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Sólo el fin del mundo (2016)

Sólo el fin del mundo
Trailer
6,2
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Sinopsis
Tras doce años de ausencia, un joven escritor regresa a su pueblo natal para anunciar a su familia que pronto morirá. Vive entonces un reencuentro con su entorno familiar, una reunión en la que las muestras de cariño son sempiternas discusiones y la manifestación de rencores y reproches. Adaptación de una obra teatral de Jean-Luc Lagarce. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Canadá Canadá
Título original:
Juste la fin du monde
Duración
97 min.
Estreno
6 de enero de 2017
Guion
Xavier Dolan (Obra: Jean-Luc Lagarce)
Música
Gabriel Yared
Fotografía
André Turpin
Productora
Coproducción Canadá-Francia; Sons of Manual / MK2 Productions / Téléfilm Canada
Género
Drama Familia Drama psicológico
7
La histeria como forma de disimulo
La superficie de las cosas, de la gente y del comportamiento humano casi nunca nos desvela lo que está pasando o lo que hay en realidad, sino que implica una especie de disfraz que vela la cabal comprensión de los acontecimientos y de sus motivaciones. Además Xavier Dolan nos tiene acostumbrados a revestir de histrionismo sus relatos, por lo que conviene atender no sólo a lo que se ve de forma inmediata, sino que conviene bucear más allá de lo obvio y de las apariencias para completar y comprender de forma cabal el relato que nos propone. Aquí no es una excepción aunque quizás la haya llevado hasta límites desconcertantes, sembrando de gritos, aspavientos y muecas lo que pudiera parecer una trama mínima: el regreso al hogar del hijo pródigo.

La historia se centra en la voluntad de dar una noticia que las circunstancias y desavenencias cotidianas parecen querer boicotear. El egoísmo de cada cual, más pendiente de sí mismo y de sus querellas que en escuchar al otro configuran el meollo de la trama. Se habla mucho pero se dice poco, más atentos a interrumpir las pláticas con algún exabrupto que no a prestar atención y comprender lo que se dice. Por lo tanto, lo relevante es el subtexto que se va tejiendo en torno a un núcleo familiar atormentado y lleno de querellas y aristas, plagado de sombras y rencillas, de reproches y resentimientos. Todo el mundo quiere aprovechar la oportunidad de una comida familiar para desfogarse y dejar claro que ni perdona ni olvida, destapando carencias y rencores, enfrentando animadversiones y anhelos. Y quien calla es quien más necesitaba sincerarse y confesarse a tumba abierta.

No es una cinta grata ni fácil, hay un exceso de palabrería huera y de gestos y actitudes beligerantes que enfatizan la soledad vital en que malviven, más atentos a herir al prójimo que a entenderlo, más dispuestos a dejar clara su intransigencia que a abrazar – o al menos transitar – la compasión o la empatía. Y como colofón se encumbra el uso de la mentira piadosa o la hipocresía desvergonzada antes que mostrarse débil o necesitado. La avalancha de recriminaciones lo anega todo, imposibilitando la comunicación y la reconciliación. Por ello, más importante que lo que vemos es todo lo que queda implícito y sin decir: la necesidad de huir, de alejarse de ese microcosmos tóxico y cerril que estrangula y asfixia, el disimulo antes que la verdad.

Todos los actores están pasados de vueltas – exceptuando a Marion Cotillard, impresionante en su sumisa intrascendencia – tal y como ha requerido de ellos Dolan. Difícil de recomendar pero muy interesante.
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47 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El enfant terrible
Louis (Gaspar Ulliel) lleva doce años sin pisar por casa. Sin embargo, la visita por última vez a decir a su familia que se va a morir. Con esta premisa encara el cineasta Xavier Dolan su sexta película con solo 25 años. Para quien no lo conozca, Dolan fue el cineasta más joven en presentar en Cannes una película: Yo maté a mi madre (2009) cuando tenía 18 años. Ya ha ganado sendos galardones de Premio del Jurado con su obra maestra, Mommy (2014) y Gran Prix del Festival con ésta, Solo el fin del mundo. Dolan dirige, escribe el guión, realiza el montaje y diseña el vestuario. Que nadie se asuste, él siempre trabaja así.

Tras cinco grandes películas del quebequés, ¿qué nos encontramos en Solo el fin del mundo? Tenemos, sobre todo, un relato de angustia y desesperación camuflado dentro de una familia desestructurada, basada en la obra de teatro homónima de Jean-Luc Lagarce. Desde los primeros cinco minutos entendemos por qué su protagonista no ha vuelto a verlos desde hace más de diez años.

Por un lado tenemos a su hermano (potentísimo Vincent Cassel), un hombre violento, al que no le gusta hablar, solo gritar y discutir. Sin duda, es la fuente de inestabilidad de la familia. Casado con él, tenemos al verdadero tesoro de la película: Marion Cotillard. Una mujer débil, cohibida por su marido. Desde su personaje, Dolan estudia de una manera muy tangencial el tema de la violencia de género o, por lo menos, la subordinación de la mujer hacia el hombre. Cotillard, en un alarde de capacidad interpretativa, realiza una actuación muy muy frágil, marcada por el temblor y la incapacidad para hablar correctamente. Ver a Marion Cotillard siempre es un placer, un monstruo interpretativo a la altura de muy pocos.

En la filmografía de Dolan, las madres siempre han tenido un papel preponderante. Ya en su debut narró el odio de un hijo hacia su madre (Yo maté a mi madre) y en su penúltima película intentó disculparse con su perfecta Mommy. Quizá en esta, el papel de la madre sea más secundario, aunque se sigue notando la impronta de un artista marcado por la presencia maternal en su vida. El papel de madre lo interpreta Nathalie Baye. Una mujer difícil de soportar, de la que nunca te puedes fiar de que su amor por su hijo sea lo suficientemente verdadero.

Por último, el papel de hermana lo interpreta Léa Seydoux (La vida de Adèle), una chica joven, pero atormentada por las drogas, aunque quién sabe si en el fondo, por lo que está atormentada es por su familia.

Los cinco personajes realizan un coro de la decadencia absoluto. En sus largas discusiones, se gritan y se lanzan insultos, solo les queda pegarse. ¿Por qué discuten todo el tiempo? Quizá haya espectadores que se sientan confundidos. Da igual la razón, Dolan quiere ir más allá. No se trata de buscar las discusiones perfectas a lo Antes del anochecer, sino buscar un ambiente claustrofóbico que haga huir al personaje de Louis horrorizado de su propio hogar. El director, consigue proyectar esta angustia en la pantalla gracias a unos primeros planos del rostro de sus actores. Sin duda, no todo el mundo puede aguantar tan bien un primer plano como estos cinco intérpretes. Con la cámara tan cerca, el espectador podrá ver la ira, la confusión, las lágrimas, hasta los capilares de los ojos, extremadamente dilatados por la intensidad de la situación.

Xavier Dolan se vuelve a confirmar como un artista total, un artista radical, histriónico y personal, el enfant terrible del cine mundial. Como todo artista, no todo el mundo tiene que disfrutar con su obra. Se le podrá acusar de muchas cosas, pero Dolan lo que hace es una película basada en su vida, en el modo en el que él ve el mundo. Pocos autores son capaces de poner en el celuloide sus impresiones sobre la vida en sí. Dolan lo lleva haciendo en las 6 obras que nos ha mostrado. Su dirección ahora no olvida los códigos del teatro del que nació la obra, pero añade otros propios del cine como los flashbacks, el uso de la música y la estética de videoclip de varias de sus escenas.

Solo el fin del mundo es una película que hay que procesar una vez se ha visto. De hecho, un solo visionado no basta para captar todos los detalles de esos cinco personajes tan detestables como complejos. Escribir unas líneas sobre esta película es materia difícil. Son muchas las sensaciones que pasan por la pantalla la hora y media de metraje, y más las que le pasan a un espectador fan acérrimo de Xavier Dolan.

Dolan sigue su camino hacia el Olimpo cinematográfico. Solo el fin del mundo es un paso seguro hacia la cima.
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38 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil