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Dulce secuestro (TV) (1975)

5,7
25
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Sinopsis
Leonard Hatch (Martin Sheen) escapa del hospital psiquiátrico donde se encontraba recluido y mientras huye en una camioneta robada, encontrará en el camino a Doris Mae McWithers (Linda Blair) una joven campesina a quien decide secuestrar llevándola hasta una cabaña que posee a varios kilómetros fuera del pueblo. Allí, ella luchará por huir y él hará cuanto pueda para merecer su afecto, mientras que la gente del pueblo y su familia buscan a la chica por cielo y tierra. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Sweet Hostage (TV)
Duración
93 min.
Guion
Edward Hume (Novela: Nathaniel Benchley)
Música
Luchi De Jesus
Fotografía
Richard C. Glouner
Productora
Brut Productions
Género
Drama Romance Drama romántico Telefilm
7
“¡Bienvenida a Xanadú!”
Las obras del escritor norteamericano Nathaniel Benchley (1915 -1981), ya habían atraído a los productores de cine en al menos un par de ocasiones, pero Benchley tuvo que esperar hasta que, el canadiense Norman Jewison, decidiera adaptar su novela “The Off- islanders” con el título “¡Ahí vienen los rusos!” (1966) y este filme lo hizo notablemente popular.

Llega entonces el año 1975, y es al director, Lee Philips –especializado en películas y series televisivas, de donde solo salió una vez para realizar “Las travesuras de Arnold” (basada también en una serie de tv)- a quien la ABC le encarga rodar el guión que, de la novela de Benchley “Welcome to Xanadu” (1968), había escrito Edward Hume y la convierte en “DULCE SECUESTRO”, una película en formato televisivo de bajo presupuesto, que obtuvo tanto éxito durante su estreno en la Friday Night Movie de la cadena televisiva, que motivó trasladarla a celuloide de 35mm, para poder exhibirla en las pantallas grandes del resto del mundo. Como dato curioso, valga decir que, “Sweet Hostage”, es una de las escasas películas que se estrenaron primero en Colombia, donde fue muy bien acogida.

En la línea de “El coleccionista” (1965), la película de Philips se ocupa también de un "enfermo mental" que, en su fuga del hospital psiquiátrico donde se encontraba recluido, al cruzar un pueblo con la camioneta robada, tropieza con una joven campesina cuyo vehículo se ha varado en el camino… y cuando la lleva hasta su casa, decide secuestrarla, conduciéndola entonces hasta una modesta cabaña a la vera de un río, donde hará cuanto pueda para congraciarse con ella.

Son dos seres incomprendidos: Doris, ya no soporta la intolerancia de su padre y su rudo temperamento… y cada día anhela dejar su hogar para irse a cualquier otro sitio aunque tenga que abandonar también a su madre. Y Leonard, es un joven demasiado culto para su edad, que, inadaptado al mundo en que le ha tocado vivir, se refugia en mundos fantásticos como Xanadú (símbolo de la opulencia y el bienestar), donde puede encontrar tranquilidad y dicha en abundancia… ¡y por eso terminó en un manicomio!

Martin Sheen y Linda Blair, alcanzan una gran empatía (¡simetría!), y el filme se desenvuelve con gracia y entusiasmo por la vida, mientras la pareja va descubriendo que, dentro de cada uno, un gran amor pugna por prodigarse a borbotones. Doris, ahora llamada Christabel y Leonard haciéndose llamar Kubla Khan (nombres extraídos del poema de Samuel Taylor Coleridge publicado en 1816), se conjugan haciendo ella de hacendosa ama de casa y aplicada alumna, y él de proveedor y maestro, en una entrega cálida y generosa.

La película se deja ver con satisfacción… y al final uno siente que es muy poco lo que comprende y lo que realmente indaga la mal llamada justicia, porque, muchos actos condenados con el rasero de las leyes, puestos ante la luz de la Verdad, lucen claramente como absolutas y atroces infamias. En “Dulce secuestro” hay un buen ejemplo de ello.

Título para Latinoamérica: “DULCE PRISIONERA”
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
¿Quién contrató a Luchi?
Esta película, más bien telefilme, tiene algunos puntos de interés pero su mayor atractivo -si puede decirse así- radica en la inmensa perplejidad que genera. La historia podría haber sido buena pero el resultado final semeja a una amalgama de disparates gobernados, esta vez sí, por la locura. No cabe duda de que hay momentos logrados, aunque solo sea por la presencia de Martin Sheen, y por la clara influencia del cine norteamericano de psicópatas, especialmente de la imponente "Badlands" (con el mismo Sheen), rodada un par de años antes o "The Sadist", arquetipo y modelo de muchas cintas posteriores, rodada ya en 1963 por James Landis. También la huella literaria está presente en los textos de Coleridge "Kubla Khan" y "Christabel" recitados por el protagonista, algo que resulta tan estrambótico como la propia locura colectiva que representa toda la peli. Pero si quitásemos la música estoy seguro de que más de una escena nos sorprendería. Da la impresión de que la historia que se cuenta y la música que ayuda a contarla son irreconciliables. Toda la parte final no es más que un auténtico disparate que, a mi juicio, tendría un cariz muy distinto si se modificase la banda sonora o -casi sería preferible en este caso- se suprimiese por completo. De forma especial me refiero a esa espantosa e insoportable cancioncilla -a lo Sunsilk- que se repite hasta el delirio y que, finalmente, termina por volvernos tan locos como a Leonard. Y surge la pregunta inevitable: pero, ¿quién contrató a Luchi De Jesus? ¡Jesús!
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil