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Teresa: el cuerpo de Cristo (2007)

Teresa: el cuerpo de Cristo
Trailer
4,8
1.823
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Sinopsis
Siglo XVI. Teresa de Cepeda y Ahumada, hija de un hidalgo de Ávila, se resiste a aceptar su papel de mujer en un mundo de hombres: no quiere limitarse a ser esposa y madre. Siente que tiene que haber algo más elevado. Quiere escribir, quiere leer, quiere aprender. En busca de ese “algo” que le falta, ingresa en un convento de clausura. Su decepción no puede ser mayor: tras las paredes del claustro reina el materialismo y la misma frivolidad de los que ella viene huyendo. Así, decide iniciar una cruzada de oración y sacrificio para reformar las reglas de la convivencia monástica. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ España España
Título original:
Teresa: el cuerpo de Cristo
Duración
101 min.
Estreno
9 de marzo de 2007
Guion
Ray Loriga
Música
Ángel Illarramendi
Fotografía
José Luis Alcaine
Productora
Coproducción España-Reino Unido-Francia; Future Films / Artedis / Lolafilms
Género
Drama Religión Biográfico
"Un bello acercamiento a la figura de la religiosa, una película en modo alguno escandalosa, más respetuosa que osada, más clásica que innovadora."
[Diario El País]
"Paz Vega, el cuerpo de Teresa. (...) Están escrupulosamente cuidados los diálogos (...) la propia escritura de Teresa de Ávila ennoblece el fondo de la película en muchos momentos. (...) Puntuación: ★★★ (sobre 5)."
[Diario ABC]
3
Religiosidad de estar por casa
Mal empieza la película cuando ya en los créditos se mezclan las palomas de John Woo con imagenes estilo "The Fountain". Toda una declaración de intenciones sobre lo que vamos a ver en este film.

Si uno de los pecados capitales es la soberbia, Ray Loriga es el mayor pecador de todos, porque a pretencioso no le gana nadie. En contrapartida ver Teresa tiene la ventaja de redimir al espectador, porque hay que ser un santo Job para aguantar semejante tostón.

Ya no se trata sólo de ofrecer un misticismo de rebajas de hipercor, se trata de tratar de vender gato por liebre. Por más oropeles con que se vista el guión no deja de ser una historia aburrida y sosa. No sólo eso, sino que con la excusa de ofrecer una aproximación al mundo interior de Teresa obvia quizás las partes más interesantes de su historia. En ningún momento se nos muestra el origen y el porque de todo. Tratar de justificarlo con una imagen donde parece que hubo sexo antes del matrimonio, es simplemente pobrísimo.

Por si fuera poco el casting es horrendo. Escoger para protagonistas, y por tanto abulenses, a una sevillana y a una francesa es lamentable, y más cuando ni siquieran se esfuerzan en disimular el acento. Vamos que el realismo tampoco es uno de los puntos fuertes.

Lo de Paz Vega tambíen clama al cielo (nunca mejor dicho), más que extasis religiosos parece que sigue en "Lucía y el sexo", con el agravante de que esta vez los orgasmos se le notan claramente fingidos. Vamos que por momentos Jesucristo parece Hugh Heffner y Teresa su chica playboy favorita.

Por cierto que Loriga desdeña una y otra vez algo tan importante en un film como este como es el marco histórico. Se habla de luchas en la iglesia, de inquisición y de contrarreforma. Todo esto está muy bien, pero si no se explica mejor el espectador profano en estas materias se quedará igual y lo que es peor, se perderá constantemente con la sensación de no saber porque se persigue a esta buena mujer.

Nada se salva pues de este rimbombante biopic de Teresa. Después hablan de crisis y bajas recaudaciones del cine español. Qué quieren? Para echarse la siesta el sofá de casa ya sirve, y además es gratis.

Lo mejor: Eusebio Poncela (tampoco es para tanto, pero es por decir algo)
Lo peor: Su pretenciosidad.
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37 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Éxtasis y trompazos
La película, para que el espectador conozca el ambientillo en el XVI, empieza con las típicas imágenes de brujería, obispos dándose a la gran vida, autos de fe y caballeros guapetones al trote en el mejor estilo de cualquier bodrio histórico. "Madre mía, esto lo han montado con recortes de Los Borgia", pensé.

Después de esta introducción hecha al estilo efectista de los telefilmes, llegan los títulos de crédito: los más bonitos del cine español y de los mejores que recuerdo. Ahí empecé a respirar, confiando en que mejorara la cosa.

Después empieza la película, propiamente dicha. Y es, a ratos, hermosísima. Tiene momentos de contemplación, de amor por el detalle y la humildad, de gusto por la luz y la serenidad que recuerdan a Dreyer, a Bresson, a Rossellini y a cualquiera de los grandes que han sabido contar historias de monjas o santos, rodando descalzos y con la cámara enfocando al alma. Es uno de los pocos filmes donde las apariciones de Cristo no son ridículas, donde la evocación de los cuadros (esos berruguetes, esos flamencos, esos barrocos españoles) está hecha con tan sensación de verdad, con tal dignidad, que uno siente que Loriga ha respirado el mismo aire que Mantegna, que mientras el uno pintaba el otro filmaba, ambos de rodillas. Loriga ha aprovechado sus visitas al Museo del Prado y a las exposiciones de Bill Viola y eso se nota.

No le ha ido tan bién en sus visitas al cine, donde se ve que alternó las películas de Dreyer con las de Spielberg y se ha hecho un lío. La intensidad poética de su película es intermitente: de vez en cuando, como una interferencia, se cuela el espíritu peliculero y ramplón, el que se impacienta con los cuadros estáticos y quiere contar una historia, el que deja de mirar hacia el interior y quiere describir lo de fuera, el movimiento, la acción: y ahí aparecen los consabidos malos malísimos, las intrigas de poder contadas de la forma más evidente y burda, las escenitas. La película pierde entonces su humildad y su encanto y se ve entonces todo su efectismo de fiesta de disfraces (nota 1).

Si la juzgamos por sus méritos, es una película más que notable; si lo hacemos por sus defectos, es poco más que pasadera.
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39 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil