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El cuento de la princesa Kaguya (2013)

El cuento de la princesa Kaguya
Trailer
7,6
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Sinopsis
Basada en un cuento popular japonés anónimo del siglo IX, "El cortador de bambú". La historia comienza cuando una pareja de ancianos campesinos encuentra a una niña diminuta dentro de una planta de bambú, y deciden adoptarla como si fuera su hija. Pasan los años, y rápidamente se convierte en una hermosa mujer pretendida por muchos hombres poderosos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Kaguya-hime no Monogatari
Duración
137 min.
Estreno
18 de marzo de 2016
Guion
Isao Takahata, Riko Sakaguchi
Música
Joe Hisaishi
Fotografía
Animation
Productora
Studio Ghibli
Género
Animación Fantástico Drama Cuentos Siglo IX
Grupos  Novedad
Studio Ghibli (y obras relacionadas)
8
El cuento de la luna pálida
Isao Takahata tiene un gran problema, y se llama Hayao Miyazaki. Ser director en el mismo estudio que él le hace automáticamente estar ensombrecido por el impacto de un genio sin paliativos, un maestro del medio animado y de la narración cinematográfica; pero aún así, se ha sabido hacer un hueco con algunas producciones que son parte decisiva de la evolución de este arte como "La tumba de las luciérnagas". Con "La princesa Kaguya" vuelve a brillar bien alto con la que quizá sea su películas más depurada hasta la fecha, tomando riesgos formales y narrativos, alejándose de lo magmánimo y cerrando una historia de fantasía pura que le hermana con algunos de los grandes nombres salidos de la cinematografía japonesa de todos los tiempos. Si en "La tumba..." Takahata usaba como fondo la II Guerra Mundial para contar la relación entre un hermano y una hermana en situación límite, y en "Recuerdos del ayer" se nos llevaba al núcleo de una familia a través de recuerdos en un pequeño pueblo, aquí el realizador sigue explorando las relaciones humanas tomando como base un cuento del siglo IX sobre un cortador de bambú que encontró en el bosque a lo que parecía ser una especie de criatura mística con forma humana, criándola junto a su mujer como una hija propia.

"La princesa Kaguya" apunta pues a las relaciones pero lo hace también a la simple conexión con el mundo y lo que lo rodea. No faltan planos detalle o de recurso de animales, escenarios u otro tipo de elementos que están ahí para otorgar riqueza a un mundo apegado a la realidad más allá de su acercamiento puntual al fantástico. Tenemos a una niña que crece rápido, a sus padres -un par de ancianos- que la cuidan y la necesidad de conferirle un futuro prometedor como aparentemente estaba destinado a tener desde el momento de su nacimiento. Lo que más me interesa sin embargo de la película es su lectura del rol femenino, cómo explora este arquetipo de mujer fuerte que Studio Ghibli siempre ha potenciado pero no convirtiendo a su heroína en una guerrera en un sentido literal, sino simplemente en una mujer que ansía poder controlar su vida y al mismo tiempo no decepcionar a aquellos que la han acompañado durante su viaje vital. Takahata utiliza la elipsis como arma para saltar en el tiempo y evitar subrayados y otorga una personalidad de hierro a la protagonista mediante la más natural de las acciones: el crecimiento.

En su acercamiento a este rol y la forma en que aborda el fantástico, es imposible no acordarse de Keiji Mizoguchi y algunas de sus obras capitales, como "Cuentos de la luna pálida de agosto". Takahata no remite al maestro sólo en la forma de abordar la narración (pausada, con ocasionales arrebatos cómicos que suavizan la dureza de la historia), también en la selección de encuadres (en su mayoría a ras del suelo, apenas hay picados o angulares), en ese papel de mujer fuerte contra viento y marea y la relación entre los distintos personajes que van apareciendo. Studio Ghibli lanzó en 2013 dos películas, ésta "La princesa Kaguya" y "El viento se levanta" de Hayao Miyazaki. Esta última es una obra maestra rotunda y la de Takahata cerca está de serlo, si valoramos un conjunto. Técnicamente es un film único, y en lo demás es una obra completamente anacrónica: si ser un hueso duro de roer, no espera que el público la abrace de forma total, no se preocupa por contentar a nadie y Takahata se limita que la cosa fluya con naturalidad. Si le sumamos la música de Hisaishi, tenemos un pack completo. Una película extraordinaria, en suma; y digo esto habiéndola visto dos veces -en días consecutivos- en el momento de publicación de esta crítica. Es más, no dudo que la veré una tercera.
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75 de 87 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Érase una vez en Japón
En su última obra, Sergio Leone creó todo un homenaje tanto a su propio cine como a aquel que más le había influencia. De igual manera Isao Takahata ha creado con El cuento de la princesa Kaguya un hermoso canto a su obra y en general al estilo narrativo japonés más clásico. Con una estructura de cuento popular – todo acompañado por teatrales diálogos – y un arte que no sólo supone la cima de la animación sino que se funde a la perfección con la historia, nos regala un relato que recoge las temáticas más reincidentes de su obra: El paso del tiempo, el contraste entre la naturaleza y la ciudad, la nostalgia... Se trata de una obra personal y de ritmo lento – que no por ello deja de ser perfecto –, con una dirección fría que prefiere los planos a ras de suelo para ensalzar lo cotidiano en vez buscar dar un tono trascendente innecesario a las escenas.

Con unos personajes increíblemente dibujados – en todos los sentidos – y una banda sonora absolutamente perfecta, Takahata ha creado una de las películas más melancólicas que ha dado el cine. Todo, incluso los momentos alegres que os arrancarán una sonrisa, esta pintado con precisos trazos de melancolía. Miradas al vacío, lágrimas silenciosas... Y esas canciones capaces de encogerle a uno el corazón. Sin duda la película es un increíble viaje emocional que sin embargo en ningún momento busca las lágrimas del espectador.

Y he de insistir: Esta película supone sin lugar a dudas la cima del cine de animación en cuanto a aspectos técnicos, y dudo mucho que en un buen puñado de años lleguemos a ver nada que siquiera se le acerque. Cada trazo es perfecto, el uso de la luz y las sombras es incomparable. La forma en la que la iluminación e incluso el trazado cambian de acuerdo con las exigencias del guión – principalmente para enfatizar las emociones de los personajes – es sencillamente brillante y añade una fuerza visual al conjunto sobrecogedora. Porque si algo tiene El cuento de la princesa Kaguya eso es una fuerza visual pocas veces vista en el séptimo arte.

Mi conclusión es más que evidente: No considero que sea una persona que usa el término “obra maestra" a la ligera y de hecho no son muchas las películas a las que he concedido el 10 en esta misma página. Sin embargo a Kaguya no puedo darle otro calificativo. Sencillamente no es suficiente. No es muy buena, no es genial, no es fantástica y no es maravillosa. Es una sublime obra maestra.
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39 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil