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Jack, el destripador (1944)

Jack, el destripador
Trailer
6,4
505
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Sinopsis
En el Londres de finales del siglo XIX, en White Chapel, mueren asesinadas varias mujeres. Los vecinos del inmueble sospechan del inquilino del piso de arriba, un misterioso hombre conocido por su aversión al género femenino. Adaptación cinematográfica de la popular novela de Marie Belloc Lowndes, "Jack el Destripador". (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Lodger
Duración
84 min.
Guion
Barré Lyndon (Novela: Marie Belloc Lowndes)
Música
Hugo Friedhofer
Fotografía
Lucien Ballard (B&W)
Productora
Twentieth Century-Fox Film Corporation
Género
Thriller Terror Crimen Siglo XIX
6
En el spoiler: ¿Quién fue Jack el Destripador?
Es complicado que todos los que seamos algo “frikis” en el tema de Jack el Destripador tengamos a “The Lodger” como una de nuestras películas favoritas sobre el tema. Hemos leído tanto sobre los sucesos que nos resulta la visión de este film totalmente periférica. Pero hay otra parte de nuestro subconsciente que no puede dejar de admirar a una obra como esta que representa el Londres victoriano y sus calles de una de las maneras más atractivas que jamás se han hecho.

Aparte de la magnífica ambientación, el casting es portentoso, una de las actrices más bellas de la época como Merle Oberon, un actor-actor como George Sanders, y un gigante y oscuro Laird Cregar que murió unos meses más tarde intentando ponerse a régimen con 31 años.

Si no se hubiese hecho referencia a Jack, y hubiera sido otro homicida cualquiera, aunque fuera ficticio, la película hubiera ganado enteros, pero así es complicado cambiar el “chip”.

Pero no es mala… sólo que nos rayamos.

Nota: 6,2.
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13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
LUCIEN EL ILUMINADOR
Es de justicia reconocer que en no pocas ocasiones las virtudes y aciertos de las películas no dependen de las decisiones del realizador, siendo la labor de sus técnicos la que logra la excelencia. Ciertamente el director es quien coordina todo el trabajo, pero también es frecuente que conceda parcelas de libertad a algunos de sus colaboradores, especialmente si son brillantes.

Algo similar a lo expuesto es lo que creo que ocurre en este filme, una nueva aportación cinematográfica a la celebérrima historia de Jack el destripador. Desgraciadamente, el enfoque del argumento, en el que rápidamente conocemos la identidad del asesino y asistimos a la artificiosa admisión del mismo en una acomodada casa londinense en la que se alquilan habitaciones, resulta, cuando menos, un poco forzada. El guión no es malo, pero tampoco evita esa incómoda sensación de que a la clásica historia de Jack la han adulterado en exceso. En cuanto a las interpretaciones, me parecieron simplemente correctas, y algo irregular la más importante, pues el trabajo de Laird Cregar oscila entre cierta rigidez o envaramiento (tal vez atribuible a una equivocada decisión del director), y una sorprendente expresividad final.

Si esta película me parece buena y verdaderamente digna de verse es por su fotografía y elaboración de las tomas, verdaderamente merecedoras de elogio. A cargo de la primera tenemos a Lucien Ballard, uno de los grandes, que consigue crear una atmósfera tétrica, neblinosa y húmeda, en la que la iluminación es tan sugerente o más que lo que sucede en pantalla. En interiores demuestra también su dominio fotográfico, dando todo un ejemplo de cómo se debe iluminar partiendo de pequeños puntos de luz, como una vela o una pequeña lámpara de gas. Los encuadres y puntos de vista son tortuosos, forzados, aportando una sensación fantasmagórica o gótica. Los planos generales en exteriores se toman en picado, mientras que al personaje principal se le enfoca frecuentemente en contrapicado, y muchas veces desplazado del centro del cuadro, incluso inclinado, enfatizando así su violencia y desequilibrio mental. También cabe elogiar la continuidad visual de algunas secuencias, que logran gran efecto dramático, como la inicial o la penúltima (el largo acoso final al asesino en el interior del teatro), en la que la acción está perfectamente desarrollada, y hábilmente intercalada con primeros planos del desquiciado rostro de Jack.

Seguramente no podemos saber en qué medida pesó la mano del realizador en el resultado final de la obra, pero por lo visto en otras películas de John Brahm -claramente inferiores en lo formal, salvo en el caso de "Hangover Square"-, la ayuda de Ballard se me antoja decisiva. Y es que al analizar el valor de las películas es muy importante ir poco a poco, parte a parte, como lo haría Jack.
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11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil