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Vivir es lo que importa (1961)

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Sinopsis
Drama sobre un conflicto generacional en un gran hospital de Nueva York. El veterano y competente doctor Joseph Pearson (Fredric March), está a cargo del Departamento de Patología y su vide transcurre con tranquilidad. Sin embargo, la llegada al hospital de un médico mucho más joven, el doctor David Coleman (Ben Gazzara), será interpretada por Pearson como una crítica personal a su competencia profesional. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Young Doctors
Duración
100 min.
Guion
Joseph Hayes (Novela: Arthur Hailey)
Música
Elmer Bernstein
Fotografía
Arthur J. Ornitz (B&W)
Productora
United Artists
Género
Drama Medicina
8
Sobre los errores médicos
Muy digna película que pasa totalmente desapercibida como lo prueba el que en este sitio carece de puntuaciones y de críticas. Pelicula muy eficiente puesto que con un bajo presupuesto desarrolla impecablemente, en 1960, el tema de los errores médicos sin dramatismos ni maniqueismos, puesto que los causantes y los pacientes de los mismos son médicos o allegados a médicos. Sobre los aspectos técnicos no suelo hablar, pero creo son relevantes las actuaciones de los actores principales, la sobriedad general y el correcto asesoramiento médico-técnico, esto último no muy frecuente en la filmografía médica. Recomiendo su visión.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
COMO DEBIERA SER
Contentos y agradecidos deben estar los médicos por el homenaje que les rinde el excelente realizador Phil Karlson, aunque quizás eran otros tiempos y los profesionales de la medicina eran todavía humanos y bondadosos y no eramos para ellos un número molesto y rutinario como lo somos en la actualidad. Ya sabemos que excepciones haylas, pero cada vez menos.
Phil Karlson, un maestro olvidado del cine negro, nos muestra médicos abnegados, trabajadores compulsivos, bondadosos y, lo que es mejor y más de agradecer, con tacto y delicadeza a la hora de hablar con los pacientes. Todo ello envuelto en un notable juego de luces y sombras (característico del cine negro), magníficos primeros planos, una puesta en escena admirablemente austera y una impecable firmeza narrativa. La secuencia de la operación del pequeñín es admirable y prodigiosa y, como decía antes, de una austeridad encomiable (los pocos utensilios parecen de juguete, una sábana y el sufrimiento o alegría en los ojos de los médicos y enfermeras).
En cuanto a las interpretaciones, Fredric March, colosal, como casi siempre; Ina Balin muy bien, sobre todo en las escenas dramáticas y, Ben Gazzara, correcto, aunque le falta carisma.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil