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Loving (2016)

Loving
Trailer
6,5
4.555
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Sinopsis
La historia real de Mildred y Richard Loving, una pareja que se casó en Virginia en 1958. Debido a la naturaleza interracial de su matrimonio, fueron arrestados, encarcelados y exiliados. Durante una década la pareja luchó por su derecho a regresar a casa. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Loving
Duración
123 min.
Estreno
20 de enero de 2017
Guion
Jeff Nichols
Música
David Wingo
Fotografía
Adam Stones
Productora
Big Beach / Raindog Films
Género
Drama Romance Melodrama Años 50 Años 60 Racismo Basado en hechos reales Cine independiente USA
5
Falta intensidad.
251/19(18/12/16) Decepcionante drama histórico del prometedor Jeff Nichols (guionista y director), que en su afán de no ser maniqueista, de no navegar por terrenos comunes al tema se pasa de frialdad, no es que sea malo, es que viene abalado por muy buenas críticas y me esperaba mucho más del realizador de “Shotgun stories”, “Take shelter” y “Mud”. Ya patinó este mismo año con la extraña y pesarosa “Midnight special”, un drama de ciencia ficción, ahora da un giro radical para abordar un caso real adentrándonos en un terreno muy surcado por él, el de retratar con acidez la América profunda, inspirándose Nichols en el documental de la HBO “The Loving Story” de Nancy Buirski, el director hace un relato intimista embestido de la épica de la lucha contra las injusticias, ahondando en los amores interraciales, pero desde una óptica seca, adusta, sin efectismos ni artificios, la pareja matrimonio Loving, Richard blanco y Mildred negra, lucharon durante diez años para que su matrimonio fuera legal (se casaron en Washington DC) en su estado natal de Virginia (allí las uniones interraciales estaban prohibidas bajo pena de cárcel), llegando su caso al Tribunal Supremo USA en 1967.
Estamos en 1958 en el estado de Virginia (USA), Richard Loving (Joel Edgerton), trabajador blanco de la construcción en el condado de Caroline , se enamora de una mujer negra, Mildred Jeter (Ruth Negga), tras quedar ella embarazada deciden casarse, pero al ser delito el mestizaje y por consiguiente los matrimonio interraciales en el estado viajan a Washington DC para la boda, vuelven a Virginia a vivir con las padres de ella mientras él hace una casa para ellos, pero entre medias la policía irrumpe en su casa para detenerlos mientras duermen, comenzando para los dos una odisea legal. Tendrán importancia en el relato el sheriff Brooks (Marton Csokas), y los abogados Bernie Cohen (Nick Kroll) y Phil Hirschkop (Jon Bass).

La cinta intenta ser un homenaje a las personas que lucharon por cambiar las leyes segregacionistas (racistas) en los Estados Unidos de la década de los 50 y 60, peros u enfoque minimalista le coarta y restringe la dimensión, entiendo Nichols no quiera caer espacios trillados de retratar una sociedad sureña caricaturesca, ku kux klan, amenazas constantes, vejaciones, violencia latente y explícita, pero en este afán se pasa y se hunde en lo aséptico, parece no quiere ofender mucho a esta retrógrada gente, tan esterilizado está todo que no vemos apenas racismo en la gente, más allá de un sheriff hosco, el enemigo es algo tan intangible como las leyes, que hechas por los hombres, aquí parece hayan caído del cielo, pues parece no haya xenófobos, solo lo son las leyes. Nichols intenta que al espectador le llegue la tensión y la zozobra constante en la que viven los Loving, sus sensaciones de temor, pero esto no me llega, la intensidad sentimental me resulta plúmbea. Quedándome un producto políticamente correcto que tengo la impresión no ha querido molestar a nadie, no arriesga, y lo quiere disfrazar el realizador con sobriedad y contención, queda como un ejercicio didáctico de cómo de cómo pequeñas personas pueden cambiar el mundo, pueden mejorarlo. Aminora la importancia del racismo imperante en muchos estados sudistas USA, tanto que no se habla de las protestas de los oprimidos negros, no se menciona a Luther King o su asesinato, o el de Malcolm X, la marcha del millón de personas en Washington, tan íntimo parece todo que parece solo exista este matrimonio contra el mundo, parece que las leyes racistas solo estén contra ellos, es que no hay más matrimoniaos interraciales?

Tanto es así que Nichols juega al despiste con el espectador, mostrando en un primer tramo, una media hora un micromundo en que se mueven los protagonistas en el que no hay rastro alguno de racismo, para aparecer de modo impactante con el forzamiento de la casa para apresar a los Loving, pero es un espejismo, pues entonces el problema de la intolerancia al mesticismo es presentada como algo impersonal, fruto de la etérea burocracia. Tampoco ayuda el modo gélido en que se nos presenta la relación entre el matrimonio, empezando porque no sabemos cómo se han enamorado en una sociedad racista, ya de inicio son pareja y punto, luego ese modo de comportarse es frío, ella expone sentimientos, pero él es un témpano que parece ni sentir ni padecer, dice en cierto momento a un abogado que en el tribunal diga que ama a su esposa, creerlo es un acto de fe, pues en todo el metraje el parece un robot, se anhela transmitir profundidad psicológica pero esta queda laminada en su vacua impostada intensidad de silencios, nos hay complicidad alguna entre ellos, nunca sonríen, solo vemos melancolía, pesadumbre, ni tan siquiera vemos relación alguna con sus hijos, llegan uno tras otro y ya está, no hay profundidad alguna, no hay amigos que les apoyen, no hay secundarios que refuercen a los protagonistas, bueno, los hay, los abogados Bernie Cohen y Phil Hirschkop (Jon Bass), dos humoristas que no se sabe muy bien que pintan, distorsionan la sobriedad adusta del film, imponiendo un humor un tanto chirriante, un error de casting lastimero, queda atomizado en lo que debiera ser el punto culminante del alegato de los susodichos letrados ante el tribunal Supremo USA.

Como ya he dicho no es que sea mala, es que no me llega, no me toca la fibra sensible, queriendo ser sutil Nichols no sabe tomar la medida, un tema como este merecía mayor dimensión dramática y no es te intrínseco intimismo, donde ni tan siquiera son ellos los impulsores de la lucha contra la ley, son los demás los que le empujan, asociaciones pro-derechos civiles a los que ellos apoyan a regañadientes, bueno Richard ni eso. Fuerza y honor!!!
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37 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La antítesis de Oprah
¿Existe algo más romántico que alguien esté dispuesto a construirte una casa en el lugar de tus sueños? Para que Richard pudiera hacer realidad la promesa que un buen día le hizo a su prometida tuvieron que pasar diez años. No fue por problemas económicos o por falta de empeño. El pecado que impidió a una pareja cimentar su propio hogar consistió en ser blanco y negra en pleno auge racista de la América profunda, hace poco más de 60 años. El matrimonio, que tuvo que sellarse a las afueras de Virginia, fue detenido y condenado a su regreso. El destino, siempre bromista y cruel, quiso que se apellidaran Loving.

El amor es precisamente el que prevalece en esta historia basada en hechos reales que ha querido transgredir en cierta forma los cauces habituales con los que Hollywood tiende a expiar sus pecados xenófobos. Un año después de la polémica por la ausencia de candidatos negros en los galardones más importantes de la industria, llega una película que parecía diseñada para apaciguar el ruido. Si lo hace, esta vez, es por méritos propios. Porque Loving efectivamente denuncia el pasado histórico que sigue sonrojando a buena parte de los estadounidenses, y que reverbera con fuerza en la era Trump, pero lo hace sin los artilugios a los que nos tienen acostumbrados los filmes contra el racismo.

Escenas de enorme crueldad, acento del victimismo en contrapartida, llantos desgarradores, lágrimas. Parece que sólo hay un camino para concienciar al espectador sobre las miserias de la supremacía blanca, como si subrayando el dolor y la tragedia se limpiaran mejor las conciencias de las nuevas generaciones de norteamericanos. Es el mecanismo favorito de Oprah Winfrey, que desde El color púrpura sigue empeñada en financiar los recursos más básicos de la ficción para mantener bien viva su causa.

Jeff Nichols ha preferido seguir otra senda, la de la contención y la sutileza. Los acontecimientos aberrantes se reflejan pero, más que para una sensacionalista recreación, se presentan como el gran escollo de una historia de amor. Porque aquí el protagonismo es cosa de dos. Los rostros de Richard y Mildred reflejan todo el dolor, todo el miedo, el hastío, la esperanza y, sobre todo, todo el cariño. Un amor puesto a prueba que sobrevive a las peores inclemencias, que resiste al tiempo y la barbarie gracias a una sola determinación, la de permanecer siempre juntos.

En las miradas, en la complicidad de Ruth Negga y Joel Edgerton, recae todo el peso de la película, como si Nichols se hubiera marcado como objetivo darle vida a la icónica fotografía de Life que sirvió para denunciar el caso y cambiar el curso de la historia. Dos amantes, ella dulce y perseverante, él escondido en sí mismo, enamorados, que lo único que perseguían era un hogar. Y un final sin grandilocuencias. Sólo un epílogo con una imagen fija y varias sentencias demoledoras, que afligen el ánimo y apenan el corazón, en especial una sola, la más tierna: “Cuidó de mí”. Emotividad y delicadeza. Una alternativa mucho más eficaz para denunciar y combatir el racismo.
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30 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil