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I vinti (1953)

6,6
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Sinopsis
Varios jóvenes cometen asesinatos en diferentes ciudades europeas: un grupo de burgueses en París, un contrabandista en Italia y, finalmente, un peculiar poeta en Inglaterra. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
I vinti
Duración
110 min.
Guion
Michelangelo Antonioni, Suso Cecchi d'Amico, Giorgio Bassani, Diego Fabbri, Turi Vasile
Música
Giovanni Fusco
Fotografía
Enzo Serafin (B&W)
Productora
Coproducción Italia-Francia
Género
Drama
6
Bosquejo
La forma episódica fue usada con frecuencia en el Neorrealismo, y ninguna de las películas realizadas bajo dicha fórmula (esté, o no, dentro del movimiento neorrealista) se escapa de la irregularidad. Tampoco lo hace “Los vencidos” aunque al acabar con la mejor de las tres historias, el sabor que queda en la boca tras el visionado es más que agradable.

Hay un preámbulo explicativo, impuesto por la producción, que sirve como justificación, y bien es sabido que justificarse es lo peor que existe en el arte. No es el único punto donde Antonioni tuvo que doblegarse frente a los productores (el dinero procedía del clero italiano. Sí, bastante poco se entrometieron viendo de dónde salían las liras).

“Los vencidos” es un bosquejo de lo que más tarde realizaría Antonioni. Tiene ahí, su mayor interés. Su episodio más flojo (y el más manipulado por la producción), el que podemos decir que es puramente neorrealista, es casi un esquema de su magnífica “La noche.” Cuando Claudio (Franco Interlenghi) pasea malherido por las calles, a la que vemos es a Lidia (Jeanne Moreau). Y aunque no existe la misma comunicación con el entorno como en su obra posterior, el director ya apunta: cuando Claudio se baja del coche, caída ya la noche, para no ser inspeccionado por el médico, Antonioni usa un pequeño travelling para seguir la marcha del contrabandista por las calles silenciosas hasta su casa. Pasa la verja que será la puerta de su casa y la policía, aparece en primer término, dejando a Claudio ya encerrado tras esa verja.

Antonioni no comete el fallo de mostrar vivencias italianas con personajes no italianos. Parecerá absurdo pero otros directores italianos cayeron en ello. Observamos a personajes franceses que se comportan como tal, y a personajes ingleses con todos los rasgos característicos del británico.

Toda la desidia, el desencanto y los problemas de comunicación que tan bien explora en su trilogía, se ven en ciernes en su primera historia acontecida en Francia. Es de hecho, la primera piedra de la Nouvelle Vague. Mucho antes de que los directores galos cogieran por primera vez una cámara. Era tan amarga e hiriente, que la película estuvo prohibida en Francia durante veinte años.

Georges escribía poemas. Pierre le dice que se parecían a los de Jacques Prévert (¿es un alago?, je,je).

Georges apunta.
La naturaleza es lo único que observamos.

(Abróchense los cinturones porque esto continúa).
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11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Neorrealismo existencialista
En los años 50 explotó la moda de las películas de episodios, generalmente con desiguales resultados. Con guion, entre otros, de Giorgio Bassani, Suso Cecchi D’Amico y el propio Antonioni, la película retrata el desencanto, las dudas y las rebeldías de la desorientada juventud –como todas las juventudes- de la postguerra de la segunda guerra mundial en Francia, Italia e Inglaterra.

Enormemente moderna, trata discusiones que hoy en día se mantienen muy actuales y que aquí ya se ven reflejadas; violencia, falta de principios e ideales, nada es nuevo en esta radiografía de la juventud burguesa “sin énfasis ni oropeles” en tres países diferentes, acompañada de un aleccionador y moralizante prólogo, claramente impuesto por la productora. Antonioni trata el malestar social que no es sino el malestar de toda una generación con ese neorrealismo existencialista tan característico de los primeros años de su filmografía, y, desde mi punto de vista, la parte más interesante de su producción.

En el episodio francés se habla de los delirios de fama y grandeza a cualquier precio que genera un acto de violencia incomprensible, signo de un vacío existencial y nihilista feroz y aterrador.

El episodio italiano habla de una generación caprichosa que no asume la responsabilidad de sus actos, una suerte de rebeldía sin causa en una historia sobre tráfico de cigarrillos que termina igualmente en una explosión violenta, pero que sirve para hablar de la desconexión con la realidad e incomunicación –otro de los temas favoritos de Antonioni- entre generaciones - “Quiero dinero, mucho y rápido”-.

La tercera historia desarrollada en Inglaterra es la mejor de todas y también la mejor interpretada, con un soberbio protagonista, igualmente inmaduro y con delirios de fama a toda costa, sin principios morales - “Cuando uno es famoso las cosas cambian”-, en un retrato entre la fascinación y el patetismo esclarecedor.

Antonioni habla de problemas intergeneracionales con un prosaico distanciamiento muy moderno, “pre-nouvelle vague”, sobrepasando los límites del neorrealismo en el que nace su filmografía y es el tono, introvertido y sostenido, lo que hace destacar a esta película y de la que se extraen sus mayores cualidades. Muy buena.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil