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The Long Voyage Home (1940)

The Long Voyage Home
Trailer
6,7
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Sinopsis
Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Tras una noche de diversión en las Antillas, la tripulación del carguero SS Glencairn vuelve a la dura rutina y navega rumbo a Baltimore. El grupo es bastante heterogéneo: Driscoll es un irlandés de mediana edad, Ole Olsen, un joven granjero de origen sueco, y Smitty, un caballero inglés. Tras recoger una carga de dinamita, deben regresar a casa, pero la amenaza que suponen los submarinos alemanes, siempre al acecho, hará que tengan que vivir momentos de enorme tensión. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Long Voyage Home
Duración
105 min.
Guion
Dudley Nichols (Obra: Eugene O'Neill)
Música
Richard Hageman
Fotografía
Gregg Toland (B&W)
Productora
United Artists
Género
Drama II Guerra Mundial
9
Oda al hogar soñado
Film poco conocido de Ford realizado el mismo año de Las Uvas de la Ira (Graves of the Wrath), literalmente eclipsado por el unánime y merecido éxito crítico del film protagonizado por Henry Fonda. Pero dejar en el olvido este magnífico trabajo del director seria a todas luces una injusticia para un film que es ante todo un gran ejemplo de caligrafía y temática fordiana. Aunque los personajes aportan una notable unidad al relato, este se divide claramente en cuatro actos coincidentes con cada uno de los cuatro cuentos de Eugene O'Neill en los que esta basado el esplendido guión a cargo del gran Dudley Nichols (La Diligencia, La Fiera de mi Niña). Evidentemente, es un film predominantemente masculino, que aborda temas tan recurrentes en su filmografía como la amistad, la familia, la muerte o su vitalista actitud ante la adversidad, pero a la vez se puede incluir dentro de la corriente de dramas sociales que realizaba por aquel entonces, como Las Uvas de la Ira, El Delator o Que Verde era Mi Valle. Aunque los resultados entre los episodios es irregular (de momento me quedo con el segundo y tercero), el conjunto se muestra solido tanto en el retrato de los marineros del Glencairn como en su descripción como inadaptados sociales que añoran sus vida en tierra pero incapaces de desenvolverse en ella, impregnando a los personajes de cierta poesía trágica tan propia de Ford (como el Doc Holliday de Pasion de los Fuertes o el Ethan de Centauros). Y como también era habitual, la lección absoluta de interpretación de todo el elenco de actores desvela un casting ideal que incluía a varios de los habituales de Ford como Ward Bond, Barry Fitzgerald, Thomas Mitchell (el doctor borrachín de La Diligencia) o John Wayne. Todos espléndidos, incluido un Wayne con un creíble acento sueco que pese a lo que anuncia el cartel del film no es el protagonista sino uno mas. Destacando sobre todos un Thomas Mitchell magistral. Y como no destacar el poderosísimo trabajo en la fotografía del genial Greg Tolland (Ciudadano Kane, Las Uvas de la Ira), de carácter plenamente expresionista que no solo incide en las luces y sombras del ser humano sino que busca crear una atmósfera claustrofóbica tanto dentro como fuera del barco, lo que logra con resultados sobresalientes. Con estos elementos no me queda mas que recomendar este film maravilloso, en el que cuesta meterse en un principio pero que pronto se nos va revelando como otro pequeño poema al ser humano, a la nostalgia y a la camaradería.
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21 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
¡QUE REPARTO!
Las películas de John Ford siempre son un auténtico lujo para el espectador amante del buen cine. Por muchas razones. Evidentemente el buen trabajo del cineasta irlandés es una de ellas, pero existen otras y entre esas otras hay una que no puedo dejar de señalar: El excelente plantel de actores de los que se rodea , muchos de ellos con la misma sangre irlandesa en sus venas, pero absolutamente todos ellos con una calidad interpretativa fuera de lo común.

Si esto que acabo de decir ya era patente en El hombre tranquilo ó en ¡Que verde era mi valle!, aquí en Hombres intrépidos es el no va mas. Les diré que como cabeza de cartel aparece John Wayne, uno de los compañeros de Ford mas fieles, pero los secundarios, en esta ocasión, se “comen” literalmente a Wayne. Ahí tenemos a un auténtico fuera de serie como Thomas Mitchell (cuya actuación ya me conquistó en Solo los ángeles tienen alas, de Hawks), un Ward Bond (otro fiel compañero de Ford) cuya lista de películas es de las más extensas de este mundillo cinematográfico habiendo demostrado su categoría profesional en todas ellas, Mildred Natwick a la que seguramente recuerden de El bufón del Rey, El hombre tranquilo ó la mas reciente Las amistades peligrosas, y ¡que decir de Barry Fitzgerald! eterno MacFlinn que cuando bebe agua bebe agua y cuando bebe whisky bebe whisky. Con todos estos ingredientes ¿cómo no va a salir una buena película?

Pero sería injusto no hacer referencia a los méritos intrínsecos de este film en el que el trabajo de cámara y montaje de Ford es impresionante, con unas escenas de tormenta en el mar absolutamente logradas y sobre todo realistas, con unas escenas iniciales cargadas de seducción y sensualidad, a la que no es extraña la sugerencia de una música antillana. Hasta las volutas de humo de Ward Bond llevan su carga erótica.

La risa y la evasión como contrapunto a la vida dura de los marinos siempre en un largo viaje hacia el hogar. El peligro y la muerte como eternas novias...

He leído algunas críticas que apuntan la posibilidad de que Ford emprendiese este trabajo un tanto cansado. Puede ser. Pero cuando se trata de un director de su talla cinematográfica hasta cansado consigue obras geniales. Ahora bien, hay que reiterar que el reparto, como ya dije, contribuyó y mucho a ello.
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14 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil