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Las horas del verano (2008)

6,5
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Sinopsis
Entre tres hermanos estalla un conflicto cuando su madre, albacea de la excepcional colección de arte del siglo XIX que perteneció a su tío, muere repentinamente. Sin embargo, no tendrán más remedio que limar asperezas y llegar a un acuerdo. Adrienne es en Nueva York una diseñadora de éxito, Frédéric es economista y profesor universitario en París, y Jérémie, un dinámico hombre de negocios asentado en China. Esta situación representa para ellos el fin de la niñez y de los recuerdos compartidos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
L'Heure d'été (Summer Hours)
Duración
102 min.
Estreno
14 de noviembre de 2008
Guion
Olivier Assayas
Música
Varios
Fotografía
Eric Gautier
Productora
MK2 Productions / France 3 Cinéma
Género
Drama Familia
7
La maison d'Hélène
En la novela ‘El último puritano’, George Santayana nos dice, por boca de su protagonista, que pretender dotar de entidad moral a las cosas materiales es caer en la superstición. Olivier Assayas quiere mostrar con esta cinta que es posible que una casa y sus objetos tengan alma.

Lo triste o lo feliz es que esa alma se sitúa en las personas que la habitan, que los usan.

Como en la saga juvenil de J. K. Rowling, los individuos pueden fragmentar su alma y repartirla en diferentes objetos, lugares o incluso en otros seres vivos.

A pesar del título, tan veraniego, Assayas acierta con la sombra más que con la luz: la escalinata, Hélène subiendo, el arco vegetal oscurecido; el cuarto, que acoge en la penumbra a Frédéric; la visita de los tasadores a la casa, deshabitada y umbría.

En la película ‘Toy story 2’ los juguetes se debaten entre la inmortalidad vacía del museo y la mortalidad con aventura de la infancia.

Los recuerdos se constituyen en vivencia presente del pasado. Los objetos y lugares funcionan como interruptor. Conjuran sólo aquello que ya está en nosotros mismos. Al fallecer, fallecen en nosotros. Quién sabe si perduran, intactos, en otras redes neuronales.
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51 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Estoy mirando detenidamente un jarrón de mi abuela para ver si siento algo...
Bueno, ella está viva aún; a lo mejor por eso no funciona. El caso es que los recuerdos que afloran en mi mente (el olor a rosquillas, aquella cocina con una despensa tan enigmática) no necesitan del jarrón para ser evocados. El jarrón me da igual, no me importa si se rompe. No me importan las casas, si ya no están aquellos que las habitaron. Me cuesta permanecer en los lugares que se empeñan en recordarme quién se ha ido ya de este mundo. El alma no se queda pegada a las cosas como una mancha en una vajilla mal fregada.

¡Qué libertad dará una casa vacía, sin trastos!. ¡Qué libertad la de no esperar recompensas! Sé que hay quienes aspiran a tener cada día menos y desde luego tienen suerte, creo que están en el camino correcto. De mayor quiero ser como ellos.

Entiendo lo que me quiere contar Assayas en esta película pero me resulta muy ajeno. Sin embargo, he de decir que a pesar de la torpeza narrativa del director, la película nos lleva a una honda reflexión sobre el paso del tiempo, el deterioro, en todos los sentidos; cómo se van las personas mientras las cosas permanecen.

Los objetos de un muerto son un desafío para los vivos: son codiciados si tienen valor o rechazados por lo que evocan, como si de esa manera ahuyentáramos a nuestra propia muerte. No creo que vuelva a ver esta película nunca, aunque sé que pensaré en ella muchas veces.
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37 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil