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El insulto (2017)

El insulto
Trailer
7,2
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Sinopsis
Toni, cristiano libanés, riega las plantas de su balcón. Un poco de agua se derrama accidentalmente en la cabeza de Yasser, palestino y capataz de una obra. Entonces estalla una pelea. Yasser, furioso, insulta a Toni. Él, herido en su orgullo, decide llevar el asunto ante la justicia. Comienza así un largo proceso en el que el conflicto tomará una dimensión nacional, enfrentando a palestinos y cristianos libaneses. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Líbano Líbano
Título original:
L'insulte
Duración
110 min.
Estreno
16 de marzo de 2018
Guion
Ziad Doueiri, Joelle Touma
Música
Éric Neveux
Fotografía
Tommaso Fiorilli
Productora
Coproducción Líbano-Francia-Bélgica; Ezekiel Films / Scope Pictures / Tessalit Productions / Rouge International / Cohen Media Group [USA] / Ciné+ / Douri Films / Centre National du Cinéma / L'Aide aux Cinémas du Monde / Le Studio Canal+
Género
Drama
8
Crítica de El Insulto por Cinemagavia
Según Ziad Doueiri, la idea de realizar la película se originó “de una manera muy tonta” a través de unos hechos reales hace unos cuantos años cuando el realizador vivía en Beirut, en el lado pro-palestino. Allí, un día de repente, cayó agua encima de un trabajador en la calle y empezó a insultar, entonces Doueiri le espetó que eso no estaba bien, lo que provocó que aquel le insultara. Al darse cuenta el director, de que era palestino por su acento, “yo que tengo un talento fantástico para insultar a la gente, y se lo que decir para hacer daño”, le devolvió el insulto de forma maliciosa.

Su exesposa, Joelle Touma, con la que ha coescrito el guion de la película, acompañaba a Doueiri en esos momentos. Ella le convenció para que pidiera disculpas porque se había excedido en el insulto, pero el trabajador palestino estaba tan dolido que no las aceptó. Aunque el director puntualiza que este hecho anecdótico no es realmente lo que realmente le inspiró, “sino lo que he vivido durante estos años en el Líbano…… por lo que en realidad abrí una puerta a todo lo que viví en esos 40 años…”.

Un incidente aparentemente sin importancia que provoca un insulto es el ingenioso pretexto utilizado por Ziad Doueiri para realizar una parábola sobre la reconciliación nacional, y el conflicto entre palestinos y cristianos libaneses. El Insulto se sustenta en la tensa mezcla étnica y religiosa existente en el Líbano y por las cicatrices todavía sin cerrar de La Guerra Civil de 15 años que terminó en 1990. Este país de menos de cinco millones de habitantes de mayoría musulmana esta formado por varias facciones de cristianos que conforman el 40% de la población, a lo que hay que añadir la presencia de casi medio millón de palestinos apátridas, y además, desde hace un par de años, hasta dos millones de refugiados sirios.

Una disputa local entre dos hombres, Toni (Adel Karam) y Yasser (Kamel El Basha) se convertirá en la lucha entre los cónyugues, familias, facciones religiosas, abogados sin escrúpulos, partidos políticos y lo que es más importante en noticia de interés nacional. La metáfora de Ziad Doueiri sobre la fracturación del tejido social en el Libano queda demasiado patente en El Insulto, hasta en la disposicion de los asientos en la sala del tribunal donde vemos a dos bandos claramente divididos y enfrentados amenazándose entre ellos.

Este enfrentamiento desencadena una serie de reacciones en cadena que llevan a ambos protagonistas a ser el centro de una guerra mediática. Su propia seguridad física ahora está en peligro, ya que los extremistas de ambos lados son provocados e incitados por los acontecimientos producidos en la sala de juicio. Tal es la escala de inquietud que incluso el Presidente del Líbano busca intervenir.

El objetivo de El Insulto, según Ziad Doueiri, no es crear polémica ni promover un debate político sino simplemente “quería escribir sobre dos personas sumamente agresivas y enfrentadas entre si, que al final resulta que tienen cosas en común….”. Al final los dos hombres tienen mas cosas en común de lo que creen. Ambos son trabajadores cuya actividad es hacer o arreglar cosas y, además, se se enorgullecen de lo que hacen. Comparten una aversión por los productos importados de China.

Los títulos de crédito del inicio de El Insulto advierten al espectador de que se trata de una película de ficción fruto de la imaginación del director con el fin de no identificar ciertas opiniones que se dan a lo largo de película con el gobierno del Líbano. Ziad Doueiri admite que fue obligado por las autoridades del Líbano a realizar esto, porque sino no le hubieran dejado hacer la película ,” ..es vergonzoso para mi porque no era mi intención..”.

El Insulto también sugiere continuamente que las mujeres tienden a ser menos irracionales y más comprensibles e indulgentes que los hombres, para quienes el honor y el orgullo parecen más importantes que la estabilidad y la creación un ambiente cívico para todos. “….si las mujeres cogieran el poder en el mundo sería mucho mejor……Si en el mundo árabe la mujer llegara a la política seguro que todo seria diferente…..”, afirma Ziad Doueiri. Además, la película tiene mucho que decir sobre la obstinación masculina y la misoginia que se esconde detrás de la aparente igualdad de la sociedad libanesa.

En El Insulto se muestra la dificultad que tienen algunas personas para aceptar la reconciliación y pasar la página a la historia. Los temas tratados son realmente muchos y muy universales: el odio e intolerancia entre pueblos que comparten un mismo territorio y la inquietante relación entre política y religión.

Para seleccionar a los actores palestinos tuvo el inconveniente de la prohibición existente en Jerusalén para realizar cualquier proceso de casting. Por tal motivo, Ziad Doueiri nos cuenta como se vio obligado a utilizar el Skype para llevarlo a cabo.

El guion esta muy bien equilibrado al poner el foco sobre los prejuicios existentes en la actualidad, sustentados por un pasado histórico en el que el papel de víctima en los numerosos enfrentamientos étnicos en el Medio Oriente no siempre queda muy claro y en donde todas las partes tienen cierta carga de responsabilidad.

Desde un punto de vista visual, aunque gran parte de la película tiene lugar en los tribunales, el director adopta un estilo dinámico y visualmente muy elaborado, con un uso intensivo de steadicams. El ritmo de la narración es ágil, dinámico y constante, gracias a los numerosos giros y vueltas de guion durante el metraje que consiguen mantener vivo el interés del espectador.

https://cinemagavia.es/pelicula-critica-el-insulto-seminci/
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38 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El ultraje y la clemencia
¿Qué sabemos los Europeos del Líbano? Poca cosa… de mis remotos años escolares recuerdo que hasta principios de los años 70 del siglo pasado se la llamaba “La Suiza del Mediterráneo”, pero toda esa prosperidad modélica se derrumbó a causa de una cruenta guerra civil que duró quince años (1975 a 1990) – en la que intervinieron también Siria e Israel – destruyendo la loable convivencia que durante décadas habían alcanzado tanto la población (mayoritaria) musulmana como la (muy relevante) cristiana y maronita. Pero Oriente Próximo padece un cáncer incurable y la inestabilidad se ha vuelto endémica, aunque haya conseguido recuperar su posición como centro financiero de la región y goza de un índice de desarrollo humano muy notable, uno de los más altos de todo el mundo árabe. El problema central fue la dañina presencia de la OLP que bajo el belicoso mando de Yaser Arafat convirtió el Líbano en su centro logístico para sus sangrientas e interminables guerras de guerrilla contra Israel.

Este es el marco en el que hay que situar esta cinta: un pueblo malherido, repleto de llagas y amargura, que trata de salir adelante tras los destrozos emocionales y físicos causados tanto por tropas extranjeras como por milicias connacionales. El dolor sigue siendo una sombra espesa y turbia que cubre a unos habitantes que no consiguen olvidar ni perdonar los agravios y zarpazos de la confrontación y el resentimiento. Quizás así sea posible entender – que no excusar – el insulto que inflige un palestino a un cristiano (¿o es al revés?) por una nimiedad sin importancia y que se convierte, como una bola de nieve desbocada, en una avalancha que está a punto de sepultar la paz y sumir en el caos a toda una ciudad. ¿El motivo? ¡Qué más da cuando nos creemos con el derecho divino a ofender!

Película tensa, vehemente y perturbadora que incomoda al espectador desde su inicio y lo zarandea y ahoga hasta el previsible desenlace, en el que una aparente derrota judicial se erige en un éxito íntimo y personal, en una esperanzadora reconciliación anímica que nos permite albergar una tibia esperanza y nos reconforta el corazón. Hay una terrible y peligrosa distancia entre la obviedad y manipulación política de los hechos y la fraternidad honda y cómplice del perdón. Cerrar el duelo del horror es una tarea que puede llevarnos toda una vida, pero siempre saldremos victoriosos si somos capaces de recorrer el tortuoso camino de la compasión y del entendimiento.

La sencillez de la trama es equívoca, porque por debajo de las apariencias bulle un sepultado y correoso rencor. Ese es el éxito de su director y coguionista Ziad Doueiri: manejar con maestría y destreza unos mínimos elementos, convirtiendo una anécdota insignificante en una parábola perdurable y conmovedora.
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41 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil