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Billy The Kid (1973)

Billy The Kid
Trailer
7.6
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Sinopsis
William Bonney era conocido por todos como "Billy el Niño". Estando encarcelado en Lincoln, después de ser condenado a morir en la horca, llega a sus manos un colt 44, con el que intimida a los guardianes y consigue huir a México. El sheriff Pat Garrett, que en otros tiempos cabalgó junto a él, será el encargado de darle caza. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Pat Garrett and Billy The Kid
Duración
122 min.
Guion
Rudy Wurlitzer
Música
Bob Dylan
Fotografía
John Coquillon
Productora
MGM
Género
Western Drama Amistad
"Violencia y cámara lenta al puro estilo de Peckinpah"
[Cinemanía]
"La violenta y trágica historia de Billy el Niño y Pat Garret, servida con mano maestra (...) un género clásico que en los años setenta entraba en fase terminal y al que sólo Peckinpah consiguió insuflar vida"
[Diario El País]
9
El último aliento del Western
John Ford le puso fecha de caducidad al western con esa obra maestra que es "El hombre que mató a Liberty Valance" en la que ese territorio en bruto en el que el poder se impone a golpe de revólver, comenzó a extinguirse por la llegada de ferrocarriles, de hombres de negocios... De la civilización. El poder deja de ser impuesto por la fuerza y se emplea el dinero para esto. Muere una época a la que yo no habría concedido mayor importancia de no ser porque el cine la inmortalizó inmejorablemente en mi retina. John Ford anunció este fin, Peckinpah lo explotó.

Lo que en principio sólo se trata del progreso de un territorio acaba adquieriendo tintes de tragedia y poesía en manos de Peckinpah. Se trata de la auténtica decadencia de un imperio, ante la cual sólo se pueden optar por dos vías: adaptarse o resistir. Y aquí es cuando entra otro de los temas fundamentales de Peckinpah: la amistad traicionada. Aquí, evidentemente, se trata de la de Pat Garrett y Billy The Kid.

Mientras que Garrett planea llegar a viejo, para lo que decidirá adaptarse a los tiempos cambiantes, Billy hará lo que ha hecho siempre: lo que le salga de los huevos. Estas dos actitudes les llevarán a que el primero sea contratado para matar al segundo.

Y lo que viene después no se trata de persecuciones con tiros y acción espectacular, sino de resignación, tristeza y melancolía. Todos siguen su cometido aun sabiendo que esto signifique traicionarse a sí mismos o morir. Matan a desgana y mueren sin llanto. Todo esto aparece arropado por una atmósfera sombría y crepuscular, y por un halo poético intensificado por la soberbia música de ese monstruo que es Bob Dylan.

Uno acaba comprendiendo que Pat Garrett ni llegó a viejo ni murió como se nos muestra en la escena que abre la película, sino que ya estaba muerto desde tiempo atrás: se mató a sí mismo o, más bien, lo mató Billy the Kid. Y yo, lo único que puedo hacer ante tal despliegue de maestría, es rendirme ante Peckinpah, el cine y la vida. Obra maestra.
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97 de 107 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
"Los viejos amigos no deberían acabar así"
Al principio de la película se nos muestra como Billy y su banda se divierten disparando a unas gallinas que están enterradas hasta el cuello. No tienen escapatoria, ni una sola posibilidad de salvarse. Así es toda la película.

No hay ni un solo tiroteo justo, o donde una de las partes no tenga todas las de perder. No vemos ningún duelo donde haya algún atisbo de duda sobre el vencedor. No hay nada de justicia. Todos los muertos mueren como perros, acribillados, acorralados, desarmados, cogidos por sorpresa, en inferioridad numérica o pillados borrachos o entre putas. Y buen número de estos muertos, son asesinados por viejos amigos, camaradas y compañeros de mil aventuras.

Cada vez que Pat Garrett mata a un viejo amigo, se mata también un poco así mismo. Él mismo morirá como un perro, en un flasforward que se nos muestra al inicio de la película, en montaje en paralelo con los disparos de Billy y su banda hacía las gallinas. El paralelismo es evidente.

Peckinpah borra todo rastro de romanticismo clásico, propio de un western, y a su vez, paradójicamente crea una obra crepuscular, que respira nostalgia por los cuatro costados, acompañado en todo momento por la música de Bob Dylan. Es una película triste y desoladora, con un tono melancólico. Es el fin de una época. No extraña por tanto que la película comience en un atardecer rojo sangre, haciendo alusión al fin de un ciclo y a toda la sangre que se va a derramar. Poco pueden hacer los personajes, ni siquiera pueden elegir como van a morir. Porque, vuelvo a remarcar, todos ellos van a morir por un disparo por la espalda cuando huyen desarmados, en un duelo trucado, en una encerrona en una casita rodeados por los Rangers sin posibilidad de salir, o sorprendidos por un viejo amigo mientras se afeitan por la mañana.

El Western clásico muere en esta inolvidable obra, para dar paso a un western crepuscular, donde los ideales del viejo oeste ya no tienen cabida, ni donde hay ya empresas justas. Ahora hasta los viejos amigos se matan entre si.

Todo es rojo. Todo es triste. Y todo es jodidamente precioso.
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52 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil