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El gran showman (2017)

Sinopsis
Biopic sobre Phineas Taylor Barnum (1810-1891), un empresario circense estadounidense que fundó el "Ringling Bros. and Barnum & Bailey Circus", conocido como "el mayor espectáculo en la tierra". (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Greatest Showman
Duración
105 min.
Estreno
29 de diciembre de 2017
Guion
Jenny Bicks, Bill Condon (Historia: Jenny Bicks)
Música
Benj Pasek, Justin Paul
Fotografía
Seamus McGarvey
Productora
Chernin Entertainment / 20th Century-Fox Film Corporation
Género
Musical Drama Biográfico Circo Siglo XIX
7
Un buen musical familiar
Este es un musical con más virtudes que defectos. No tiene las ínfulas de La La Land, ni la espectacularidad de Moulin Rouge, ni las canciones de Sonrisas y Lágrimas, ni el dramatismo de los Miserables, y sin embargo funciona razonablemente. Para empezar tiene una duración limitada, lo que frente a todas las citadas le da una ligereza muy atractiva. El guion es muy simple y lineal, lo que facilita su digestión.

Su principal baza es Hugh Jackman. En mi opinión, este tipo es el mejor actor-showman de su generación. Es muy carismático, canta con estilo muy eficaz y transmite múltiples emociones, particularmente la alegría, de una manera contagiosa. No llega al nivel de su Jean Valjean (qué vergüenza que no le dieran el Oscar) pero es un chute de vitalidad para toda la audiencia que se agradece mucho. A su lado, el resto de actores no desentona.

Los números musicales posiblemente no pasarán a la historia, pero están muy bien. Más efectivos los temas corales que los románticos, pero en general pasan todos el corte con holgura.

Esta dirigida a un público familiar. Eso supongo que la hace perder puntos para muchos, pero para otros como el que escribe la hace una película muy interesante en estas fiestas navideñas.

Resumiendo, película musical, familiar, de duración limitada, de guion simple y con protagonista carismático que derrocha simpatía. No se ganará a la crítica ni arrasará en festivales, pero intuyo que dejará muy buen recuerdo en los espectadores que acudan a verla sin grandes pretensiones.
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60 de 72 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La gran seducción
Estamos ante un puro espectáculo de entretenimiento. Finge ser una biografía suavizada y pulida del empresario, político y filántropo norteamericano Phineas Taylor Barnum (1810 – 1891), pero en realidad es un musical trepidante, vertiginoso y edulcorado que sólo aspira a ofrecernos una hermosa función llena de colorido, exuberancia y pasión, sin ahondar ni en complicaciones biográficas ni en los claroscuros psicológicos de su personaje principal, limitándose a encadenar números musicales y coreográficos que recuerdan al barroquismo de Moulin Rouge (2001), por su portentoso despliegue de medios, por sus pletóricos movimientos de cámara, por su febril uso de coreografías imposibles (que hacen pensar en el Circo del Sol), por su rebosante vestuario y su catálogo de personas marginales en busca de su lugar y amparo en un mundo que las ha estigmatizado por ser demasiado raras como para resultar aceptables. En definitiva, nada realmente novedoso ni estimulante… salvo que consigue atraparnos de principio a fin a poco que entremos en la propuesta vitalista que se nos ofrece.

Se le puede reprochar su superficialidad, su nulo riesgo argumental, ético o estético, su incapacidad por desvelar los pliegues recónditos del entendimiento, su miedo al fracaso o a la novedad, pero como mero mecanismo diseñado a entretenernos durante casi dos horas no se le puede censurar que acierte en lo esencial: seducirnos con un arrebato energético que te transporta a un mundo irreal y fabuloso que carece de cualquier contacto con la realidad, una obra que quiere gustar a cualquier precio – incluso el de la deshonestidad – sin importarle que todo resulte tan increíble como habilidoso, tan meloso como bullanguero, tan exagerado como falaz. Se le perdona su incapacidad por transitar el lado oscuro, por ocultar detalles y obviar lo esencial… Pero si lo que pretende es encandilar, ¿a quién le importa la verdad de los hechos?

El alma de la función es un exultante Hugh Jackman, que pocas veces ha brillado a más altura que en esta pieza de cámara llena de fuegos de artificios y trucos de feria, secundado con éxito luminoso por unas bellísimas Michelle Williams, Rebecca Ferguson y Zendaya, todo brillo y embrujo. Quizás quede algo desdibujada y plana la actuación de Zac Efron, pero su personaje carece de sustancia e interés. Habría que mencionar también a Keala Settle interpretando a la mujer barbuda, con una presencia y una voz que encandilan.

En definitiva, repleta de triquiñuelas, artimañas y argucias, pero gracias a una música vehemente, un montaje modélico, un ritmo tan impostado como abrasador, una dirección más atenta al espectáculo que a la naturalidad o veracidad, consigue poner en pie una innegable maquinaria que nos hace vibrar sin descanso. Seamos benevolentes y disfrutemos sin mala conciencia.
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25 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil