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No amarás (1988)

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Sinopsis
Tomek es un joven de 19 años que vive obsesionado con Magda, una mujer treintañera a la que espía cada tarde con unos prismáticos. Ella es una mujer liberal y sin prejuicios que invita a su casa a muchos hombres. Tomek, celoso, decide trabajar como repartidor de leche para interrumpir sus citas amorosas... Esta película pertenece a la serie "Decálogo". (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Polonia Polonia
Título original:
Krótki film o milosci (A Short Film About Love)
Duración
87 min.
Guion
Krzysztof Kieslowski, Krzysztof Piesiewicz
Música
Zbigniew Preisner
Fotografía
Witold Adamek
Productora
Film Polski
Género
Drama
Grupos  Novedad
El Decálogo
8
Reflexión sobre el amor, la soledad y el sexo
Film independiente, coescrito y dirigido por Krzysztof Kieslowski. Es la versión extendida, con modificaciones, de "Decálogo 6", de la serie de 10 capítulos de 60 minutos realizados por el autor para la TV polaca. Se rodó en exteriores de Varsovia (Polonia). Obtuvo 4 premios del Festival Polaco de Cine (actriz, fotografía, actriz secundaria y película) y el FIPRESCI de S. Sebastián. El productor fue Ryszard Chutkowski.

La acción tiene lugar en Varsovia en 1997/98, a lo largo de varios meses. Narra la historia de Tomek (Olaf Lubaszenko), joven solitario, de 19 años, criado en un orfanato, inexperto en el amor, acogido en la casa de la abuela de Martin, su único amigo, ausente por cumplir una misión militar de la ONU en Siria. Trabaja en Correos y como repartidor de leche. Con la ayuda de un teleobjetivo que le dejó Martin mira obsesivamente los movimientos de Magda (Grazyna Szaplowska), vecina, de más de 30 años, liberal, sin prejuicios y promiscua. Tomek trata de entrar en contacto con ella para declararle su amor.

La película construye una atmósfera intimista, gratificante y absorbente, no exenta de lirismo. La imagen predomina claramente sobre la palabra, concisa y breve, demostrando que en cine casi todo puede decirse a través de la vista. El relato explica una historia sencilla, pulcra y equilibrada, que evita estridencias (colas del racionamiento, pulso entre Solidaridad y el Gobierno, manifestaciones callejeras, represión oficial). La tensión dramática se eleva gradualmente desde la desoladora soledad de Tomek y su pasión por observar a Magda, sus torpes intentos de verla de cerca para hablar con ella, entablar amistad y declararle su amor, hasta su huida desesperada. Tomek y Magda pertenencen a dos mundos opuestos: él no ha conocido a ninguna chica y ella ha tratado a muchos hombres, él busca el amor y ella sólo puede ofrecer sexo, él es ingenuo e inexperto y ella tiene muchos amigos. Ambos comparten dos cosas: la afición al voyeurismo y los escrúpulos religiosos. Los protagonistas son personas comunes, extraídas de la vida diaria, ajenas a la grandilocuencia de los héroes y privilegiados. Sus problemas se perciben como próximos, casi propios. La obra, rica en sutilezas y sugerencias, deja el ánimo del espectador profundamente conmovido.

La música ofrece solos de cello, violín, piano y guitarra, junto a fragmentos orquestales clasicistas, que giran en torno a un tema central. La fotografía usa una paleta suave de tonos crema y pastel, con ayuda de los que construye composiciones de gran belleza. En ocasiones la imagen, en claroscuro, adquiere fugaces formas minimalistas. El guión aporta diálogos breves y hace posible que la obra tenga un ritmo regular. La interpretación de los tres protagonistas es adecuada y convincente. La dirección aporta emoción estética.

La película constituye una sugerente reflexión sobre el deseo, el sexo, la intimidad, los excrúpulos, la libertad sexual y el amor.
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91 de 102 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Sobre el amor o el cine
"¿Qué quieres de mí?", le pregunta la mujer al chico al que ha descubierto espiándola por la ventana. Él responde, enigmático: "Nada".
Una historia mínima, una lentitud hipnotizante, una mujer desnudándose frente a una ventana, una mirada eterna, misteriosa, expectante. Kieslowski no necesita más y efectivamente, podríamos quedarnos toda la vida mirando a través de la ventana o dejándonos mirar por la intuición de unos ojos invisibles. A veces el cine no es más que eso: la mirada. ¿O era el amor?.
Y no queremos nada. Sólo seguir mirando para siempre.
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62 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil