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El canto de los pájaros (2008)

6,0
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Sinopsis
Filmada únicamente usando luz natural, la historia de "El canto de los pájaros" es, según su director, Albert Serra: "en cierto sentido bastante simple, cuenta lo que dicen esas tres frases de la Biblia: unos Reyes Magos que llegan a un sitio que parece ser el Portal de Belén, y se van". Preestrenada en Cannes 2008 con una acogida discreta. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ España España
Título original:
El cant dels ocells
Duración
98 min.
Estreno
19 de diciembre de 2008
Guion
Albert Serra
Música
Pau Casals
Fotografía
Jimmy Gimferrer, Neus Ollé (B&W)
Productora
Andergraun Films / Eddie Saeta / Televisió de Catalunya (TV3)
Género
Drama Religión Cine experimental
3
Coloquio con Albert Serra. “Yo no busco, encuentro.”
Albert Serra es a todas luces, un personaje peculiar. Autodidacta, dice él y convencido sin resquicio de duda de su sublime calidad. Desde el inicio, deja claro que sus películas son excesivamente personales y nada moldeables. “En mi primera película presentada en Cannes, habían unas 1200 periodistas acreditados. Cuando terminó, quedaban unos 300. Con esta, mi segunda película, también habían unos 1200. Cuando finalizó, habrían unos 600. Así que podemos decir que esta película es más comercial.” Es desde luego un chiste. Pero continúa dejando patente su soberbia:
“Si conseguís aguantar hasta el final, habréis visto una de las dos mejores películas españolas desde que Buñuel murió. La otra es Honor de Caballería (su ópera prima)”.

“El cant dels ocells” fue estrenada en Madrid y duró una semana. Unas ochenta personas fueron a verla. Las mismas que habían ayer en este ciclo de autor que hace la UIB en la Sala Augusta. Cuando terminó la película quedábamos unas veinte personas. Algunas durmiendo, otras de cháchara, otras en estado orgásmico y yo pensando que este tío tiene muchos huevos para hacer este tipo de películas.

La verdad es que casi no había que preguntarle nada porque él sólo respondía en monólogos de diez minutos muchas de las preguntas que tenía preparadas. Y aunque en algunas conseguí resolver mis dudas en otras me dejaba patente que esto de película no tiene casi nada. Una de las cosas que más me llamó la atención fue que José (Mark Peranson), al contrario que el resto del reparto (los tres reyes magos y María que hablaban en catalán) hablaba en hebreo. Pero no existe motivo para ello, sino un mero capricho artístico y testicular de su director. Mark Peranson es un crítico de cine que fue a ver el rodaje de la película. Y estando allí al director se le ocurrió la gran idea de lo místico que quedaría que este critico judío hablara en hebreo haciendo de José.

La mística es algo de suma importancia para Serra. Y quiere resolver sus diálogos con mística. Dice que en su guión no existen diálogos, sino el tema que quiere que surja en ese diálogo. Da total libertad a unos actores no profesionales con la única salvedad de que no pueden hablar a ninguno del equipo. A uno de los actores le dice en privado que diga una palabra en concreta que el director encuentra mística o que pueda trascender a un diálogo místico (¿flipante eh?). Y a partir de este punto el espectador recibe algunos de los diálogos más absurdos que haya oído en una sala de cine.

Sugiere que esta película consigue así unos personajes naturales, donde la fuerza queda en la imagen, no en la palabra, y la espontaneidad de estas actuaciones genere un regreso a la niñez. La verdad es que esta técnica no genera una mierda de todo ello. Para empezar si se muestran naturales o no depende de la calidad como actor; y para terminar, el diálogo de los sueños se me antoja forzado y fuera de lugar.


Abrónchense los cinturones porque esto continúa.
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40 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El extraño viaje
Al presentar "Honor de cavalleria", Albert Serra comentó no era "la narración de una aventura sino la aventura de una narración". Su aventura siguiente, "El cant dels ocells", prosigue en la misma senda, puliendo algunas aristas, aunque persistiendo en otras limitaciones. En conjunto, me parece un avance respecto a su versión del Quijote, en cuanto percibo en ella una más estructurada unidad formal, y una también más conseguida capacidad de poetizar sus contenidos.

"El cant dels ocells" no narra, pues, sino más bien acompaña parsimoniosamente a los tres Reyes Magos en su errático viaje hacia la adoración del recién nacido. La cámara se muestra más segura en la concepción del plano. A ello contribuye el tratamiento visual en un contrastado blanco y negro (aunque en escenas nocturnas la textura se torna más confusa) que define a los personajes, carentes de cualquier psicologismo, siempre en relación a un paisaje rocoso y lunar —la película se rodó íntegramente en exteriores de Fuerteventura, Tenerife e Islandia, buscando, también en palabras del director, un territorio "abstracto y mítico"—. Esta abstracción, de marcado primitivismo, que podríamos emparentar con la interesante "El tiroteo", de Monte Hellman (tanto en su fisicidad como en su temática metafísica), dota a la película de un poderosísimo magnetismo, ya que éste no brota de la artificiosidad de unos decorados (pensemos en el último Fellini, por ejemplo), sino de una forma de mirar lo que la naturaleza ya ha creado. Es en ese saber mirar donde se concentra la cualidad más pura de Serra como cineasta.

Hay en ese trayecto zigzagueante momentos para el recuerdo: la divertidísima discusión de los Reyes sobre qué camino seguir (que obligatoriamente sólo puede degustarse en su versión original: la dicción profana de los no-actores de Serra es tan esencial en su cine como el automatismo en el habla de los modelos de Bresson), la pasoliniana y heterodoxa recreación de María y José, el momento de la adoración ante el niño, donde escuchamos la melodía que da título al film (aunque hay que admitir que tras la sublime interpretación que en su día inmortalizó Pau Casals, cualquier nueva aproximación siempre resulta menos emocionante), o el baño postrero, inequívoco símbolo de purificación: desde las antípodas del cliché religioso, llegamos sin embargo a una experiencia eminentemente espiritual.

Otros momentos, sin embargo, nos alejan, casi nos expulsan, del film: Serra reincide en la excesiva morosidad de los tiempos muertos. La dilatación de un plano ya dilatado solamente puede conducir a la redundancia. Quizás el director debería tomar nota de su admirado Bresson, al que le bastaba con una hora y poco más para transmitir una visión del mundo. Particularmente, pienso que, planteada en estos términos —una "miniatura", como "Madre e hijo" de Sokurov, o los últimos trabajos de Manoel de Oliveira—, el resultado podría haber sido un poema visual memorable y mágico.

El problema de fondo...
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19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil