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Fahrenheit 451 (1966)

Sinopsis
Fahrenheit 451 es la temperatura a la que arde el papel de los libros. Guy Montag, un disciplinado bombero encargado de quemar los libros prohibidos por el gobierno, conoce a una revolucionaria maestra que se atreve a leer. De pronto, se encuentra transformado en un fugitivo, obligado a escoger no sólo entre dos mujeres, sino entre su seguridad personal y su libertad intelectual. (FILMAFFINITY)
Director
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
Fahrenheit 451
Duración
108 min.
Guion
François Truffaut, Jean-Louis Richard (Novela: Ray Bradbury)
Música
Bernard Herrmann
Fotografía
Nicolas Roeg
Productora
Anglo Enterprises / Vineyard Film
Género
Ciencia ficción Literatura Sátira Distopía Bomberos
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Ray Bradbury
7
El pasado que seremos
Aníbal era un jefe cartilaginoso. Los coleccionistas de sellos reciben el nombre de sifilíticos. Los reptiles son animales que se disuelven en el agua. La hipotenusa está entre los dos paletos. Jesucristo fue bautizado en Río de Janeiro. El pararrayos fue inventado por Frankenstein.

Son respuestas reales de alumnos en exámenes de ESO y Bachillerato. Zoquetes los ha habido siempre, podréis argumentar, la de años que lleva editándose la Antología del Disparate, quién no ha conocido a tipos capaces de decir y escribir las mayores burradas y quedarse tan ancho, no hay para tanto. Ojalá fuera así. Quienes conocemos de primera mano qué se cuece en las aulas de nuestros institutos sabemos que lo que antes era excepción es ahora norma, que la burricie y la mediocridad no sólo no están mal vistas, sino que se premian y se alientan, por democráticas e igualitarias. Cómo mola ser un cabestro. ¿La cultura? Cosa de frikis e inadaptados.

La novela de Ray Bradbury alertaba, ya en 1953, contra la más poderosa de las armas del totalitarismo, la ignorancia. El fuego de los bomberos purifica la angustia del conocimiento, la innecesaria inquietud que pueden proporcionar las letras. La felicidad consiste en ignorar los rincones desagradables de la vida, no saber nos hace inmunes a la inquietud y el dolor. Sin sufrimiento no hay preguntas. Y sin preguntas, ¿quién puede cuestionar el modo en que es gobernado? El keroseno es el perfume de los tiranos.

Truffaut entendió bien el mensaje de Bradbury, y eso es lo que pervive de su película. Frases como “Mientras se les tiene entretenidos son felices, y eso es lo importante” o “Todos hemos de ser iguales” suenan inquietantemente actuales. Píldoras para no sentir y televisores de pantalla plana, a ser posible, tres por hogar: la ausencia de antenas nos hace sospechosos de sedición. Hay que relacionarse, aunque sea con gestos y palabras inútiles y banales.

Y sin embargo, corremos el riesgo de tomárnosla a broma. Porque no es una gran película. Porque atufa a años 60. Por sus zooms y sus veleidades psicodélicas y sus rojos chillones. Por esos modelitos y esos bomberos y esos camiones que parecen salidos de Legoland. Porque a pesar de la música de Bernard Herrmann y de la amistad de Truffaut con Hitchcock, no hay apenas suspense y el ritmo brilla por su ausencia. Por su final soso y discursivo. Cuando la vemos ahora, corremos el riesgo de creer que esta peli pertenece sólo al pasado. Qué error cometeremos.

Atenas fue fundada por César octavo a gusto. La vaca es un derivado de la leche. Un polígono es un hombre con muchas mujeres. El sujeto que no aparece en la oración es epiléptico. Quevedo era cojo de un solo pie y Góngora culturista. De los huevos de las ranas salen los cachalotes. Reíd, reíd. Asomaos un momento a la calle. Echadle un vistazo a la tele. Entrad y salid de cualquier red social. Volved después a mirar esta peli. ¿Os reís? Éste, y no otro, es el pasado que seremos. Y cuánto deseo equivocarme.
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8
CIENCIA FICCIÓN CON INTERROGANTES
A finales de los 60 algunos empezábamos a hacer nuestros “pinitos” en un mundo en que, al contrario de lo que ahora sucede, la juventud era una enfermedad que se curaba con la edad. Y esa juventud queríamos un mundo distinto, política y sobre todo socialmente.

En mi mesa de noche reposaba Un mundo feliz de Aldous Huxley y en mis estanterías podían encontrarse libros “prohibidos” como El libro negro de Giovanni Papini ó El retorno de los brujos de Pauwels y Bergier, junto a Las historias extraordinarias de Edgard Allan Poe y obras de H. P. Lovecraft con Necronomicón incluido.

Esa ciencia ficción con interrogantes nos marcó y por eso ha sido muy agradable encontrarme con esta novela de Ray Bradbury llevada al cine por un director de auténtico talento como Truffaut, el cual, a diferencia de otros paisanos suyos y compañeros de fatigas cinematográficas, ha conseguido darle la vuelta a mi instintivo rechazo al cine francés hasta acabar siendo admirador de sus trabajos. Eso si, mi admiración no es ciega ni alocada sino crítica (véase mi comentario a Jules et Jim) y por ello debo decir que Fahrenheit 451 sin ser una obra perfecta consigue plenamente lo que pretende, que es lo mismo que pretendía la novela de Bradbury: Concienciar a la sociedad del gran legado que tenemos en nuestras manos: La cultura. Esa cultura que se concreta en los libros, en la música, en el teatro, en el cine, en el lenguaje... Esa cultura que es la fuerza y la esperanza de la humanidad ante el futuro.

Estoy de acuerdo en que Truffaut nos deleita con algunas “frivolités” técnicas. Esa cámara que se acerca al personaje mediante un triple salto con tirabuzón hasta alcanzar el primer plano, resulta demasiado artificiosa y fuera de lugar. No obstante el montaje es bueno y en su línea a pesar de algún desencuadre perdonable. Los libros, igual que sucedía en La noche americana, no están elegidos al azar sino que se ajustan a los esquemas del director. Los Cahiers du Cinèma ó las obras de Salvador Dalí no aparecen entre ellos por casualidad. Y en general Truffaut da vida de forma digna a la novela de Ray Bradbury acercándola al gran público.

Dicen que lo mejor se deja para el final. Y, aunque lo mejor tal vez sea Truffaut, Oskar Werner y Julie Christie están francamente bien en sus trabajos. Especialmente el primero.
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