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An Inspector Calls (1954)

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Sinopsis
1912. La cena de una acaudalada familia inglesa se ve interrumpida por un inspector de policía, que les comunica que una muchacha conocida por todos los presentes ha muerto en misteriosas circunstancias. Parece que cualquiera de ellos podría haber sido el responsable. ¿Pero quién es este inspector y que quiere de ellos? (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
An Inspector Calls
Duración
80 min.
Guion
Desmond Davis (Obra: J.B. Priestley)
Música
Francis Chagrin
Fotografía
Edward Scaife (B&W)
Productora
Watergate Productions Ltd.
Género
Intriga Drama Policíaco Años 1910-1919
8
Habla la sucia conciencia de los poderosos
Entre las más brillantes obras de teatro que he tenido el placer de leer se cuenta, aparte de algunas de Tennessee Williams, ésta de J. B. Priestley, que cayó en mis manos en mi época universitaria. Uno de los libros obligatorios en Literatura Inglesa fue “An Inspector Calls”. No había oído mencionar esta obra nunca antes ni imaginé que iba a zambullirme en una lectura tan apasionante.
Priestley cuestiona la prepotente seguridad de la clase alta, su poder y su hipocresía y derriba su pedestal, situando la acción en un momento muy bien escogido: acaba de empezar el año 1912. No fue seleccionado por casualidad. El siglo veinte empezaba, el progreso industrial y científico-tecnológico auguraba una imparable prosperidad. Los ricos y gente de abolengo pensaban que su estancia en la cúspide de la pirámide de poder no sólo se iba a perpetuar, sino que se marcaría con mucho más encono el lugar que correspondía a cada uno. Los avances permitirían desafiar a la naturaleza y al mismo Dios. El Titanic materializaba en sus lujosas líneas todas las premisas de aquella fe descreída y altiva que creía poder situarse por encima de la mismísima muerte. Con su naufragio, se fue a pique también un espejismo. Los que ya veían la cumbre inmortal por delante se encontraron con que su buque estandarte se hundió en su viaje inaugural, como una risotada de la ironía. Y no contentos con eso, dos años después estalló la primera Gran Guerra europea, una de las muchas que harían del “siglo de la prosperidad” el más devastador.
Pero Priestley sondea la conciencia de una familia acomodada justo antes del hundimiento, de la rotura del dique. Es de aplauso cómo maneja la intriga y el modo, en el transcurso de una sola noche, en que involucra a una familia completa en las trágicas y fatales circunstancias que han derivado en el posible suicidio de una chica.
Con las estrategias de un sobresaliente thriller policíaco, las conciencias se van desnudando y la imponente torre ciega construida tan cuidadosamente por los Birling, por todos los Birling que se creen los dueños del mundo, se cae ladrillo a ladrillo, y deja al descubierto la impunidad con la que actúan, con la que hacen añicos vidas ajenas moviendo un descuidado dedo, dando una desdeñosa orden, cogiéndose una caprichosa pataleta, quitando ligeramente el sustento a alguien, negando ayuda, o jugando a ser piadosos príncipes salvadores de damiselas en apuros (por supuesto no desinteresadamente) para sentirse más hombres. Todo desenmascarado en una noche por un inspector Poole que, la verdad, no estaría nada mal que se presentara sin avisar en unos cuantos millones de casas “respetables”.
Enorme adaptación al cine de una enorme obra poco reconocida. Uno de esos pequeños diamantes muy valiosos que se quedan olvidados en el fondo de un cajón, esperando a ser rescatados.
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12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Las consecuencias de los actos
Basada en una ingeniosa obra teatral de gran éxito de J.B.Priestley en la que un extraño inspector interrumpe la cena de una acomodada familia para hablarles de la muerte de una muchacha, Mary Smith, con la que irán descubriendo - a través de una serie de flashbacks- que todos ellos tienen relación y, de paso, reconstruyendo el recorrido vital de esta muchacha, esta película aparece como una pretendida reflexión sobre el clasismo en la Inglaterra de antes de la guerra con sus rígidas convenciones que, justamente, la guerra acabará por dinamitar. Sin embargo, su excesivo peso teatral, el argumento muy poco verosímil, trufado con elementos de sorpresa y algún toque final fantástico hace que permanezca como un agradable pero inofensivo pasatiempo, impersonalmente dirigido por el, en ocasiones, interesante director británico Guy Hamilton- y sostenido fundamentalmente por la buena labor de los actores en especial Alistair Sim como inspector o el futuro director Bryan Forbes como hijo de los señores Birling. Entretenida.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil