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Ginger y Fred (1985)

Ginger y Fred
Trailer
7,0
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Sinopsis
Una pareja de bailarines que habían saltado a la fama gracias a su perfecta imitación de Ginger Rogers y Fred Astaire se reúnen años después en Roma para aparecer en un programa de televisión. El regreso de la pareja resultará bastante traumático para los dos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
Ginger e Fred
Duración
127 min.
Guion
Federico Fellini, Tonino Guerra, Tullio Pinelli
Música
Nicola Piovani
Fotografía
Tonino Delli Colli, Ennio Guarnieri
Productora
Coproducción Italia-Francia-Alemania; Produzioni Europee Associati / Revcom Films / Stella Films
Género
Comedia Televisión
10
EL CUENTO DE NAVIDAD DE FELLINI
Espléndido cuento de navidad del Fellini más entrañable, melancólico y paradójicamente más accesible que nunca.

Y ello a pesar de que la película es una feroz y despiadada crítica en tono de sátira hacia el mundo de la televisión y del consumismo bajo el aspecto de la publicidad, con mensajes subliminales como aquel Fulvio Lombardoni, mecenas de tres al cuarto que recurrentemente aparece a lo largo del metraje de la cinta, bien en forma de vendedor ambulante demagogo y populista, vendiendo longaniza y lentejas (muy apropiado en el país transalpino para la época de navidad en que está ambientada la película) en la entrañable estación de Términi, bien en la forma de publicidad masiva e incitante al consumismo atroz...en Italia se dijo que dicha figura correspondería a la emergente figura en aquel entonces del más tarde archiconocido Silvio Berlusconi...

Fellini se muestra pesimista hacia una sociedad cada vez más alienada, criticando esa publicidad masiva que él consideró odiosa con aquella legendaria referencia suya sobre el asunto cuando en una ocasión sentenció aquello de, "...La publicidad interrumpe la emoción", pues Fellini odiaba sentarse a ver una película y que de repente la dichosa publicidad la interrumpiera, y ello a pesar de que él también participó de aquel mundo con sus famosos anuncios sobre la pasta Barilla...

Todo ese mundo discordante es roto por esos fantasmas surgidos de la oscuridad del pasado y que con el paso del tiempo también se esfumarían con el implacabla paso del "tempus fugit"...aquella simpática pareja de artistas interpretados por unos DESCOMUNALES Giulietta Masina y Marcelo Matroianni que durante 15 años, en los 40 y principios de los 50, formaron pareja artística imitando aquella legendaria pareja de baile de Fred Astaire y Ginger Rogers por los teatros de Italia y que ahora, 30 años después y en los inicios de los 80, son reunidos por el programa de tv "Ed ecco a voi (con todos uds)", que acoge a toda una colección de frikis varios acorde con los nuevos gustos de una sociedad cada vez más hueca y vanal y obsesionada por el consumismo atroz...

Desesperanzados, ambos artistas creen estar en un sitio, lugar y tiempo equivocados, e intentarán huir...aunque sea demasiado tarde y el tip-tap o claqué del "Chick to Cheek" haya comenzado...

Una de sus películas mejor narradas y filmadas, para una película magistral llena de mágicos e inolvidable momentos,y ello aún a pesar de que el maestro nos retratara una Roma sucia y hedionda, tal vez como símbolo de la corrupción que estaba viviendo a todos los niveles...

Como dicen los italianos una película indimenticabile (inolvidable) que a buen seguro hará las delicias del espectador y de la que Almodóvar tomó buena nota para su posterior filmografía, pues algunos de sus habituales y estridentes personajes salieron de esta troupé felliana del "Ginger e Fred" de Fellini...

I M P R E S C I N D I B L E.
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32 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El último baile
Federico Fellini dirigió esta nostálgica comedia de ocaso, rescatando la aparcada carrera cinematográfica de su esposa, la genial Giulietta Masina, y relanzando a un maduro Marcello Mastroianni, antiguo icono y sex-symbol italiano.
Masina resurgió de un retiro de los platós y de los escenarios que había durado dieciséis años, y lo hizo con ese aire de irresistible dulzura y desparpajo que la había acompañado siempre, para actuar a las órdenes de su marido en la que sería su última colaboración conjunta.
Fellini, agudo observador de lo llano y de lo grotesco, y que podría definirse como una especie de Velázquez del cine, desnuda para el espectador la olla de grillos a la que se reducen nuestros tiempos locos. Mezcla sabiamente la melancolía de un ayer esplendoroso que intenta resucitar tras décadas de hibernación, y el frenesí de un hoy cacofónico, plural y extravagante. Muestra el furor con el que la televisión revoluciona, influye y trastoca a toda la sociedad, instituyéndose como el medio de comunicación de masas más difundido y absorbente del planeta, y sus llamativas y subliminales tácticas de sugestión psicológica que juegan con el subconsciente de la incauta, hechizada y adormecida audiencia.
Reuniendo a dos ex-bailarines de claqué que adquirieron gran fama en las décadas de los treinta y de los cuarenta imitando los números de baile de Ginger Rogers y Fred Astaire, Fellini traza un retrato que araña con zarpazos de melancolía y de añoranza de una época hermosa que se truncó por la ingratitud del desgaste y del transcurso del tiempo. Amelia y Pippo arrasaron sobre los escenarios y se separaron para no volver a reencontrarse hasta treinta años más tarde.
Y ahí se encuentran ahora, dos ancianos que acuden a la llamada de un hortera programa de variedades para interpretar su último baile juntos. Sin saber a ciencia cierta por qué están ahí, ni por qué demonios han accedido a meterse, aunque sea por un día, en la locura del mundillo de la televisión, saliendo brevemente de sus vidas corrientes.
En el fondo saben que lo hacen porque desean recobrar parte de la magia que resplandeció sobre el brillo del encerado escenario, y en las lentejuelas de los vestidos con que Amelia emulaba a una de las bailarinas de claqué más famosas de la historia.
Saben que lo hacen porque desean recobrar el fulgor que iluminaba unas miradas que relucían de juventud y de presagios.
Saben que lo hacen porque desean rescatar del baúl del olvido la época más feliz de sus existencias.
Incluso aunque tengan que pasar por mil incomodidades, soportar la barahúnda de un montón de gente de toda condición que habla a la vez y se mueve de un lado a otro entre cámaras y micrófonos, ser testigos de muchas escenas esperpénticas y contagiarse de la histeria que envuelve a la televisión. Preguntándose cómo han ido a parar a semejante gallinero impresentable y ansiando salir huyendo tanto como ansían volver a vibrar con el ritmo de unos pasos de baile que llevan en la sangre.
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17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil