar sus estrecheces económicas. No es una película romántica al uso, ni un canto a la diferencia, sino el retrato de una mujer sensible y vapuleada que encauzó sus dificultades gracias a una expresividad artística sin ínfulas ni grandilocuencias hacia la sencillez más inmediata que la rodeaba.

En este caso, es absurdo y estéril tratar de separar realidad y ficción. Pero sin ser una experiencia gozosa, la cinta nos ofrece un atisbo de la cotidianeidad más prosaica e insulsa de dos personas casi marginales que supieron acompañarse durante unas fértiles décadas de cariño y compenetración. Su ritmo moroso y manso no hace sino reflejar la sucesión de unos días frugales y unas jornadas sin sobresaltos que ensalzan la dignidad intrínseca de todo ser humano, más allá de su pobreza o riqueza, reivindicando la compasión fundamental hacia todos tus semejantes. Somos únicos y dignos de respeto, con independencia de nuestros atributos o fortuna. El sino de la vida es el gozo cristalino del momento presente.

Es de justicia alabar la portentosa interpretación de Sally Hawkins, que hace una creación memorable, bordeando el patetismo sin caer en él, sorteando el tono sensiblero gracias a su tenacidad y empaque que compagina, a un tiempo, fuerza y fragilidad. Arrolladora.
[Leer más +]
9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Testigo
Testigo (2016)
  • 6,1
    420
  • Francia Thomas Kruithof
  • François Cluzet, Alba Rohrwacher, Simon Abkarian, Sami Bouajila, ...
5
Ardides y amaños… con un hedor a castaña
Puro engaño, ampulosa artificiosidad… no se me ocurre mejor manera de resumir la sensación que me ha provocado el visionado de esta alabada película francesa. Y el pecado original no está tanto en la realización – que es competente y sabe crear y mantener un clima de sospecha y peligro – sino que se debe al calamitoso guion (del que también es corresponsable el propio realizador, Thomas Kruithof), el cual supura quiebros temerarios y enredos calenturientos, como abducido por una obsesión paranoica en conspiraciones y corruptelas varias dentro de la policía francesa (o en los servicios secretos del Estado galo), que parecen fruto de unas fiebres o dengues tropicales, al infestar de cansina y rebuscada arbitrariedad cada escena de la cinta, lo cual produce perplejidad y hastío en el sufrido espectador.

Por lo tanto, si se trata de ver con total indulgencia como una sucesión de escenas ominosas que parecen bien trabadas – con un mínimo de solvente carpintería – podría tener un pase. Pero cuando se pretende seguir las florituras y adornos de la trama para ver si el deslavazado rompecabezas propuesto tiene algún sentido, el castillo de naipes se viene abajo, ya que no hay un mínimo de consistencia, ni de enjundia, ni de verosimilitud en el descabellado tiovivo que se urde con tajante desprecio por el espectador y nulo respeto por la credibilidad o, al menos, por la coherencia narrativa del relato. Ocurren algunas cosas, hay algún asesinato, hay cierta violencia repugnante y algunas escenas de suspense, pero en todo momento permanece la desagradable sensación de que asistimos a un refrito indigesto que combina el cine negro y la conjura política, pero sin saber por cual decantarse.

No basta con crear un buen personaje protagonista (y contar con un excelente actor como François Cluzet para encarnarlo) para conseguir que perdonemos los errores garrafales de una historia carente de interés, ayuna de nervio, menoscabada por sus múltiples ocurrencias arbitrarias de principiante que pretenden pasar por genialidades de maestro. La atmósfera viciada que se retrata produce una total indiferencia, la desesperación de su protagonista resulta risible de tan forzada y melodramática, su desgraciada historia personal y sus torpes escarceos sentimentales parecen un caprichoso pretexto narrativo para estirar el endeble y escaso metraje. Vamos, que estamos ante un monumento a la torpeza o un mausoleo de la fatuidad. Muy francés todo ello, pero – sobre todo – muy pesado y prescindible.

Ni enigma, ni emoción, ni misterio. El secreto a voces es su brutal nulidad presuntuosa.
[Leer más +]
12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Chavela
Chavela (2017)
  • 7,3
    99
  • Estados Unidos Catherine Gund, Daresha Kyi
  • Documentary, Chavela Vargas, Pedro Almodóvar, Elena Benarroch, ...
7
"Amantes del mundo: a veces es más hermoso recordar que vivir."
La cantante mexicana de origen costarricense Chavela Vargas (1919-2012) fue un personaje singular. La más macha entre los más machos en un pueblo de sementales desbocados, irreductible dipsómana hasta el delirio, promiscua y exuberante en su vida privada, sobria y emotiva en sus quejumbrosas e inolvidables interpretaciones públicas, avasalladora presencia que no alcanzó la fama y el reconocimiento – y la admiración – mundial hasta cumplidos los setenta años, paradigma de la mujer libre, ejemplo poco ejemplar para varias generaciones de féminas y admiradores, icono del arte interpretativo más allá de cualquier catalogación o concesión. Ella fue única en muchos sentidos y sobrevivió, contra pronóstico, a sus propios excesos autodestructivos.

Este documental nos acerca tanto a su vida como a su obra. Y consigue ofrecer un retrato abrumador y sugerente de este extraordinario animal escénico, malherido por sus muchos rechazos y desplantes – empezando por sus padres, que se desentendieron de ella muy pronto por rara – y que encontró en México su patria emocional y afectiva, que supo convertir en arte su desgarro interior hasta devenir en arquetipo de la libertad individual más allá de las convenciones de su época. Su carrera artística abarcó más de seis décadas y su larguísima lista de conquistas ilustres incluyó también a famosos como Frida Kahlo (1907-1954), lo cual es sólo una muestra de su indomable personalidad, pero nunca se vanagloriaba de ello, ocurrió y ya está. Sin embargo, tuvo que lamerse muchas afrentas en silencio. Y lo dejó dicho con su claridad habitual: "Lo que duele no es ser homosexual, sino que lo echen en cara como si fuera una peste".

Lo mejor de esta obra es la excelente selección de canciones que jalonan su metraje y que apostilla e ilustra cada momento de su larga y tortuosa vida. Sobre el escenario, cantando, se puede formular y expresar todo aquello que de otra forma pudiera parecer indecoroso o improcedente decir. Es el salvoconducto de los artistas, su válvula de escape, su catarsis. Y ella supo conectar con un público necesitado de verse representado y reconocido, aceptado y querido. Por ello, sus conciertos hacían las veces de espontáneas y campechanas terapias de grupo, donde el ambiente propiciaba la confidencia y la comunión en un ambiente amoroso, repleto de afectuosa compasión. Logró un vínculo casi místico con sus admiradores, que la adoraron con entusiasmo. Al fin y al cabo dijo: "Las mujeres con pasado y los hombres con futuro son las personas más interesantes".

Arrolladora muestra de una realidad imperfecta e indeleble. Digamos que fue… Puro Teatro.
[Leer más +]
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Clash
Clash (2016)
  • 7,0
    284
  • Egipto Mohamed Diab
  • Nelly Karim, Hany Adel, El Sebaii Mohamed, Ahmed Abdelhamid Hefny, ...
7
El furgón (y calabozo) de los prejuicios
Egipto, 2013. Pero podría ser casi cualquier otro lugar y casi cualquier otro año de esta época tan devastadora como cruel, donde el hombre es pasto de los hombres y las ideologías sólo sirven para esclavizar y fanatizar a los pueblos, pero nunca para encontrar puntos de unión o de acuerdo, sino que se pretende alcanzar siempre la aniquilación del contrincante a toda costa, como si no cupieran las desavenencias en el mapa mental de la gente (y de sus manipuladores dirigentes). La disidencia es la excusa ¿inocente? para masacrar al rival, que es siempre un antagonista a batir, que no tiene lugar ni acomodo en el impecable paraíso idealizado construido a base de falsedades, atropellos y desolación. No es momento de cimentar un mundo más habitable, sino de destruirlo para que renazca – mutilado y yermo – de sus cenizas.

La nota distintiva de esta cinta es la claustrofobia. Y el bochorno. Y la arbitrariedad. Y al abuso de poder. Todo ello configura un retablo de la ferocidad y la locura de una sociedad regida por la tiranía del azar, donde lo importante no es quién eres ni qué haces, sino dónde te encuentras en un momento dado, con independencia de tu trayectoria anterior. Todo sucumbe a la errática fortuna del destino: ahora puedes ser intocable, mañana puedes ser un paria, ayer eras un profesional de valía, hoy apenas un infame enemigo peligroso y mañana tan sólo un cadáver abandonado en un estercolero. Son los infaustos y despóticos juegos de los poderosos, que abominan del respeto hacia el prójimo, desprecian a sus súbditos y utilizan a sus ciudadanos como utensilios prescindibles e intercambiables para alcanzar el control absoluto y perpetuarse en la cumbre, envolviéndose en banderas, intoxicándose con soflamas religiosas o abrazando eslóganes facilones de dudosa honestidad y nula compasión.

No estamos ante un esmerado estudio psicológico – los personajes que habitan la trama apenas tienen entidad, son meras marionetas simbólicas – sino que se nos brinda un asfixiante fresco impresionista con el objetivo de provocar sensaciones y emociones en el espectador, que se ve engullido por el caos y el estruendo que va desarrollándose alrededor de una sofocante situación única que deviene en un torbellino desesperanzado, repleto de sangre y saña y que sirve para establecer una rabiosa alegoría atronadora sobre las luchas civiles y religiosas de un pueblo vapuleado por sus enfrentamientos cainitas. Da igual quien gane, los perdedores están decididos de antemano: todos los hombres y mujeres de bien.

El director, Mohamed Diab, elabora una obra impactante y de calado. Pero me pregunto si tendrá una distribución normalizada en su país o ha sido confeccionada con el solo propósito de ser exportada y recibir premios y parabienes – con todo merecimiento – en los festivales de cine de turno.
[Leer más +]
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
El caso Sloane
El caso Sloane (2016)
  • 7,0
    2.198
  • Estados Unidos John Madden
  • Jessica Chastain, Mark Strong, Gugu Mbatha-Raw, Michael Stuhlbarg, ...
8
El arte de la guerra
Hay un conocimiento lúcido y perenne en el afamado libro escrito por el general chino Sun Tzu hacia el siglo IV antes de nuestra era. Entre otras muchas citas célebres podemos destacar: ‘El arte de la guerra es el arte del engaño.’ O ‘Extiende cebos para atrapar al enemigo. Finge desorden y aplástalo.’ Pero también… ‘Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas.’ Y finalicemos este brevísimo repaso con… ‘Dirigir a muchas personas es como dirigir a unas pocas. Todo se basa en la organización.’ En todas estas frases está resumida la esencia de esta película enredadora e inteligente que hace de un enfrentamiento entre titanes con pies de barro un juego de estrategia tan implacable como locuaz, donde no se sabe bien si se está retratando la falta de escrúpulos de su protagonista o se está reflejando la indignidad de un sistema corrompido por el dinero y el afán de éxito sobre cualquier otra consideración.

Pero vayamos por partes. En primer término tenemos a una mujer ambiciosa, adicta a los estimulantes y opiáceos para poder enfrentarse a su inclemente devenir diario, que parece la encarnación impasible de la codicia desmedida, de la idolatría por la victoria, que renuncia a cualquier vida personal con tal de tener éxito y reconocimiento en una desalmada y obscena profesión habitada por cuadrillas de tiburones y pirañas. Pero también es un tóxico inventario de toda una caterva de personajes a cual más estomagante y repulsivo que vive en función de alcanzar unos objetivos marcados – con independencia de las incontables horas de fatiga y desvelo que haya que dedicar para conseguirlos y con total desprecio por un comportamiento ético y moral que permanece por completo desterrado de la ecuación. Hay que estar muy atentos a los hemorrágicos diálogos, que son el alma y la esencia de esta propuesta singular, que vertebran una acción tan conceptual como contundente.

Poco a poco se va configurando así el retablo inmisericorde de nuestra propia época, en la que la determinación por competir (y ganar) ofusca e insensibiliza la mente de todos los supuestos líderes del presente, donde la imagen y las encuestas de opinión lo son todo y la deontología carece del mínimo interés. Estamos en el ámbito de las percepciones y la apariencia, donde el modelo percibido señorea a sus anchas. Conocer el alma humana es fuente de sabiduría en los momentos de confrontación. Por lo tanto, toda contienda se desarrolla, en exclusiva, en el perímetro de lo percibido (de lo que nos tratan de vender aunque sea una mercancía averiada) y no de lo real.

Y pocas veces ha brillado con tanta solvencia y fascinación una maquiavélica Jessica Chastain. Formidable.
[Leer más +]
10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dancer
Dancer (2016)
  • 7,4
    197
  • Reino Unido Steven Cantor
  • Documentary, Sergei Polunin
9
¿Para qué o quién quiero bailar?
La cartelera a veces ofrece sorpresas inesperadas y nos permite descubrir alguna obra atípica que proporciona un deleite tanto estético como íntimo. El bailarín Serguéi Polunin (nacido en Ucrania en 1989) era una figura para mí desconocida, pero tras el visionado de este portentoso documental británico se ha convertido en un seductor personaje lleno de luces y sombras y al que con seguridad trataré de seguir de ahora en adelante – pese a no ser un aficionado a la danza. ¿El motivo? Pues haber ido a ver este reportaje de apenas hora y media que tiene un brío y una fuerza envidiables, que te abre al disfrute de un arte minoritario por el que nunca he sentido ni el más mínimo interés.

Aunque bien mirado, no es un reportaje sobre el arte de la danza, sino que en realidad es un boceto biográfico sobre alguien que desde niño fue impulsado a perfeccionar y sacar provecho de un innato talento físico para la danza, pero en detrimento de su vida familiar y teniendo que buscar fuera de su país natal el caldo de cultivo propicio para desplegar todo su majestuoso potencial. Y eso es lo que de forma ordenada se aborda, sacando provecho de una estructura diáfana y lineal, haciendo un uso fabuloso y dinámico de todo tipo de material de muy dispar procedencia, pergeñando así un estudio fascinante sobre la soledad del artista y las crisis que provoca el perder o carecer de objetivos vitales que den sentido a lo que hacemos.

Porque ante todo estamos ante una elucubración sobre lo que nos motiva y lo que nos hace perder el norte, sobre la dificultad de separarse de la figura paterna durante la infancia y lo que implica seguir la senda que nuestros mayores nos trazan con independencia de nuestros propios intereses y deseos. La facilidad no es sinónimo de felicidad… y eso es algo que se olvida en demasiadas ocasiones. Limitarnos a agasajar la mirada que otros clavan en nosotros puede hacernos arrinconar nuestros propios gustos y anhelos, que no debieran circunscribirse a seguir el camino trazado por tus seres queridos o a satisfacer las demandas y exigencias que los demás ponen en ti, solo por no haber aprendido a encontrar tu propio acicate vital, ajeno a las presiones externas.

Detrás del artificio puede haber arte, tras toda imagen pública late un corazón necesitado de afecto y calor humano. Estamos ante un esbozo impresionista y turbador sobre la fragilidad de la existencia y nos engancha porque sentimos el dolor y participamos del calvario personal de un ser privilegiado y malherido. No se la deben perder: saldrán exultantes y enriquecidos. Una joya insospechada.
[Leer más +]
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Personal Shopper
Personal Shopper (2016)
  • 6,0
    1.845
  • Francia Olivier Assayas
  • Kristen Stewart, Lars Eidinger, Nora von Waldstätten, Anders Danielsen Lie, ...
7
Aferrada al Abismo
El vacío de la pérdida o las llagas del duelo… hay múltiples enfoques posibles al abordar esta sugerente, imperfecta y singular película. En apariencia es una historia de fantasmas, pero también es el retrato de una impostura o el relato de un crimen o la disección de un desconsuelo o el juego perverso de un cínico descreído. O quizás estemos ante un caso de lacerante enajenación o ante una ocurrencia sin sentido… Y mientras la trama va revelándose ante nuestros ojos nos debatimos entre la incredulidad y la fascinación. El dolor de su protagonista lo impregna todo y nos hace poner en cuarentena nuestras propias convicciones, sensaciones y sentimientos. La gélida dirección penetra como un afilado bisturí en la carne atormentada y con aparente frialdad e indiferencia acomete la autopsia de un caso clínico que parece despreciar cualquier racionalidad.

Lo mejor de esta propuesta es todo lo que sugiere, todo lo que no dice, todo lo que no explica, todo aquello que no muestra y que deja al albur y percepción del espectador. Porque nos recuerda que vemos lo que queremos ver, nos fijamos en aquello que necesitamos descubrir y creemos en lo que nos urge idealizar. Todos nosotros creamos un mundo a nuestra imagen y semejanza, somos tanto los ojos que miran como los ojos que nos miran – o que nos imaginamos que nos observan – y siempre permanecemos en este calamitoso bucle, tanto si somos conscientes de ello como si no. Describir la trama de esta cinta es desvelar demasiado, porque pese al aparente enfoque realista con que se aborda el relato, establece una constante lucha dialéctica irresoluble entre el inefable mundo exterior y nuestra caótica y desbordada imaginación personal.

Quizás su protagonista sea una médium, quizás le hable un espíritu (o más de uno), quizás vea espectros… O tal vez es que no sabe ni quiere separarse de una pérdida irreparable – su hermano gemelo – que la hace sentirse culpable por haber sobrevivido. La soledad no es fácil de asumir ni soportar y nos encadena y tortura con fabulaciones grandiosas y prodigios admirables; preferimos la mentira a la verdad, preferimos negarnos a ver y comprender por miedo a palparnos y sabernos desamparados. Todo podría tener una explicación prosaica y nada mitológica, pero ¡qué pobre y esaborío sería un mundo tan rústico y ordinario donde sólo se pudiera ser esclavo de lo material!

Sin lugar a dudas es una obra irregular y algo críptica, pero también muy estimulante y con una gran interpretación de Kristen Stewart. Puede irritar tanto como fascinar, pero en todo caso no dejará a nadie indiferente.
[Leer más +]
10 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Déjame salir
Déjame salir (2017)
  • 6,7
    14.103
  • Estados Unidos Jordan Peele
  • Daniel Kaluuya, Allison Williams, Catherine Keener, Bradley Whitford, ...
7
Adivina quién se queda… sin cenar
El género de terror suele ofrecer mucha basurilla de consumo inmediato, lleno de clichés y fórmulas huecas que genera más fatiga (o vergüenza ajena) que miedo en el espectador, por muy predispuesto que vaya a pasar un mal rato. Por ello sorprende esta cinta, que sin revolucionar nada ni apartarse de caminos ya trillados, consigue urdir una trama interesante, con unos personajes bien trazados y con cierta enjundia, creando además un clima insalubre y de peligro constante que supone todo un acierto digno de celebrar. Lo que empieza como una comedia romántica en línea de la añeja pero aún icónica “Adivina quién viene esta noche” – no se sabe bien si como parodia o como homenaje, lo cual añade un toque turbio –, acaba deviniendo en un desasosegante cuento aciago lleno de ironía y mal agüero.

Se nos presentan ciertos elementos clásicos e ineludibles: una mansión solitaria en medio del bosque, una familia amorosa pero con un toque excéntrico (¿o no?), unos personajes en apariencia cordiales pero que generan un innegable desasosiego, ya que parecen habitar una realidad que alberga algún enigma opaco e inescrutable tras su fachada de burguesía cortés, adinerada y plácida, unos sirvientes (de color, claro) que no parecen encajar en el cuadro y cuyo comportamiento imprevisible añade un toque de desazón muy bien dosificado… En fin, todos los ingredientes necesarios para urdir un buen relato amenazador, pero sin caer en la penosa utilización de los efectos especiales para disimular carencias y tosquedades que ni tiene ni necesita maquillar. En definitiva, una buena carpintería – sin alardes ni excesos – como medio para despertar el pánico y generar un canguelo que oscila entre lo enfermizo y lo vivificante.

Lo mejor, sin duda, son tanto la dirección como el guión – ambos debidos al joven actor metido a director primerizo Jordan Peele – que no tratan de impactar por la vía rápida, sino que se detienen en crear (y mantener) una atmósfera ambigua y ominosa que sobrevuela todo el metraje, apenas aligerada por ciertos toques de humor – a ratos algo ganso y otras veces más incisivo y mordaz – que no siempre está del todo bien engarzado y hacen tambalear el tono del relato, aunque contribuyan a aligerar la congoja irrespirable de su protagonista y apuntalen, como de pasada, cierta crítica social… y que encuentra quizás su plena justificación en un final tan inesperado como liberador, que rompe con algunos esquemas narrativos sin por ello menoscabar el resultado en su conjunto.

En resumen, sin ser una gran película sí es una muy disfrutable propuesta llena de perversas intenciones y acertada ejecución, que adecenta y dignifica los cánones del espanto.
[Leer más +]
20 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Maravillosa familia de Tokio
Maravillosa familia de Tokio (2016)
  • 5,7
    310
  • Japón Yôji Yamada
  • Satoshi Tsumabuki, Yû Aoi, Yui Natsukawa, Kazuko Yoshiyuki, ...
6
Del amor y sus ramificaciones
Con seguridad que no estamos ante un Ozu reencarnado o tan siquiera menor – como tampoco estamos ante una gran película del veterano maestro nipón Yôji Yamada – pero pese a su tono algo burlesco y convencional, desprende un poso de autenticidad en cuanto al retrato que ofrece sobre tres generaciones de una familia japonesa que viven bajo el mismo techo, sus relaciones, sus vinculaciones, sus proximidades y desencuentros, sus peleas y reconciliaciones, sus sinsabores y su nueva sabia irrefrenable que brota a cada paso y que prolongan la estirpe más allá del tronco acogedor. A veces no hace falta ofrecer una cinta redonda e impecable para abordar los misterios de la convivencia en pareja, basta con que haya un conjunto de características que nos revelen las trampas y dificultades cotidianas para convertirla en un acierto entrañable.

El humor nos puede parecer algo ganso y exagerado, más cercano al vodevil aparatoso que a una sutil comedia de costumbres, pero su textura resulta consistente y bien trabada y sus muecas se nos antojan reconocibles y cercanas pese a la lejanía cultural innegable que nos separa del país del sol naciente. Conviene fijarse en los detalles, en lo no dicho aunque sagazmente esbozado (como por ejemplo el secundario papel de la mujer japonesa, del todo sometida a la voluntad y los antojos del marido, o también la dificultad para verbalizar lo obvio, como si fuera un desdoro reconocer los propios sentimientos y dependencias más allá de lo convencional o de lo tácito). Es esa acumulación de gestos y rasgos lo que eleva esta obra más allá de lo previsible y de lo epidérmico.

Casi todas las escenas son llevadas hasta la farsa y el exceso paródico. Hay muchas muecas, mucho histrionismo y muchas reacciones extremas y sobreactuadas, pero si se acepta y abraza su acentuado y sesgado tono de sainete chusco e irrisorio se atisban los márgenes de una verdad que tiene miedo por manifestarse y decir su nombre. El exceso de recato y disimulo de la cultura japonesa parece que conlleva asociado que ciertos temas sólo pueden abordarse de forma oblicua e indirecta, como si el pudor impidiera nombrar a las cosas por su nombre y hubiera que optar por la parodia para aproximarse a las incongruencias de la vida. Quizás sea este rasgo lo que dificulte a más de un espectador occidental adentrarse en la propuesta.

En resumen, estamos ante una obra modesta y acogedora, más crítica y afilada de lo que pudiera parecer a simple vista, que si bien no alcanza niveles de gran cine, resulta cálida y sugerente.
[Leer más +]
8 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alien: Covenant
Alien: Covenant (2017)
  • 5,7
    10.875
  • Estados Unidos Ridley Scott
  • Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Demián Bichir, ...
6
Universo Pop
Produce cierta perplejidad y sopor constatar, una vez más, la falta de ideas del cine comercial actual, su maniática obsesión por las supuestas “sagas” – que no son sino la repetición o expoliación de personajes, situaciones o tramas que han encontrado la bendición del público – y cuya fórmula repiten con mayor o menor fortuna durante años o décadas hasta que matan a la gallina de los huevos de oro por fatiga o inanición. Pero ya lo ha dejado dicho el propio Ridley Scott: él es un empresario y lo que de verdad le importa es el éxito de sus obras, no el reconocimiento crítico ni los premios. Y creo que este inminente octogenario infatigable ha sido honesto, es decir, lo que le gusta es hacer caja e incrementar su cuenta de resultados, supongo que para ser el más rico del cementerio o para erigirse un mausoleo tan fastuoso y estomagante como las cintas que produjo y dirigió a lo largo de su tan larga como irregular carrera.

Algunas veces hay cintas que conectan con el público de una época – como fue el caso del Alien (1979) primigenio – y su franquicia y su estética se convierte en una iconografía que se puede usurpar y pervertir cada vez que haga falta (o no). Ahora estamos ante la enésima secuela o precuela (qué más da), entretenida sí, bien realizada, con una producción vistosa e impoluta, con un monstruo – reproducido en serie y ad nauseam – pavoroso que genera tanto miedo como fascinación, con unos personajes tan insustanciales como accesorios (carne de cañón para ser masacrados sin remordimientos ni contemplaciones por los guionistas de turno), donde sólo tiene vida propia un maquiavélico androide con ínfulas de omnisciencia divina que a la postre es el mejor y más perdurable acierto de estas dos últimas entregas.

Todo reconocible, predecible y prefabricado, sin aspiraciones de originalidad ni perdurabilidad alguna, un producto de consumo bien hecho, tan prescindible como bien ejecutado, tan entretenido como insípido. No se trata de ningunear sus (innegables) logros, ni de erigirse en guardián de una supuesta pureza dogmática de cómo debería ser la industria del cine – que sobre todo es mero esparcimiento, que con suerte alberga algún sugerente sobresalto o al menos ofrece un vehículo para la ensoñación o la evasión – pero cuando más bien parece que se da por inercia a la máquina fotocopiadora con el único objetivo de pergeñar el calco corrompido de un duplicado borroso, la sensación en el espectador es que le están dando gato por liebre, que le están sacando fraudulentamente y con artimañas el dinero del bolsillo, ofreciendo dos horas de solvente nadería.

Amena aunque parca en novedades o hallazgos.
[Leer más +]
31 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
Z. La ciudad perdida
Z. La ciudad perdida (2016)
  • 6,0
    4.062
  • Estados Unidos James Gray
  • Charlie Hunnam, Sienna Miller, Tom Holland, Robert Pattinson, ...
7
Un placer adquirido
La fascinación por la aventura, cuando aún quedaban tantas cosas por descubrir en nuestra propia tierra y ciertas personas eran capaces de sacrificar su vida, su salud y sus comodidades con el objetivo de obtener un mayor conocimiento del mundo que habitamos, cuando viajar ya era una actividad habitual pero aún intrépida y arriesgada, llena de percances inesperados y dificultades sobrevenidas… Parece que de todo esto hace mucho tiempo pero apenas ha pasado poco más de un siglo y a nuestros ojos, esclavos de lo inmediato y de lo fácil, se nos antoja una empresa titánica o absurda, fruto de la enajenación o del disparate. Pero nuestra realidad presente se cimienta sobre estas ansias de saber, sobre el legado de tantos hombres que arriesgaron su vigor y sus haciendas en aras de un ideal o de unas fantasías que nos parecen absurdas o anticuadas, ahítos como estamos de conocimiento urgente, apresados en un mundo veloz donde hemos perdido la perspectiva del peligro y del valor del esfuerzo invertido en alcanzar la utopía.

Esta cinta se construye sobre estas innumerables ilusiones desmesuradas y se yergue sobre el perenne afán fantasmagórico que anida en ciertos espíritus inquietos y que a veces han dado frutos inesperados mientras que otras veces ha sucumbido a los peligros del caos. Es una propuesta a contracorriente, alejada del histerismo atolondrado del ‘más difícil todavía’ y se contenta con presentar el ardor de la batalla física y personal contra circunstancias adversas, donde prima la importancia del carácter sobre la vistosidad del montaje frenético y mecánico. Su gran virtud es un clasicismo elegante y pausado, tanto en el fondo como en la forma, donde el paso lento y quejumbroso del tiempo es un protagonista tan importante como el hechizo por lo desconocido y la poesía de los escenarios inabarcables y recónditos. No hay urgencias ni certezas, sino sólo enigmas y asombro. El sacrificio personal como segunda piel que impregna y fecunda cada minuto de su metraje.

Habrá espectadores que saldrán desencantados porque no se busca el impacto inmediato y súbito, sino que se pretende y consigue pergeñar una historia sobre el cansancio, sobre la monotonía del lento fluir de la existencia y sobre los amargos desengaños que acompañan a todo gran proyecto que se basa en meras conjeturas y quimeras. Nos habla de la penumbra del fracaso, del azar del éxito, de los atolladeros de la grandeza y la ruindad de la decepción. Es una película atípica porque retoma, sin dudas ni remordimientos, la épica intimista de un David Lean reencarnado. Abraza la aventura como experiencia vital y absoluta, regalándonos un relato fascinante y perdurable lleno de cristalina y luminosa imperfección.
[Leer más +]
51 de 76 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rosalie Blum
Rosalie Blum (2015)
  • 6,7
    450
  • Francia Julien Rappeneau
  • Noémie Lvovsky, Kyan Khojandi, Alice Isaaz, Anémone, ...
7
Cuento de Navidad
Volver a empezar… cuando la vida no ha dado aún comienzo (o pareciera que ya ha llegado a su final antes de tiempo). Película sencilla e ingenua, pero con un irrefrenable encanto y simpatía que resultan contagiosos gracias a los tres solitarios y perdidos personajes que nos presenta, que viven aislados en el mundo, como ajenos a él, pero que acabarán unidos por una liviana trama de intrigas y búsqueda de la verdad. Alrededor de ellos bulle la vida pero ellos se sienten excluidos de la fiesta, como si hubieran llegado demasiado tarde al jolgorio y no supieran como participar en el carrusel que se contentan con contemplar desde la distancia. Son meros comparsas sin carnet de baile, marchitados supervivientes de no se sabe qué infortunio al que han sobrevivido desvalidos, dejándose por el camino toda ilusión y cualquier afán de retomar el hilo de su existencia.

Narrada como en tres capítulos aislados – uno por cada uno de los atribulados caracteres que lo habitan – que acabaran convergiendo en un esperanzador y vaporoso desenlace, con el añadido de un esclarecedor epílogo que nos muestra el origen de la desgracia que impregnó su ser de forma indeleble. La afabilidad de la narración no impide que bajo la superficie se perciba el dolorido latir de tres corazones quebrados que tratan de huir de su propia sombra y recoger las migajas de un presente que se antoja ya para siempre póstumo. Sin ser una comedia despierta la sonrisa cómplice, sin ser un drama nos desvela el hondo pesar por el paso del tiempo que todo lo desbarata y destruye. No queda más paraíso que abrazarse a un semejante y sentir la calidez redentora del contacto de un ser humano afín. Nada nuevo que sin embargo funciona por el manto de compasión y comprensión con que se cubre.

El tono melancólico lo impregna todo, pero no desde un fatalismo agorero, sino con ribetes de tragicomedia burlesca que nos hace encariñarnos con los tropiezos y desmayos ajenos hasta disculparlos sin por ello atribuirnos superioridad moral alguna. Perdonar no es una dádiva de los dioses, sino una necesidad de los humanos. También hay un cierto toque romántico, pero que no surgen como una tabla de salvación desesperada, sino que se manifiesta como la confluencia agradecida de dos espíritus afines que encuentran un inesperado descanso nutritivo a su incierto y apenado vagar por el mundo. El sosiego llega, al fin, con la paz y reconciliación con uno mismo, con su pasado y con sus anhelos.

En definitiva, una obra modesta pero luminosa, llena de benevolencia, ternura y humanidad. Como un regalo insospechado.
[Leer más +]
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lady Macbeth
Lady Macbeth (2016)
  • 6,8
    1.421
  • Reino Unido William Oldroyd
  • Florence Pugh, Christopher Fairbank, Cosmo Jarvis, Naomi Ackie, ...
6
Frustración esteticista
Resulta irritante visionar un relato de pasiones desbocadas y de lujuria irrefrenable tan encorsetado e inanimado como éste. Apela a la libertad de los sentidos, reivindica el amor y la espontaneidad individual pero sucumbe a la artificiosidad de postal ajada, se pierde entre vericuetos de la carne y una lascivia tan sin gracia ni frenesí que produce vergüenza ajena ver los coitos desaforados entre dos seres carentes de interés y sustancia, puro artificio fallero que pareciera más una cinta de adolescentes en celo que no una película seria con aspiraciones de trascendencia. Fondo y forma transitan sendas reñidas que no se entrecruzan jamás. La supuesta turbiedad libidinosa se queda en mero simulacro exánime, más atento a rematar los encuadres preciosistas que a desentrañar el meollo de la historia.

El punto de partida es interesante, pero apenas ofrece nada de lo que promete. La supuesta claustrofobia resulta tan impostada y falaz que apenas trasciende el decorado que la enmarca. Y los actores son incapaces de insuflar vida a unos personajes tan planos y tópicos que producen hartazgo y modorra en el espectador más predispuesto. No hay química alguna entre los supuestos amantes, sus cópulas lujuriosas resultan risibles y sus reacciones enloquecidas apenas alcanzan la banalidad más trillada. Son tracas de pólvora mojada sin erotismo ni sensualidad, más deshonestas que veraces, puro acartonamiento mañoso. Alberga buenas intenciones de denuncia (la sumisión de la mujer, el desprecio racista) pero se queda en un catálogo voluntarioso y fallido que tropieza a cada paso.

Carece de ritmo y armonía, las secuencias van encadenadas sin gracia ni expresividad, demasiado aisladas e inconexas, retablos brillantes e inanimados que se suceden sin una lógica o coherencia narrativa digna de tal nombre y no consiguen configurar una historia bien articulada. Pese a sus muchas carencias, también posee algunas virtudes: la vistosa recreación de la época victoriana en que se desarrolla la acción, la acertada representación de crueldades y desprecios hacia la mujer – aunque sea tu propia esposa o nuera – y hacia la servidumbre, una hermosa utilización de la luz y de las tinieblas tanto internas como externas, la ominosa sensación de desvalimiento y opresión carcelaria en la Inglaterra rural en que se desarrolla el libidinoso cuento nada ejemplar. Pero sus buenos hallazgos parciales son una carpintería afanosa que apenas exhala una simple corrección epidérmica.

En resumen: una decepción. Tanto más desilusionante en cuanto que pareciera contar con los mimbres adecuados para urdir un filme palpitante y conmovedor, pero se queda lejos de sus intenciones y no sobrepasa el tozudo cliché del cine pomposo que se jacta de su importancia en vez de abordar con más modestia y sencillez su cometido.
[Leer más +]
22 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Stefan Zweig: Adiós a Europa
Stefan Zweig: Adiós a Europa (2016)
  • 6,2
    469
  • Austria Maria Schrader
  • Josef Hader, Aenne Schwarz, Tómas Lemarquis, Barbara Sukowa, ...
8
Acoso y Ocaso… Antes del Amanecer
Para cualquier persona educada en la cultura alemana – como es mi caso – Stefan Zweig es un escritor de referencia desde el colegio. Además, a principios del siglo XX fue uno de los autores más leídos y populares, paradigma del intelectual burgués cosmopolita e ilustrado, que creía – ingenuamente – en la civilización como vehículo de conocimiento, paz y concordia. Pero como tantos otros eruditos de aquel entonces tuvo que asistir al hundimiento de su vida y de su mundo, conoció el exilio de su Viena natal, tuvo que soportar la humillación de la quema de sus libros por los nazis antisemitas y contempló sorprendido, impotente y angustiado el derrumbamiento de su idolatrada Europa en una guerra fratricida que sembró de odio, muerte y destrucción sus campos.

Estamos ante el viacrucis de un austriaco en cuatro pasos y un epílogo, narrado con una estética reposada y austera – que contrasta con la lujuriosa y sensual vegetación brasileña – que muestra sin apenas movimientos de cámara ni alardes retóricos el recorrido de un alma en pena en busca de su salvación, mientras asiste, agotado, a la aniquilación de su país espiritual (el idioma alemán) y a la ruina voraginosa de su amada patria europea. El estatismo formal contrasta con el torbellino emocional que atormenta a su exangüe protagonista. La película se abre y se cierra con dos majestuosos e incisivos planos secuencia – que enmarcan toda la parca y tenue acción – de una sobriedad sobrecogedora. Sobre todo el último es de una elegancia estremecedora, haciendo un uso implacable de un inesperado espejo (ecos del maestro Max Ophuls) que revela de un plumazo el pasado y presente de un mundo hecho añicos, donde sólo queda rezar, en la religión íntima de cada cual, para despedirse del valle de lágrimas que habitamos.

No estamos ante una biografía al uso, ya que no se nos relata el origen o devenir de un personaje, sino que se limita a cinco hitos significativos circunscritos a su última década de existencia, supurantes de diálogos y llagados de disquisiciones que ilustran el calvario de un hombre doliente y letraherido que busca su hueco entre la barahúnda y el caos de unos años aciagos, arrasados por la guerra, asolados por el fanatismo y masacrados por las ideologías totalitarias del momento (que aún perduran con diversos ropajes o disfraces). Pudiera parecer una cinta árida y ensimismada, ajena a la emoción y ayuna de efusión, que no proporciona ninguna facilidad o felicidad al espectador, que deberá reconstruir por sí mismo el mosaico destrozado de una vida singular y atribulada.

Y no hay mejor forma de cerrar esta reseña que dando voz el propio Zweig, citando su carta de despedida (que se conserva en la Biblioteca Nacional de Israel): “Ojalá mis amigos asistan al amanecer… tras esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, les precedo.”
[Leer más +]
13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil