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Críticas de Kyrios
Críticas ordenadas por:
Inferno
Inferno (1980)
  • 5,9
    1.578
  • Italia Dario Argento
  • Leigh McCloskey, Irene Miracle, Eleonora Giorgi, Daria Nicolodi, ...
7
Argento nos subyuga 'Inferno (1980)'
Inferno (1980) de Dario Argento, es seguramente la película más pretenciosa del director. En ella, como admite el propio cineasta, puso toda su fuerza y energía. El resultado, pese a tener algunos errores evidentes en cuanto al guión, no deja de ser una película de obligado visionado para cualquier aficionado al cine, por la fuerza de su puesta en escena.

No esperemos una película con una lógica narrativa convencional. La película, va un paso más allá de Suspiria (1977), que es su heredera a nivel espiritual y formal, y si ya aquella tenía agujeros dentro de la cohesión argumental, esta incluso podría considerarse como cine experimental, si tenemos en cuenta la definición que existe sobre este cine en las enciclopedias. De hecho, el guión no tiene ningún sentido. La película no sabe como enlazar escenas (y sobre todo como articular a sus personajes) y es más por incapacidad que por decisión propia que la obra empieza con una estructura in media res en la que empezamos sin entender algo y terminamos de la misma manera.

Si nos ponemos con fallos de guión, la lista sería interminable: ¿Quién mata al vendedor de antigüedades? ¿Por qué la copia del libro en Roma es tan fácil de encontrar? ¿Quién es el personaje que vigila el libro en Roma? ¿Por qué Roma y Nueva York son totalmente iguales? ¿Quién es el personaje que interpreta la bellísima Ania Pieroni? Como vemos, al director, estos detalles no le importan en absoluto, porque lo único que busca Argento es, primero, subyugar al espectador y evitar que este piense en la trama mediante el uso anestésico de luz y sonido, y segundo, colocar su mitología de las tres madres.

La fuerza principal de la película está en una excelente disposición de todo tipo de imágenes y sonido. Pongamos por ejemplo la primera secuencia de la película. Una joven se desvela y en mitad de la noche se dirige a su anticuario para preguntar por un extraño libro que ha comprado, en el que se relata la existencia de tres malignas brujas. Después de una extraña conversación, se dirige hacia el sótano del edificio, y allí, sin que el espectador entienda muy bien que está pasando, se sumerge en unas aguas estancadas, donde además acabará encontrando un cadáver. Contado de manera escrita puede resultar ridículo. Pero a lo escrito, hay que añadir la confusión que añade el director con el uso de una luz totalmente artificial. Es en esta película, en la que el adjetivo de teatral puede emplearse correctamente y no en vano.

Porque la luz y los focos que emplea Argento son totalmente antinaturales, irreales,  colocados en el filme como una intención por parte del italiano para o bien señalarnos algo, o simplemente crear una atmósfera onírica. Focos y luces que se encuentran repetidamente en la película, especialmente durante la noche, que es cuando Argento consigue plasmar toda su imaginería. Pero no solo tenemos luces de discoteca. Hay que resaltar una puesta en escena con la que Argento experimenta continuamente, pese a que para ello tenga que sacrificar a sus propios personajes y a la propia narrativa. Las muertes de los personajes por ejemplo, son solo un espectáculo para la propia dirección, y siendo consciente de ello, el propio director no se guarda de meter ciertos guiños cómicas en varias de estas escenas. O el montaje, donde también encontramos ciertos momentos interesantes, como el momento en el que mientras está sucediendo un asesinato se intercalan unas imágenes un tanto inquietantes.

Además, Inferno es en cierta medida un cuadro de Escher, con construcciones imposibles, donde realmente los edificios que nos presenta el filme no tienen ningún tipo de raccord lógico, que se fusiona con la propia estética del romano.

Esto no es un secreto, pero donde fracasa más estrepitosamente el filme es en la ambiciosa construcción de la mitología que proponía Argento para la película. Para empezar, porque a Argento se le ve demasiado obsesionado con el tema, metiendo con calzador material que en realidad no es para nada profundo. El asunto de las tres madres acaba siendo algo demasiado superficial, y la parte esotérica de la película no tiene demasiada miga más allá de los cuatro clichés que todo el mundo, incluso los que no hayan abierto un libro sobre el tema, conocen, a saber: Brujas, gatos como animal del diablo, hechizos...Incluso en algunos aspectos la mitología no solo es que resulte propiamente confusa (¿La chica atractiva que aparece en las clases de música es una de las brujas?), sino que resulta ridícula, por incoherente (mismamente en el final de la película, cuando la bruja dice que en realidad es la muerte).

Para la banda sonora el cineasta romano contactó con Keith Emerson, un músico británico que construyó una banda sonora muy en la línea de la que Goblin construyó para Suspiria. La música pues, es también un elemento indispensable para la película, no solo porque en ella en parte se sustenta el director para construir la atmósfera de terror, sino porque tiene parte de importancia dentro de la propia trama.

Inferno es una obra indispensable para aquel cinéfilo activo que esté dispuesto a nuevos retos. Quizá, la película peque en exceso de pretenciosa y por ende se coloque unos pasos por detrás de la obra magna del director, Suspiria, pero aún así esto no la desmerece en lo más mínimo.

Crítica escrita para https://cinemagavia.es
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The Whisperer in Darkness
The Whisperer in Darkness (2011)
  • 6,1
    314
  • Estados Unidos Sean Branney
  • Stephen Blackehart, Lance J. Holt, Barry Lynch, Casey Kramer, ...
5
Cthulhu que estás en los cielos
Algunos creen que la obra de H.P Lovecraft es imposible de llevar a buen término al cine. No pocos han sido los intentos a lo largo y ancho del globo, pero se pueden contar con los dedos de las manos (quizá incluso de una mano) las películas que tienen más cosas positivas que negativas. Es quizá por ello, que la propia H.P Lovecrat Society se ha puesto en la última década ella misma a adaptar sus propias historias, de la manera más fiel al espirítu del escritor posible. La obra que hoy nos ocupa es una de ellas, The Whisperer in Darkness (2011) que adapta el relato homónimo del escritor.

Que la película no cuenta con un enorme presupuesto es algo palpable desde el primer momento en que los actores empiezan a hablar y es que, si hay un aspecto que resulta dantesco es el del reparto. La única cara más o menos conocida es la de Stephen Blackheart (un actor con una carrera de lo más peculiar, famoso en parte por aparecer en la película de culto, Tromeo y Julieta), que afortunadamente interpreta al protagonista principal y es capaz de mantener el nivel interpretativo a un nivel aceptable, pero el resto del reparto deja mucho que desear, con interpretaciones forzadas y demasiado teatrales.

El amor es algo que en esta producción siempre está a años luz por delante del dinero. Pero, sí uno es capaz de sortear estos detalles, la película ofrece otros elementos positivos en contraposición.

Paradójicamente, la película resulta menos creíble cuando en su primera parte del metraje intenta hacerse pasar por una auténtica obra de los años veinte. Como si fuera un auténtico relato filmado de Lovecraft. Ahí el espectador puede sentirse un tanto extraño: El tono es demasiado teatral, demasiado literal. Adaptar de manera mimética al autor de Providence puede resultar un tanto cómico visto con los ojos contemporáneos, y en ocasiones se roza precisamente esa sensación.

Pero afortunadamente la película alza el vuelo y consigue desligarse de sus ataduras formales para ir abrazando cada vez un relato más tétrico y oscuro. Cuando más adulta se pone la película es cuando mejor funciona, porque es capaz de imaginar soluciones para la pantalla que ya no tienen que ver tanto con la propia escritura, sino con la propia caligrafía cinematográfica. Desde ese audio de las sectas que se supone que está destinada a un Dios arcano (y que consigue estremecernos) hasta la secuencia de la casa, que seguramente es el auténtico clímax de la película, muy por delante de ese final donde el CGI daña a los ojos.

La película, viniendo de la propia sociedad de H.P Lovecraft, está por supuesto llena de detalles que harán las delicias de los más acérrimos del escritor. Para empezar, se nos enseña la Universidad de Miskatonic, que personalmente a este crítico si le ha gustado su recreación, además de varios detalles

Seguiremos esperando
Desde luego, y por mucho empeño que se la haya puesto en ella, The Whisperer in Darkness no es la película definitiva que adapta una obra de Lovecraft. De hecho, más interesante resulta la película que la propia sociedad histórica de Lovecraft produjo unos años antes, en el 2005 The call of Cthulhu, que resultaba mucho más satifasctoria, quizá por ser más arriesgada, quizá porque al ser un mediometraje que no llegaba a la hora de duración era más capaz de tapar sus defectos.

Crítica escrita para https://cinemagavia.es/the-whisperer-in-darkness-critica-pelicula/
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Déjame caer
Déjame caer (2018)
  • Islandia Baldvin Zophoníasson
  • Lára Jóhanna Jónsdóttir, Álfrún Laufeyjardóttir, Gary Anthony Stennette, Elín Sif Halldórsdóttir, ...
5
La generación perdida de Islandia
Déjame caer se trata de una película islandesa que se estrena en cines españoles este 9 de agosto y que puede resultar una opción interesante para el espectador que esté buscando algo más que una simple película de evasión. El filme lo dirige Baldvin Zophoníasson, un director islandés que a pesar de lo diminuto que es el país se ha labrado una interesante carrera con cierta proyección internacional. La película fue estrenada en el festival de Toronto del año pasado.

Quizá el problema principal de la película sea la extraña estructura narrativa que emplea. Déjame caer sigue las andanzas de la joven adolescente Magnea y como esta se va sumergiendo en el mundo de la droga, pero el hilo de la película se interrumpe continuamente con flash backs y flash forwards que nos muestran escenas del futuro de los protagonistas (obviamente no acaban muy bien, como uno puede presuponer) que no aportan demasiado, en cuanto el peso principal de la trama se encuentra principalmente en la parte adolescente. A esto se le añade que el guión es demasiado disperso, ofreciéndonos escenas que en el montaje resultan un tanto confusas y que no acaba de enlazarse de manera correcta.

Así pues, Déjame caer funciona más como un mosaico de sensaciones (algunas muy intensas) que no como una película convencional, algo que per se no es negativo.

Aunque pueda sonar a crítico pedante, lo cierto es que la temática de la droga es tratada en el filme de una manera tan rutinaria que no resulta sorprendente casi nunca. Todo va de A a C sin demasiados sobresaltos. Donde sí resulta excitante el filme es en la subtrama, casi tan importante de hecho en la película, como es el descubrimiento de la sexualidad de nuestra protagonista, que además se da cuenta de que es homosexual.

Es en este contexto donde mejor se mueve Déjame caer, porque ofrece un relato mucho más sutil e inteligente. Haciendo algunos malabarismos es quizá por la incomprensión que sufre por su sexualidad por la que Magnea decide evadirse mediante las drogas (los demás motivos nunca son explicados) y es en la relación entre Magnea y Stella donde la película fluye con más fuerzas, dejando además en evidencia en una sociedad que aún tiene demasiados estereotipos en contra de la homosexualidad.

Por otra parte hay que recordar que no es un tema nuevo para el director, que ya trató en su ópera prima, Órói (2010). Y recalco la inteligencia sutil del filme, porque en ningún momento se dicte explícitamente que dicha relación tenga que estar prohibida, pero sí puede leerse perfectamente en el ambiente.

A pesar de que vemos la caída de una persona a los mismísimos infiernos y que hay escenas que analizadas en frío son realmente duras (por ejemplo, la violación de Magnea ya adulta) el tono es realmente extraño. Quizá, y aquí el crítico se pone totalmente franco, es porque la cultura islandesa queda demasiado lejos de mi alcance. De tal manera que hay comportamientos que soy incapaz de entender; por ejemplo, la relación entre la familia y la niña, la propia relación de la hija con su entorno.

Quizá son estos detalles de distanciamiento los que a la vez hacen a Déjame caer interesante, porque al fin y al cabo, ver Let me fall no deja de ser hacer una mirada a través de la ventana que supone el cine sobre un país que para medio mundo es desconocido.

La mayoría del reparto son caras totalmente desconocidas en el cine internacional, aunque esto no es un impedimento, porque las interpretaciones son realmente espectaculares, especialmente en lo que se refiere al dúo de chicas protagonistas. Las dos adolescentes cumplen perfectamente lo que se les pide y siempre tenemos la sensación de estar viendo un auténtico drama delante de nuestros ojos.

Conclusión
No es fácil mirar Déjame caer. Es una película áspera y que pone contra las cuerdas al espectador. Sí, es su función, pero hay una pequeña parte de mí que no deja de pensar que en ocasiones la película es demasiado irritante, pero más por su propia incapacidad que no por su atrevimiento, lo que en cierta manera la condena a ser una película más sobre las drogas, eso sí, con la originalidad de pertenecer a una cinematografía casi desconocida para todos.

Crítica escrita para Cinemagavia.es: https://cinemagavia.es/dejame-caer-pelicula-critica/
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alarma catástrofe
Alarma catástrofe (1978)
  • 6,0
    331
  • Reino Unido Jack Gold
  • Richard Burton, Lino Ventura, Lee Remick, Harry Andrews, ...
7
La visión más oscura de las películas de poderes mentales
Alarma catástrofe se trata de una película olvidada hoy en día, pero que es muy superior a otras películas sobre la telequinesis y los poderes extrasensoriales (un tema tan de boga en las décadas de los años setenta y ochenta) que gozan de más fama, por poner solo un ejemplo, La furia (The Fury, 1978) de Brian de Palma.

La película es una adaptación de la novela homónima de Peter Van Greenway, un pequeño autor clásico británico de la ciencia ficción de aquellos años, sesenta y setenta. Más o menos se puede decir que la película sigue fielmente la adaptación literaria, a excepción de un par de detalles (por ejemplo; el protagonista de la película, no es francés sino inglés, pero claro como nos encontramos ante una co-poroducción francesa, se vino a bien poner a un personaje francés como protagonista).

Ya de la novela le viene ese tono misántropo, que es en parte característico de la propia obra de Van Greenway. Esto lo resume perfectamente el personaje que interpreta Richard Burton, un hombre cínico que no cree en el sistema y que continuamente le muestra a la sociedad lo equivocada que esta está, en contraposición a lo que él considera como correctos ideales.

La historia es diferente a lo que estamos habituados, y ciertamente funciona muy bien, porque la estructura de la película es capaz de mantener al espectador con el interés de conocer más sobre el personaje que interpreta Richard Burton.

El filme comienza con el intento de asesinato sobre el personaje de Burton, y a partir de ahí se desarrolla una investigación policial liderada por el actor de origen italiano, Lino Ventura (aunque en la película interpreta un oficial francés) que intentará esclarecer lo ocurrido. Es solo mediante flashbacks que la película reconstruye la personalidad del personaje, y por supuesto, al tratarse siempre de relatos indirectos, la sombra de la verdad siempre queda en entredicho. Como vemos, la estructura del filme es distinta en mucho a la gran mayoría de películas de ciencia ficción.

Del mismo año que Alarma Catástrofe tenemos La Furia (The Fury, 1978), dirigida por Brian de Palma y mucho más popular que la película que aquí nos ocupa. Sin embargo, lo cierto es que la cinta de la que hablamos es casi que la visión más oscura y sucia de todas aquellas películas surgidas a raíz de Carrie (1976), también de Brian de Palma. Lo podemos comprobar en muchas de las secuencias de flashback, en las que el protagonista que interpreta Richard Burton, asesina a gente con sus extraños poderes extrasensoriales. Algunas incluso de las secuencias que lo muestran en plena acción, parecen directamente entroncadas con el cine de terror, y más en concreto con la película de La Profecía (The Omen, 1976), estrenada solo dos años antes. Los parecidos son casi idénticos, con niños que parecen ocultar algo realmente extraño en su interior, y que emplean sus poderes para desquitarse a los adultos. Incluso como están planteadas algunas secuencias parecen similares.

Pero 'Alarma Catástrofe' es mucho más que eso, mucho más que un exploit barato, puesto que estas secuencias atañen solo a la primera parte del metraje, la primera media hora. Posteriormente la película hace también gala de un odio hacía las instituciones legales y la propia autoridad. Porque en la segunda parte del metraje, a medida que avanza la investigación, se nos van dando más detalles del perfil de Morlar, que enriquecen profundamente la película y que sirven para que podamos compartir su esquizofrénica visión del mundo.


También vemos ese sentido de la epicidad en el accidente de avión, donde se vuelve a recurrir al uso de maquetas para mostrarnos el accidente. Quizá este resulte más espectacular cuando se ven las consecuencias, que el propio accidente en sí, que es más bien chapucero en cuanto a la realización se refiere.

Pero donde sí brilla el filme es en los pequeños detalles que va sembrando poco a poco, y que hacen de la película una obra muy completa. Detalles como la medusa que está en el propio piso del protagonista (una copia de la obra de Caravaggio; con semejanza obvia con el propio personaje de Morlar), la célebre obra de Edward Munch, el grito....o si nos salimos de los referentes pictóricos, la propia sociedad en cierta medida distópica que nos presenta (porque en la primera parte del filme se habla de un accidente espacial que tiene lugar cuando se prepara el primer viaje lunar con fines de crear una estación permanente) o el maravilloso detalle del diario del protagonista, del que podemos desentrañar algunas cosas de su propia mente, y otras no (y es un detallazo que se incluyan primeros planos en los que el espectador puede incluso ojear la letra y las frases).

Sí, es cierto que hay algunos fallos, especialmente en lo que se refiere a la continuidad de Raccord. Porque Richard Burton en los flashbacks es el mismo que el de la actualidad, a pesar de que han pasado veinte años, y no hay diferencia física del actor entre plano y plano. Pero en fin, cosas que resultan obviables si se hace un esfuerzo.

Conclusión

Injustamente olvidada, 'Alarma Catástrofe' es una película totalmente a reinvidicar. Se encuentra en todo aquel cine derivado de Carrie (1976) sobre poderes mentales, pero es seguramente una de las mejores muestras de ese subgénero, no solo por ser una de la que más aristas ofrece, sino por ser también una de las mejor ejecutadas.

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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
El peral salvaje
El peral salvaje (2018)
  • 7,2
    496
  • Turquía Nuri Bilge Ceylan
  • Dogu Demirkol, Murat Cemcir, Hazar Ergüçlü, Bennu Yildirimlar, ...
7
La odisea de Sinan
El Peral salvaje se trata de la última película de Nuri Bilge Ceylan, un director turco que película tras película se consolida como una de las visiones más atrayentes desde fuera (o en los márgenes) de Europa. En este caso la obra fue estrenada en el Festival de Cannes dentro de la sección oficial así como en el festival de Sevilla del año 2018.

La película tiene parte de biográfico, pues el guion está basado en la vida de Akin Aksu. ¿Y quién es este hombre? Pues precisamente un conocido del director de la película, que por casualidades del destino, después de una conversación larga y relajada con él y su mujer, les convenció para presentarles un escrito sobre su vida y la de su padre. Tiempo después, cuando Nuri Bilge Ceylan ya no esperaba ninguna contestación, recibió un manuscrito de 80 páginas, que encandiló al director por su naturaleza y su candidez.

Por otra parte, no cito por casualidad a la mujer del director, Ebru Ceylan, porque no solo aparece acreditada como guionista, sino que siempre es una herramienta indispensable en las películas del director turco, un soporte en el que Nuri Bilge Ceylan puede apoyarse.

La película, al presentarnos el regreso del personaje protagonista al pueblo donde nació después de haberse licenciado, hace una mirada de cero hacía esa misma vida, que es la visión que se le comparte al espectador. Así, la presentación de todo lo nuevo y sobre todo, lo viejo, se hace siempre bajo la tutela de nuestro estudiante Sinan, que es nuestro particular cicerone.

Difícil sería clasificar la película como una obra totalmente realista, aunque lo pudiera parecer leyendo la sinopsis o mirando el trailer. Pero lo cierto es, como bien le cuenta un escritor célebre a nuestro protagonista, la mirada del director o artista se posa siempre sobre unas cosas y no sobre otras, con lo que al hacer esta criba, ya se está dejando el realismo total de lado.

El peral salvaje es una película preciosa, con una fotografía excelsa...pero no es una de esas películas pensadas exclusivamente para deleitar al espectador simplemente mediante el uso de su imagen. Tampoco queda relegada esta a un segundo plano, sino que se produce una "mágica" fusión que precisamente rompe con el realismo anteriormente comentado que podría suponer el argumento. Se retrata la cotidianidad sí, pero esta misma aparece bajo un tamiz muy personal, que es la propia mirada del director, y donde a veces él quiere poner el foco. Pueden ser las propias gaviotas en un plano que duran un poco más de lo normal, puede ser ese soplar del viento que hace que uno se estremezca o puede ser esa melancolía que acompaña continuamente a nuestro personaje principal.

En este sentido, la película se aleja de cualquier otra película pretenciosa de aquellas etiquetadas como falsamente "hiperrrealistas" y que en su dejada puesta en escena en realidad ocultan los defectos de un cineasta sin talento. Aquí hay talento, y a raudales, pero para ello el director no necesita pavonearse, como si lo hacen muchos otros, especialmente más allá del charco.

Al tratarse de una película de más de tres horas de duración, es normal que la obra abarque numerosos temas, pero podemos dibujar dos conceptos principales que se repiten durante todo el filme. Por una parte, tenemos al personaje protagonista interpretado por Dogu Demirkol, que es un personaje que es una "rara avis" de la sociedad. Es un ente totalmente opuesto a la sociedad, que en parte la odia por rechazarle y en parte la envidia (como envidia al escritor). Pero es obvio que empatizemos con él porque Sinar, es un hombre que ha entendido la absurdez de nuestra sociedad contemporánea. Sinar ya está harto de seguir las pautas corrientes: casarse, buscar un trabajo corriente, tener hijos. Es normal que nosotros como espectadores tengamos esa misma frustración juvenil que tiene Sinar. Además Sinar tiene destellos de genio, que en parte están atascados en la medianía de vida que lleva, y en la medianía de ciudad donde vive.

Y por otra parte, está la relación paterno-filial, entre Sinar y su padre, Asuman, interpretado por Bennu Yildirimlar. El padre representa todo lo que el hijo odia. Asuman se ha convertido en un animal, no en el sentido de ser un bestia, sino en el de ser una simple marioneta que ni siquiera es capaz de alimentar a su familia porque debe muchísimo dinero en deudas absurdas que es incapaz de controlar. Sinar ve en su padre un hipotético reflejo de lo que el no quiere convertirse. Pero la relación entre ambos no está contada como en un melodrama barato, sino que Nuri Bilge lo presenta desde su barrido personal.

Conclusión

El Peral salvaje es una película realmente disfrutable. Las tres horas de duración pueden alejar a más de uno, pero sería un error, porque la película no es para nada un ejercicio de onanismo, sino más bien un regalo vital en el que además puede verse una Turquía real, lejos de las miradas sensacionalistas europeas.

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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
El despertar de las hormigas
El despertar de las hormigas (2019)
  • 6,6
    113
  • Costa Rica Antonella Sudasassi Furniss
  • Daniella Valenciano, Leynar Gomez, Isabella Moscoso, Avril Alpízar, ...
5
El Silencio de las hormigas
El despertar de las hormigas (2019) se trata de una opera prima de nacionalidad costarricense y dirigida por Antonella Sudasassi Furniss. La película nos cuenta, casi de manera documental, la vida de una familia corriente de Costa Rica. La película participó en el Festival de Málaga del correspondiente año en la sección oficial, así como en varios concursos iberoamericanos.

La puesta en escena de la película evoca claramente la del cine documental. La cámara, como un voyeur, se adentra en las escenas familiares y retrata lo que sucede en cada una de las conversaciones. Cámara en mano, la directora se pone en cualquier ángulo posible (al lado, entre las caras de los personajes, cerca, lejos) para realizar este acercamiento. Especialmente durante la primera parte de la película no somos más que testigos de lo que son escenas totalmente cotidianas de una familia cualquiera en Costa Rica. La madre recogiendo a las niñas del colegio, el padre volviendo del trabajo, la madre cocinando...en esta pura descripción ya vemos que los roles de hombre y mujer siguen perfectamente estancados en el contexto tradicional de Nicaragua, sin necesidad de que la directora haga algo excesivamente poco sutil.

Esta descripción, que a priori podría sonar como algo francamente aburrido, es solventado con una fotografía más que decente y con algunas pocas señales que nos introduce el guión y que nos hacen presagiar que lo que estamos viendo no es tan idílico como aparenta. Especialmente con el papel que juegan los insectos, como moscas y hormigas, que aparecen cada vez con más frecuencia en la película y que le da un tono por momentos surreal, en la línea del propio Borges.

Lo cierto es que si todo el machismo que existiera en Costa Rica se redujera al que sucede en la película los costarricenses podrían estar de enhorabuena. No esperemos en la película las típicas escenas de violencia doméstica porque estas no se producen. No hay eso en el filme. Más bien, lo que describe la película es como en ocasiones la repetición de patrones puede desencadenar ciertos "machismos menores" que se perpetúan por tradición. En el caso que nos ocupa la propia protagonista no quiere tener un hijo, y se lo calla, como si su opinión no importara.

Pero no es que la película describa al marido del filme, Alcides, como un monstruo, sino todo lo contrario, es una persona que en general ama a su familia y podríamos decir que es un buen padre. De hecho uno de las cosas más interesante es la poca estridencia que hace gala la película y eso lo podemos ver en ese magnífico final: En otra película quizá la decisión de la mujer habría sido cuestionada a gritos, mientras que aquí se toma de manera consensuada (como debería haber sido desde un primer momento).

El personaje de Isabel, que es consciente de su feminismo, lucha contra estos pequeños problemas que en ocasiones no vienen solo de los propios hombres, sino de las mujeres que han sido educadas en este machismo convencional (por ejemplo, la hermana de Alcides). En este sentido el pensamiento del propio personaje no parece el de una mujer cualquiera de Costa Rica, sino más bien una traslación del propio pensamiento de la directora.

Sin embargo en ocasiones este viaje se hace demasiado pesado, y la película cae en una monotonía que no resulta demasiado satisfactoria, y que vanamente la película trata de sofocar con segmentos de transición que no aportan demasiado al mensaje de la panícula.

Viendo el filme uno se da cuenta de que carece de un potente atractivo en términos de marketing, por lo menos si la comparamos con las películas actuales que revientan la taquilla internacional. A eso se le añade el hecho de que parece evidente que la película está pensada más para un público de fuera que no de dentro, es decir, más pensada para ser exhibida en festivales internacionales. De todas maneras, es innegable la calidad pedagógica que tiene el filme, y la propia directora ha asegurado en entrevistas (http://www.revistaikaro.com/antonella-sudasassi-furniss-directora-de-la-pelicula-el-despertar-de-las-hormigas/) que la película será exhibida en diversas partes del país incluyendo diversos debates sobre los temas tratados en el filme. Quizá sea en estos debates donde la película gane más enteros, como una pieza educativa.

Conclusión

El despertar de las hormigas no es una película para tomarse como un "snack". Es una película para reflexionar sobre ella y lo que la propia obra trae consigo como debate. Por eso, cumple perfectamente con el objetivo que se proponía. Podría haber sido peor, pero no menos clara.

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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me casé con un monstruo del espacio exterior
Me casé con un monstruo del espacio exterior (1958)
  • 6,0
    239
  • Estados Unidos Gene Fowler Jr.
  • Tom Tryon, Gloria Talbott, Peter Baldwin, Robert Ivers, ...
7
Problemas matrimoniales con un monstruo del espacio exterior
Me casé con un monstruo del espacio exterior (1958) es una pequeña película de serie B de ciencia ficción que a pesar del título, que puede evocar a una parodia, en realidad es un intento muy serio (y bastante logrado) de hacer cine de género, eso sí, muy a rebufo de la película de ciencia ficción estrenada unos años antes, la invasión de los ladrones de cuerpos (1956) de Don Siegel.

Pese a que nos encontramos con una película de presupuesto menor (125 mil dólares), el director Gene Fowley Jr. se las apaña para hacer una película solvente. La película utiliza apenas un par de decorados, pero la puesta en escena tiene algún momento muy bien resuelto, como esa primera escena inicial, en la que la cámara acompaña a Bill en su "despedida de soltero", en un certero travelling.

Al ser una película de ciencia ficción hay también que mentar los efectos especiales. La película emplea diversos, y algunos funcionan mejor que otros. Los efectos fotográficos de los monstruos, cuando estos son revelados al espectador como tales, son una superposición de fotografías, que a pesar de que hoy en día resultan un tanto ridículos, en su momento tuvieron cierta repercusión.

Los diseños de los aliens corren de parte del propio director. El diseño de estos es ciertamente convincente, y para los lectores de Lovecraft el aspecto no puede dejar de evocarnos el concepto de algunas de las obras más significativas del escritor de Providence. Volvemos a lo mismo, si no nos quitamos las gafas de espectador del siglo XXI seremos incapaces de disfrutar de la originalidad de los disfraces (porque evidentemente, los aliens son hombres disfrazados).

Al igual que en la película de Don Siegel, la invasión de los ladrones de cuerpos, la película puede ofrecer más de una lectura. Uno de los niveles del filme es alegórico, y está claro que al igual que el citado filme, puede interpretarse el personaje principal de Bill, como un comunista. Su mujer nota que es alguien diferente, pero no es capaz de discernir en que ha cambiado.

Pero la teoría que más convence a quien escribe, es la de que la película alberga en realidad una alegoría de la homosexualidad. Sinceramente, no creo que sea de manera totalmente buscada, y puede que este nivel de lectura haya surgido quizá del experimento o de la propia casualidad. Pero lo cierto es que la extraña actitud de Bill, que se encuentra en un matrimonio casi por obligación, puede recordarnos a las de muchos homosexuales de aquella época se casaban por simple obligación o costumbre. Nunca vemos por ejemplo una escena de amor entre ellos dos, mucho menos de cama (a pesar de que vemos la noche de bodas). Es más, algunos autores han citado que la propia invasión tiene un cierto sentido homosexual (como por ejemplo recoge el estudio Monsters in the Machine: Science Fiction Film and the Militarization of America de Steffen Hantke), pues solo vienen hombres (o mejor dicho, Aliens del género masculino) y las escenas en las que los vemos juntos (hablando de como les cuesta encajar en la vida matrimonial) son cuanto menos interesantes.

A esta teoría ayudan además ciertas escenas, como las que tiene la mujer con el médico, ya que pese a llevar un año casada, es incapaz de tener hijos. El espectador deduce que han mantenido relaciones sexuales....Pero hay algo que no funciona, y quizá no resida en la mujer el problema, sino en el propio Bill, como afirma el doctor.
Una de las cosas más interesantes de la película es que es muy posible empatizar con el personaje extraterrestre. Dicho esto, ¿En cuántas películas sucede esto? Y es que no hay una demonización de los alienígenas, sino que se nos expone su plan. Y a medida que más conocemos de ellos, más entendemos sus intenciones. Sí, es cierto que los alienígenas secundarios están dibujados de manera más intencionada para que el espectador los odie más, pero no sucede así con el protagonista, del que sentimos simpatía e incluso sufrimos con él al final.

Una de las cosas más interesantes de la película es que es muy posible empatizar con el personaje extraterrestre. Dicho esto, ¿En cuántas películas sucede esto? Y es que no hay una demonización de los alienígenas, sino que se nos expone su plan. Y a medida que más conocemos de ellos, más entendemos sus intenciones. Sí, es cierto que los alienígenas secundarios están dibujados de manera más intencionada para que el espectador los odie más, pero no sucede así con el protagonista, del que sentimos simpatía e incluso sufrimos con él al final.

Como dice el propio personaje que interpreta Tom Tryon, ellos eran incapaces de tener sentimientos antes de su llegada a la tierra, pero desde que han aterrizado, han empezado a desarrollar sentimientos. Y esa evolución puede verse en la película, a pesar de que es cierto que la poca duración del filme es un aspecto negativo en este sentido, y a la película le habría ido muy bien una media hora más de metraje centrándose en la evolución del personaje protagonista.

Y una película de ciencia ficción de los años cincuenta en la que se humaniza al "Otro" (sea este un comunista o un alienígena, que para el caso viene siendo lo mismo) es algo realmente meritorio. Por eso, la película de Gene Fowler Jr. es más que destacable y merece un puesto de honor en la ciencia ficción de los años cincuenta.

Conclusión

Aunque leyendo la sinopsis uno puede pensar que la película es una obra de explotación de la película de Don Siegel, lo cierto es que el filme tiene la suficiente entidad para considerarla como una obra independiente

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Papa, sdokhni
Papa, sdokhni (2018)
  • Rusia Kirill Sokolov
  • Aleksandr Kuznetsov, Vitali Khayev, Evgeniya Kregzhde, Michael Gorevoy, ...
7
Adiós papá, adiós papá, consíguenos un poco de dinero más
Papa, sdokhni (2018) es una de aquellas cintas que pasan a veces injustamente desapercibidas, a pesar de tener muchas virtudes en su haber. La película fue estrenada con un presupuesto muy bajo (cincuenta millones de rublos) y apenas consiguió reunir a poco más de diez mil espectadores en toda Rusia. Aún así, como decimos, se trata de una cinta que sólo por la singularidad de su propuesta merece un visionado. Poco a poco, con el boca a boca, la película está logrando bastante culto.

La película aprovecha el no tener la necesidad de recaudar una gran cantidad de dinero y de ser una película independiente para emplear una puesta en escena mucho más arriesgada que la de otras películas rusas. Se le nota la juventud al cineasta, Kirill Solokov, quien apenas cuenta con 30 años en el momento de escribir esta crítica y que debuta en el largometraje después de haber rodado varios cortos. Es precisamente esas ganas de demostrar el talento que tantas veces asociamos con la juventud la característica principal de la cinta. Más allá incluso podemos hablar de un autor total, puesto que el propio Solokov firma el guión de la película. El director apenas necesita un par de escenarios contados (aunque la mayor parte del metraje sucede en un solo interior) y unos pocos personajes para consagrarse como una de las jóvenes promesas a seguir en un futuro cercano.

La dirección, al igual que el argumento, están pensados para causar una provocación en el timorato público ruso. En cierta manera la película puede recordarnos a las cintas del primer Tarantino, aunque la comparación no es del todo acertada, porque Sokolov emplea una violencia mucho más física. De esa fisicidad, y de las repercusiones sangrientas que obtiene en cámara (y hay que señalar que no aparta la cámara en ningún momento), el director hace su propia estética, a la que añade muchas dosis de un humor negro, que parece más sacado de las cintas occidentales que no de las autóctonas. 

Incluso el lenguaje utilizado choca contra todo pronóstico, pues la película está llena de insultos y palabras malsonantes que como es costumbre en el cine ruso, son censurados con una bocina por encima. Algo que en la película tiene además connotaciones bastante cómicas.

Lo que son temas totalmente tabús en el cine contemporáneo ruso, por lo menos el que se estrena en salas, tienen aquí un despliegue de manera masiva. Violencia explícita, insultos, traiciones, agresiones. La cámara, dopada como si tratara de enseñar de todo lo que es capaz el director, (y en ocasiones esto puede ser demasiado cargante) ofrece una gran variedad de recursos. Desde la narrativa, que el propio montaje divide en capítulos, hasta secuencias que no tienen lugar y que son simplemente un desvío imaginario con voz en off incluida. Planos detalles de zonas escabrosas o incluso alguna cámara lenta (en el momento de la pelea inicial). Todo es una ensalada de recursos que rompen con la puesta tradicional a la que nos tiene acostumbrada cualquier película. Una puesta en escena muy en la línea de las primeras películas de Guy Ritchie.

No solo son obvios los homenajes a la cultura pop, sino también más específicamente a Sergio Leone y sus spaghetti western, en escenas donde el director hace un símil entre las míticas secuencias de tensión en aquellos míticos westerns y las escenas de tensión del filme, añadiendo además una banda sonora que evoca y copia a las de Ennio Morricone. Son numerosas las secuencias en las que directamente nos encontramos con ese juego de miradas tan típico de las películas de Leone, y en la que los personajes aguantan la respiración, antes del tiroteo final. Teniendo en cuenta que el dinero (conseguido mediante engaños) es además parte fundamental de la trama, no es equivocado pensar que la propia película bebe muchísimo de las estructuras de los Spaghettis.

A pesar de que, como ya hemos comentado, la película denota muchas influencias más occidentales que propias, lo cierto es que también es propiamente una película rusa. ¿Puede suponer el filme una nueva vía en la cinematografía rusa? Veremos como evoluciona el proceso, pero esperemos que Sokolov y las nuevas generaciones que él representa (y que antes de esta película no tenían voz propia) no se domestiquen ante las autoridades. Sí es cierto, y todo hay que decirlo, que la película cuenta con presupuesto oficial del ministerio de cultura, quizá una estrategia para tener toda esa violencia atada con correa. Solo el tiempo dirá.

Papa, Sdokhni se trata de una película que aunque no hayas visto ninguna vez una película rusa, si eres fan de Guy Ritchie o de Tarantino resulta imprescindible. Pero más allá de esto, puede suponer un significativo avance dentro del cine ruso, si Sokolov es capaz de seguir la puerta que él mismo se ha abierto.

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Neproshchennyy
Neproshchennyy (2018)
  • Rusia Sarik Andreasyan
  • Dmitriy Nagiev
6
¿Es posible superar el luto?
Unforgiven (2018) se trata de una producción rusa que trata la tragedia del accidente aéreo que sucedió en el 2002, en el lago Constanza, en Suiza, donde dos aviones colisionaron entre si. La película sigue más en concreto la figura de Vitaly Kaloyev, padre y esposo que perdió a toda su familia en el accidente  y que se tomó la venganza por su mano. El filme ha conseguido un buen éxito en Rusia, y ha demostrado que Dmitry Nagiev (actor que interpreta a Kaloyev) no es un simple actor de comedia (género en el que se le tenía encasillado), sino un magnífico autor de drama. Aún así la película tiene ciertas sombras, como podría ser la justificación moral que se puede encontrar de la venganza personal.

La película cuenta con una buena producción, solvente en todos los aspectos, algo bastante interesante si tenemos en cuenta que el director de la película es el armenio Sarik Andreasyan, quien tiene productos en su haber como la infausta Guardians (2017) o numerosas comedias rusas sin nada reseñable en ellas. Para más inri, como actor principal tenemos a Dmtiry Nagiev, un actor encasillado dentro del género cómico pero que ha sorprendido a la critica rusa tomándose muy en serio este papel. De hecho, el actor llegó a adelgazar más de 8 kilos (solo hay que ver fotografías del metraje y de antes de este, para darse cuenta del cambio físico) e incluso entrevistarse con el propio Vitaly Kaloyev para tener en cuenta el perfil psicológico que debía interpretar.

Como curiosidad señalar que el tema ya dio para una película hace relativamente poco, como fue la producción norteamericana Afternmath (Una historia de venganza, 2017), donde Kaloyev era interpretado por Arnold Schwarzenegger. Aunque sin duda, la película de Andreasyan es mucho más recomendable.

La película es un drama, eso está claro. Lo que uno moralmente se pregunta es hasta que sentido tenían ciertas escenas (que innegablemente son muy potentes) en las que es evidente que se busca la lágrima del espectador. Pongamos por ejemplo, la búsqueda de los cadáveres, por parte del propio personaje (aunque para honor a la verdad, lo cierto es que esto sucedió realmente). Es decir, hay cierto componente lacrimógeno en la película.

La película abre otros debates morales obvios. ¿Qué acciones están justificadas ante la situación que se le presenta al personaje principal? La película bordea la fina línea de justificar la venganza personal, incluyendo el asesinato, lo que la podría convertir en una película con una moral ciertamente aberrante, aunque se mantiene siempre en un extraño equilibrio, lo que la salva, justo en la bocina.

Lo que está claro es que la película funciona perfectamente como un descenso a los infiernos, y eso sería impensable sin la magnífica interpretación de Nagiev, que encarna a un hombre que se va sumiendo en una aspiral de locura y que termina como dice el propio filme, siendo un muerto en vida. Los gestos y la interpretación del actor haciendo de auténtico ido, de una persona que ha perdido cualquier contacto con la realidad son realmente magistrales. La película, gracias a él, se convierte en una radiografía de la desesperanza, y es aquí donde es imposible discutir los grandes méritos que logra la película. De cabo a rabo consigue sus objetivos. Quizá, solo dejando un momento de optimismo justo al final, cuando metafóricamente el personaje de Kaloyev acaricia una cría de gato (¿Significa que está ya por fin listo para volver a vivir? ¿Fue la venganza su catarsis?)

Es evidente que la película tiene obvias intenciones políticas. La película nos presenta a Vitaly como un héroe desamparado y totalmente solo, que no busca el dinero (rechaza las compensaciones monetarias), sino que solo busca una disculpa formal por parte de la aerolínea. En contraposición con las honestas intenciones de Vitaly están los directivos y miembros de la compañía aérea, que intentan sobornarlo ofreciéndole una compensación más alta. Hay aquí una clara intención de señalar al hombre ruso (pues Vitaly encarna perfectamente el individuo ruso como un ente representativo de una sociedad entera) como un ser honesto, frente a la maquiavélica Europa (o por lo menos, Europa central).

Unforgiven es una muestra más de que el cine contemporáneo ruso se ha puesto al nivel norteamericano en cuanto a producción se refiere. Por lo demás, nos encontramos ante una película durísima, que es capaz de agriar el alma, pero que resulta muy recomendable para acercarse al cine actual que se hace en Rusia.

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Bellezonismo
Bellezonismo (2019)
  • España Jordi Arencón
  • Armando del Río, Yanet Garcia, Elvira Herrería, Coral Gonzalez, ...
4
El Esperpéntico mundo de la moda
Bellezonismo (2019) se trata de una película española que desembarcará en las salas de cine el 12 de julio. Un proyecto muy personal de Jordi Arencón, quien se estrena en el largometraje después de su paso por la televisión mejicana y española. La película también ha causado cierto revuelo en las redes sociales porque supone el debut en la gran pantalla de Yanet García, una estrella en México, por ser una de las presentadores del tiempo meteorológico más conocidas.

La película tiene muy pocos referentes coetáneos a los que podamos agarrarnos para entender que es Bellezonismo. Si acaso, la película puede recordar por momentos el tono posmoderno pero puramente ibérico de Eduardo Casanova, aunque sin llegar nunca a sus cotas de escatología. El problema principal de la película es que el armazón de la trama es demasiado endeble, y más que una línea argumental el espectador puede tener la sensación de estar ante un conjunto de gags  que no ante un hilo narrativo convencional. Bellezonismo se sustenta en lo que en inglés se conoce como One-liners, frases y diálogos ágiles y rápidos, supuestamente cómicos, pero en ocasión tan rápidos que es normal perderse unas cuantas veces en su visionado.

Entre esta serie de gags se desluce la crítica del filme, que está dirigida sobre todo hacía el mundo de la moda. En cierta manera como hacía la película Zoolander (2004), exagerando todos los clichés y estereotipos. Incluso en algunos aspectos la película va más allá y puede resultar ciertamente ofensiva para algunos espectadores, con escenas por ejemplo como el día del vómito, donde las modelos deben vomitar para perder peso. Eso sí, en pantalla siempre impera una estética muy pulcra.

Obviamente leyendo esto ya podemos darnos cuenta de que la película no es apta para todo tipo de espectadores, y teniendo en cuentan el tan personal sentido del humor que exhibe el filme, veremos que distribución consigue finalmente. Dese aquí esperamos que tenga todo el éxito posible.

Nada más empezar la película, puede verse inmediatamente quien tiene formación como actor y quien no. Armando del Río podrá ser un actor que guste o no, pero se le nota como uno de los más solventes en su papel principal (y quizá el que más vis cómica efectiva exhiba). Otros, sin formación académica, resultan un tanto más embarazosos, en cuanto a que su interpretación deja tanto que desear que otra vez volvemos a entrar en un mundo que tanto tiene que ver con el de Eduardo Casanova y su Kitsch, sea buscado o no. Claro que al ser un tema como el de la moda, todo esté mejor cuadrado y puede que sea intencional. Recordemos si no al propio Ben Stiller en Zoolander.

ambién hay diversos "Youtubers" metidos en la producción, que carecen de una formación académica detrás, y eso desafortunadamente se nota en la película.

Si ya la película es dispersa de por sí, hay algunas subtramas que podrían ser cortadas para que la película ganará empaque. Es el caso de la "Presidenta de España" y la Guerra contra Etiopía, seguramente la parte más cercana al humor delirante pero que no funciona porque no tiene demasiada cohesión, más allá del gag. Incluso dentro del propio centro de tonificación encontramos diversas subtramas que resultan bastante dispares y que no ayudan a centrarse.

En ocasiones queda un poco en suspense si la película está retratando precisamente la superficialidad de todo el mundo de "Hombres y Mujeres" y el vacuo estilo de vida que existe detrás o simplemente se regodea de ello. Un poco como en cierta manera pasaba en la saga Torrente de Santiago Segura, donde uno no sabe donde empezaba la crítica hacia el personaje y donde quedaba la propia explotación del humor chusco.

Jordi Arencón firma una película personalísima, de más o menos bajo presupuesto (menos de un millón de euros) que luce bastante bien estéticamente pero que resulta fallida como una parodia del mundo de la moda, convirtiéndose al final en un producto demasiado encerrado en sí mismo.

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Colegialas violadas
Colegialas violadas (1981)
  • 4,5
    126
  • Alemania del Oeste (RFA) Jesús Franco
  • Olivia Pascal, Christoph Moosbrugger, Nadja Gerganoff, Alexander Waechter, ...
6
Cuando hay algo más peligroso que el balconing
Bloody Moon (1981) traducida al español con el infausto y totalmente incorrecto título de "Colegialas violadas" se trata de una de las numerosas películas que dirigió James Franco a lo largo de su extensa carrera. Pero ojo, porque aunque esta sea una obra por encargo (hay producción alemana), lo cierto es que Franco realizó un trabajo muy bien facturado, que denota su maestrazgo detrás de las cámaras.

Corrían los primeros años ochenta y el cine norteamericano de terror estaba en plena fiebre de los conocidos slashers, que habían surgido a corriente de Halloween (1979) de John Carpenter y sobre todo Viernes 13 (1980). A priori podríamos pensar que Bloody Moon es una película más de explotación de este género que en aquellos momentos estaba en plena efervescencia, pero lo cierto es que Jess Franco no se casa con nadie e hizo una película que a pesar de ser un encargo tenía muchas señas personales.

Por ejemplo, la célebre Body Count, característica inherente del slasher (para los que desconozcan el término, se refiere al número de asesinatos que es capaz de perpetrar el asesino) es relativamente escasa en comparación con otras películas, y de hecho casi que como violencia explícita la película no está al nivel de otras obras del propio Franco (a excepción de la mítica secuencia con la sierra).

A Franco le interesa explotar más otros aspectos, que ciertamente tienen su interés, a pesar de que finalmente solo quedan esbozados en la película. Es el caso de la relación incestuosa entre hermano y hermana, que nos deja algunos planos de una estética de gran nivel, por ejemplo el plano en el que el hermano deformado se arrodilla ante su hermana, casi lamiéndole el pie en un acto de total sumisión, mientras está, tamizada por la luz de la luna, lo tiene totalmente dominado.

¿Y qué tiene de Giallo? Pues como en muchas películas Giallo, los asesinatos, que a priori parecen estar hechos por un simple maníaco homicida, en realidad esconden un objetivo crematístico detrás. Así que podemos decir que es una película que juega en dos direcciones.

Evidentemente el peaje a pagar son las secuencias que a la trama aportan poco sobre desnudos femeninos. Hay que decir que más o menos el director se las apaña para que las bellísimas actrices tengan alguna justificación para enseñar su carne. Y también tenemos que aguantar algunas secuencias de relleno que poco aportan a la trama. Pero en general, muchas menos que una cinta de explotación cualquiera. De hecho, el magnífico prólogo que nos introduce en la película, donde vemos el asesinato que cometió en su momento Miguel, es bastante comedido y certero, y pocos excesos tiene. 

A pesar de ser una producción alemana, hay también dinero español, y eso se puede comprobar desde las numerosas localizaciones. De hecho, la película transcurre en España, en una escuela de castellano para extranjeros, y lo cierto es que el toque exótico de ver un "slasher" en suelo patrio le da un plus de añadido, por lo menos a un servidor. Pero además, Franco aprovecha para dejarnos algún fotograma de paisaje mediterráneo ciertamente precioso, y si uno viendo la película no tiene ganas de darse un chapuzón es que está muerto por dentro.

Además hay un pequeño recurso argumental, como son las clases de español, que también valga la pena decir que son un tanto extrañas, porque lo único que hacen las mujeres es repetir mediante auriculares lo que van escuchando (ríanse de la estafa Opening), pero en cierta manera esta repetición, casi a manera mántrica, aporta un ambiente turbio a la cinta.

La música de la película, que firma Gerhard Heinz adapta algunas tonadillas españolas, además de hacer una mezcla de diferentes estilos, a conveniencia de la secuencia. Especialmente efectiva cuando se centra en el personaje de Miguel, que tiene un Leimotiv propio, basado en golpes secos y duros, propios de la siniestra personalidad que aparenta tener. Comentar también que la versión doblada que se hizo para su distribución internacional es seguramente una de las peores que se hayan hecho jamás.

A pesar del título en español, Bloody Moon es en cierta medida una película "arty" que poco tiene que ver con las películas que se estaban haciendo en los Estados Unidos. Desafortunadamente se nota que es una obra hecha por encargo, porque durante gran parte de la cinta la sensación general es que la obra solo está dando tumbos y no tiene claro que hacer con la trama.

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Queen of Spades: The Looking Glass
Queen of Spades: The Looking Glass (2019)
  • Rusia Aleksandr Domogarov
  • Angelina Strechina, Daniil Izotov
4
El fantástico ruso como la táctica de la avestruz
Queen of Spades: The Looking glass (2019) se trata de la última producción de terror rusa, que sigue la saga basada en el personaje de la Dama de Picas con, Queen of Spades: The Dark Rite (2015), una leyenda urbana muy parecida a la que en el ámbito anglosajón sería Bloody Mary o en el ámbito hispano La Verónica, ese espíritu maligno que se invoca delante de un espejo. La película está dirigida por Aleksandr Domogarov.

Y como viene siendo habitual, nos encontramos con la enésima historia de fantasmas, que es más un refrito de lo visto en la cinematografía americana que de la propia idosincrasia rusa. Por un lado, el argumento de la película recuerda sospechosamente a la película La Guarida (The Haunting, 1999), donde nos encontrábamos con una institución que guarda un oscuro pasado, relacionado con niños...Por otro lado, la leyenda de la Pica de Damas es un refrito de la leyenda anglosajona de Bloody Mary, un supuesto espíritu que se invoca a través de un espejo y que sale siempre en busca de sangre fresca.

Aunque por supuesto, la ejecución del filme sigue todo lo legado por James Wan en sus películas de The Conjuring. La cámara se mueve intentando buscar en el espectador una reacción de suspense cuando esté busca en el plano al ente maligno. Lo mil veces visto, y no es que en este caso sea diferente. Incluso en la propia creación de lo que es la Dama de Picas la película se inspira en la misma iconografía del universo Wan, en esos fantasmas cadavéricos que parecen cuerpos que acaban de entrar en la morgue y se están descomponiéndose, céreos.

Para más inri, el final de la película, cuando nuestra protagonista se adentra en la otra dimensión del espejo, donde ve a sus amigos ya muertos, puede recordarnos el final de la película Insidious (2010; incluido ese girito final, que aquí también se ve), del ya citado Wan.

Como en todas las últimas producciones de terror que salen de Rusia, la película utiliza el folclore y los elementos fantásticos como armazón principal de su trama. Y esto no es casual, sino que está premeditado, haciendo un cine que simplemente es de terror como podría ser de otro género, porque lo que buscan los responsables no es contar una historia, sino hacer dinero. Y por este motivo, el fantástico y contar historias totalmente alejadas de la realidad, es una vía de escape perfecta para una sociedad que tiene miedo de ver sus pesadillas en la pantalla grande. Un miedo casi infantil, que ha hecho que el cine de terror ruso, por lo menos si hablamos del mainstream, esté siempre con los mismos temas y enfoques, y sea incapaz de salir de ahí.

Porque está película habla de terror fantástico, pero podemos citar también otras producciones recientes como La Novia (2017), Mermaid the lake of the Death (2018) o la precuela de esta película, The Queen of Spades: The Dark rite (2015), todas dirigidas por Svyatoslav Podgaevskiy. Y que cuentan básicamente lo mismo. Temas totalmente alejados de los verdaderos miedos de la sociedad rusa.

Y solo teniendo en cuenta que la película no es para nada una cinta arriesgada y que juega en una liga muy cómoda puede decirse que tiene un nivel de producción superior al de las películas de Svyatoslav Podgaevskiy, y que incluso a pesar de ser una cinta total de explotación, la película tiene ciertos momentos de tensión. El descenso a los infiernos de a última parte de la película se realiza mediante un interesante uso de la fotografía, que presenta unos colores muy azules para simbolizar el otro lado del espejo. También podemos citar algún detalle escabroso, como la maldición que cae sobre la chica que tiene sobrepeso y que desde que invoca a la dama de picas es incapaz de comer, teniendo alucinaciones y dándonos seguramente la mejor muerte de todas.

Por otra parte todo lo que son las localizaciones lucen bastante bien en la película, no en vano el rodaje del filme tuvo lugar en un sanatorio de rehabilitación real, El Sanatorio Gertsena, ubicado en la zona de Moscú.

Conclusión

Seguimos con terror fantástico que utiliza muchos elementos de la saga The Conjuring para intentar asustar al espectador ruso. Puede que a alguien le interese ver una película que es una simple imitación de las películas norteamericanas pero hecha en ruso. Servidor espera algo más.
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Kashchei el inmortal
Kashchei el inmortal (1945)
  • Unión Soviética (URSS) Aleksandr Rou
  • Andrei Shirshov, Georgi Millyar, Sergei Stolyarov, Galina Grigoryeva, ...
6
Foclore ruso en la época del exterminio
Kashchei, el inmortal, (1944) se trata de una producción soviética  de corte fantástico dirigida cuando la segunda guerra mundial aun no estaba terminada, por el cineasta Aleksander Rou. La película fue restaurada en el 1980 y en el 2014, celebrando su 70 aniversario, se presentó una versión a color. Aunque la obra original vino estrenada con cierta polémica por las singularidades de la historia presentada con las versiones que existen en los cuentos, para muchos se convirtió en un clásico instantáneo dentro del fantástico.

Al igual que sucede en España con los libros de caballerías o con ciertas etapas históricas que bordean la fantasía (como podría ser ciertos aspectos del Cid), en Rusia, la etapa medieval está aún más sujeta a las interpretaciones fantásticas y menos históricas. Los motivos son variados, pero podríamos señalar que por ejemplo las crónicas históricas son mucho más tardías y menores en cuanto a número. Así que gran parte de la historia rusa, en los años de lo que se conoce como la Rus de Kiev, está basada en leyendas y mitos que tiene mucho de fantástico y poco de histórico. 

Este es el contexto que escoge el filme para contarnos una de tantas historias. La Historia de Kashchei el inmortal. Este se trata de un personaje mitológico (aunque algunos historiadores se preguntan cuanto tiene de ficticio y si hay algún punto de veracidad en sus historias) del folclore eslavo, que siempre aparece como un hombre malvado, que secuestra a una princesa y a pesar de que es inmortal puede morir si se destroza el corazón que tiene escondido en una parte recóndita de la tierra. Hay diversas versiones de esta historia, al tratarse de una leyenda que ha sobrevivido sobre todo gracias a la tradición oral.

Las huellas cinematográficas de Aleksander Rou son ya palpables en esta primera etapa de su cinematografía. Kashchei el inmortal es una adaptación de un cuento popular del folclore ruso, y esto ya de por se es algo típico en este director, quien a lo largo de su trayectoria se encargaría de rodar decenas de cuentos sacados de la tradición popular.

Pero no solo el contenido de la película liga temáticamente con la obra de Rou, sino que también encontramos algunas señas formales que luego el director emplearía (con más y mejor) insistencia en sus futura cinematografía. Es el caso de los decorados y escenarios que emplea la película para ambientar la trama en los diferentes universos. Si bien en el decorado de la primera parte de metraje, en la Rus tradicional, no hay demasiados elementos significativos (los vestuarios y el decorado están sacados de la imaginería tradicional rusa sobre su propio pasado), en la segunda mitad del filme el director puede explayarse más, con decorados muy innovadores para la época, y que construyen mundos mucho más personales y más alejados de la tradición pictórica eslava.

Teniendo en cuenta que nos encontramos con una película claramente dirigida a un público infantil (como siempre en caso del director), los creadores del filme son capaces de elaborar ciertos trucos interesantes. Comentamos un par: El diálogo entre nuestro caballero protagonista diminuto. La cámara se sitúa en un plano medio y nos presenta a los dos protagonistas y aunque sabemos que hay truco, parece que nos encontremos aun auténtico enano. O el vuelo en alfombra mágica, en el que dos de los protagonistas vuelan por los aires, dando una sensación bastante conseguida.

La música, compuesta por el músico soviético Sergei Pototsky, elabora una partitura que sin salirse de los cánones tradicionales, destaca por su magnificencia. Pototsky al fin y al cabo fue un músico que durante gran parte de su vida trabajó como compositor para numerosas bandas sonoras.

Es inevitable  no separar el ambiente bélico que estaba sacudiendo la Unión Soviética de la producción. Como comenta el propio director: "...una película con forma de cuento con la primordial función del patriotismo ruso...un cuento sobre fuertes caballeros, nuestros brillantes antepasados". Algunos han señalado las evidentes semejanzas entre la invasión del maligno Kashchei, que sería evidentemente Hitler, y la defensa del pueblo ruso, encarnizada por nuestro caballero protagonista. Si bien la semejanza entre el líder nazi y Kashchei es algo más discutible, lo que sí es cierto es que la película contiene varias alabanzas al pueblo ruso y enlazadas con un mensaje de lucha y resistencia al invasor, sin ir más lejos, con el coro final con el que termina el filme.

Por cierto, el actor Georgi Millyar dijo que en realidad la película parodiaba parte de Los Nibelungos, la duología de Fritz Lang, que durante el ascenso del Tercer Reich había alcanzado una gran popularidad.

Está claro que una película realizada en la década de los años cuarenta no es un plato habitual para todos. Sin embargo, debido a su corta duración, la película es un buen inicio a la cinematografía del director soviético Aleksander Rou, una de las mentes más imaginativas de todo el siglo XX, y que apenas tiene reconocimiento por haber trabajado en la URSS y con películas de temática infantil.
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El planeta de las tormentas
El planeta de las tormentas (1962)
  • 5,6
    113
  • Unión Soviética (URSS) Pavel Klushantsev
  • Vladimir Yemelyanov, Georgi Zhzhyonov, Gennadi Vernov, Yuriy Sarantsev, ...
7
Venus, la conquista soviética
El planeta de las tormentas (1962) es una de las obras cumbres de la ciencia ficción, no solo soviética, sino universal. Se trata de una pionera que dentro de la ciencia ficción abre un camino que sería notablemente explorado con posterioridad, como serían los viajes cósmicos. La película está dirigida por el maestro Pavel Klushantsev, un cineasta que realizó numerosas películas dentro del género como Road to the Stars (1958) o Luna (1965).

Pocas películas anteriores a el planeta de las tormentas habían prestado atención al propio viaje en sí. Esta es una novedad que aporta Klushantsev y que sería imitada por numerosos filmes soviéticos posteriores. Además podemos comparar el filme con la propia idiosincrasia soviética en contraposición con la visión estadounidense de la ciencia ficción. Y esto ya en los primeros letreros, cuando se nos advierte que la película ha contado con la supervisión de varios científicos que han asesorado el filme. Esto no quiere decir que no nos encontramos auténticas chorradas (ya para la época), como son por ejemplo las apariciones de los dinosaurios (sí, tal y como suena), pero esta son una concesión al espectador medio, que soviético o americano, buscaba desde un primer momento.

Sin embargo, más allá del puro entretenimiento y de deleitar al espectador con dinosaurios y escenas de acción, hay en esta cinta y en general en la ciencia ficción soviética de los años sesenta, un cariño especial por querer mostrar cientos puntos científicos que podrían hacer creíble y realista la atmósfera. Un pequeño ejemplo: Aquí se nos da las condiciones atmosféricas y generales de Venus, con lo que se nos da a entender que los personajes pueden pisar el planeta. En un filme americano coetáneo las explicaciones o habrían sido innecesarias o mucho más cortas. Es más, uno de los miembros de la tripulación es una mujer, algo normal para la URSS (recordemos que la primera cosmonauta mujer fue la soviética Valentina Tereshkova) pero más extraño en el ámbito norteamericano.

La película, que está basada en la novela de Alexander Kazantsev (el escritor que introdujo en la lengua rusa la palabra "extraterrestre"; Interpplanetariy) sigue en realidad gran parte de la obra de Verne. Podríamos decir, que la película combina la visión moderna de la ciencia ficción, como es el viaje por el espacio, con aspectos más arcaicos de aquella ciencia ficción que nos recuerda a autores colosales como Julio Verne. Por ejemplo, la película nos presenta una serie de dinosaurios, como si el planeta Venus estuviera habitado por ellos. Algo, que recuerda novelas como "Viaje al centro de la tierra", donde al fin y al cabo, el viaje tan largo que hacían los protagonistas les llevaba a un mundo prehistórico, que es la misma tónica que nos encontramos aquí.

Y cierto que es un tanto decepcionante en este aspecto, porque después de un inicio ciertamente prometedor con esas conversaciones en el espacio, perdemos reflexión con una bajada más al lodo de la scifi comercial, que nos presenta a los muñecos de los dinosaurios enfrentándose contra la tripulación soviética.

La película cumple uno de los objetivos que se propone, como es la reconstrucción del planeta Venus. Para ello el filme se ambienta en unos terrenos desérticos que unidos a la fotografía de Arkadi Klimov dan efectivamente la sensación de estar otro mundo. Los tonos arananjados, los propios dinosaurios...Todo consigue fundirse en un planeta que teniendo en cuenta los pocos recursos con el que se disponía en aquellos momentos, consigue unos resultados muy satisfactorios.

Y como venía siendo habitual con estas películas soviéticas de ciencia ficción, la obra fue comprada por la productora de Roger Corman, quien hizo un remontaje de la película para que pudiera ser estrenada en los Estados Unidos. El filme se estrenó en el 1965 bajo el título de Viaje al planeta prehistórico (1965), por supuesto sin ninguna alusión a que se trataba de una cinta de producción soviética. 

Conclusión

Nos encontramos ante una película solo apta para el núcleo duro de los amantes de la ciencia ficción. Para ellos la película puede que sea una auténtica joya, tamizada por el exótico gusto de ser una producción soviética.

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La ironía del destino, o goce de su baño (Miniserie de TV)
La ironía del destino, o goce de su baño (Miniserie de TV) (1975)
  • 6,7
    174
  • Unión Soviética (URSS) Eldar Ryazanov
  • Andrey Myagkov, Barbara Brylska, Yuri Yakovlev, Georgi Burkov, ...
8
Disfruten del baño
La ironía del destino o ¡goce de su baño!  es una de las películas más populares de la Unión Soviética. La película, destinada al ámbito televisivo consiguió reunir el día de su emisión el 1 de enero de 1976 a unos cien millones de espectadores. Una auténtica locura, que hizo que la cadena de televisión repitiera la emisión de la película el 7 de febrero del mismo año. Posteriormente incluso llegó a estrenarse en cines. Aún hoy en día, es una de las películas consideradas como "clásicas" del cine soviético, y especialmente del cine de navidad que se consume en las fechas de año nuevo.

La obra de Eldar Ryazanov tuvo un impacto sociológico tremendo. Seguramente, porque el director reflejó de manera cómica el "Zeitgeist" de su época, que además para nosotros resulta doblemente interesante, por no existir ya un país como la URSS. Y es que, y ahora entramos en territorio personal, viviendo en la actual Rusia uno se siente obligado a decir que aquel país que muestran las cintas soviéticas y la realidad no tienen nada que ver, pese a que en multitud de ocasiones, especialmente desde el prisma europeo, se acostumbra a señalar ambos países como un ente idéntico.

Y esta visión que hace la película de su momento, no lo hace desde una perspectiva edulcorada, sino tragicómica. La película utiliza el absurdo de la trama para dejar en entrever no las miserias de la vida durante la URSS, sino como era esta, con sus luces y sombras. Y si bien la película tiene un lado afable, también se encarga el guión de ir soltando algunas pequeñas pullitas, que en realidad no dejan de darle verosimilitud a todo el relato.

Para un espectador soviético la película obviamente tenía un contexto mucho más rico y entendible, y es normal perderse en algunos momentos si no tenemos en cuenta ciertos aspectos culturales. La propia trama por ejemplo, que parece tan absurda (una persona que entra en casa de otra porque las encuentra iguales, aun estando en una ciudad totalmente distinta) no lo es tanto en realidad, puesto que el modelo de vivienda soviético de aquel momento era precisamente el de bloques de hormigón (o como se dice aquí, "Paneles") que formaban edificios iguales y totalmente indiferenciables unos de otros. De hecho aún hoy en día pueden verse en la propia capital si nos alejamos del centro, y sobre todo en cualquier ciudad provincial, donde aún se mantienen en pie este modelo constructivo.

La película tiene unos aspectos técnicos simples pero efectivos. Al tratarse de una película dirigida a televisión, no cuenta con un despliegue de medios demasiado rico, sino al contrario. De hecho, casi la totalidad del filme, exceptuando un par de secuencias (que suceden en un baño y en un aeropuerto) tienen lugar en la casa de los protagonistas. De hecho, la película tiene muchas cosas en común con la obra francesa Le Diner de cons (La cena de los idiotas, 1998) del director francés Francis Veber, y de hecho quien escribe la crítica está seguro de que hay cierta influencia del filme soviético en la película francesa (por ejemplo con las secuencias de equívocos cuando cogen los teléfonos).

La base central de la comedia se basa en ese juego de enredos y de personajes que van embarullando la trama con cada palabra que sueltan. Hay también varios números musicales de canciones interpretadas por los propios actores, algo que era habitual en el cine de este momento.

En una película en la que toda acción sucede en prácticamente un mismo lugar y donde la cámara apenas tiene protagonismo, el papel de los intérpretes es más que básico. Y aquí, el trío de personajes principales cumple sobradamente con los perfiles de sus personajes. El protagonista, Andrey Myagkov, muestra de manera excelente un registro primero cómico (haciendo de borracho) y pasando sin problemas a uno dramático después. La actriz que interpreta a Nadya también es capaz de expresar todos los diversos matices de su personaje, una chica ya mayor para la época, que aún no se ha casado y que piensa que puede perder su tren para siempre. 

Sí, La ironía del destino o goce de su baño es una película totalmente desconocida en España y que por las singularidades identitarias de la película puede hacerse un tanto cuesta arriba, pero si uno va con la mente abierta, puede encontrarse con una de las más agradables películas soviéticas que se hicieron en toda su historia.

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El demonio del desierto
El demonio del desierto (1992)
  • 5,6
    167
  • Reino Unido Richard Stanley
  • John Matshikiza, Robert John Burke, Terri Norton, Chelsea Field, ...
8
De lo material y lo espiritual
El demonio del desierto (Dust Devil, el demonio del desierto, 1992) se trata de una película dirigida por el enigmático director de origen sudafricano, Richard Stanley. La película es una absoluta "rara avis", inclasificable en cualquier género, y que demuestra que a pesar de lo poco que ha dirigido este director, lo cierto es que merece la pena tenerlo en cuenta cuando hablamos de ese cine de género más soterrado.

Dust Devil es una película de aquellas que los cinéfilos acostumbramos a decir "viaje". Más que una narrativa convencional, Stanley se adentra en ese cine que juega en la frontera de lo onírico y lo mitológico. Prueba de ello es la propia primera secuencia, en la que se presenta nuestro personaje. Sin apenas decir una palabra de diálogo se sube en el coche de una mujer. No han dicho nada pero el espectador ya lo sabe todo. Todo fluye, sin necesidad de recurrir al texto.

La película está basada ligeramente en una película que realizó en 16mm el propio director años atrás, un cortometraje estudiantil sobre un asesino en serie que tiene poderes sobrenaturales. Es obvio que Stanley mezcla sus propias raíces africanas (todo lo relacionado con la iconografía del asesino y las pinturas que deja realizadas en la casa de las víctimas) con su propia formación occidental, teniendo en cuenta las circunstancias de Sudáfrica en los años en que creció el futuro director (por ejemplo, las alusiones directas a películas de explotación italianas). La mezcla es esta obra de arte.

Es por todos conocido que Richard Stanley tuvo ciertos problemas para distribuir su película. Rodada en la actual Namibia (la película contó con varios actores y extras del país), los problemas aparecieron especialmente después del rodaje, cuando hubo diversas diferencias artísticas entre el director y la productora sobre la duración de la película. Los productores querían acortarla pensando erróneamente que la obra resultaría aburrida para el gran público, mientras que el director no quería que la película fuera mutilada, porque perdería sentido. Actualmente la versión comercializada que puede verse es la del propio director, después de que tuviera varias disputas con la productora, tal y como aparece en los títulos de créditos finales.

Es difícil hablar de una película como la que presenta Richard Stanley. Ya fijándonos en la gran cantidad de géneros con la que es clasificada en gran cantidad de medios nos puede dar una idea de lo peculiar que es esta cinta. Por una parte, el argumento podría recordarnos vagamente a The Hitcher (Carretera al infierno, 1986), pues empieza con un personaje protagonista que se dedica a asaltar a víctimas mediante la técnica del auto-stop. Pero pronto el guión que firma el propio Stanley empieza a añadir una rica mitología que va derivando el filme de un simple slasher a una obra con una obvia carga filosófica.

No solo porque se desvela que el personaje del autoestopista no es un simple humano, sino que es en realidad una especie de demonio, sino por como el guion emplea este recurso para darle capas y capas. Precisamente lo grandioso del filme es que puede mejorar tras revisionados, porque es una película que tiene muchas direcciones positivas.

Si por algo apasiona y convence la película es por la gran cantidad de recursos artísticos que emplea el filme. Sorprende en un primer momento la fotografía con ese color tan anaranjado que obviamente pretende recrear la sensación de estar en un desierto, luego los planos y la puesta en escena, la manera en como la fotografía hace resaltar elementos mediante el uso de luces y sombras...No hay un solo elemento técnico en la película que no sea realmente digno de mención.

Podríamos empezar hablando de una maravillosa fotografía que firma Steven Chivers. La idea general era sumergirnos en un relato mitológico que tiene lugar en el desierto, y a fe que lo consigue. Sí, obviamente ayuda el hecho de que la película se rodara en Namibia, pero es que la película no se dedica simplemente a documentar un desierto cualquiera. No. La película exagera los estereotipos que el espectador pueda tener sobre el desierto y la calor inhumana para presentar un cuadro que está más allá de lo real. Estaos ante un ambiente fantástico, de leyenda, como corresponde a la propia temática del filme. Esos tonos naranjas que emplea la película se acaban convirtiendo en una seña de identidad absoluta.

Pero no estamos ante una película que se quede estable en este aspecto, sino que la fotografía varia cuando tiene que hacerlo. Es el caso de las escenas en las que el "Demonio" se alimenta de sus víctimas, donde la fotografía pasa a un tono nocturno que opta por colores aparentemente más fríos pero que siguen teniendo una potencia tonal. O esos colores rojos que el director asocia directamente con la magia y el chamanismo, con las secuencias que tienen lugar en la cueva.

También ayuda a la inmersión atmosférica esos planos generales que nos presenta el cineasta de los paisajes de Namibia, aderezados con la música de Simon Boswell y la fotografía de Steven Chivers. No son los típicos planos que simplemente buscan rellenar metraje. Son composiciones estéticas de primer orden que dan coherencia argumental a la película.

A pesar de que la película no lo remarca excesivamente, se puede observar de manera evidente los problemas y tensiones sociales que estaban sucediendo en el lugar representado en el filme, Namibia. El país, que fue ocupado por Sudáfrica, realizó también políticas de segregación racial, que pueden verse en varias escenas de la película, y que poco a poco muestran una conclusión también espeluznante, como es la absoluta incompatibilidad entre la raza blanca y la raza negra en el territorio africano.

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Despertando a Zodiac
Despertando a Zodiac (2017)
  • 4,2
    265
  • Canadá Jonathan Wright
  • Shane West, Leslie Bibb, Matt Craven, Stephen McHattie, ...
5
Nunca desenmascares al hombre del saco
Mientras escribo esta crítica tengo en mi mesilla de noche un libro con un hombre enmascarado en portada que me mira fijamente. El autor es Robert Graysmith y el libro es "Zodiac", una investigación sobre uno de los asesinos en serie más fascinantes y siniestros que ha dado la terrible historia del crimen, en parte porque sus crímenes nunca se resolvieron. Y si uno ha llegado a una película como Awakening the Zodiac (Descubriendo a Zodiac,2017) es precisamente porque el tema ya lo conoce de antemano y se siente oscuramente atraído por esta figura. O también puede ser que se haya perdido por internet, todo es posible.

La película es una píldora, un regalo a todos los que nos hemos preguntado quién era realmente Zodiac. En este sentido, es imposible decepcionarse, sabiendo que estamos ante casi un fanservice, dedicado, sino al asesino en serie, a los propios espectadores, que son al fin y al cabo los propios investigadores de la película.

En los convulsos y psicodélicos finales de los años sesenta se produjeron en los Estados Unidos, una serie de crímenes que causaron una auténtica conmoción en la opinión pública. Podemos citar a la familia Manson, o el caso que nos atañe, los crímenes del Zodiaco. Una figura que a diferencia de los criminales habituales, envío varias cartas a la policía y a varios diarios vanagloriándose de sus crímenes. Aún hoy en día se siguen elaborando teorías sobre los posibles asesinos que se escondían detrás de la máscara...¿Arthur Leigh Allen? ¿Richard Gaikowski?

El problema principal que tiene la película es que en el 2007, David Fincher estrenó su perfecta Zodiac (2007), que adaptando la novela de Robert Graysmith ya mostró todo lo que podía mostrar el cine sobre esta figura. Teniendo en cuenta esto, Descubriendo a Zodiac realiza un camino un tanto fanservice enseñando una teoría que incluso algunos investigadores han señalado como posible...¿Qué pasaría si el Zodiaco estuviera aún vivo? A partir de esta premisa el director explota un camino que es lo bastante disfrutable para los que aman la crónica negra.

También es cierto que la película es una clara "explotación". Pero ella misma lo admite casi desde el primer tercio, cuando se nos presenta las cintas que el propio asesino grabó cuando cometía los crímenes. Descubriendo a Zodiac le da precisamente esa ración de morbo que estaba buscando el espectador, pero sin caer en lo grotesco y teniendo bastante buen gusto en su primera mitad.

Tenemos a tres protagonistas principales. Dos de ellos son una pareja. Él es interpretado por Shane West (Mick), y es el ejemplo de "white trash" que tenemos todos en la cabeza. Vive en una caravana y se gasta todo el dinero en comprar los típicos contenedores de porquería que se subastan en los programas americanos que tanto hemos visto por television. Su pareja, interpretada por Leslie Bibb (Zoe), está harta, pero en el último contenedor, el propietario y el tercer protagonista, interpretado por Matt Craven (Harvey; propietario de una casa de empeños), encuentran una serie de latas de vídeo que parecen pertenecer al asesino del Zodiaco, que se grabó en su momento mientras asesinaba a sus víctimas.

Este primer punto de partida, con unas cintas snuff, es realmente prometedor, y a pesar de que no se explota en demasía, sin duda es de lo mejor de la película. Luego todo esto llevara al nudo de la película, donde el filme se centra en la investigación.

Descubriendo al Zodiaco es una película que va de más a menos. De igual manera en que empieza con mucha mitología propia del asesino y la va derivando a una investigación policial de tres al cuarto, donde cada vez más todo lo interesante del asunto se va diluyendo en un mar de mediocridad. No es que todo sea horrible, pero la idea y el punto de partida quedan totalmente superados, y apenas hay guiños que ni siquiera son demasiado interesantes.

Si precisamente hay algo que hace inmortal a personajes ya propios de la cultura popular como Zodiac o a Jack el Destripador es que son personajes anónimos. No los conocemos, porque no son humanos. Son una encarnación de la maldad y de la miseria humana. Si la gente supiera la verdad el mito se vendría abajo. Y precisamente es lo que hace mal la película, mostrándonos una investigación que termina no sólo prosperando, sino también enseñándonos al propio asesino. La magia se rompe en este tercio final donde además la película acaba convirtiéndose en un corre que te pillo sin demasiada gracia (lejos del suspense que podía darle Fincher en su obra).

Conclusión

Descubriendo a Zodiac no es una obra maestra. Ni siquiera es una buena película. Pero tiene la gracia de aquellas obras de las que resulta más apasionante hablar horas y horas sobre el tema que tratan que sobre la propia película en si. En todo caso, si el que lee estas líneas es aficionado a la crónica negra, esta es indispensable

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El maniquí
El maniquí (1962)
  • 6,9
    69
  • Suecia Arne Mattsson
  • Per Oscarsson, Gio Petré, Tor Isedal, Elsa Prawitz, ...
3
Muy mayor para jugar con muñecas
Vaxdockan (El Maniquí, 1962) es una película sueca dirigida por el cineasta Arne Mattsson, que nos presenta una trama perturbadora y extraña, sobre un vigilante nocturno que se obsesiona con un maniquí, pero que finalmente no cumple las expectativas.

Después de un prólogo con voz en off donde nuestro protagonista se presenta, arranca la película. El personaje principal de la película es un vigilante nocturno, interpretado por Per Oscarsson (de hecho él se lleva casi todo el metraje de la película con su interpretación), que se siente totalmente solo en el mundo. Como es sueco, en vez de socializarse con la gente que tiene alrededor, decide coger un maniquí del lugar donde trabaja y fantasear con que este es su esposa. La trama seguirá esta línea, jugando entre la fantasía (¿Estará realmente viva la muñeca?) y el suspense (¿Será todo una fantasía producida por la mente enferma del protagonista?). Los vecinos se acabarán inmiscuyendo, y empezarán a dudar de la salud mental de nuestro protagonista...

Hagamos un ejercicio un tanto pueril. Pensemos cuáles son los tópicos sobre una película de una país como Suecia. ¿Qué tenemos? Lenta, tediosa, introspectiva, deprimente...Pues todo eso es El Maniquí. Pero claro, eso per ser no sería malo (cuantas películas de Bergman pueden definirse con los adjetivos anteriormente citados)...si no fuera porque parece que la película es una obra de autor pero hecha por encargo. No hay ni un atisbo de genialidad en lo que a priori podría ser una premisa tan sugerente. Parece más bien una parodia de las películas de autor de la cinematografía sueca, puro esperpento.

Empecemos con los dos aspectos más desastrosos. Por una parte tenemos los diálogos. Son seguramente lo más artificioso que un guionista pueda escribir. Si por ejemplo un personaje se encuentra mal, él mismo nos lo dirá a la cara, sin masticar, "Estoy mal". Pues esto se repite toda la película. Ya nos habíamos enterado desde el primer minuto en que el protagonista da su discurso, de que está solo en el mundo, no era necesario repetirlo a cada segundo. Y esto no solo sucede con el protagonista, sino con todos y cada uno de los personajes, incluida el de la chica maniquí. Lo mínimo que hace el espectador ante una literatura tan pobre es reírse, si no caer por el estupor de lo que está contemplando.

Y luego tenemos una factura técnica pobrísima. Todo lo relacionado con puesta en escena, fotografía, diseño, es de película de serie Z, para la década de los sesenta. La fotografía en ocasiones ni siquiera ayuda a la narración de la propia película, estorbando más que ayudando a la fluidez de esta. No hay nada digno de mención en ella, por más que puerilmente haga un vano intento de asociar la oscuridad del piso y de la casa con el estado mental del personaje. ¿Y qué decir de la puesta en escena? La monotonía y la falta de creatividad son sinónimos de esta cinta.

Seguramente lo único que merece ser destacado son algunos momentos muy puntuales, que ayudan a crear una atmósfera de auténtica enfermedad mental. Pero más que los diálogos entre el chico y el maniquí, son las intromisiones de los vecinos en la vida de nuestro protagonista donde podemos ver un mensaje claro de un país que se encuentra sumido en un estado de desconfianza y de frialdad máxima. El actor Per Oscarsson hace también una notable interpretación, pero la película no se puede sustentar plenamente en el actor, porque está prácticamente solo en esta obra.

La sensación final que se le queda a uno es que Arne Matsson pretendía hacer una película mucho más profunda de lo que finalmente se obtuvo. Por mucha palabrería que utiliza el filme, no hay una visión personal detrás de ella, e incluso cuando se pretende dar un mensaje, se hace de manera precipitada, como es el final de la película donde uno de los vecinos (la propietaria) da un discurso masticado dirigido totalmente a cámara.

Conclusión

El maniquí no es una buena película. Y esto demuestra que una película solo por pertenecer a lo que clasificamos como cine de autor no la convierte automáticamente en una buena obra. Sí aun así el espectador quiere decidirse por sí mismo y ver esta supuesta rareza (que en realidad no lo es tanto, pues ya el cine de género había tocado temas parecidos treinta años antes), adelante.

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Klassik
Klassik (1998)
  • Rusia Georgiy Shengeliya
  • Sergey Nikonenko, Juozas Budraitis, Aleksey Guskov, Valentina Telichkina, ...
6
Una partida de billar
Klassik (1998) es una película rusa dirigida por Georgiy Shengeliya y que surge a rebufo de todo el cine negro que se hacía en Rusia en la década de los años noventa. La película se rodó enteramente en la ciudad de Súzdal y ha ido ganando con el tiempo un estatus de película de culto entre algunos espectadores rusos.

La película en realidad tiene bastantes similitudes con películas como El golpe (1973) de George Roy Hill, donde los engaños y los giros de guión están a la orden del día. En un prólogo rapidísimo se nos presenta a un mafioso, interpretado por Juozas Budraitis (Savitski), que mantiene un negocio de billares. Recibe la visita de un hombre de negocios que le propone donar dinero a otros exjugadores de billar ya mayores, para una acción benéfica, diciéndole que otras autoridades del billar de otras ciudades ya han accedido. En un momento, Savitski acepta, pero después de dar el dinero ordena que asesinen al enviado y recojan el dinero. Sin embargo este sobrevive y reconoce a los hombres de Savitski, pidiendo a sus superiores venganza contra Savitski. Y esta se hará...pero de manera elegante.

Todo esto contado anteriormente sucede en los primeros cinco minutos. A partir de ahí, los representantes de los billares escogen a "Klassik", un jugador experto de billar de gran fama, interpretado por Sergey Nikonenko, y acompañado de su guardaespaldas Yuri, interpretado por Aleksei Guskov, para que recuperen el dinero perdido en una partida de billar. Pero las cosas no son como parecen...

El cine negro fue uno de los géneros que más predominó en los años noventa en Rusia, siendo un espejo de una sociedad donde las mafias actuaban a plena luz del día y estaban involucradas en la sociedad de una manera natural. Esto propició un subgénero de mafias que a pesar de que bebía mucho del cine de Hollywood, tenía aun más singularidades propias del país. No teníamos un cine glamouroso, como el de Scorsese, sino más bien un cine sucio, desde temática pasando por aspectos técnicos (buen ejemplo es la fotografía empleada en todas estas obras, incluida Klassik). La mayor cima de este cine fue Brat (1997) y su secuela, Brat 2 (2000), dirigidas por el gran cineasta Aleksei Balabanov.

La cinta que nos atañe hoy la podemos clasificar dentro de este cine de mafias, aunque es cierto que difiere en ciertos sentidos de la duología de Brat en el sentido de que a pesar de que sí es cierto que trata el tema de mafias (y que además se aprovechan de esa ausencia de poder que supuso la caída de la URSS), lo hace desde una perspectiva muy pulcra. Casi que el título, Klassik, da una buena pista de lo que tenemos por delante: Una historia clásica de engaños, aunque ambientada en un escenario un tanto peculiar. Pero aquí, a diferencia de Brat, no hay un lenguaje particularmente soez ni violencia explícita. Todo en cuanto a temática se refiere se mantiene dentro de los códigos clásicos.

A pesar de que como decíamos, la película trata de amoldarse al cine clásico y despuntar con algunas secuencias donde la cámara es la protagonista (como varios travellings donde hasta un espectador poco curtido se dará cuenta de que la cámara tiene un movimiento que destaca por encima de la historia), el resultado es muy irregular. Porque si bien si destacan algunas escenas que demuestran una eficiencia notable, otros aspectos técnicos cantan en exceso. Es el caso de un montaje que en algún momento cae en un fallo de raccord bastante grave e imperdonable en una película que además pretende ser tan seria formalmente y emular a los thrillers americanos. También hay que destacar para mal el desastroso uso de la música que hace la película, una banda sonora que parece hecha por aficionados y que puede sacar totalmente al espectador de la película.

Conclusión

Nos encontramos ante una película bien valorada por el público ruso, pero que para nosotros huele a producto mi veces visto. Si merece la pena su visionado es por el trío de actores principales, que hacen que la película tenga algo más de caché.


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El moderno Barba Azul
El moderno Barba Azul (1946)
  • 6,1
    64
  • México Jaime Salvador
  • Buster Keaton, Ángel Garasa, Luis G. Barreiro, Guillermo Bravo Sosa, ...
5
Buster Keaton visita México
Años cuarenta, México. Jaime Salvador dirige el moderno Barba Azul. Hasta aquí todo normal, una comedia más como tantas se dirigían en aquella época. Pero al ver el reparto uno se queda a cuadros: Buster Keaton, como actor principal. ¿Que demonios hace el actor americano en una producción tal localista? La película se estrenó en México en el 1946, pero en Estados Unidos no llegó al mercado doméstico hasta el 1983, cuando se comercializó por parte de la distribuidora Cantharus Productions en VHS, con el nuevo título de Boom in the Moon y con una versión mutilada en metraje y con doblaje.

Todo cinéfilo que se precie sabe que los últimos días de Buster Keaton no fueron precisamente un camino de rosas. Después de la irrupción del cine mudo, el actor quedó en el olvido como tantas otras celebridades. Apenas apareció como personaje protagonistas en películas y sus actuaciones quedaban relegadas o bien a cortometrajes o bien a papeles cómicos en un segundo plano. Por no hablar de la enfermedad del alcoholismo que desarrolló ya en sus últimos años. En este decadente contexto sale una película tan extraña y bizarra como es El moderno barba azul.

Como si de un cementerio de estrellas se tratara, México acogió con los brazos abiertos a la antigua estrella Hollywoodiense y le dio un papel principal, de hecho, el único que tendría el actor en esa década. El problema es que la incomunicación queda patente en el filme. Viendo la película uno sabe que lo más gracioso seguramente fue el propio rodaje, que seguramente debió ser un caos absoluto.

La película es una curiosa mezcla de géneros. Por una parte tenemos la que ocupa la mayor parte del metraje, como es la comedia. Pero también nos encontramos con una trama de ciencia ficción, que pueda resultar como mínimo sorprendente. El personaje de Keaton es un soldado de la Segunda Guerra mundial que llega a México pensando que está en Japón. Viéndose vencido por superioridad numérica se entrega a las autoridades mexicanas, que lo toman por un asesino en serie (Barbazul) y en la cárcel se encontrará con un auténtico pillo, como es el personaje que interpreta Ángel Garasa. Sin embargo, un científico le propondrá a nuestros protagonistas la conmutación de la pena de muerte si realizan un viaje a la Luna.

El problema principal de la película no es de Keaton. Ni tampoco de los actores que lo acompañan, quien por cierto, como coprotagonista principal, el actor mexicano Ángel Garasa está a un gran nivel. El problema es que directamente la película llega veinte años tarde, en todos los aspectos. Para empezar, las dificultades de comunicación entre Keaton y los actores restantes condicionan totalmente el filme. El personaje de Keaton, como es obvio no habla español y se dedica simplemente a recitar coletillas cómicas. De tal manera, que apenas existen diálogos inteligentes. Evidentemente la película brilla cuando se recurre a ese humor universal, el mudo, donde los actores principales demuestran estar a gran nivel y tener mucha química entre ellos. 

Sin embargo, el concepto general del filme naufraga totalmente. Y además, la puesta en escena del director Jaime Salvador es mucho más que desafortunada. Apenas nos encontramos con planos estáticos que contrastan con el dinamismo de las mejores películas mudas de Buster Keaton. Y entre ellas y esta, hay más de veinte años de diferencia. Desastre absoluto detrás de las cámaras.

Y lo que podría haber sido una película interesante se convierte en un subproducto de explotación que únicamente cuenta con el papel del célebre actor norteamericano como aliciente. Y si por algo es recordada la película hoy en día es precisamente por esto y por nada más, porque si habláramos de guión, aspectos técnicos, diseño de producción etc...la película no se salvaría bajo ninguna circunstancia.De hecho, hay que hacer un gran salto de fe para poder perdonar a la película ciertos aspectos totalmente incongruentes, como el hecho de que en mitad de la trama el personaje de Keaton empiece a entender las frases de manera mágica.

Quitando el exotismo mexicano, la película no es tan rareza como uno podría pensar. Sigue los modelos del cine mudo y tan célebre que hizo el actor Buster Keaton, pero solo como una mera sombra de lo que supuso. Solo recomendada para los amantes del actor cómico.

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