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Sólo el cielo lo sabe (1955)

Sólo el cielo lo sabe
Trailer
7,3
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Sinopsis
Una viuda de buena familia inicia un romance con su apuesto jardinero. A pesar de pertenecer a dos mundos completamente diferentes deciden casarse, pero su amor tropieza con el rechazo de los hijos de la mujer y de su círculo social. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
All that Heaven Allows
Duración
89 min.
Guion
Peg Fenwick (Historia: Edna L. Lee, Harry Lee)
Música
Frank Skinner
Fotografía
Russell Metty
Productora
Universal Pictures
Género
Drama Romance Melodrama
"El creador de dramones Sirk repite pareja protagonista tras el éxito de "Obsesión", con esta crítica a la burguesía americana a través del amor entre una viuda y su jardinero. (...) Buena"
[Diario El País]
8
El no lugar
[Advertencia previa: aunque las líneas que siguen no contienen, propiamente, spoiler, sí menciono secuencias que desvelan parte de la trama. La visión que ofrezco de ellas es bastante personal y configuran mi interpretación emocional de la película.]

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‘All that Heaven Allows’ (Todo lo que el cielo permite), empieza con un picado en el que vemos la torre del reloj. Hay algo triste e implacable en la combinación de la fijeza del reloj y el color de las hojas del otoño.

Esa observación desde lo alto, tan por encima de los hombres, recuerda al primer capítulo de ‘La regenta’, con Fermín de Pas oteando desde el campanario.

===

La primera vez que Cary y Ron entran juntos en la casa del molino, hay a la izquierda una escalera vieja que apunta hacia lo alto.

– ¿Qué hay arriba? –pregunta Cary.
– No lo sé, no he vuelto a subir desde que era niño. Estará sucio y lleno de telarañas.
– No me importa.

Cuando Cary se dispone a subir, un pájaro se echa a volar y ella cae en los brazos de Ron. Es el preludio del primer encuentro de sus labios.

Al terminar la escena, la cámara se queda con el pájaro –una paloma– y con su arrullo concluye la secuencia.

Ese lugar, no visto, tiene para mí el sabor de una promesa de felicidad.

===

La segunda vez que aparecen juntos en la casa del molino, se ve una luz pequeña azul en el lugar al que apuntaba la escalera.

– Esas escaleras van hacia el almacén. Allí pienso poner el dormitorio –dice Ron.

Creemos que la promesa ha comenzado a tomar forma. Pero, cuando las escaleras entran de nuevo en cuadro, la luz azul ha desaparecido. La sensación que deja la secuencia es agridulce.

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La tercera vez que aparece por dentro la casa del molino, la cámara se sitúa en el desván; es como si el lugar de la promesa les observara desde arriba, inaccesible.

La secuencia finaliza con un plano de Ron sentado en la escalera y abatido, con los puños en el rostro.

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La cuarta vez que aparece el interior de la casa del molino, Ron yace tumbado en el sofá. La luz azul –el cielo– queda afuera, en el jardín, al otro lado de la inmensa cristalera. Esta vez Ron y Cary no están solos. Las otras presencias resultan agobiantes –reina la oscuridad y los encuadres comprimen el espacio.

Siento que no hay rastro del lugar de la promesa.

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Decía Douglas Sirk, hablando de esta cinta, que, en su opinión, es bien poco lo que el cielo nos permite.

A pesar del aparente happy end, una sutil capa de tristeza impregna la escena que cierra la película. Como una sensación de paraíso no alcanzado, perdido para siempre. La puesta en escena y la configuración exacta de los interiores, son, en Sirk, excepcionales; dan la clave de los personajes retratados. Y, sin embargo, nunca llegamos a ver la habitación (o habría que decir el cielo) de los dos amantes.

En ese no lugar cristaliza la “extraña fascinación de sueños soñados por cámaras y hombres”.

En ese no lugar habita el cine.
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58 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Retrato de mujer
Melodrama realizado por Douglas Sirk. Escrito por Peg Fenwick, se basa en un argumento de Edna L. Lee y Harry Lee. La secuencia inicial se rueda en Stonington (Connecticut) y el resto en los Universal Studios. Producido por Ross Hunter, se estrena en diciembre de 1955 (EEUU).

La acción tiene lugar en una pequeña ciudad de provincias, Stoningham (NY), entre mayo y diciembre de 1954/55. La película focaliza la atención en la vida de Cary Scott (Jane Wyman), viuda desde hace poco, de posición acomodada, de mediana edad, madre de un hijo (Ned) y una hija (Kay) de entre 18 y 20 años. Acostumbrada a vivir a la sombra de un marido dominante, está sumergida en la soledad y en el pasado, sale poco de casa y no tiene aficiones activas. Sirk, hábil retratista, ofrece una excelente descripción del personaje.

El film presenta una acerada y dura crítica social. Denuncia las reacciones interesadas y egoistas y la mentalidad acomodaticia de muchos, que ante situaciones nuevas no hacen ningún esfuerzo para entender y comprender. Explica cómo muchas personas, incluso con formación, viven sometidas a una mentalidad rígida, estrecha y mezquina, de espíritu vacío y comportamientos hipócritas y mediocres. En muchos casos los que se postulan como triunfadores en la lucha por la vida esconden en su interior frustraciones personales y profesionales lacerantes. La visión de Sirk es sombría y pesimista. Cuando los comportamientos personales no se ajustan a las reglas comunes activan prejuicios sociales que dan lugar a situaciones de marginación y exclusión social. El anáisis de Sirk se refieren a un lugar y tiempo determinados. Por extensión, es válido en relación a otras circustancias que se den asociadas a prejuicios colectivos excluyentes. El realizador defiende el amor no sujeto a convenciones y prejuicios. El amor no conoce reglas, ni restricciones, ni barreras de raza, lengua, religión, situación económica y estatus social. La obra elogia el amor elegido libremente, en especial en el caso de la mujer. Añade la defensa del derecho al amor y a la sexualidad de las personas mayores o de mediana edad. Las propuestas de Sirk, que hoy parecen ingenuas, en su momento suscitaban controversia. La adecuada comprensión del film requiere que el espectador se sitúe en el tiempo y época de su producción.

La música, de Frank Skinner ("Winchester 73", A. Mann, 1950), aporta una emotiva partitura orquestal, con solos de piano, que amplía y refuerza los sentimientos agitados del film. La melodía central está tomada del último movimiento de la 4ª Sinfonía de Brahms. La fotografía, de Russell Metty ("Espartaco", Kubrick, 1960), ofrece colores, niveles de luz y encuadres acertados y justos. Los ambientes opresivos, que se constrastan con otros abiertos y luminosos o cambiantes, están bien construidos. Las interpretaciones de Jane Wyman, Rock Hudson y Agnes Moorehead, son convincentes.
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30 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil