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Muchos hijos, un mono y un castillo (2017)

Sinopsis
Muchos hijos, un mono y un castillo son los deseos con los que soñó Julita Salmerón desde niña, y los tres se han convertido en realidad. Cuando el menor de sus hijos se entera de que su madre ha perdido la vértebra de su bisabuela asesinada, guardada a lo largo de tres generaciones, la familia emprende una divertida búsqueda entre los más peculiares y extraños objetos que Julita ha ido acumulando a lo largo de sus más de ochenta años. Pero lo que en realidad Julita está a punto de encontrar es el verdadero significado de la vida. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ España España
Título original:
Muchos hijos, un mono y un castillo
Duración
90 min.
Estreno
15 de diciembre de 2017
Guion
Gustavo Salmerón, Raúl de Torres, Beatriz Montáñez
Música
Nacho Mastretta
Fotografía
Gustavo Salmerón
Productora
Sueños Despiertos
Género
Documental Familia
7
La madre que nos parió
Quince años después de ganar el Goya al mejor cortometraje por Desaliñada, el intérprete Gustavo Salmerón vuelve a ponerse detrás de la cámara para filmar una de las películas españolas más sorprendentes del curso. "Muchos hijos, un mono y un castillo" es la crónica de la propia familia del director, una prole que controla una matriarca, Julita Salmerón, que se convierte, seguramente a su pesar y para divertimento de la audiencia, en la gran estrella de la función. Salmerón se sirve de videos caseros para contarnos el devenir de sus padres y la ruina que, por culpa de la crisis, obliga a abuelos, hijos, nueras y nietos a abandonar el castillo donde han vivido muchos años. Durante la mudanza, Salmerón saca a relucir la personalidad inabarcable de su madre, el Síndrome de Diógenes que sufre la anciana, su obsesión con la comida y la búsqueda, macguffin premeditado de la "docuficción", de las vértebras de sus antepasados. El director, coprotagonista junto a sus allegados, no tiene miedo a enseñar sus propias miserias, a la vez que no rehuye el recuerdo de un pasado ingrato y guerracivilista que la película evoca desde el esperpento festivo, pero también con dureza. Ahí reside la magia de esta pequeña gran obra: "Muchos hijos, un mono y un castillo" es una broma privada de espíritu exhibicionista, y al mismo una historia de decrepitud. Tan cutre como adictiva. De una espontaneidad estudiadísima. Tremendamente divertida y de regusto profundamente amargo. Julita Salmerón, que abre la película sentada mientras come con fricción un vaso de leche con galletas, cierra la película tumbada en su nueva cama, con un monólogo que parece retar al olvido y a la muerte. Ella es la gran revelación de nuestro cine. La nueva Carmina, si se quiere. El corazón de una rareza cinematográfica, tan sigular como su título, que arrancará la carcajada y se ganará el cariño de una amplia mayoría.

@CinoscaRarities http://cachecine.blogspot.com
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25 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Una madre, una familia, una fortaleza
Tengo casi la misma edad que Gustavo Salmerón y, quizás por ello, he conectado con su propuesta: una crónica sobre su madre Julita, sus cinco hermanos, su padre ingeniero, sus vicisitudes y avatares, sus peculiaridades y rarezas, sus idiosincrasias y veleidades, sus pomposas e innumerables manías y sus agudos desplantes verbales. Es el retrato – entre grotesco y jaranero – de toda una generación, fruto del desarrollismo, de las postrimerías del franquismo, incapaz de renunciar a sus contradicciones y deudora de un pasado que ni quiere ni puede borrar u olvidar y cuyas sombras siguen empapando de lágrimas y dolor el recuerdo de algunas personas que asistieron a la masacre fratricida que asoló España en los años treinta y que marcó el despertar, confuso y vacilante, de nuestros perplejos progenitores.

Además no deja de ser significativo que el eje vertebrador del relato lo constituyan unas vértebras perdidas de la madre muerta de la madre superiora protagonista, que ejemplifican los esqueletos insepultos que bullen en casi todas las familias españolas, tanto de forma consciente o inconsciente, con independencia del bando al que pertenecieran. Querer obviar esta realidad es negar la evidencia de los hechos y echa por tierra la tan infausta como parcial “memoria histórica” oficial que pretende proclamar por ley que las víctimas se adscriben siempre a un sólo bando (los vencidos) y sus verdugos pertenecen, por decreto y sin matices, siempre a facción de los vencedores de la guerra civil. Jugar con la historia, reescribiéndola o manipulándola, es desconocer la desdicha lacerante de unos hechos que corroen y socaban la paz de los cementerios. Y el gran acierto de esta obra es que bajo la apariencia de comedia esperpéntica se da voz y cuerpo a la terquedad de unos acontecimientos que merecen ser inhumados (¡qué duda cabe!), pero no con las falacias de un leguleyo, sino con los matices que requiere la compasión.

Por esto este documental sobre una mujer arrolladora – singular, exuberante, paradójica e inclasificable – es también una representación de todas las historias que merecen ser contadas pero que corren el riesgo de perderse. Y lo hace con humor, con ternura, con perspicacia, con humanidad y, sobre todo, con amor. Hablar de nuestra estirpe, de nuestro linaje, de nuestro clan no resulta tan fácil como pudiera parecer. Se requiere una mirada limpia de prejuicios, atenta a los detalles y abierta a los despropósitos… pero recubierta de delicadeza, afecto, suavidad y mimo para no hacernos olvidar que somos la suma de nuestras discordancias, errores y éxitos, que olvidarnos de nuestro pasado es falsear nuestro presente.

Y sobre todo estamos ante una gran comedia, llena de apego y adoración, libérrima y caótica, repleta de vida y pasión, abierta al misterio.
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23 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil