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Alma Mater (2017)

Alma Mater
Trailer
6,9
705
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Sinopsis
Oum Yazan, madre de tres hijos, atrapada dentro de su casa en una ciudad sitiada en Oriente Medio, ha convertido su apartamento en un puerto seguro para su familia y vecinos, tratando de protegerlos de la guerra. Cuando las bombas amenazan con destruir el edificio, los francotiradores convierten los patios en zonas mortales, y los ladrones entran a reclamar sus terribles recompensas, mantener el equilibrio de la rutina dentro de las paredes se convierte en una cuestión de vida o muerte. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Bélgica Bélgica
Título original:
Insyriated
Duración
87 min.
Estreno
13 de abril de 2018
Guion
Philippe Van Leeuw
Música
Jean-Luc Fafchamps
Fotografía
Virginie Surdej
Productora
Altitude 100 Production / Liaison Cinématographique
Género
Drama Guerra de Siria
8
La casa.
La casa, la casa es el refugio. Una madre intenta proteger a sus tres hijos del asedio que sufre su hogar día tras día. Oum Yazan vive con lo que queda de su familia en Siria, lugar sitiado por un conflicto armado.
Estamos ante una magnífica película. Claustrofóbica. Dramatica. Descubre el horror de las zonas habitadas en guerra. El instinto de supervivencia. La brutalidad de la gente que intenta aprovechar ese caos se vuelven carroñeras e intentan rapiñar todo lo que pueden a golpes de brutalidad.

La narra el día de una familia siria que vive confinada en su piso. En rueda de prensa le preguntaron al director :¿De dónde proviene el deseo de hacer esta película?
Phillippe Van Leeuw contestó que proviene de un sentimiento de injusticia. Cuando la comunidad internacional se volcó en Libia con todos los medios necesarios, militares y políticos, en el mismo momento, en Siria, las manifestaciones pacíficas fueron contenidas por el terror, y en este caso, nadie hizo nada. Al igual que para su primera película, "Le Jour où Dieu est parti en voyage", que trataba del genocidio en Ruanda, se basó en esta rabia, en el sentimiento de impotencia ante cosas horribles que suceden ante nosotros.
La idea del encerramiento en la casa se la dio una amiga y directora de fotografía siria con la que trabajó en Líbano. En 2012, en un viaje de ella a París, recibo noticias de su familia y le dijo que hace tres semanas que no sabe nada de su padre, que reside en Alepo. Solo sabe que está dentro de su piso, del que no puede salir porque en el exterior los bombardeos se suceden en todas las direcciones. Parte el director de esta idea: imaginó a este hombre en su piso, y pensó "¿y si eso me ocurriera a mí? ¿Cuáles serían mis mecanismos de defensa? ¿Cómo lo resistiría? Para responder a estas preguntas no es necesario ir a preguntar a Siria ni documentarse ni leer testimonios. Lo importante es ahondar en lo humano. La idea era narrar el día a día de una familia corriente, imaginando las penurias que debe superar para que los días conserven una aparente normalidad (normalidad que es la única manera de evadirse del estallido de violencia, que se produce sin distinciones y sin previo aviso).

A pesar de que toda la violencia tiene lugar fuera de la pantalla, Van Leeuw no saca golpes mostrando sus efectos en primeros planos, donde la actuación expresa el horror indescriptible. La iluminación de Virginie Surdej da un brillo misterioso al apartamento y resalta las caras tristes y los cuerpos llenos de cicatrices. En el fondo hay una banda sonora constante de helicópteros de bajo vuelo, disparos y proyectiles explosivos, a veces distantes, a veces muy cerca.

Esta es la vida de muchas personas que residen en Siria y la producción de origen belga dirigida por Philippe Van Leeuw (Stable Unstable) ha querido ofrecer un fiel reflejo de ello, a través de un relato ficticio. Completan el reparto Hiam Abbass ("Blade Runner 2049") y Diamand Bou Abboud ("L'insulte").

La película conmueve hasta el tuetano...mucho mas sabiendo que lo que estás viendo está sucediendo.
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12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Trincheras de Tiniebla
Salir al mundo es, a la fuerza, una empresa mortal, abandonar el seno materno nos escupe a un universo lleno de peligros y desdichas donde las lágrimas se mezclan con la sangre, la esperanza con el desconsuelo, la ilusión con el desencanto. Sacar adelante una familia – en un sentido amplio e inclusivo – es tarea titánica, tanto más si nos encontramos inmersos en una guerra donde lo de menos es triunfar y lo que en realidad se persigue es aniquilar al prójimo, destruyendo su autoestima o segando su vida. Matar por matar, humillar por venganza, deshonrar por prepotencia, destruir por vanidad… El catálogo de torturas y exterminios es infinito pero todo se reduce a lo mismo: cercenar al adversario, ya sea física o anímicamente. ¿Para sentirse superiores? Quizás, pero en realidad para creer que hemos alcanzado la condición de un semidiós y hemos vencido a la fugacidad de la vida y nos hemos convertido en demiurgos, donde dictamos las tablas de la ley por las que se han de regir todos.

Película desoladora, inquietante, tristísima y funesta. Pero también rebosante de amor, respeto, nobleza y solidaridad. Se me ha quedado grabada una imagen inmóvil y amarga en su mudo grito de auxilio. Un anciano – el patriarca reservado, el abuelo privado de dignidad y galones – se sienta frente a una aburguesada librería repleta de libros silentes. No vemos si añora o maldice, no sabemos si lamenta o agradece. Pero tuve que pensar en al austriaco Stefan Zweig y en su exilio suicida: cuando callan los libros, cuando prohíben las palabras, sólo nos queda el estruendo de las bombas y el pandemónium del juicio final… en la tierra. Nada de lo que puedas hacer va a cambiar nada, sólo nos queda apartarnos del mundanal estrépito y empuñar la melancolía.

Con elementos mínimos y un magistral uso del fuera de campo (todo lo peor se nos hurta a la vista, permaneciendo en un inquietante limbo visual), con un excelente uso del sonido y un soberbio uso del travelling que nos oprime y recluye a un espacio apenas salubre, apenas alumbrado, donde se quiere representar la fantasía de la normalidad y la esperanza de la superación en medio del caos y la infamia. Con unos actores excelentes – entro los que descuellan una grandiosa Hiam Abbass, cuyo desolado rostro nos infunde tanta compasión como rabia, así como una etérea e ilusa Diamand Bou Abboud, cuya toma de tierra en medio del cenagal de la carne nos llena de furia y desamparo – y con un metraje modélico, alcanza así casi la perfección: hablar de la quimera de la vida en medio del laberinto de la muerte.

Sin lugar a dudas excelente. No se la pierdan.
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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil