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La importancia de llamarse Ernesto (1952)

6,6
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Sinopsis
Para Jack el nombre de Ernesto significa poder vivir a su aire, en la ciudad, lejos del campo, donde está Ernesto, su irreverente hermano, al cual ha de vigilar continuamente. En realidad esto sólo es una treta para poder escapar del campo siempre que le apetezca, ya que Jack y Ernesto son una misma persona. Todo va bien hasta que un día su mejor amigo va atando cabos y descubre que Ernesto no existe. La situación se complica cuando su prometida le confiesa que lo que más le atrae es su nombre... (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
The Importance of Being Earnest
Duración
95 min.
Guion
Anthony Asquith (Obra: Oscar Wilde)
Música
Benjamin Frankel
Fotografía
Desmond Dickinson
Productora
British Film-Makers / Javelin Films. Distribuida por Universal Pictures
Género
Comedia Drama
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Oscar Wilde
6
El pícaro juego del bunburysmo
Diez meses antes de que, en el Gran café del Bulevar de los Capuchinos en París se estrenara el Cinematógrafo que habían inventado los Hermanos Lumiére, el escritor irlandés Oscar Wilde – quien luego tendría muchísimo que ver con el cine, pues sus obras no cesan de ser adaptadas- había estrenado, en Londres, su estupenda obra “LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO” algunas veces traducida como “La importancia de ser formal”, debido a que, como sucede en la trama de la obra, también quiso Wilde jugar con el equívoco en el título, pues la palabra earnest (formal, serio, que él usa en el título original) y Ernest (Ernesto, nombre personal de mucha importancia en lo que sucede) aunque se escriben distinto, suenan igual pronunciadas en inglés. Una frase del personaje Algernon, redundará este juego de palabras: “Tienes aspecto de llamarte Ernest. Eres el tipo de aspecto más formal (earnest) que he visto en mi vida”.

Como es habitual en las obras teatrales de este grandioso escritor, también “LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO”, es un monumento al exquisito uso del lenguaje colmado de frases punzantes, socarronas y precisas que, como es de esperarse, motivan sonrisas, inquietantes ademanes de cabeza y una que otra necesaria reflexión. Y es también ésta, una estupenda farsa donde Wilde se propone dar significado a un nuevo concepto que se le ha ocurrido: bunburysmo, un ejercicio particularmente masculino que ya habrá quienes decidan acogerlo hasta llevarlo a la práctica. Cómo funciona, reglas, recursos y peligros, podrán encontrarse debidamente explicados al interior del libro, y por supuesto, de la película.

Anthony Asquith, el director que nos diera las estupendas “Pigmalión” y “La versión Browning”, ha decidido hacer una fiel adaptación de la obra de Oscar Wilde, la cual dejará muy satisfechos a todos aquellos que se conformen con su estilo teatral, pues tiene muy buenos actores (Michael Redgrave, Edith Evans, Dorothy Tutin, Margaret Rutherford…) y sobre todo porque logra mantener la elegancia muy inglesa que caracterizaba a la época.

Esa historia de los dos amigos, el uno Jack Worthing, quien se ha imaginado un hermano enfermo en Londres, llamado Ernesto, para tener la excusa de evadirse cada tanto; mientras que, Algernon Moncrieff, se ha inventado un amigo discapacitado, de nombre Bunbury, para irse al campo cuando se le antoje, tiene la suficiente soltura, gracia y atractivo auditivo como para garantizar, cuando menos un rato muy entretenido, cuando ellos se encuentren con Gwendolen y Cecily, las chicas que aspiran a desposarlos para siempre.

Aunque me he divertido, debo decir que me sentí mejor con el libro, pues veo poca novedad en la adaptación cinematográfica, el ambiente se me hizo un tanto frío y amanerado, y creo que se pudo salir del rigor teatral, complementando la historia con unas cuantas situaciones que le dieran más aire a la enrevesada y deliciosa trama. La fidelidad a una obra no hace suficiente mérito para garantizar su atractivo visual y narrativo.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Teatral, sí. Pues eso.
Es verdad que la puesta en escena es teatral, y el director lo deja bien claro con el telón que abre y cierra la película. Así pues, y aunque me encanta el teatro, o precisamente por eso, le voy a dar un 10; como se lo daría a muchas de las obras vistas en el espacio "Estudio 1" en la televisión de mi infancia, y que todavía recuerdo. La puntuación es para el texto, por supuesto, y ese no es de Asquith ni de los actores: 90 minutos casi ininterrumpidos de risas gracias a Wilde. Pero no sólo: Hay que hacer bien ese texto, hay que tomarle la medida a la sátira y acentuar el chiste mediante la interpretación, con eficacia cómica pero sin estridencias. Creo que está perfectamente conseguido. Y desde luego hay que verla en inglés porque doblada me temo que no tengan demasiado sentido ni el texto ni la interpretación.

Y además una de las actrices protagonistas se parece a Gloria Grahame. ¿Se le puede pedir más?
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil