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Un tranquillo posto di campagna (1969)

Un tranquillo posto di campagna
Trailer
5,9
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Sinopsis
Un prestigioso pintor italiano, que está pasando una mala racha, decide alejarse del mundanal ruido e ir a pasar unos dias en una encantadora y apacible casa de campo veneciana. Sin embargo, la esperada tranquilidad se convierte en un laberinto de misterio y horror debido a las apariciones del fantasma de una condesa que murió en la casa en extrañas circunstancias. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
Un tranquillo posto di campagna
Duración
106 min.
Guion
Tonino Guerra, Elio Petri, Luciano Vincenzoni
Música
Ennio Morricone
Fotografía
Luigi Kuveiller
Productora
Coproducción Italia-Francia; Les Productions Artistes Associés / Produzioni Associate Delphos / Produzioni Europee Associati (PEA)
Género
Terror Intriga Fantástico Fantasmas
8
Una maravillosa película de fantasmas
En este largometraje, Elio Petri entiende de una forma extraña, desconcertante, pero también sorprendente y sugestiva, el tipo de cine intelectual que en los años 60 encumbró, por ejemplo, a Michelangelo Antonioni, por no salirnos del cine italiano coetáneo. ¿Cómo resumir el argumento? Un pintor de vanguardia que vive en Milán, envuelto en una profunda crisis creativa (Franco Nero, en un registro interpretativo sutilmente diferente del de sus películas del Oeste de esos años) se va a vivir a una vieja casa de campo, abandonada, en la que se encuentra con la historia de una bella joven que vivió y murió allí, en la Segunda Guerra Mundial, y a cuyo espíritu o fantasma va achacando los extraños fenómenos que van sucediéndose en ese lugar, hasta que, finalmente, cae en la locura.

Lo que el artista protagonista va imaginando, o alucinando, o soñando, es visto por el espectador, de manera que la historia nos introduce en una realidad subjetiva, en la que no sabemos bien cuál es el grado de realidad que hay en ella. La subjetividad de un artista progresivamente perturbado se va mezclando así con una historia de fantasmas que lo mismo pueden ser "reales" o imaginados; es decir, son fantasmas interiores o exteriores. Estamos sin duda ante un film profundamente perturbador (que no perturbado) en el que se entremezclan el "giallo", el terror parapsicológico, la historia de fantasmas de fondo más o menos romántico, y hasta un erotismo más o menos sofisticado. Hay, además, una sesión de espiritismo realmente escalofriante.

La música de Ennio Morricone es bastante extraña, y la fotografía en color de Luigi Kuveiller realza la belleza paradisíaca de un entorno natural solitario y tranquilo que contrasta con la obsesión, la agitación y el trastorno de un protagonista al que vemos a menudo en movimiento.

La locura, o la neurosis, son temas que Petri trata aquí y que volverán a aparecer en nuevos films, inmediatamente posteriores, de este cineasta italiano, que actualmente está siendo objeto de una justa revalorización crítica.

Por otro lado, este film es un clarísimo antecedente de "El resplandor" (The Shining, 1980), film de terror dirigido por Stanley Kubrick.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
“Cada uno de nosotros conoce ese punto más allá del cual estamos solos”
Las obsesiones pueden tener su origen en una acción que nos involucra directamente o en un hecho externo y ajeno que nos afecta intensamente. Una obsesión tiene dos características esenciales: La primera, es una idea y/o una imagen que se preserva imborrable en la mente del individuo y lo ronda de manera persistente. La segunda es que las emociones de esta persona (ira, remordimiento, impotencia, ansiedad, atracción, temor y/o agresividad…) fluyen con tanto ímpetu y frecuencia que, en muchos casos, se somatizan. La psicosis (trátese de esquizofrenia o paranoia) puede llegar a relacionarse con las obsesiones, y en estos casos, el enfermo cruza fronteras que lo sacan severamente de su contacto con la ‘realidad’, poniéndolo en el camino de lo que algunos llaman locura.

Meses atrás, me encontré una novela corta que, el inglés Oliver Onions (1873-1961), publicó con el título, “The Beckoning Fair One” (El Gesto Positivo), en su colección de historias de fantasmas “Widderschins” (1911) y me animé a leerla luego de encontrar conceptos como el de Algernon Blockwood que se refirió a ella como “La más horrible y hermosa novela que se haya escrito en su género” o el de Robert Aickman que la citó como “Una de las seis grandes obras maestras en este campo”. Por la brillante manera como Onions recrea un fino y muy sutil ambiente fantasmal que se combina con la obsesión, sin demarcar lo real y lo imaginado, quedé muy a gusto con esta historia en la que, el protagonista es el escritor, Paul Oleron, quien decide ocupar una casa -por la que ha pasado en varias ocasiones- donde espera terminar la última novela que ha venido adelantando desde hace ya algún tiempo. Pero, su amiga Elsie Bengough (inspiración principal de su nueva obra y compañera de viaje que parece amarlo sin aparente reciprocidad), quizás termine huyendo de la casona cuando presienta que, hay “alguien” que no admite su presencia.

Ignoro si, el director Elio Petri y/o su colaborador Tonino Guerra, sabía(n) de esta obra al momento de escribir el guion para, “UN LUGAR TRANQUILO EN EL CAMPO”, pero, las similitudes son claras, no obstante los sustanciales cambios que se nos ofrecen en la película, pues, Petri, desde la primera escena, le apunta al propósito de recrear un ambiente de pesadilla y psicosis con tópicos freudianos que, en la historia de Onions, apenas se van reflejando bien avanzada la historia.

El protagonista de Petri, Leonardo Ferri, un joven pintor (bien representado por Franco Nero), se debate también en su ambivalente relación con la atractiva Flavia (motivo de pesadillas en las que se siente esclavo) y su obsesión con Wanda Valier, una joven y lasciva condesa que, al parecer, fue asesinada en tiempos de guerra en aquel lugar. Esta situación, sirve al director para lucirse con una serie de elementos visuales, muy efectivos en su propósito de crear un ambiente alucinatorio.

Por su parte, Vanessa Redgrave, cumple hábilmente con su rol de mujer -extrañamente- enamorada, hecho que se facilitó por el romance que sostenía con Nero desde que juntos aparecieran en el musical “Camelot” (1967) de Joshua Logan. Con estos protagonistas, el filme consigue traspasar las fronteras de la mente y, realidad e irrealidad, se entremezclan con gran efectividad hasta dejar bien plantada la compleja senda por la que nos puede llevar una obsesión.

Una mayor fuerza en el drama, un ambiente gótico más marcado, y una iluminación con cierto efectismo visual, creo que hubiesen realzado una historia que tiene, sin duda, un claro atractivo cinematográfico.

Título para Latinoamérica: LA MUERTE ES UNA MUJER
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