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El último disparo (1947)

El último disparo
Trailer
6,6
190
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Sinopsis
Duke Martin es un gánster que planea atracar, con la ayuda de su amante, la peluquería donde ella trabaja. El local no es más que la tapadera de una casa ilegal de apuestas. Durante el atraco, algo sale mal y un policía es asesinado. Duke se las ingenia para que la policía sospeche de Steve Ryan. Será la hermana de Steve quien decida investigar por su cuenta para desenmascarar al verdadero culpable. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Railroaded!
Duración
72 min.
Guion
John C. Higgins (Historia: Gertrude Walker)
Música
Alvin Levin
Fotografía
Guy Roe (B&W)
Productora
Producers Releasing Corporation
Género
Cine negro Drama Crimen
8
El realismo negro de Mann
Supuso el paso de Mann por el cine negro un recorrido muy interesante en donde el director americano ejerció una importancia vital para el desarrollo del mismo. Como ya hiciera en otros géneros, el cineasta propone una visión renovada donde el realismo de lo contado supera cualquier estrategia o trampa cinematográfica. Es decir, sustentándose en las reglas del más sucio y oscuro serie b retrata a la convulsa sociedad de finales de los cuarenta haciéndolo además desde todas las perspectivas posibles y jugando magníficamente con el triángulo policía-hampa-sociedad.

Quizás, del puñado de películas que Mann filmó (“Raw Deal”, “Desperate”, “T-Men”) o fue partícipe (“He Walked By Night”, “Follow Me Quietly”) entre 1947 y 1950, año en que se estrenó su primer gran western (“Winchester 73”), es esta “Railroaded¡” la que mejor conjugó ese triángulo del que hablaba antes con el excelente universo putrefacto y sórdido que directores como Ulmer conseguían crear. No extraña pues señalar que la productora de la inolvidable “Detour” y el film que nos ocupa sea la misma: Producers Releasing Corporation.

Con el metraje corto de costumbre, todo comienza en una peluquería donde el hampón Duke Martin, junto con otro compinche, atraca lo que después se descubre como una casa de recaudación de apuestas camuflada. Duke contará con la ayuda de Clara Calhoun, una alcohólica a la que domina y que trabaja allí como peluquera. Lo que continúa no es nada nuevo: el atraco sale mal, muere un policía, el compinche también y todo es preparado por Duke y Clara para que la acusación recaiga sobre del joven Steve Ryan, un inocente mecánico que vive con su madre y con su hermana. Será ésta última la que comenzará, tras la injusta acusación y junto con el detective Mickey Ferguson, la búsqueda desesperada de la verdad. Como ven el elenco de personajes retratados es enorme. Mann también tiene tiempo para dar un toque sentimental a su trama, pero siempre en un segundo plano y más bien para poder jugar la baza del final feliz. Resulta sin embargo más resaltable la portentosa fotografía de Guy Roe cuya utilización de luces y de sombras y su juego con la profundidad de campo eleva la cinta a un nivel magnífico visualmente hablando.

Años prolíficos de Mann en el noirstyle y que darían paso a la etapa más gloriosa del director con sus inolvidables westerns y sus épicas históricas. Este corto e intenso período (tres años), aunque menos espectacular y conocido que el que le continuo, posee sin ninguna duda los aspectos más personales del director en un ámbito donde la libertad creativa y ausencia de recursos dieron luz a la mejor época del cine americano.
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15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El perfume del asesino
Segunda incursión de Anthony Mann en el género negro tras "Desperate", rodada ese mismo año, y que inaugura todo un ciclo de películas de temática negra con las que el director alcanzó su madurez realizadora, a la espera de sus más populares Westerns.

El argumento, bastante clásico, se basa en parámetros habituales: un atraco fallido, una muerte imprevista, un falso culpable, un malo que lo es mucho, un policía enamorado, una guapa mala y otra buena. A pesar de que todos estos elementos tienen su importancia dentro del filme, Mann deja claro desde el principio que quien le interesa es el malo, Duke Martin, soberbiamente interpretado por Ireland; en efecto, la película gana enteros cada vez que aparece este personaje sádico (véase la secuencia en la que observa, oculto, la pelea entre las dos mujeres), que disfruta matando y acaricia su arma con delectación, al tiempo que perfuma sus balas. Él es el gran urdidor de la trama que sustenta la narración de la película, mientras que los demás personajes no dejan de ser parte del paisaje, hasta el punto de que el falso culpable a Mann no le interesa lo más mínimo, y que la potencial pareja que forman su hermana y el policía resulta tópica y un tanto banal.

Tan intenso es el perfume del asesino que su influjo parece trasladarse también a las imágenes, que se oscurecen y dramatizan en su presencia, extendiendo ese tenebrismo a todos los que le rodean, ya formen parte de su entorno o no. La fotografía, debida a Guy Roe, maneja hábilmente ese dramatismo, por otra parte clásico en el cine negro de Mann, contrastando enormemente las imágenes y recurriendo a escasos y muy concretos puntos de luz, que apenas iluminan el rostro y las manos, dejando el fondo en la más absoluta oscuridad. A este respecto no deja de ser curioso que estas películas negras de finales de los 40, que trataban de ser realistas en sus personajes y ambientes, recurrieran a una fotografía que no lo era en absoluto, deudora como es del expresionismo alemán.

Si bien el guión no me parece nada del otro mundo, debe reconocerse que tampoco presenta carencias graves, contando con aceptables diálogos y alternando acertadas soluciones narrativas con otras más tópicas. La genialidad de Mann aparece en varios momentos, pero sobre todo en las secuencias que inician y culminan el filme; mientras que en la última lo más destacable es su absoluto tenebrismo (símbolo del mal que encarna Duke), en la primera, también dramáticamente fotografiada, llama la atención la perfecta planificación, la eficacia narrativa de todas las acciones mostradas (en este caso el atraco al falso salón de belleza), sin necesidad de recurrir a los diálogos.

Por todo ello, una película muy recomendable, buena muestra de lo que Mann iría perfilando y puliendo en sus siguientes siete películas y que, pásmense, se rodó en apenas diez días.
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil