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La forma del agua (2017)

Sinopsis
En un inquietante laboratorio de alta seguridad, durante la Guerra Fría, se produce una conexión insólita entre dos mundos, aparentemente alejados. La vida de la solitaria Elisa (Sally Hawkins), trabajadora del laboratorio, cambia por completo cuando descubre un experimento clasificado como secreto: un hombre anfibio (Doug Jones) que se encuentra ahí recluido. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Shape of Water
Duración
119 min.
Estreno
16 de febrero de 2018
Guion
Guillermo del Toro, Vanessa Taylor
Música
Alexandre Desplat
Fotografía
Dan Laustsen
Productora
Bull Productions / Fox Searchlight
Género
Fantástico Drama Romance Thriller Años 60
9
Un Acto de Amor Verdadero
Empieza desde las profundidades, en el estado etéreo del sueño, donde las aguas siguen concediendo deseos.
Poco a poco, se va asentando, dejando de flotar y tomando aires de realidad, mientras una voz nos pregunta: "¿qué te contaría sobre la princesa muda?".
Todavía no se puede dar una respuesta, pero las piezas que se han mencionado, de romance y pérdida, de monstruos que intentaron destrozarlo, hablan directamente a esa parte dormida que todos tenemos, la que todavía sigue buscando finales felices antes de acostarse.

'La Forma del Agua' podría ser muchas cosas, pero que nadie se engañe: es un cuento.
Uno madurado en detalles y silencios, que tiene a sus personajes habitando laboratorios secretos, cines de ensueño y apartamentos viejos. Uno imposible porque juega con esos marcos de fantasía, y sin embargo a cada nuevo verso marca más hondo su dolorosa realidad.
Guillermo del Toro se ha sacado del corazón una pieza de artesanía que, como las obras más personales, extiende su forma más allá de la Guerra Fría, reafirmando por qué seguimos necesitando que nos cuenten cuentos al final del día.

Ya sólo la manera en la que descubrimos la rutina de la protagonista Elisa es fascinante, exclusivamente con miles de ruidos, nunca perturbados por el sonido de su propia voz, marcando el compás de una existencia autosuficiente donde ella no parece desear nada más.
Pero entonces vemos en el piso de su amigo Giles dónde le aguarda el impulso diario para afrontar la rutina, dónde parece que siempre hay una manera encantadora de pasar el día, dentro de esa caja con pantalla de blanco y negro que ha destronado al cine que reluce a través del entresuelo: imitar unos pasos de baile puede saber a poco, pero para Elisa es ganar una sonrisa que le dura todo el gris trayecto de autobús.
Algo que poco abunda en la instalación militar donde limpia, siempre atacada por sus propias compañeras al llegar tarde, y también por jefazos autoritarios que piden su fregona sin deslizar un "gracias" después, siendo todo una versión deforme y plomiza de lo que habita tras aquella pantalla de televisión.

Un día, sin embargo, llega un ser marino, también mudo, también incomprendido, despreciado en su belleza e ignorado en sus sutilezas.
La conexión es inmediata, y el romance inevitable, más hermoso porque implica un espacio fuera de las palabras: dejar un huevo duro en el borde del tanque con la muda ilusión de que el otro lo cogerá, canciones en el tocadiscos que calientan las frías paredes de una caverna de metal y, sobre todo, miradas curiosas que van descubriendo belleza sin igual.
En una época donde ocultar los verdaderos sentimientos era normal, Elisa y un posible Dios del Amazonas establecen un desafío silencioso, inundándose uno con la presencia del otro, cambiando una realidad que, cada vez queda más claro, puede volverse el maravilloso cuento que siempre hemos soñado.

Esta lenta revelación contrasta con la de aquellos ocultos tras caretas, temerosos de lo que no puedan llegar a aparentar y críticos de la persona que ven en su reflejo, esa que camufla ojos que lo cuentan todo en una cara que nunca reconocerán.
Así sucede con Giles, ocultando una sexualidad reprimida bajo una verborrea imparable y un peluquín notable, que le hacen mendigar aceptación propia en base a lo que digan otros, unos para los que nunca vendrá en el momento adecuado.
También se hace notar en Strickland, cuya vida, cual parodia mala de un anuncio televisivo de los 60, se nota vacía y carente de rumbo, siempre a la sombra de una decencia que sus superiores podrían sentenciar que no se ha ganado, algo que ni siquiera un coche último modelo podría asegurarle.
Y, finalmente, también está el doble ocultamiento de un científico soviético, para quien el monstruo representa una prueba de las maravillas naturales, pero que se ve enfrentado a sostener ese idealista argumento ante dos superpotencias para las que aprender, conectar y unir... está sobrevalorado.

Las canciones que se escuchan, las películas que se ven... hablan de un mundo hermoso donde en algún momento se iba a vivir, pero con el que finalmente sólo fantaseamos. Y sólo queda la pena y el desconcierto, como expresa Giles, de quien de repente se encuentra viejo, queriendo decirle a su yo más joven, más inocente, que aproveche la vida mientras aún podía experimentarla sin miedo.
Por eso la desesperada confesión de Elisa cala tan hondo cuando llega, porque hace añicos su miedo tras haberse enamorado, y concibe la supervivencia de su amado, el único que nunca la ha visto incompleta, el único que es feliz al verla cada día, tan necesaria como el aire que respira.
En el momento más hermoso de todo su romance, una frase que se intenta expresar se convierte en pura fantasía, desnuda de colores y profundamente sentida, enfocando a una Elisa que, por fin, se descubre viviendo aquellos sueños blanquinegros imaginados en pantalla de televisión.

Si no nos arriesgamos a vivirlos, sino hacemos nada por cumplirlos, ¿qué somos?
Nada, enmascarados que van tirando, incrédulos que rechazan cualquier milagro inesperado, personas que se niegan el asombro ante lo extraordinario.
Niños que ya no escuchan cuentos, porque la realidad les ha devorado.

Por eso nos preguntan, al principio, qué se nos puede contar sobre lo que pasó en una ciudad a la orilla del mar.
Quizás la hermosa historia entre una mujer y un anfibio, que hicieron del agua su refugio ante el destino que les llamaba.
Quizás el exilio definitivo del monstruo como ser temible, y el delicado entendimiento de la diferencia como una condición más de la existencia.
O tal vez, incluso mejor que todo eso, la prueba de que el amor cura las heridas más profundas, y su mayor poder es transformar mundos fríos con sentimientos que inundan.

No importa porque, sea como sea, este cuento se te va a quedar en el alma.
Para que recuerdes, por si se te olvida, lo maravilloso que es que nos quieran tal como somos, en esta vida.
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93 de 138 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Revoltijo de ideas sin originalidad alguna.
12/12(12/01/18) Revoltijo de ideas sin originalidad alguna que las hordas han comprado como la octava maravilla. El mexicano Guillermo del Toro sigue explorando mundos de seres extravagantes, y me sigue demostrando en la mayoría de sus películas (salvo “El espinazo del diablo” y “El laberinto del fauno”) que es un plagiador de ideas a las que no sabe darle patina de frescura, se relame en el mucho amor que tiene al cine serie b, a los musicales, a los cuentos de hadas, esto también lo han hecho realizadores como Tim Burton o Tarantino, pero ellos han sabido impregnar sus relatos de fulgor narrativo, del Toro lo más que sabe es hacernos ver que este pseudo-La Bella y Bestia fornican explícitamente, pero este rasgo (de zoofilia) aparentemente políticamente incorrecto queda metido con calzador para ofrecer morbo. Y es que este anhelado romance queda más forzado que intentar meter un elefante por la cabeza de una aguja, orgánicamente inverosímil, y es que lo que vemos por parte de ella al “anfibio” es lástima y compasión, la que se puede tener a un perrito maltratado, le das de comer, juegas con él, pero te acuestas con él, lo único que demuestra el relato que no es solo un problema de mudez lo que tiene la protagonista, es uno mental, que vínculo afectivo se ha establecido entre los dos más allá de que ella le ofrece huevos cocidos y al bicho le gustan?

La cinta intenta exponer los sentimientos de incomunicación, el aislamiento que la sociedad genera sobre gente “diferente (una muda, un artista gay, o un “bicho humaniforme”), la lucha contra los prejuicios, alabando los amores interraciales, esto lo contrapone del Toro contra la intolerancia, el militarismo, sazonándolo con algunas dosis de terror. Del Toro dijo: "Esta película es una película de sanación para mí... Durante nueve películas reformulé los temores de mi infancia, los sueños de mi infancia, y esta es la primera vez que Hablo como adulto, sobre algo que me preocupa como adulto. Hablo de confianza, alteridad, sexo, amor, hacia dónde vamos. Estas no son preocupaciones que tuve cuando tenía nueve o siete años". Muestra similitudes con el cortometraje de 2015 “The Space Between Us”, y también con la novela de Rachel Ingalls, “Mrs. Caliban”. También se inspiró en los recuerdos de la infancia de Del Toro al ver “La Criatura de la Laguna Negra” (1954) y deseando ver a Gill Man y la coestrella de la película Julie Adams triunfar en su romance.

Está bien que a del Toro haya que dar le la licencia de suspender la realidad y veamos en la historia un cuento de hadas, pero en este debe haber coherencia en su desarrollo, y unos recursos facilones y más simplistas que el mecanismo de un martillo, es que este batiburrillo de ideas manidas hasta el hartazgo me indigna todos en masa la alaben, me siento (perdonen la arrogancia) el niño que ve al Emperador (el cuento de “El traje nuevo del Emperador”), “…pero si va desnudo!”.
Es una mezcla entre “E.T.” (lo de que sane con su tacto está más sobado que las tetas de una actriz porno) y “Liberad a Willy”, con claros elementos de “King Kong” (1933) o el clásico literario mencionado “La Bella y la Bestia”, nadie puede imaginarse a Elliott acostándose con E.T. (ufff, que grima!), o al chaval Jesse teniendo sexo con la roca Willy (arggg, quitad esa imagen de mi cabeza!!!), pues incluso orgánicamente hay más lazos de cariño formados entre los protagonistas que en este producto batiburrillo. Incluso recuerdo un episodio en la popular serie “Expediente X” en que aparecía un animal marino humaniforme, con apariencia similar a este, aunque similar también es Abe Sapien de la cinta de del toro “Hellboy”.
Es una cinta que arranca bien eso hay que valorarlo, con unas bucólicas escenas bajo el agua con la cámara paseándonos por un hogar submarino donde las cosas flotan, hasta que el objetivo se posa sobre la durmiente Eliza Esposito (Sally Hawkins), se despierta y la vemos en el mundo “real”, en sus rutinas diarias, haciéndose un huevo cocido para desayunar, masturbándose en la bañera (recurso de morbo que nada aporta más que comercialidad),arrancando una hoja del calendario con un pensamiento diario, visita su vecino pintor acomplejado por ser calvo (menuda superficialidad), va su curro de limpiadora, va al cine a ver musicales, y vuelta a empezar. Inicio sugestivo que se sabotea a sí mismo cuando el meollo del núcleo comienza a desplegarse, con la aparición del bicho anfibio, y es que se supone una base ultra-secreta, supervigilada en tiempos de Guerra Fría, y sin embargo unas mindundis limpiadoras entran y salen de la sal donde tienen a un ser que puede cambiar la Historia como en su casa, sin medidas de vigilancia, más allá del tarugo de Michael Shannon (menuda caricatura de malo malísimo la suya) vaya por ahí blandiendo su porra táser. No se sabe porque tienen al bicho allí, no hacen experimento alguno con él, no intentan comunicarse con él, saber si tiene racionalidad, lo tienen en una gran bañera encadenado, y su único fin es que lo maten para hacerle la autopsia, menuda idiotez!

Y es que me ha resultado una película con todos los clichés habidos y por haber, con personajes más planos que el cerebro de Forrest Gump, con unos personajes estereotipados hasta el hartazgo, con buenos muy buenos y malos horribles, donde lo gris no existe, donde la profundidad se nos quiere dar a empujones, donde do huela ya muy ajado, situaciones un millón de veces vistas.

Tiene excelente envoltorio en lo que a puesta en escena se refiere, con fenomenal diseño de producción de Paul D. Austerberry (“Pompeya”), recreando con esmero los años 50 (rodando en interiores de Cinespace Studios de Ontario-Canadá), empezando por esa vivienda sumergida en el agua del inicio onírico, con los apartamentos que aparecen, esa calle idealizada con ese cine y su hermosa marquesina, con esa base secreta, esto elevado por la estupenda fotografía de Dan Laustsen (“La cumbre escarlata”),… (siguie en spoiler)
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171 de 297 usuarios han encontrado esta crítica útil