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Satiricón (Satyricon) (1969)

Satiricón (Satyricon)
Trailer
6,7
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Sinopsis
En la Roma del siglo I después de Cristo, dos estudiantes, Encolpio y Ascilto, discuten sobre a quién corresponde la propiedad del adolescente Gitone. El niño escoge a Ascilto, y sólo un terremoto salva a Encolpio del suicidio. A partir de entonces, Encolpio vivirá una serie de aventuras y desventuras para conocer nuevos amores. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
Fellini Satyricon
Duración
129 min.
Guion
Bernardino Zapponi, Federico Fellini (Libro: Petronius)
Música
Nino Rota
Fotografía
Giuseppe Rotunno
Productora
Produzioni Europee Associati
Género
Drama Fantástico Antigua Roma Mitología
6
Comida, sexo, muerte y pirotecnia (o estética del caos).
Antes de nada dar las gracias a Giuseppe Rotunno (dir. de fotografía también del Gatopardo). Él tiene gran parte de culpa de que la imaginación exuberante y la escenografía de Fellini quede plasmada de forma bellísima. Es eso precisamente lo más destacado de la cinta ya que toda la grandilocuente vertiente visual es fastuosa; los peinados, el maquillaje y vestuario, el vivo contraste cromático (con colores muy “pop”) y la iluminación (las calles de la ciudad al principio de la película parecen de una historia de ciencia ficción, con azules metálicos y brumosos, grises y reflejos húmedos en las paredes), los turbulentos cielos, barcos que parecen monstruos marinos acorazados, las sombras en las paredes, el polvo arremolinado alrededor de los actores, la reconstrucción de la ciudad con enormes decorados, y unos exteriores (también artificiales en la mayoría de los casos) que provocan una malsana sensación similar a la visión del sexo que nos ofrece la película y encajan perfectamente con la atmósfera de pesadilla filmada que tiene. Interesantes las reflexiones que he leído sobre el uso del espacio, desecha Fellini el fuera de campo y la elipsis y trata de aprehender todo el espacio con el que cuenta, mostrando los decorados y los detalles en un afán exhaustivo de mostrarlo todo (“ya que lo he construido...”, imagino que pensaría).

La película nos ofrece una visión del libertinaje de la Roma imperial bastante sombría y decadente (el libro de Petronio no es más que una excusa). Está narrada (por decir algo) de forma episódica (pero dispuestos los episodios de forma abrupta, a saltos y sin rigor) y nos cuenta las distintas vicisitudes por las que pasa el protagonista, pero sin un hilo conductor que la haga entretenida y al que se pueda agarrar el espectador, que acaba siendo fagocitado por tanto exceso visual y alegórico, por el ego desmedido de Fellini, por sus sueños, ambiciones estéticas y (más que nunca) caprichos.

Una película para ver en pantalla grande. Desgraciadamente la he visto en TV (pierde gran parte de su encanto) y la nota se resiente por eso.
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39 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
LA EXUBERANTE BELLEZA DEL PAGANISMO
¿Quién sino Fellini era el director más idóneo para adaptar "El Satiricón", una de las obras capitales de la literatura latina? La desbordante imaginación del maestro italiano, su portentosa creatividad, era requisito indispensable para lograr dar aliento y vida, carne, sangre y semen, a los personajes que protagonizan las inolvidables aventuras de la novela de Petronio.

"El Satiricón" es una de las obras más originales de la antiguedad. La primera novela de Occidente y también la precursora de un estilo que mezcla la prosa y el verso. Escrita en buena parte en hexámetro dactílico, esta joya de la literatura universal parodia, no tanto las costumbres de la época imperial (como han escrito recurrentemente la caterva nauseabunda de los moralistas), sino los géneros literarios de la época, obras famosas y autores de fama. La sátira se revela, pues, esencialmente libresca, al estilo de Cervantes y los libros de Caballería. Fellini, corresponsable del guión junto a Bernardino Zapponi, sigue con relativa fidelidad la fragmentada trama de la novela. No hay en "Fellini-Satyricón" una narración coherente, convencional, sino una sucesión de episodios unidos por la presencia de los protagonistas principales, Asciltio y Encolpio. Conviene ya señalar que esta superproducción dinamita las convenciones que fundamentan al peplum. Las ínfulas historicistas del género, la aparente representación de la historia, aquí no tienen cabida. Bien es cierto que la labor de investigación que descubre la mirada atenta es abrumador. Sirvan como ejemplos la canción que canta Gitón, construida sólo con quintos y cuartos pitagóricos o las máscaras mortuorias que representan a los antepasados en la casa de los patricios suicidas. Pero tan lejos está el director de realizar un documental, como de mostrar convencionalmente un retazo del pasado clásico.
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24 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil