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Voto de cineoptero:
9
Bélico. Drama Durante la Segunda Guerra Mundial, tras una noche de diversión en las Antillas, la tripulación del carguero SS Glencairn vuelve a la dura rutina y navega rumbo a Baltimore. El grupo es bastante heterogéneo; Driscoll es un irlandés de mediana edad, Ole Olsen, un joven granjero de origen sueco, y Smitty, un caballero inglés. Tras recoger una carga de dinamita, deben regresar a casa, pero la amenaza que suponen los submarinos alemanes, ... [+]
7 de julio de 2008
31 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Film poco conocido de Ford realizado el mismo año de Las Uvas de la Ira (Graves of the Wrath), literalmente eclipsado por el unánime y merecido éxito crítico del film protagonizado por Henry Fonda. Pero dejar en el olvido este magnífico trabajo del director seria a todas luces una injusticia para un film que es ante todo un gran ejemplo de caligrafía y temática fordiana. Aunque los personajes aportan una notable unidad al relato, este se divide claramente en cuatro actos coincidentes con cada uno de los cuatro cuentos de Eugene O'Neill en los que esta basado el esplendido guión a cargo del gran Dudley Nichols (La Diligencia, La Fiera de mi Niña). Evidentemente, es un film predominantemente masculino, que aborda temas tan recurrentes en su filmografía como la amistad, la familia, la muerte o su vitalista actitud ante la adversidad, pero a la vez se puede incluir dentro de la corriente de dramas sociales que realizaba por aquel entonces, como Las Uvas de la Ira, El Delator o Que Verde era Mi Valle. Aunque los resultados entre los episodios es irregular (de momento me quedo con el segundo y tercero), el conjunto se muestra solido tanto en el retrato de los marineros del Glencairn como en su descripción como inadaptados sociales que añoran sus vida en tierra pero incapaces de desenvolverse en ella, impregnando a los personajes de cierta poesía trágica tan propia de Ford (como el Doc Holliday de Pasion de los Fuertes o el Ethan de Centauros). Y como también era habitual, la lección absoluta de interpretación de todo el elenco de actores desvela un casting ideal que incluía a varios de los habituales de Ford como Ward Bond, Barry Fitzgerald, Thomas Mitchell (el doctor borrachín de La Diligencia) o John Wayne. Todos espléndidos, incluido un Wayne con un creíble acento sueco que pese a lo que anuncia el cartel del film no es el protagonista sino uno mas. Destacando sobre todos un Thomas Mitchell magistral. Y como no destacar el poderosísimo trabajo en la fotografía del genial Greg Tolland (Ciudadano Kane, Las Uvas de la Ira), de carácter plenamente expresionista que no solo incide en las luces y sombras del ser humano sino que busca crear una atmósfera claustrofóbica tanto dentro como fuera del barco, lo que logra con resultados sobresalientes. Con estos elementos no me queda mas que recomendar este film maravilloso, en el que cuesta meterse en un principio pero que pronto se nos va revelando como otro pequeño poema al ser humano, a la nostalgia y a la camaradería.
cineoptero
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