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Perdona si te llamo amor (2008)

Perdona si te llamo amor
Trailer
5,1
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Sinopsis
El amor verdadero irrumpe como un huracán en la vida de Alex, un guapo publicista de éxito de casi cuarenta años, cuando menos se lo espera. Una mañana, yendo al trabajo en coche, se topa en un cruce con Niki, que va al instituto en moto. Tras ese encuentro, de repente, el mundo tranquilo y rutinario de Alex se pone patas arriba. La inocente alegría y la gran sabiduría de Niki echa por tierra las viejas verdades de Alex, sus grises costumbres e incluso la tristeza de haber sido abandonado inesperadamente por su pareja. Aun así, descubrir algo no significa aceptarlo. Pese a la ternura y la confianza en su amor y su amante, la promesa de una felicidad asegurada y el simple hecho de que Niki le ha enseñado a reír como nunca antes lo había hecho, Alex vuelve a su vida “sensata” con su antigua pareja. Mientras, Niki estudia para los exámenes finales y cumple los dieciocho esperando en secreto a Alex. En su corazón sigue soñando. En su sueño, Alex encontrará el valor para, por primera vez en su vida, aceptar y creer en el amor verdadero. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
Scusa ma ti chiamo amore
Duración
105 min.
Estreno
30 de abril de 2010
Guion
Federico Moccia, Chiara Barzini, Luca Infascelli (Novela: Federico Moccia)
Música
Claudio Guidetti
Fotografía
Marcello Montarsi
Productora
Medusa Film / Sky Italia
Género
Romance Comedia Comedia romántica
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Federico Moccia
1
No, no te perdono
La crisis del cine italiano es indubitablemente una de las más agudizadas de todas las cinematografías europeas, de la que posiblemente sólo Francia y su política de la “excepción cultural” se salvan. Allende el pretérito renacer neorrealista (con o sin bicicleta), el cine italiano ha ido agotándose hasta casi la extinción. Ni sus últimos Grandes Nombres como Ermano Olmi o Nani Moretti, el primero en plena decadencia evidenciada por su último film Cien clavos (07), el último encerrado en un inane círculo vicioso, consiguen renovar una cinematografía que, en sus últimos tiempos, se ha hecho transparente (como la propia sociedad italiana, que diría el importante pensador Gianni Vattimo): su apariencia sólo muestra su vacío interior. Ejemplos como los de La mejor juventud (03) de M.T. Giordana, el próximo estreno Háblame de amor (de Silvio Muccino y con Aitana Sánchez Gijón) o la película que nos concierne son demostraciones palmarias de una vacuidad cinematográfica cuyos claros referentes son la producción televisiva de Berlusconi. Contraejemplos como los de Gomorra (08) de M. Garrone o los documentales de Erik Gandini (Sur Plus (02), Videocracy (09)), nos muestran, amén el mejor cine italiano, los efectos colaterales de cierta política cultural: tanto Saviano (autor del libro en que se basa el film de Garrone) como Gandini se encuentran desterrados de su país.
Perpetrada por el mismo que escribiera el libro, un Federico Moccia que es también autor de Tres metros sobre el cielo y Tengo ganas de ti (novelas románticas adolescentes que compiten, en cotas de calidad y ventas, con la obra de Nicholas Sparks, Nora Roberts o Candance Bushnell, y que ya han sido fagocitadas por “la pantalla global”), Perdona si te llamo amor funciona a la perfección si eres una ninfa sin carné de conducir, sin graduado escolar y fanática de Mássimo di Cataldo o Eros Ramazzoti. Si no lo eres (ni ninfa, ni tana), el film de Moccia te parecerá un suplicio. Película estomagante, con una estética (para hablar en castellano) digna de clásicos como Al salir de clase, Sin tetas no hay paraíso o Física o Química, la historia de amor entre una joven atractiva de 17 años y un tío bueno de 37, paseándose por las calles de Roma, entre restaurantes y apartamentos pijos, enamorándose de forma estúpida y noña (el “natural romanticismo italiano” del que habla la voz en off absurda de un detective que apenas aparece, siguiendo los pasos de este insulso galán y publicista de nombre Belli), resulta sonrojante (iteración, siempre que no seas menor de edad y lleves minifalda).
(sigue en spoiler)
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60 de 83 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Perdona si no te trago
Aaah... el amor. Pronúncielo en italiano: “il amore”. ¿A que suena aún mejor? Pero al fin y al cabo no importa el idioma, ya que a todos -lo admitamos o no- nos chifla ese hormigueo que recorre todo el cuerpo y que termina siempre recordándonos lo imbéciles que podemos llegar a ser. Hay no obstante una gentuza que se pone todavía más a tono que nosotros con este concepto. Son los mandamases de las productoras cinematográficas, que a pesar de torturarnos de vez en cuando, hay que admitir que acostumbran a ser personas bastante listas. Y como tales, saben sacarle jugo, cuando más les convenga, a la gallina de los huevos de oro que suponen las películas románticas.

Son algo así como el renovado boom que está viviendo el 3D, otra estratagema que por lo visto garantiza siempre que un número satisfactorio de insensatos va a picar el anzuelo. Es tanto el poder de atracción que dichos reclamos a veces pueden caer en manos de descerebrados sin que se resientan los ingresos de la industria. De modo que mientras el mundillo tridimensional se permite el lujo de jugar con fuego “soltando al Kraken”, las películas que hacen del azúcar su alma mater lo hacen con títulos como ‘Perdona si te llamo amor’. O lo que es lo mismo, productos deficientes cuyo principal -por no decir único- aliciente es la pareja protagonista. En este aspecto, olvídense de la química entre los actores o de interpretaciones que merezcan ser recordadas y reciban con los brazos abiertos la enciclopedia de tópicos sobre los cánones actuales de belleza.

Por ejemplo, él es un publicista madurito que derrite el corazón de las chicas sólo con su mirada. Aspecto pretendidamente descuidado (pelo falsamente mal peinado, barba de tres días...) que luce mejor en su cochazo totalmente tapizado de cuero carísimo pero elegante. Tiene además un dúplex en Roma la mar de moderno y su trabajo le permite cobrar una pasta gansa sin tener que renunciar a ninguno de los caprichitos que hacen de este mundo un lugar tan maravilloso. Ella es una estudiante a punto de entrar en la universidad, impertinente, alocada, irritante, hiperactiva y maleducada... pero al igual que todas sus súper-amigas, está de muy buen ver. Si se suman los elementos se obtiene el anuncio perfecto para impulsar el turismo transalpino: “No vengan a ver nuestros monumentos y ciudades, mejor vengan a ponerse las botas con la carnaza nacional.” Ni las legendarias farras de Il Cavaliere en su mansión de Villa Certosa lo hubieran expresado mejor.
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29 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil