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El año pasado en Marienbad (1961)

El año pasado en Marienbad
Trailer
7,5
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Sinopsis
En un barroco hotel, un extraño, X, intenta persuadir a una mujer casada, A, de que abandone a su marido, M, y se fugue con él. Se basa en una promesa que ella le hizo cuando se conocieron el año anterior, en Marienbad, pero la mujer parece no recordar aquel encuentro. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
L'Annèe dernière à Marienbad
Duración
91 min.
Guion
Alain Robbe-Grillet
Música
Francis Seyrig
Fotografía
Sacha Vierny (B&W)
Productora
Coproducción Francia-Italia;
Género
Drama Intriga Romance Nouvelle vague Surrealismo Cine experimental Película de culto
"Fascinante y desconcertante película sobre la que se deja sentir el paso de los años. A medio camino entre la realidad y el sueño, el documental y la ficción, peculiar alegoría sobre la muerte"
[Diccionario Espasa]
8
PAREJA CON ESTATUA, EN EL LIMBO
"El año pasado en Marienbad" es un mundo aparte, un estético limbo.
Cerrado en sí mismo, no remite a una realidad externa. Obra de creación, no representa ni simboliza. Vive entre las bobinas, el proyector y la pantalla, y se actualiza al dar al botón, con reflejos diferentes para cada espectador; incluso para cada vez que un mismo espectador la contempla.

Es película mucho más poética que narrativa; más bien divagatoria, como el pensamiento humano en su funcionamiento natural, que mezcla memoria, imaginación, lógica y deseo.
La trama se reduce a un mínimo:
En un enorme, lujoso y suntuoso hotel de otra época, un hombre se obsesiona por convencer a una mujer de que un año atrás coincidieron en ese mismo lugar, se amaron y se citaron para un año después, el presente de la película. La mujer, que aparenta no recordar ese conjetural encuentro, se resiste al empeño persuasivo y se debate en la indecisión amorosa.

*Cosas que hay en "El año pasado en Marienbad":

-Jardín geométrico con suelo de grava, árboles cónicos y estatuas clásicas.
-Pasillos interminables.
-Frases que flotan en el aire, retazos de conversaciones.
-Un tiempo que arranca y se detiene, arranca y se detiene...
-Gente de etiqueta, uniformada.
-Espejos barrocos.
-Sirvientes mudos.
-Lámparas de araña.
-Montones de secretos.
-Armarios profundos.
(...)

La película es un especulativo ejercicio de estilo, de una apabullante perfección formal, rectilínea y solemne, especialmente en su montaje, trazado a compás (mano maestra de Resnais), y en el ritmo derivado de ese montaje.
De tan perfecta y centrada en sí misma resulta hermética, fascinadora.
Va con gustos encontrar glacial la temperatura del tono, enervante la espectral y reiterativa música de órgano, y un punto pedante el texto, muy de la 'nouveau roman' (que eran el propio Robbe-Grillet, Duras, Sarraute o Butor).

En la edición literaria del guión, Robbe-Grillet desaconseja al espectador la actitud cartesiana, racional, descifradora, y le recomienda "dejarse llevar por las extraordinarias imágenes proyectadas ante sus ojos, por la voz de los actores, por los ruidos, por la música, por el ritmo del montaje, por la pasión de los protagonistas...: en tal caso el film le parecerá el más fácil que jamás haya visto: un film que se dirige únicamente a su sensibilidad, a su facultad de contemplar, de escuchar, de sentir y de emocionarse".
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88 de 102 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Juegos de artificio
El año pasado en Marienbad ha dado lugar a múltiples interpretaciones. Su ambigüedad es tal que cada espectador puede ensayar sus propias claves. Es más, puede ensayar claves diferentes en distintos visionados. Esbozo una: X, el protagonista masculino, es el guionista; quiere modelar la realidad a base de palabras; pero la materia fílmica escapa a su control; de ahí su verbalización compulsiva y enervante, repleta de repeticiones y obsesiva… M, el rey del juego, es el director; el medio fílmico es su medio; distribuye los factores a su antojo y gana siempre; tiene la última palabra en el montaje. A, la mujer, es la película; carece de memoria; la modelan el director y el guionista; el tiempo de su vida es un presente suspendido y virtual. A se debate entre dos polos y, al final, escapa en el espectador.

La idea que acabo de exponer es sólo un juego. Irrelevante o no esencial. Porque la esencia de esta cinta está en su forma, en ese manierismo decadente, en la pulcritud artificial de cada gesto y cada corte. No es de extrañar que a André Breton le disgustara, tal vez por su falta de espontaneidad y exceso de amaneramiento. Tampoco es de extrañar que a Stanley Kubrick le encantara, por su estilización extrema, su configuración de laberinto (narrativo y espacial) y su utilización del travelling.

Escribe David Bordwell en su excelente ‘La narración en el cine de ficción’:

“El argumento es tan enrevesado que hace imposible construir la historia. Los indicadores son demasiado pocos y contradictorios. Cualquier orden que se otorgue a las escenas será tan bueno como cualquier otro; causa y efecto son imposibles de distinguir; incluso los puntos de referencia espacial cambian. Esto podría parecer la auténtica encarnación del sueño de la ambigüedad significativa, pero no lo es. Cuando ya no hay historia que interpretar, cuando ya no tenemos un punto de partida estable para construir el personaje o la causalidad, la ambigüedad se convierte en tan omnipresente que llega a carecer de consecuencias. (…) Al impulsarnos a construir una historia pero a la vez impedírnoslo, la narración de ‘El año pasado en Marienbad’ separa radicalmente la historia «potencial» del argumento y la estructura estilística que se nos presentan.”

Es preferible, pues, renunciar a desvelar la historia y disfrutar de la exquisitez formal y del hipnótico lugar cinematográfico que nos ofrece la película. Observar a los autómatas que pueblan sus recintos. Contemplar bóvedas y espejos. Lámparas y adornos. Amplios jardines con estatua. Entrar en ella como un submarinista en un palacio sumergido. Flotar y detenerse en sus habitaciones, abiertas o cerradas. Sentir el placer de no entenderla. No limitar su arquitectura a un gráfico de barras y ecuaciones.

Cómo nos gusta reducir el arte a una estructura narrativa asimilable. El orden, sin sentido, nos marea. Y todo es orden, geometría, en ‘El año pasado en Marienbad’.

Si has de jugar con ella al juego de los números impares: 7, 5, 3 y 1, retira tú la última pieza. Y deja que sea el cine quien te gane la partida.
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70 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil