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Amores con un extraño (1963)

Amores con un extraño
Trailer
6,6
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Sinopsis
Angie Rossini (Natalie Wood) es una inocente italiana que vive con su madre y sus hermanos, y que trabaja en Macy's. Un fin de semana en una cabaña conoce a Rocky (McQueen), un atractivo músico. Angie descubre poco después que está embarazada, por lo que busca a Rocky del embarazo y de su intención de abortar. El muchacho se encarga de buscar un médico y de ayudarla económicamente pero, mientras tanto, se van enamorando y, poco a poco, nace en ellos el deseo de cambiar de planes. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Love with the Proper Stranger
Duración
100 min.
Guion
Arnold Schulman
Música
Elmer Bernstein
Fotografía
Milton R. Krasner
Productora
Paramount Pictures
Género
Drama Romance Drama romántico
"Historia de amor sincera que muestra el talento de Robert Mulligan. Fué candidata a 5 importantes Oscar, muestra de lo brillante de su sobrio acabado"
[Diario El Mundo]
9
Para el recuerdo
Película a medio camino entre el drama y la comedia-romántica, está dominada por la afortunada pareja de cine que compusieron Natalie Wood y Steve Mcqueen. Aunque sólo coincidirían en esta ocasión, dejarían en el espectador imágenes para el recuerdo ( por ejemplo, la escena en que Natalie invita a Steve al piso me parece de una espontaneidad y naturalidad maravillosas).
La acertada narrativa, sencilla y natural, con que se desarrolla la historia habla muy a las claras del gran oficio del director Robert Mulligan, especializado en contar historias donde se pone énfasis en el turbulento periodo que se vive durante la infancia o la juventud y que tiene mucho que ver con los sentimientos, los miedos, las inquietudes o la responsabilidad.
Sobria, modesta, sentimental y cercana, la película hará las delicias de todos aquellos que cuenten las emociones por escenas porque al final su número será cifrado como gran película.
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15 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Campanillas y banjos
Qué sabiamente sabe Mulligan entremezclar drama y comedia, de modo que te está apretando las entrañas y de repente te estás riendo, te quedas con los lagrimales levemente irritados y esa sonrisa boba que uno esboza cuando se ha enamorado de la película y no tiene ganas de salir de ella.
Esto es un ejemplo de cómo hacer una comedia romántica brillante, valiente, franca y reflexiva, con un fondo duro y crítico que huye de la frivolidad sin dejar de ser un bálsamo extrañamente agridulce, como las fresas salvajes no endulzadas con azúcar.
Mulligan era un maestro en recrear amores difíciles que surgen en circunstancias imprevistas y en las condiciones menos favorables, y conseguir que esos romances accidentados vayan calando y dejando una huella más profunda que el común de los romances que se suelen ver en la pantalla.
Aparte de que una película estadounidense de los sesenta que trata de una forma llana la cuestión de la sexualidad, los embarazos accidentales y el aborto llama la atención porque no es muy común. Una está acostumbrada al humor ligero y pacato de camas separadas, a los héroes románticos, las heroínas virtuosas y demás.
No esperaba que Wood y McQueen derrochasen tanta química, o será que no los había visto juntos antes. Ahora no podría concebir otra actriz mejor para Angela, ni otro más adecuado para Rocky. Ideales tanto en las escenas dramáticas como en las humorísticas, o las que se codean entre ambas, y excepcionales en miradas y expresiones, con lo que la comunicación no verbal cobra una gran relevancia, tanta como la verbal, que también es notable.
Otra de las claves para que la película funcione, además de los magníficos actores y del espléndido guión, es tratar una relación que se desarrolla al revés de lo que suele ser convencional, es decir, lo habitual es conocerse, cortejarse, enamorarse poco a poco y llegar al plano sexual cuando todo está consolidado. Pues aquí se saltan varios pasos de golpe y empiezan por lo que debería ser un escalón avanzado, o más bien ni siquiera hay voluntad de comenzar algo: dos desconocidos se sienten muy atraídos nada más conocerse, se acuestan y si te he visto no me acuerdo. Rompiendo con el protocolo de la decencia, se dejan llevar por sus impulsos y ni él se ha comportado como un caballeroso galán respetuoso de la virtud, ni ella como una virginal muchachita núbil. Dos adultos que se enamoran en una noche sin saberlo y que se entregan por el placer de entregarse, conscientes de que no habrá un desayuno para dos a la mañana siguiente, ni campanillas ni banjos tocando para ellos en el claro de luna.
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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil