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¿Dónde está el frente? (1970)

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Sinopsis
Sátira antibélica sobre los avatares de un hombre que decide formar, por su cuenta y riesgo, un disparatado ejército para aniquilar a los nazis. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Which Way to the Front?
Duración
96 min.
Guion
Gerald Gardner, Dee Caruso
Música
Louis Brown
Fotografía
W. Wallace Kelley
Productora
Warner Bros. Pictures
Género
Comedia II Guerra Mundial
6
La guerra interior de Jerry Lewis
A finales de los años 60, el comediante Jerry Lewis estaba librando una guerra interior con su propia carrera, pues, no sólo la Paramount le había cancelado su largo contrato, sino que su paso por la Columbia apenas le alcanzó para cuatro películas, sólo dos de las cuales pudo él dirigir. Ahora, en 1970, es la productora Warner Bros. la que le da otra oportunidad… y, “¿DÓNDE ESTÁ EL FRENTE?”, se convierte en la última película que el famoso artista puede dirigir en Hollywood. El resultado económico tampoco fue satisfactorio, pues ni al público ni a los críticos consiguió gustarles lo suficiente.

¿Había buenas razones para que se diera este resultado?, ¿Estaba justificado este rechazo? En parte, yo creo que Sí. Primero, porque Lewis fue esencialmente un cómico popular y el sello de su éxito se asentaba principalmente en ese rol de tonto gesticulante que, además de que motivaba muchas risas fáciles, hacía sentir al espectador común que no debía sentirse tan mal siendo como era, pues, en ningún caso, ni él ni nadie podía resultar tan tonto como lo eran sus personajes. Y cuando el clown demostraba luego, que su bobada no era más que pura apariencia, el espectador también se alegraba, porque entonces pensaba que también él podía salir adelante.

En la película que ahora nos ocupa, ya Lewis no encuentra –o no busca- más motivo para regresar a sus muecas que cuando su personaje principal (ahora el hombre más rico del mundo, ¡ya no más el pobretón de antes!) se siente frustrado porque no logra ser aceptado en el ejército.

Enseguida uno se pregunta, para qué ubicar el comienzo de la película en la New York de 1943, si lo que va a contársenos está tan colmado de anacronismos, de transgresiones históricas y de licencias con lo verosímil, que esta comedia no parece más que un arrebato anárquico con el que, Jerry Lewis, pareciera decirnos que, todo lo que se dice sobre la guerra, es tan falso como lo que él mismo nos está contando. Cuando uno nota las escasas diferencias que hay entre los militares alemanes y los americanos, y denota la actitud de ridiculizar a ambos bandos, presiente que en este cuento no se trata de mostrar quienes son los buenos y quienes los malos, sino de que es con mucho dinero que se hace la guerra… y es por mucho, pero mucho dinero, más los eternos afanes de expansionismo, que ésta se lleva a cabo.

Infortunadamente, mucha parte del filme huele a más de lo mismo: Lewis haciendo diversos personajes harto conocidos y con salidas poco novedosas. La inevitable remembranza de viejos filmes: “El maquinista de La General”, “El gran dictador”, “La fuerza de las armas”… Y sólo escasos momentos de un fino humor y de efectiva sátira, pueden descubrirse en un filme que casi resulta aburrido y se sostiene con marcada dificultad.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Donde están las neuronas?
147/04(13/07/18) Hace un año, con motivo del fallecimiento (20/08/2017) del cómico Jerry Lewis, me embarqué en un ciclo sobre su filmografía, no es santo de mi devoción su humor, pero siempre ha habido (en los films vistos estos meses) algún momento estimable que cuando menos me ha sacado una mueca de sonrisa, pero en esta ha llegado al zenit de lo penoso, de lo hastiante, de lo incómodo, y es que a pesar de no tener críticas ensalzables, su argumento me era sugerente, un millonario (encarnado por Jerry Lewis) al no ser aceptado (motivos médicos) para alistarse para luchar contra los nazis en la WWII, decide crear su propio ejército para guerrear en Europa. Esto sobre el papel da para esperar buenos momentos, pero al final se queda en una de las peores películas que recuerdo en mucho tiempo, hora y media perdida en medio de situaciones burdas, muecas insoportables, histrionismo horrendo, gags desprovistos de mínima inteligencia, secundarios-florero. Intenta el director y protagonista quizás navegar en la ola de la exitosa “Los productores” (1967) del también comediante Mel Brooks, riéndose del nazismo, anhela ridiculizar el militarismo, su marcialidad y rigidez, pretende hablarnos de cómo el poder del dinero también está presente en las guerras, quiere reírse del Gran Dictador (en un tramo de vergüenza ajena) creyéndose Lewis un heredero de Chaplin, pero este traje le queda muy, pero muy (...y así hasta el infinito) grande. Aquí lo que produce es bochorno cada una de las situaciones y actuaciones, de los guionistas mejor no nombrarlos, pues entre los dos no suman medio cerebro (en lo de escritores). Utiliza recursos cinéfilos sin ton ni son, como los congelados para acabar escenas, anacronismo sin medida, pues no tienen orgánicamente sentido humorístico. Hay tramos que con potencial parecen hechos con desgana, como cuando el protagonista aprende alemán, o cuando aprende a andar como el militar al que va a suplantar. El colmo de lo inaguantable se da cuando Lewis se convierte en el comandante nazi, todo lo que era sobreactuación se atomiza, dando dentera tanto grito y aspaviento. Siendo para el recuerdo (de lo abominable) momentos como cuando una mujer intenta suicidarse (se supone tenemos que reír? Nos toma Lewis por cromañones?), o cuando en el epílogo se burla racialmente a los japoneses, esto sí que pudo ser motivo de volver un nuevo Pearl Harbor (y esta vez con motivo!!!). Al parecer esta década fue letal para el histriónico cómico y es que tras esta nefasta cinta se embarcó (la dirigió y protagonizó) en uno de los films malditos de la Historia del Cine, la inacabada película “The Day the Clown Cried” (algunas pocas escenas del rodaje se pueden ver online), que narra la historia de Helmut Doork, un payaso que acaba en un campo de concentración por hacer una parodia de Hitler y que se encarga de conducir a los niños a la cámara de gas, sin comentarios.

Dedicarle más tiempo sería darle demasiada importancia, ni despotricar de ella merece la pena. Así que, recomendable a los muy, pero muy, incondicionales de Jerry Lewis (que los hay, de todo debe haber en la viña del señor). Fuerza y honor!!!
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1 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil