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Call Me by Your Name (2017)

Call Me by Your Name
Trailer
7,4
18.139
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Sinopsis
Elio Perlman (Timothée Chalamet), un joven de 17 años, pasa el cálido y soleado verano de 1983 en la casa de campo de sus padres en el norte de Italia. Se pasa el tiempo holgazaneando, escuchando música, leyendo libros y nadando hasta que un día el nuevo ayudante americano de su padre llega a la gran villa. Oliver (Armie Hammer) es encantador y, como Elio, tiene raíces judías; también es joven, seguro de sí mismo y atractivo. Al principio Elio se muestra algo frío y distante hacia el joven, pero pronto ambos empiezan a salir juntos de excursión y, conforme el verano avanza, la atracción mutua de la pareja se hace más intensa. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
Call Me by Your Name
Duración
130 min.
Estreno
26 de enero de 2018
Guion
James Ivory (Novela: André Aciman)
Música
Sufjan Stevens
Fotografía
Sayombhu Mukdeeprom
Productora
Coproducción Italia-Francia-Estados Unidos-Brasil; Frenesy Film Company / RT Features / La Cinéfacture / Water's End Productions / M.Y.R.A. Entertainment / Lombardia Film Commission. Distribuida por Sony Pictures Classics
Género
Romance Drama Drama romántico Homosexualidad Años 80
6
CALL ME BY YOUR NAME...EMPACHO DE MELOCOTÓN EN ALMÍBAR
Vamos a jugar a una cosa: vamos a hacer que no sabemos nada de las nominaciones y premios de esta película, que nadie ha leído ninguna crítica antes de verla ni se ha empapado de opniones creadas. Vamos a jugar a que la vemos "vírgenes", atraídos por su trailer , o por el nombre de James Ivory tras el guión (como me ocurrió a mi), o por un par de datos más que pueden llamar tu atención sobre ella...sin más información.

Ya sé que es difícil, pero vamos a intentarlo.

"Call me by your name" ("llámame por tu nombre" en español, que no sé por qué narices no lo han traducido), pretende ser una película sobre el despertar sexual, el primer amor, el amor prohibido, la aceptación, el deseo, la seducción, los convencionalismos, la sensualidad y la represión. Una propuesta ambiciosa para una película aparentemente sencilla.,
Digo "pretende", porque al final (siempre desde mi punto de vista) se queda en una fantasía homoerótica burguesa bastante simplona:

- En la fantasía de un adolescente sin más preocupaciones que decidir qué libro leer, o si tirarse a un melocotón, a la francesita liberal que veranea en su mismo pueblo idealizado, o al profesor buenorro que sus padres acogen en su palacete veraniego de la Toscana para ayudarles en sus investigaciones arqueológicas....Todo muy de andar por casa, vamos.

- Y también en la fantasía de un madurito despampanante que ve la oportunidad dar rienda suelta a sus pasiones ocultas, de quemar su último cartucho, desde una posición de poder, antes de ceder definitivamente a una vida convencional y aburguesarse irremediablemente.

Una especie de "Lolita" gay en la Toscana, pasada por el tamiz moralizante de Disney, o peor, de Dreamworks.

Una historia mil veces contada (como todas), que se nos intenta vender como si fuese el último gran triunfo del cine anticomercial frente al todopoderoso y perverso cine comercial. David frente a Goliath, el bien frente al mal. Gran trampa, pues estamos ante una cuidada labor de marketing y promoción, para un tipo de público muy sensible a ese tipo de promoción y marketing camuflados, que nos vende un producto manufacturado , como si fuese una obra de artesanía (que no de arte).

Si el gran atractivo , para mí, de esta película era el guión de James Ivory, ni siquiera eso consigue convencerme. Su narración se pierde en miles de detalles meramente estéticos que no hacen sino ralentizarla. Entre plano y plano de paisajes, o de rincones hermosos o de una mosca que pasaba por allí, avanzan a trompicones y con lagunas imperdonables las relaciones entre los protagonistas y entre éstos y el resto de personajes. Un guión quizás en demasía literario.
Uno de esos casos en que 100 minutos son mejor que 130.
Apenas consigue rascar la superficie de los sentimientos, de los temores o los deseos de los personajes. Coloca al espectador en posición de mero "voayeur", en vez de hacerle partícipe. Desperdicia el gran potencial erótico y sensual de la historia y de cada encuentro con agotadores alardes de esteticismo.

La cámara se empeña en demasía en que nos enamoremos del jovenzuelo Timothée Chalamet (al que no hay nada que reprochar), desaprovechando e incluso dejando sin sentido (por esas lagunas de que hablaba) la sólida interpretación de Armie Hammer. Sí que le regala a Michael Stuhlbarg esa confesión imposible, y un poco Disney, que para mí es la mejor escena de la película y con la que se debería haber cerrado. Pero una vez más se empeñan en alargar la historia sin sentido y darnos dos finales que por separado podrían funcionar, pero consecutivamente restan más que sumar.

No, no hay riesgo, no hay sorpresa, no hay novedad, no hay maestría, no hay nostalgia ni tampoco hay verdad. "Call me by your name" no consigue traspasar la barrera de la emoción y se queda en mero entretenimiento, banal y esteticista con muchas pretensiones.
No molesta, no incomoda, no enfada y ni siquiera aburre. No provoca rubor, ni deseo, ni rechazo, ni empatía.
No, no nos cuenta una historia universal de manera personal. Sólo se esfuerza demasiado en parecer que lo hace.
No me parece, en definitiva, una gran película, y ni siquiera me parece que sea mala. Es casi , lo peor que se puede ser: una película sin más. Una de tantas. Una que en breve ni recordaré.
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271 de 427 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Sutil, emotiva, sensual... la mejor película del año
Cuando toda la crítica y el público se rinden en elogios hacia una película, a mí me echa atrás. Este año que por diversas cuestiones no puedo disfrutar del Festival de San Sebastián tanto como en años anteriores he sido muy cuidadoso en elegir dos películas, las únicas que veré. Una de ellas, tenía que ser la que para la gran mayoría de críticos y afortunados que la han visto en diversos festivales está siendo la película del año: ‘Call Me By Your Name’.

La película cuenta la historia de amor entre Oliver, un joven estudiante que pasa un verano junto a una familia italiana, y Elio, el hijo de esta familia. De una forma totalmente sutil, con miradas, pequeños gestos y un guion al servicio de un amor que traspasa la pantalla, el espectador se enamora junto a ellos de esta relación sobre la que habla ya todo el mundo. Ha pasado por Melbourne, Sundance, Berlín, Toronto… y ahora San Sebastián. Trata de buscar una crítica negativa, ya llegarán por los tristes de siempre, y no encontrarás ninguna.

Como película no encontraremos novedades en ningún lado. Seamos sinceros, hay miles de películas con más derroche técnico, planos más originales y que aportan una revolución mayor al mundo del cine. Lo que hace diferente a ‘Call Me By Your Name’ no es su forma de estar rodada, la película consigue crear uno de esos amores que no se quedan en la pantalla, inundan el corazón del espectador y se van con él una vez que ha abandonado la sala. Es una de esas películas eternas, y eso que todavía no se ha estrenado en salas de cine.

Comienza de forma muy muy pequeñita pero no para de crecer en ningún momento. La evolución es continua, pero lógica y totalmente coherente, se cocina a fuego lento, como los mejores guisos. Llega hasta tal punto ese crecimiento que como espectadores nos caemos rendidos al final igual que los propios personajes. Es sensual, emotiva, especial, inocente, vulnerable, potente, poderosa, brillante… No podría escatimar en elogios hacia esta película que ya es un clásico sin haberse estrenado y que está llamada a ser una película de culto.

Como gran virtud, ‘Call Me By Your Name’, la película, consigue redondear de forma mucho más eficaz que el libro la historia de amor. En la novela de André Aciman falta concreción, sobran elementos y faltan otros que nos sitúen realmente en el tiempo y el lugar que narra la cinta. El guion de Luca Guadagnino (director también), James Ivory y Walter Fasano, elimina toda la paja, hace crecer la historia con pequeñas pinceladas que nos transportan al momento histórico y le aporta la vivacidad y rapidez de la que carece en ciertas ocasiones la obra de Aciman.

Es de agradecer también que el guion no haya omitido los grandes momentos de la novela. Especialmente interesante es el tercio final, muy diferente a la novela, pero que sigue manteniendo los momentos álgidos de la misma. La charla final que mantiene el personaje de Timothée Chalamet con su padre, Michael Stuhlbarg, es absolutamente impresionante. Me podría arriesgar y decir que es la mejor escena de toda la película.

En el plano actoral, Armie Hammer aporta la parte sensual a la cinta, y su actuación enamora. Pero si hay alguien que se destapa como toda una revelación, se come la pantalla y al resto del reparto es el joven Timothée Chalamet. El joven actor resiste sobre sus hombros todo el peso emotivo de la película. No haré spoiler, pero el plano fijo de los títulos de crédito bien merece un Óscar. El juego de miradas y gestos entre los dos es una delicia difícil de rechazar.

Es tan veraz la cinta que uno no puede resistirse a querer verla una vez más. En el pase al que pude asistir en el Zinemaldia escuché a varios espectadores que comentaban que ya habían visto la película y que estaban allí repitiendo experiencia, y pagando su correspondiente entrada. Tras verla, uno entiende cómo la cinta sobrevive en uno mismo, tanto que no pude dejar de pensar en sus paseos en bicicleta, sus paisajes, sus diálogos, sus melocotones, su sencillez y su vivacidad durante horas. Simplemente, brillante, apabullante, imprescindible.

Me voy a repetir, pero para concluir no puedo hacerlo de otra manera. Si todo el mundo habla de ‘Call Me By Your Name’ es por algo, es por derecho la mejor película del año. La cinta que ha recibido el aplauso más estruendoso y duradero de todas aquellas películas que he visto estos últimos tres años en el Zinemaldia. Es una obra maestra, y sin haberse estrenado todavía es ya un clásico y una película de culto.

Lo mejor: Consigue traspasar la pantalla, es uno de esos amores de película que durarán generaciones y generaciones.

Lo peor: Que habrá que esperar a febrero para volver a verla cuando se estrene en cines.

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