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Harakiri (1919)

Harakiri
Trailer
5,7
134
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Sinopsis
Japón, finales del siglo XIX. O-Take-San es una doncella que se enamora de Olaf Anderson, un oficial de la marina alemana que se encuentra de paso en el país. Pero, tanto su padre, que espera que sea la nueva "sacerdotisa del bosque sagrado", como otras personas que desean convertirla en una geisha, se opondrán implacablemente a su relación con un extranjero. Adaptación muda de Madame Butterfly, famosa ópera del compositor Giacomo Puccini. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Alemania Alemania
Título original:
Harakiri
Duración
87 min.
Guion
Max Jungk (Obra: David Belasco, John Luther Long)
Música
Película muda
Fotografía
Max Fassbender (B&W)
Productora
Decla Bioscop / Decla-Film-Gesellschaft Holz & Co
Género
Drama Romance Cine mudo
6
Un documento de cien años
Por eso precisamente catalogo al filme de interesante, porque realmente no posee fuerza expresiva (me refiero a la plástica) ni argumental.
Interesante el tema que trata para la época de la película y también es valorable la sensación final con la que queda el espectador. Aunque el título nos sugiera la trama, nos encontramos ante una tragedia, no un drama cualquiera. Muchas mujeres de la época se habrán sentido "abrazadas" por los sentimientos que trata de transmitir Lang ya en el 19. No estaba más que comenzando su carrera.
La versión que he podido revisar no llega a los 60 minutos, mientras que en esta página se anuncia que dura 80. No sé qué ha podido pasar con esos veinte minutos. A mí no me ha parecido pesada la película, pero quizás con esos minutos extra ya hubiera rozado el aburrimiento.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La triste y eterna historia de Madame Butterfly
Tantos siglos… tantas culturas… y un gran número de mujeres, que pareciera infinito, víctimas de la opresión, el abuso y el sometimiento como simples mercancías, por parte de unas sociedades que no consiguen ver más allá de sus propias narices. Una mentalidad con rezagos feudales, lleva al hombre a sentirse dueño de ellas, y la prolongación eterna del yugo, la amargura y la humillación, no favorecen en manera alguna que alcancemos el despertar.

La historia de O-Take-San, la noble joven llamada a convertirse en la “sacerdotisa del bosque sagrado”, pero cuyo corazón se siente atraído por Olaf Anderson, un oficial de la marina alemana, con quien se casa -en un compromiso inicial de 999 días- y tiene un hijo que honrará su nombre, es símbolo de la lealtad femenina y de su entrega incondicional a la pareja asumida con amor, por encima de cualquier beneficio material o de cualquier honor que otros puedan ofrecerle. Es la mujer en la que el espíritu prima sobre la materia, la que impone un sello sacro al concepto de fidelidad, y la que es capaz de admitir con entereza la derrota, asumiendo que “es mejor morir honorablemente que vivir deshonrosamente”.

Con unos apreciables decorados que nos sitúan de manera verosímil en el Japón imperial, y con esos movimientos pausados característicos de la nobleza, Fritz Lang nos da su versión de esa eterna historia que ocurriera en Nagasaki a finales del siglo XIX y que, luego, inmortalizarían autores como John Luther Long en su cuento de 1898, titulado “Madame Butterfly”, y Giacomo Puccini con su exitosa ópera del mismo nombre, estrenada en 1904. Códigos de honor, tradiciones opresoras, ausencia de compromiso, solidaridad sin eco… y una gran esperanza metida en el corazón de una bella joven que cada día se detiene en la orilla del mar ansiando reencontrar el amor y su perdida libertad.

Con este filme, el cuarto en la carrera de Fritz Lang (véanse la versión restaurada de 86 minutos), el director alemán deja ya sembrado el que habría de ser uno de sus principales horizontes cinematográficos: la exaltación de la mujer, el reconocimiento de sus valores y de su grandeza interior. Una posición en la que fue siempre coherente, equilibrado y progresista. Y su obra, ya se sabe, ha dejado una huella indeleble.

Porque una cosa es clara: El hombre que deniega a la mujer los mismos derechos que él tiene, de cara al universo, lucirá indefectiblemente inferior por más que ella sea la oprimida y él el opresor.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil