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Calígula (TV) (1971)

Calígula (TV)
Trailer
7,1
74
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Sinopsis
La historia del emperador romano Calígula, que pasó de ser un hombre comprensivo y bondadoso a ser un tirano, quizá porque, incapaz de igualar a los dioses en el amor a los hombres, se sintió inclinado a alcanzarles en crueldad. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ España España
Título original:
Estudio 1: Calígula (TV)
Duración
106 min.
Guion
Jaime Azpilicueta (Obra: Albert Camus)
Productora
Televisión Española (TVE)
Género
Drama Telefilm Teatro Antigua Roma
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Albert Camus
7
Súbeme o te hundiré
La Figura del emperador Calígula (37-41 D.C) ha suscitado opiniones contradictorias y ha acostumbrado a ser fuente de polémicas. La Historiografía, que no es demasiado extensa sobre sus acciones, no ha sido benevolente con el emperador, sino todo lo contrario, los historiadores de la antigüedad como Dión Casio o Suetonio afirman que Calígula era un demente cuyos excesos son incontables y cuyas anécdotas dan para rellenar cantidad de pergaminos (una de las más sonadas por ejemplo, es que llegó a hacer Cónsul a su caballo, Incitatus). Puede que Calígula fuera realmente un loco, o puede que su estilo de gobierno, cercano al absolutismo helenista fuera lo que causara la crítica de los historiadores, pero lo cierto es que su imagen da juego en el ámbito de las artes. En el cine, podemos contar con algunas películas que versan sobre su figura, seguramente la más famosa de todas ellas es la que dirigió Tinto Brass en el 1979, Calígula (Calígula, 1979) que fue producida por la revista pornográfica Penthouse y que más que diseccionar la psicología del emperador era en realidad una excusa para mostrar en pantalla todo tipo de excesos sexuales y violentos (Una mezcla de Eros y Tanatos que además fue manipulada por el productor en detrimento de la versión original de Brass, más intelectual y que además contaba con un guión original de Gore Vidal). Pero también podemos contar con la versión española, que dirigió Jaime Azpilicueta, Calígula (Calígula, 1971) y que en realidad se basa en la versión teatral que escribió el autor francés Albert Camus en la década de los años treinta y cuarenta.

La versión de Azpilicueta se trata del contraste total de la película de Tinto Brass, y a pesar de que ambas películas tratan la misma figura, la versión española, siguiendo la obra de Camus, se centra en la psicología de los personajes y evita los momentos morbosos, que en realidad no aparecen en ningún momento del filme. La obra se trata de una producción de TVE, que desde el 1965 había empezado a rodar una serie sobre obras teatrales (la serie se llamaba Estudio 1). Así pues, Calígula es una pieza teatral filmada, aunque Azpilicueta no deja la cámara estática y la puesta en escena tiene una presencia considerable, así que no se puede decir que nos encontremos simplemente ante una obra filmada. El guión, del propio Azpilicueta, sigue fielmente la obra de Camus.

Y precisamente, siguiendo a Camus, la imagen que se nos da de Calígula es muy concreta. La película empieza con un Calígula desolado por la muerte de su hermana Drusila. Este hecho le deja totalmente trastocado, y de hecho le hace cambiar totalmente la personalidad, convirtiéndolo en un tirano (aunque resumir su repentino cambio de manera tan simple es una indiscreción absoluta).

El Nihilismo aparece desmenuzado y diseccionado de la mano de Camus, quien se encarga de dar su visión personal del emperador, y más que convertirlo en un loco, lo llena de todos los problemas y problemas existenciales del ser contemporáneo, elevándolos al máximo (hasta la insoportabilidad del ser). Calígula es un ser despreciable, cierto, pero no lo es porque simplemente se dedique a liquidar senadores por mero placer o incluso por intereses políticos, sino que lo hace por el hastío a la vida, que lo consume terriblemente por dentro. Por este motivo, Camus se hace suyo a Calígula, convirtiéndolo en parte en un alter ego del ser contemporáneo (pero en una situación extraordinaria, como es la de ser emperador del reino más grande de la antigüedad). En este sentido, el espectador puede incluso entender y empatizar en parte con el propio tirano, al sentir cercanos los discursos que realiza (y que Rodero declama tan perfectamente).

Calígula, el ser contemporáneo, no le encuentra sentido a la vida. Y su manera de resolver la situación se liga con el poder del que dispone como emperador. Pero a la vez, esto le añade aún más impotencia, puesto que aún siendo el hombre más importante de Roma, es incapaz de solucionar los grandes temas que preocupan al hombre desde el origen de la filosofía. Los monólogos de Calígula son de lo mejor de la obra, y es donde Camus consigue concentrar mejor su carga filosófica. Pero también Azpilicueta explota de manera bastante efectiva la relación del emperador con los senadores, elaborando relaciones personales con mucha miga, entre las que destaca la relación entre Calígula y Flavio o Quereas.

Con decorados modestos, cierto, pero con un elenco en estado de gracia y una fuerza impresionante, la pieza se convierte en una de las joyas icónicas de Estudio 1. Además, uno de los puntos más positivos del filme lo encontramos en la interpretación de José Maria Rodero, quien interpreta magníficamente el papel principal de Calígula.

https://neokunst.wordpress.com/2016/03/16/caligula-1971/
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Ave, Gayo Rodero
¿Qué hay que decir sobre esta obra? Que hay que hacerle un hueco en nuestras estanterías, en nuestros dispositivos de almacenamiento, en conversaciones acerca de la TV de antaño... En resumen: en la memoria. Puede que haya repetido esto antes, pero es un recordatorio necesario en una época en la que las últimas películas y las series que han salido, rebosantes de brillantes efectos visuales, han captado nuestra atención. Y no es que diga que todas sean malas, pero puede que buena parte de la cultura de ahora nos esté haciendo olvidar valores del pasado, cosas que explican las causas de la existencia de lo que vemos y vivimos ahora. Y esto por no decir que los avances cibernéticos pueden pudrirnos la mente y deshumanizarnos.

Con escasos escenarios modestos y un reparto excelente, Televisión Española trajo un clásico para nuestros ojos. Y no hay que agradecérselo únicamente al dramaturgo Albert Camus; sino también a historiadores como Séneca el Joven (quien estuvo a punto de ser ejecutado por el emperador en 39, cuando fue acusado de participar en una conspiración a fin de derrocarlo), Suetonio y Dion Casio. La caracterización que ofreció Rodero del emperador que da título a la obra es impecable. Quien viera este filme para televisión y "Quo Vadis" (1951) y valorara ambas en casi igual medida, podría comparar a este monstruo afligido con el Nerón de Peter Ustinov.

Unos pueden odiar al protagonista sin más; otros pueden llegar a entenderlo a la vez que aborrecen sus actos. Y es que los seres humanos, nazcamos donde nazcamos, vivamos como vivamos, tenemos miles de cosas en común. Tres de ellas son la duda, el intentar obtener más poder por encima de otros y enloquecer por la pérdida de un ser cercano.

Y no hay que olvidar mencionar a Elvira Quintillá (esposa del actor hasta la muerte de éste en 1991) y a Manuel Galiana, el cual ya lo vimos en cinco capítulos de la serie "Historias Para No Dormir"-entre ellas "El Último Reloj" (1964), co-protagonizada por Narciso Ibáñez Menta-.

Así pues, buscadla y vedla. De paso podríais leer la obra de teatro. No os arrepentiréis.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil