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Una razón para vivir (2017)

Una razón para vivir
Trailer
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Sinopsis
Cuenta la historia real de Robin (Andrew Garfield), un joven atractivo, brillante y aventurero cuya vida da un giro drástico cuando la polio le deja paralizado. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
Breathe
Duración
117 min.
Estreno
17 de noviembre de 2017
Guion
William Nicholson
Música
Nitin Sawhney
Fotografía
Robert Richardson
Productora
The Imaginarium Studios
Género
Drama Enfermedad Basado en hechos reales
7
El gran enemigo.. La polio
Basada en la historia real de Robin Cavendish, está producida por su hijo y es el primer largometraje que dirige Andy Serkis famoso por dar vida a personajes inolvidables como Gollum de “El señor de los anillos” o César de “El planeta de los simios”.

Un precioso drama romántico de un hombre que logró vivir durante 40 años conectado a un respirador con la ayuda de su mujer y grandes amigos. Andrew Garfield se mete en la piel de Robin que prácticamente toda la película sale postrado en una cama pudiendo solo hablar y gesticular con la cara, un grandísimo papel que podría tener nominación al oscar.

Para el papel de su devota esposa Diana está Claire Foy famosa por interpretar a la reina Elizabeth en la serie de Netflix “The Crown” ofrece una actuación frágil y con mucha sinceridad.

El guionista William Nicholson deja a un lado las cosa negativas, ciñéndose a contar una historia optimista que consigue conmoverte en muchas ocasiones dando como resultado un film elegante y hermoso.

Quizá no sea un trabajo tan serio como el de Javier Bardem en “Mar Adentro” o el de Eddie Redmayne en “La Teoría del todo”porque el tono de la película es más buenrollera de lo esperado. Eso sí puedo decir que al final se me ha puesto un nudo en la garganta y he soltado unas lágrimas.

Me sobra la escena que se quedan varados en un pueblo de Tarragona…
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Crítica de Una Razón para Vivir por Cinemagavia
Robin Cavendish (Andrew Garfield) es un despreocupado joven que se enamora perdidamente de Diana (Foy). Aún con las suspicacias de la familia de ella sobre su futuro deciden casarse y marcharse en un viaje esplendoroso a África. Tenían toda la vida por delante y Diana le da la noticia de que están esperando un bebé.

Repentinamente, a sus 28 años, Robin se enferma de polio y queda paralizado del cuello para abajo.

Sin escuchar los avisos sobre la inevitable y rápida muerte de Robin, y tras la frustración inicial, ambos deciden enfrentar esa situación para tener una vida juntos y ver crecer a su hijo.

De esa manera los Cavendish inician su aventura en la que además, apoyados por los hermanos de Diana, (Tom Hollander, haciendo papel de gemelos ayudado por la magia digital, lo cual sin duda fue una licencia poética de Serkis) y con la creatividad de Teddy Hall (Hugh Bonneville) implementarán una silla transportadora que ayudará a miles de pacientes paralizados por la polio.

A decir verdad, Una Razón para Vivir es el prototipo de la “feeling good movie”: los actores principales son bellos, las locaciones incomparables, el diseño de producción impecable y la fotografía es dulce; además el tema principal, (la lucha contra la adversidad y el desafío de las posibilidades humanas) es uno de los temáticas consentidas del público. Sí, no hay nada feo en toda la película, es cierto.

Lo que habría que apuntar es que Serkis es muchísimo mejor actor que director. Gracias a él la presencia y la vida de sus más famosos personajes han llenado la pantalla. Todos recordamos su impecable Gollum y su famoso “my precious”.

Sin embargo, acá no logra hacer proyectar por completo a su protagonista esa alma que trascienda la pantalla, lo cual es singular, porque el año pasado vimos a Andrew Garfield en “Hasta el Último Hombre” (Hacksaw Ridge) dirigido por Mel Gibson y su desempeño le valió una nominación a mejor actor protagónico.

Pareciera que las libertades y la enorme creatividad de Serkis, quien ha conseguido a pulso su renombre actoral protagonizando sin que aparezca su rostro real en pantalla en sus creaciones digitales, explotando al máximo su ilimitada capacidad de gesticular y moverse, se vieron demasiado tímidas y reservadas al momento de manejar a sus actores.

El contenido temático de Una Razón para Vivir, ya de por sí, dirige al espectador a la empatía ante la tragedia, y sin duda se espera poder paladear la influencia de Serkis en la actuación de Garfield (máxime si se basa fundamentalmente en sus reacciones faciales) pero eso no sucede en la medida que uno podría imaginar.

Garfield se esfuerza, porque casi toda la película solo puede actuar con su rostro, pero la trama no se inclina por los malos ratos, sino por los triunfos. Dando la impresión de que el objetivo de toda la historia es mantener los ojos húmedos por el legítimo sentimiento de compasión, (regalado por el tema) y dejando de música de fondo hacer vibrar la admiración por la determinación y la gran historia de amor que se presenta. No se tocan otras complicaciones, el dinero no es problema y todo parece resolverse mágicamente, todos los personajes enfrentan todos sus sin sabores armónicamente, casi todo el tiempo.

Obviamente se entiende que la película es un homenaje familiar hacia la figura de Robin Cavendish (El productor es su hijo) y está bien, pero en el trayecto se dejan sin respuesta varias incógnitas sobre la vida de los personajes para presentar solo lo “lindo” “lo sano”, “lo aséptico”. No hay casi lugar para los malos momentos.

Es cierto que Garfield y Foy (quien viene de hacer nada más y nada menos que a la mismísima Reina Isabel II en The Crown) lucen en pantalla, pero la vida de los Cavendish al momento que Robin se libera de la cama del hospital, se va a su casa y comienza a “vivir como cuadripléjico” debió de ser mucho más intensa, entre su relación personal y sus viajes, su empeño en contribuir al bienestar de los demás pacientes con polio y su vida familiar.

Con ello se hubieran podido explorar muchos de los resultados que el tener un enfermo de ese tipo en casa causa en los demás miembros de la familia, sin embargo acá eso es solo una pálida sombra.

Los personajes en la introducción se presentan de manera muy rápida y sin dar tiempo para profundizar en ellos. Luego sobreviene la tragedia de la enfermedad y la amenaza de muerte; pero una vez superados los primeros momentos siempre, el motor es “la adversidad se supera, se quiera o no”.

La enfermedad de Robin pasa de ser una tragedia a un vehículo para montar la historia de “ejemplo de vida”.

En efecto, Cavendish se las arregló para sobrevivir y “tener una vida”, ver crecer a su hijo, viajar, e incluso quedarse en la mitad de la nada en España e improvisar un campamento flamenco…

Al llegar al tercio final de Una Razón para Vivir hay un cambio de giro, en una rápida sucesión transcurren los años. Sin dejar la sensación de “bienestar” de lado, la trama se dirige al deseo de Robin de tener una muerte digna (ha sido el caso documentado más largo de vida prolongada por un respirador artificial)

De esta forma, en medio del intachable buen ambiente que se respira en sus vidas, Diana y su hijo deben acatar al final lo que Robin desea. Y de esa manera, siguiendo de una manera fiel las reglas de protocolo a la inglesa, la decisión de Cavendish se efectúa y en 1994 muere asistidamente.

Al final, Una Razón para Vivir se sostiene por su trama de “superación personal”, su marcado “feeling good” y un poco también por la utilización de “los momentos sensibles”, pero en definitiva esta razón para vivir es un tibio comienzo en la dirección para Serkis.

Escrito por Fabian Quezada Leon
https://cinemagavia.es/pelicula-critica-una-razon-para-vivir/
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil