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Cartas a Dios (2009)

Sinopsis
Oscar es un niño de diez años que está internado en un hospital infantil. Ni sus padres ni los médicos se atreven a decirle la verdad sobre su enfermedad. Sólo Rose, la repartidora de pizzas, una mujer de bruscos modales, es capaz de ganarse su confianza y entretenerlo. Un día, le propone un juego: imaginar que cada día que pasa equivale a diez años, de modo que, en unos días, Oscar alcanzaría una larga vida. Además, para conseguir que el niño hable de sí mismo, lo anima a escribirle a Dios. En sus cartas, Oscar confiesa sus alegrías y sus penas, sus miedos, su primer amor, sus sensaciones ante el paso del tiempo. Así, entre Oscar y Rose se va fraguando una amistad muy particular. (FILMAFFINITY)
Director
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Oscar et la dame rose (Oscar and the Lady in Pink)
Duración
105 min.
Estreno
15 de abril de 2011
Guión
Eric-Emmanuel Schmitt
Música
Michel Legrand
Fotografía
Virginie Saint-Martin
Productora
Coproducción Francia-Bélgica-Canadá; Pan Européenne Production / Cinémaginaire Inc. / Climax Films
Género
Drama Amistad Enfermedad
7
Emotiva correspondencia unívoca
Es una película que se agradece aunque no llega a ser redonda por la dificultad intrínseca del ambicioso objetivo que se ha marcado su Director, Eric-Emmanuel Schmitt, que hace que la película terminada solo sea una aproximación —si bien bastante cercana— a lo que se pretendía.

Se trata de dulcificar una dura realidad sin caer en la sensiblería, para ello se cuenta con dos personajes: el niño Oscar y la mujer de rosa, Rose, sobre los que bascula toda la acción. Sin quitarles mérito a los dos actores que los interpretan, creo que no se agotaron las posibilidades que brindaba la selección del reparto para los dos protagonistas de la historia. La película es en un 80% estas dos interpretaciones y se debió haber dado prioridad a escoger a quienes las desarrollasen sin ninguna fisura. El personaje de Oscar —interpretado por Amir— chirría poco, pero lo suficiente como para ver en ocasiones a un niño que actúa en vez de a un niño con una grave enfermedad. El personaje de Rose chirría ya desde el guión: es demasiado complejo para que resulte verosímil a tiempo completo. Michèle Laroque hace lo que puede con él —por lo que no tiene sentido criticarla como actriz—, pero las contradicciones del personaje le desbordan en más de una ocasión.

Si hubiera que buscarle referencias a esta película, me vienen a la cabeza inmediatamente tres: "Marcelino, Pan y Vino" de Ladislao Vajda, "La vida es bella" de Roberto Benigni y "Planta 4ª" de Antonio Mercero. Pero esta película no sólo tiene antecedentes sino también secuelas puesto que, a pesar de lo reciente de su estreno (2009), ha dado ya lugar a una nueva versión, dirigida por David Nixon; versión muy libre y mucho más instrumental desde el punto de vista religioso y que, por su inmediatez respecto a la que estamos comentando, ha hecho que se confundan los carteles de ambas en más de una web especializada.

Las escenas oníricas o imaginadas son desiguales. El cuadrilátero de la bola de cristal da mucho juego, pero las otras resultan a la postre pobres.

La película es vitalista en cuanto que reivindica la alegría de vivir, y no se equivoca en las recetas que da: Reinventar la realidad, al verla con otros ojos, querer a quienes nos quieren, enamorarse y asumir con buen espíritu lo irremediable.

La militancia creyente de la película, que es una pata del armazón fílmico, se proclama desde el título, por lo que no se intenta engañar a nadie.

Es difícil no emocionarse con una película cuya temática golpea en lo más profundo de nuestra humanidad, pero la emoción, como el miedo, es libre.
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15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La muerte se viste de rosa
Entrañable película que reflexiona de forma admirable sobre la realidad de la muerte. La verdad es que las películas que tienen esta temática pueden caer en la tentación de acabar en la sensiblería pura y dura, haciendo que la historia quede cursi y algo forzada. Pero no es el caso de Cartas a Dios. Se trata de una increíble historia de amistad entre un pobre niño destinado a morir por un cáncer y una mujer en la cual la pizza era su valor más preciado hasta entonces.

Y es que es una película que muestra muy bien cómo los dos personajes salen muy fortalecidos después de esos días. El niño se encuentra solo, sin que nadie le comprenda; sintiéndose engañado en lo que sabe que son sus últimos días de vida. Tiene sólo 10 años, y apenas sabe nada de lo que es vivir. Y su estancia con Rose le hará pasar sus últimas horas con una sonrisa en la cara, disfrutando de cada momento, como si realmente un día suyo fueran diez, viviendo cada día, como él dice, como si fuera el último.
Y si lo del niño es fuerte, mucho más es la transformación que sufre la chica de rosa que reparte pizzas. Recién divorciada, sin rumbo, sin dinero, sin esperanza, triste. Aprende la satisfacción que es ayudar al más necesitado, aprende a desprenderse de los prejuicios que tiene y ser ella misma, sin que le importe lo que piensen los demás. Pone la primera piedra de lo que va a ser el camino de su nueva vida. Se hace chica mientras convierte al muchacho en un pequeño adulto.

Y lo que admiro de esta película es la mezcla entre la inocencia y la sensatez de Oscar. Esa inocencia infantil por la que cualquier adulto se enternece, esa inocencia que le hacer ser al niño especial. Y también esa sensatez con la que el niño consigue encandilar a Rose, y logra de una manera u otra remover el corazón de ella. Se trata sin duda de una claro ejemplo de lo que se debería hacer en una situación como esta, cuando se diera el caso. Es una capacidad extraordinaria de meterse en la cabeza y en la mentalidad de un niño, y es una forma buenísima de hacerle sonreír y disfrutar.

Por último, ya que me podría estar aquí largo y tendido, destaca una banda sonora muy simple pero de enorme acierto, creando esa nostalgia y ese cariño propios del momento; las dos interpretaciones, en especial la de Michèle Laroque, son soberbias, ya que sin ellos la película se habría hundido. Su trabajo es encomiable. Por otro lado, el film tiene un claro sentido sobrenatural, viendo en todo momento la parte positiva de la muerte, y obviando el sufrimiento obligatorio que conlleva. He ahí otra de sus claves. La película sin duda arrancará más de una lágrima, te hará reflexionar sobre un tema muchas veces lejano, pero irremediable al fin y al cabo, y te hará coger cariño a Oscar, de modo que tú tampoco quieras despegarte de él. De nuevo Francia propone algo interesante: peliculón que no puedes dejar escapar.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil