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París es nuestro (2019)

París es nuestro
Trailer
3,8
217
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Sinopsis
Una joven vive una turbulenta relación en medio de tensiones sociales, protestas y tragedias en París. Una historia en la que sueños y realidad chocan entre sí.
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Paris est à nous
Duración
83 min.
Guion
Rémi Bassaler, Paul Saïsset, Souliman Schelfout, Elisabeth Vogler
Música
Jean-Charles Bastion
Fotografía
Elisabeth Vogler
Productora
21juin Cinema / French Lab Agency / Les Idiots. Distribuida por Netflix
Género
Drama Terrorismo
3
Chica corriendo de nada
A falta de ver diferentes opiniones y teorías que traten de crear algo sobre esta nada que es la película, y que serán, no lo dudo, mucho más interesantes que la misma, procedo a dar un breve resumen.
Chico drogado conoce a chica drogada. Chica y chico se enamoran. Chico superficial. Chica profunda (no). Chica narra conversaciones. Bueno, chica narra muchas cosas. Imágenes sueltas e inconexas. Imágenes postapocalípticas. Saltos de tiempo. Saltos de realidad (yo que se, espero vuestras críticas). Chica siendo más profunda todavía. Ah, se me olvidaba, chica corriendo de... ¿nada?.

Le pongo un 3 porque bueno... tiene buenas imágenes, por momentos buena banda sonora, es diferente al catálogo que suele ofrecer netflix, y que coño, a lo mejor la película dice algo y yo soy imbécil, le otorgo el beneficio de la duda.
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20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Fran Perea?
El riesgo es algo implícito en los procesos experimentales. En el cine, ese riesgo puede convertirse en un acierto y dar lugar a obras de culto como Memento, Orígen, Interstellar y tantas otras. Pero también corres el peligro de causar indiferencia o zancadillearte estrepitosamente a ti mismo.
Pero volviendo con esta crítica de la película París es nuestro, Lo que creo se necesita para jugar a experimentar con el cine son dos cosas: Un lugar al que llegar y una forma lógica para hacerlo. En ese camino, jugar y romper las reglas dará lugar a una coherencia más que justificada.
Al hilo de lo anterior, encontramos otra de esas apuestas del cine francés y de Netflix: París es nuestro’. Una película independiente financiada en parte con crowdfunding y en la que Elisabeth Vloger ha jugado en dos direcciones. Una, el dotar de una belleza poética, onírica e intimista la fotografía y el lenguaje visual de toda la cinta a través de grandes planos cortos (permítase el oxímoron), planos secuencia, planos imposibles, hipnóticos y en ocasiones psicodélicos; y dos, elaborando una narrativa cinematográfica fragmentada, sesgada y desacompasada en el tiempo a través de un collage infinito de imágenes y escenas que no acaban de crear una estructura sólida.
Si aprobamos sobradamente la primera parte del juego que plantea París es Nuestro, debemos suspender la segunda, ya que se olvida de mantener un equilibrio entre lo experimental y el destinatario final: un espectador que necesita en algún momento encontrar un sentido global a la película.
Le falta tejido argumental que soporte esa historia de amor, ya que el cuidado rodaje visual nos acerca a los personajes pero el malogrado hilo secuencial nos los aleja. Estamos tan dentro de esa pareja que intenta contarnos su relación amorosa como fuera.
El final acaba siendo indigesto porque no conjuga con el planteamiento que nos viene haciendo durante todo el metraje y lo cierto es que la sobrecarga de voz en off y el carácter simbólico y existencialista acaba siendo petulante y cíclico a medida que avanza la trama, si es que existe alguna trama más allá de una chica corriendo hacia algún peligro o huyendo de él.
Y es que al final la sensación que recoge este humilde espectador es que esa carrera era innecesaria. París quería ser de ellos, y ellos ser de París, y crear su vida, como todos, a través de lo que nos rodea, pero en algún momento de la cinta, a Vloger se le olvidó conjugar todo ello de una forma inteligible, por mucho experimento que quieras hacer.
Es obvio que la directora francesa, en esta su ópera prima, se nutre de estilos como el de Terence Malik con El árbol de la vida, o incluso la producción belga-francesa Mr. Nobody, pero no acaba de redondear algo que quizás no estaba redondeado desde el guión inicial. La belleza exterior por sí sola desluce si no tiene esqueleto que la conduzca con rigidez.
Ya como conclusión final, personal y absurda, me ha costado sacar la imagen de Fran Perea de mi cabeza durante gran parte de la película. Ahí queda eso para el que sepa a qué me refiero.
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4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil