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El mercader de terror (1962)

El mercader de terror
Trailer
6,9
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Sinopsis
Cuando Kelly Sherwood, una joven empleada de banca, regresa a su domicilio en un barrio de San Francisco, es atacada por un desconocido que le exige que robe cien mil dólares del banco donde trabaja; si no cumple sus órdenes, asesinará a su hermana Toby. Aterrorizada, la joven se pone en contacto con el FBI, pero las pistas que aporta son muy escasas. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Experiment in Terror
Duración
123 min.
Guion
Gordon Gordon, Mildred Gordon (Novela: Gordon Gordon, Mildred Gordon)
Música
Jack Hayes, Leo Shuken, Henry Mancini
Fotografía
Philip H. Lathrop (B&W)
Productora
Columbia Pictures
Género
Cine negro Thriller Policíaco Crimen Secuestros / Desapariciones
8
Chantaje
Notable film policiaco de Blake Edwards (Oklahoma, 1922), poco conocido y en general infravalorado. El guión, de Gordon Gordon y Mildred Gordon, adapta su novela “Operation Terror” (1960), publicada en tres partes en “Ladies Home Journal” (septiembre, octubre y noviembre). Se rueda en escenarios reales de San Francisco (Candlestick Park, Saint Germanie Street, Golden Gate...) y en los Columbia Studios. Es nominado a un Globo de oro (actor secundario, Ross Martin). Producido por Blake Edwards para Columbia, se estrena el 13-IV-1962 (NYC).

La acción dramática tiene lugar en San Francisco (CA), a lo largo de unos pocos días del invierno de 1962. Kelly Sherwood (Remick), de unos 22 años, empleada como cajera de una entidad bancaria, soltera, ordenada, pretendida por Dick (Mallory), un compañero del trabajo, vive sola con su hermana menor Toby (Powers), de 16 años, que estudia bachillerato y es novia de Dave (Evans), también estudiante. Kelly es seria, ordenada, juiciosa y responsable. Toby es alegre y extrovertida. Las dos hermanas se llevan muy bien y se profesan un gran afecto. El inspector del FBI que las ayuda, John “Rip” Ripley (Ford) es un profesional concienzudo, pero rutinario y de escaso talento.

El film suma policiaco, crimen, cine negro, misterio y thriller. El detonante y el móvil de la acción viene dado por el chantaje de que es víctima Kelly por parte de un desconocido fuerte físicamente y con problemas de asma. Se mueve con astucia, un alto nivel de información sobre sus víctimas y allegados y con antecedentes, según sus manifestaciones, de dos asesinatos previos. No deja pistas, no se encuentran indicios de su compleja personalidad y no se conocen sus móviles. Se cubre el rostro con gafas de sol oscuras, oculta la cabeza en la capucha de la trenca y, cuando conviene, se viste de mujer. El nudo dramático se asienta en la capacidad de ocultación del asesino chantajista, la ausencia de pistas, el trabajo rutinario del inspector del FBI, el desarrollo burocrático de su trabajo, la insuficiencia de sus métodos ante las iniciativas y la versatilidad que demuestra el criminal, el escaso talento del inspector Ripley como sabueso perspicaz y con capacidad de anticipación. Se asienta, además, en la gravedad de las amenazas y en la constatación de que las cumple con frialdad y ensañamiento.

El tono del relato es contenido, serio y amargo. Black Edwards, especialista en comedias y dado a edulcorar la situaciones comprometidas, mantiene en este caso una gran coherencia estilística. Crea situaciones de gran tensión, de intenso misterio y de terror franco, sin entretenerse en concesiones. Las imágenes que presenta del criminal y del almacén de pieles abandonado que tiene arrendado, son perturbadoras. Consigue situar el suspense de las secuencias culminantes en niveles escalofriantes: secuestro de una muchacha, retención de Kelly en el garaje de la casa, almacén de maniquís, perspectivas del estadio y otras.

(Sigue sin “spoilers”)
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40 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El asesino al que le gustaban las películas de Hitchcock
El otro día se preguntaban unos tíos en televisión por qué Blake Edwards se dedicó después de hacer esta peli a hacer tantas películas de humor como las de la Pantera Rosa, prodigiosas desde luego, pero que para muchos es un género menor, como por ejemplo lo insinuó Fritz Lang, y yo desde luego no lo voy a discutir.
Yo creo que Edwards se casó con Julie Andrews y le alegró la vida; está claro que esa mujer aparentemente tan mojigata era una cachonda y terminaban con fiestorras todas las noches y descojonaditos; de ahí le salían tantas comedias luego.

En Chantaje a una mujer dijeron que había copiado algo de Hitchcock. También creo que este tipo de afirmaciones está tan extendido y que cualquiera puede aplicarlo a quien quiera que a mi me parece un comentario poco fiable, pero bueno, puede ser, porque Ross Martin, vestido de vieja, de luto riguroso, parece la madre de Norman Bates; es verdad.
Una buena película.
Lee Remick es la cara de la mujer norteamericana clásica en potencia, muy guapa, y no se enrolla con Glenn Ford porque en aquel entonces se quería dejar claro, a la sociedad norteamericana, que tanto el FBI como la policía estaban para servir a la sociedad, y no para andar de ligoteo. Aunque aquí hubiera estado bien y lo habríamos perdonado y entendido.

La escena de los maniquíes es también para estudiarla. Esa extraña mujer que va a pedir ayuda al agente Ford, es otra introducción interesante.
Se le insinúa al policía, pero éste, como decimos, pasa del tema. No queda claro, no obstante si es que él está casado o... en fin. Lo importante es que es muy profesional, ese es el valor del mensaje.
El asesino entre los maniquíes. Buena escena.
¿Por qué esa extraña mujer ponía su propio rostro a los maniquíes? No lo explican. Tal vez sea la misma razón por la que nosotros firmamos con pseudónimos tan extraños, misteriosos y graciosos en nuestras críticas...
Claro, esto no va con personas como Horacio, Eva, Txarly, etc... que ponen sus nombres, ni conmigo tampoco, por supuesto, porque yo soy fantomas de verdad.
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26 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil