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El parador del camino (1948)

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Sinopsis
Obra menor del cine negro que relata la historia de una cantante de un nightclub y su relación con dos hombres que la cortejan. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Road House
Duración
95 min.
Guion
Edward Chodorov (Historia: Margaret Gruen, Oscar Saul)
Música
Cyril Mockridge
Fotografía
Joseph LaShelle (B&W)
Productora
20th Century Fox
Género
Cine negro Drama Romance Amistad Celos Melodrama
7
Apabullante Ida Lupino.
'Jefty' Robbins (Richard Widmark), dueño del club “Road House”, se trae de Chicago a Lily Stevens (Ida Lupino), una atractiva y cínica cantante a la que contrata por 250 dólares por noche para que actué en el club, salario que al parecer está muy por encima de lo que acostumbra a pagar a las innumerables cantantes de medio pelo que acostumbra a contratar y que le duran nada y menos.
Al llegar al club vemos que es recibida con recelo por Pete Morgan (Cornel Wilde), manager del club a las ordenes del inquietante Robbins, el cual oliéndose que la aparición de Lily va a traer problemas, trata de desembarazarse de ella ofreciéndola 200 dólares y poniéndola en la parada del autobús para que salga de la ciudad, cosa que ella no acepta, alejándose de la estación de autobús en dirección al hotel.
A partir de aquí tenemos una magnifica muestra de cine negro como resultado de los amores, despechos y sucias maniobras en torno al trio protagonista, en la que sobresale una magnifica y arrebatadora Ida Lupino, que aparte de su gran actuación y la sensualidad que siempre desprende esta mujer, aquí se luce cantando dos o tres temas con una voz ronca y gutural que te ponen los pelos como escarpias, mientras enlaza un cigarro con otro.
Jean Negulesco se luce con una sobria y efectiva dirección, Richard Widmark recuerda en la composición de su psicótico y malvado personaje al Tommy Udo de “Kiss of Death 1947” (entre medias rodo “La calle sin nombre 1948”), Celeste Holm en el papel de la campechana cajera aporta un toque divertido y emotivo y Cornel Wilde como el antagonista de Richard Widmark, acaban por redondear esta interesante y buena producción.
Por último y como no podía ser menos estando Ida Lupino de por medio, copio y pego la coletilla con la que acostumbro a cerrar casi todas las reseñas que he realizado en las que estaba implicada esta magnífica, estajanovista, ecléctica y longeva cineasta:
La gustaba llamarse a sí misma en clara alusión por su excelente carrera en serie B, “la Bette Davis y Don Siegel de los pobres”, poseedora de dos estrellas en “El paseo de la fama” de Hollywood y para el autor de estas líneas, la magnífica Marie Garson en una de las mejores películas (a mi juicio) de la historia del cine: High Sierra 1941, de Raoul Walsh.
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16 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Cita en “Cornamenta”
Yo no recomiendo este “parador” a nadie, de entrada, pero a mi me gusta. Richard Widmark, el dueño, ha contratado a una cantante para amenizar el cotarro: Lily.

Lily tiene pinta de mujer fatal, canta a media voz y fuma como un cosaco. El borde del piano está lleno de quemaduras de sus pitillos. Esta mujer es la que convirtió en bígamo al pobre Edmon O´Brien y es que tiene un no sé qué que atrae la jodida. Cornel Wilde, el encargado, está ya quedadito con ella y eso que la quería despedir.

Sigo sin recomendar el tugurio. A largo plazo no sé si hacerlo. Lily está aprendiendo a jugar a los bolos. Yo he entrado inmediatamente a ver cómo jugaba y casi me caigo del susto. Resulta que detrás de las pistas hay un tío preparado para colocar los bolos una vez que la bola los ha tirado. Claro, como el marcianito ese de Men in black que estaba dentro de una máquina repartiendo el correo a toda velocidad. Hay que tener en cuenta que este “parador” es de hace muchos años.

Al final voy a recomendar pasar una noche oyendo cantar a Lily. Ella se hospeda en el Hotel Cornamenta. Sí, ya sé: Tú no te hospedas en un hotel que se llame así. Yo tampoco. Bueno, qué coño, depende... No obstante, si pasas por aquí, te diré que sí que merece la pena ir a ver a Richard Widmark a su parador.
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6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil