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A cambio de nada (2015)

A cambio de nada
Trailer
6,4
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Sinopsis
Darío, un chico de dieciséis años, disfruta de la vida con Luismi, su vecino y amigo del alma. Mantienen una amistad incondicional, se conocen desde niños y juntos han descubierto todo lo que saben de la vida. Tras la separación de sus padres, Darío huye de casa y empieza a trabajar en el taller de Caralimpia, un viejo delincuente con aires de triunfador, que le enseña el oficio y los beneficios de la vida. Darío conoce además a Antonia, una anciana que recoge muebles abandonados con su motocarrro. A su lado descubre otra forma de ver la vida. Luismi, Caralimpia y Antonia se convierten en su nueva familia durante un verano que les cambiará la vida. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ España España
Título original:
A cambio de nada
Duración
93 min.
Estreno
8 de mayo de 2015
Guion
Daniel Guzmán
Fotografía
Josu Inchaustegui
Productora
El Niño Producciones / La Competencia / La Mirada Oblicua Producciones / Ulula Films
Género
Drama Adolescencia
7
A cambio de cariño
Infancia o adolescencia. Igual dolor si crees que tus padres no te quieren o sólo te quieren para manipularte, para que les des la razón, para que les sirvas de coartada, para usarte como prueba en un juicio donde demostrar que el otro está equivocado y es un pésimo progenitor. Cara y cruz. Y en el colegio no hay nada que rescatar porque el eslabón más débil se ha roto y no hay forma de recomponerlo sin ayuda, sin dedicación, sin paciencia y sosiego. Cuando todo parece perdido sólo nos queda la compañía de algunos seres desinteresados que nos apoyan con sólo estar ahí, dirigirnos la palabra, hacernos caso, estarnos agradecidos por escucharles, acompañarles o verles. El casi inasible consuelo de los extraños.

Muchas óperas primas suelen ser autobiográficas o tocar muy de cerca la fibra vital de su creador. Y ésta no es una excepción. Bienvenida sea. Sobre todo es de justicia señalar que todos los variopintos personajes que pueblan su metraje están retratados con cariño, con respeto, con humanidad, con amor y mimo hasta el más mínimo detalle. Todos ellos respiran verdad, realidad, complejidad y sabor a vida. Y el espectador se ve inmerso en unas anécdotas quizás excesivas, quizás tremendas o apabullantes, pero que resultan siempre fidedignas y honestas, nunca forzadas o exageradas. A veces la vida no es como quisiéramos que fuera sino como nos ha tocado vivirla – o malvivirla. No queda otra que apechugar y seguir adelante.

De entre toda la galería de memorables comparsas que pueblan esta cinta, quizás se deba destacar a uno por encima de todos. Una anciana chamarilera que acoge y recoge al dolorido adolescente atribulado cuando parece que nada tiene sentido y su vida está abocada al abismo. Principio y fin se dan la mano, se acompañan, se consuelan, se reconocen y se respetan. No es casualidad que este entrañable personaje esté interpretado por la propia abuela del creador de la historia. Hay tanto amor en su mirada que nos conmueve a cada paso, con cada silencio, con cada gesto. Es como un homenaje a la estirpe de la que venimos, una forma de rendirle pleitesía y señalar su agradecimiento.

Estamos ante una película realizada con las entrañas, hecha con jirones de corazón abierto en canal, donde la emoción se escapa a raudales, donde palpita la vida a cada paso, abriéndose camino pese a todo. Agradecerle a Daniel Guzmán que haya perseverado y nos haya ofrecido semejante prodigio de humanidad y gozo: cine de la turbación, canto de la empatía.
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72 de 78 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Barrio 2.0.
A cambio de nada es, indiscutiblemente, la película triunfadora del 18º Festival de Málaga, habiendo conseguido cuatro premios: mejor película, director, actor secundario y premio especial del jurado y de la crítica. La pregunta ahora, después de tan clamoroso y admirable éxito es: ¿se lo merece? ¿Es verdaderamente tan buena?
Empecemos haciendo algo de memoria. Daniel Guzmán, realizador de la película y del excelente y premiadísimo corto Sueños (2003), realizó una brevísima intervención en 1998 en Barrio, la segunda película de Fernando León de Aranoa, bastante antes de alcanzar el éxito y el reconocimiento popular gracias a su personaje Roberto en la serie Aquí no hay quien viva. La referencia viene a cuento porque A cambio de nada es casi como una versión 2.0 de la película de Aranoa, pero hecha con bastante menos acierto.
A cambio de nada es una historia, en palabras de Guzmán, autobiográfica, especial y larga de escribir (ha tardado diez años en acabarla). También es una historia de chavales de barrio, en el límite de la marginalidad, coqueteando con la delincuencia, robando pese a que no lo necesitan, conduciendo motos y furgonetas sin carné, soñando con el sexo y bailando con el peligro en esa edad tan compleja que es la adolescencia. También es una alabanza de la amistad incondicional, la de Darío y Luismi, por encima de cualquier cosa. En definitiva, los mimbres son buenos, y la influencia de León de Aranoa y Barrio es muy fuerte y clara, pero la cesta no le sale a Guzmán tan bien como podría haberle salido. La película es divertida (atención a los chistes con los perros), es entretenida, es correcta, pero se queda muy a medias de todo. Cuando termina no hay sensación de que vaya a dejar un poso inolvidable en el espectador, le falta emotividad y sobre todo le falta contar una historia más definida. Durante demasiado rato lo que nos propone Guzmán es una sucesión de anécdotas cuyo único hilo conector es el personaje de Miguel Herrán.
Hay varios problemas más en A cambio de nada. El primero es que, una vez el peso del largo cae sobre los hombros de Darío, el protagonista, no hay manera de creerse nada. Sin desvelar nada, no hay manera de creerse que un menor ande suelto por una gran ciudad tan alegremente haciendo todo lo que va haciendo el personaje y sabiendo sus padres... lo que saben. No. De ninguna manera.
Otro problema es la distancia emocional entre personajes y espectadores. Darío es pariente espiritual de los protagonistas de Barrio, y muy especialmente de Rai. Comparte totalmente ese espíritu buscavidas, pícaro y rebelde del personaje que interpretaba Críspulo Cabezas, pero sin embargo es imposible identificarse con él porque Guzmán jamás deja ver la vulnerabilidad detrás de la máscara de canalla. Pecisamente, el trío protagonista de Barrio, Javi, Manu y Rai, resultaban creíbles y en cierto modo cercanos porque detrás de la coraza de adolescentes rebeldes e imperturbables veíamos sus muchos miedos y las fantasías con que adornaban sus tristes vidas. Y cuando llega (la escena del juicio) ya es demasiado tarde y tampoco es demasiado creíble, ni por supuesto sirve para justificar al personaje. Está claro que Guzmán le tiene cariño a Darío, y también a Luismi, como demuestra claramente la escena final, pero se pierde en ese cariño y renuncia, no sabemos si voluntaria o involuntariamente, a profundizar en ellos, en sus sentimientos, motivaciones, debilidades y flaquezas.
Sí aprovecha bien Guzmán lo que es sin duda lo mejor de la película, que es la relación entre Darío y el personaje que interpreta Antonia Guzmán, abuela del realizador. Sus momentos son lo único verdaderamente memorable de la película gracias a unas escenas (esta vez sí) estupendamente escritas que se benefician y potencian la ternura y sentido del humor naturales de la entrañable Antonia y consiguen convertirse en los momentos más agradables de una cinta descompensada y desaprovechada. Sin embargo, esta trama también se ve perjudicada por uno de los fallos más graves de la película, que es que no acaba nada. Ni esta historia ni la del "Caralimpia" tienen conclusión y son olvidadas de repente por Guzmán para centrarse en el eje, que es la amistad entre Darío y Luismi, lo cual es una pena.
En definitiva, una película entretenida, bastante divertida pese a su carácter dramático (atención a los constantes apuntes cómicos de Antonio Bachiller, todo un descubrimiento; Miguel Herrán tiene una mirada perfecta para el personaje, a medio camino entre niño y hombre, pero destaca menos y a ratos está un poco sobreactuado) y con algunas escenas poderosas (toda la secuencia en la que los dos amigos deciden ayudar a "Caralimpia"), pero en absoluto la maravilla que se ha vendido tras su triunfo en el 18º Festival de Málaga. Me sigo quedando con Requisitos para ser una persona normal (Leticia Dolera, 2015) como mejor película del certamen.

Lo mejor: La relación entre Darío y Antonia (soberbia Antonia Guzmán), la comicidad apabullante de Antonio Bachiller y el poder emotivo de algunas escenas.
Lo peor: No profundiza en nada, se queda a medias de todo y durante demasiado rato, más que una verdadera historia, es una sucesión de anécdotas.
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48 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil