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Ausencia de malicia (1981)

Ausencia de malicia
Trailer
6,3
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Sinopsis
Una joven y ambiciosa periodista acusa de forma irresponsable en un artículo al hijo de un conocido gángster de ser el culpable de la desaparición de un líder sindical. El acusado, dedicado a un negocio de importación de licores, idea un ingenioso plan para salir airoso de la acusación. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Absence of Malice
Duración
116 min.
Guion
Kurt Luedtke
Música
Dave Grusin
Fotografía
Owen Roizman
Productora
Columbia Pictures
Género
Intriga Periodismo
7
Periodismo Compulsivo
Pollack repite de forma consecutiva película sobre el poder de la prensa y sus implicaciones morales (El Jinete Eléctrico) logrando un sobrio y notable drama que aborda con acierto la visión del periodista y del perjudicado. Basándose en un guión en el que sobresalen sus buenos diálogos, el film se sustenta principalmente en dos elementos: la interpretación de un Newman que mejoraba con el paso de los años y la dirección de un Pollack que aun estaba en medio de su mejor momento creativo, a punto de hacer dos de sus mejores obras, Tootsie y Memorias de África. Aunque el tratamiento del tema periodístico carece de la complejidad y lucidez de otras obras, algo mermado por la trama policíaca, donde realmente destaca es en el retrato de sus personajes y la relación entre ellos, en particular las Newman con las dos mujeres de la trama, que demuestra una vez más donde residía el mayor talento de su director. Y los actores, conscientes de ello, hacen un trabajo excelente, en el que Sally Field tal vez sea la menos convincente, pero que en particular Melinda Dillon y Newman están impecables. Excelente también el trabajo de un habitual de Pollack, Grusin en la banda sonora, que le aporta un toque desenfadado muy agradecido. Y en cuanto a la trama, no necesita ser muy compleja para seguirse con interés, aunque se beneficie mucho de la fuerza de Pollack en las escenas dramáticas. En cualquier caso la combinación de los distintos géneros (comedia, drama, thriller, juicios…) funciona bien y entretiene, quedándose a medio camino como denuncia del periodismo agresivo pero resultando sumamente convincente como drama contemporáneo.
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15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Por fin alguien reacciona como es debido.
Esta peli tiene un detalle que, personalmente, he echado mucho de menos siempre en otras pelis y me ha gustado encontrar aquí. Me explico:

El prota es Paul Newman. Lo que significa que cada vez que su personaje entra en un despacho, o en el autobús, o va por la calle, o pide un café en un bar, el que hace eso en realidad es Paul Newman. Pensemos en esto un momento…
Resulta que en las pelis de Paul Newman se suele obviar constantemente que el que hace todas esas cosas cotidianas es Paul Newman. Así que el tío va de aquí para allá sin que nadie se le desmaye ni nada, y no cuela. Porque tener delante a un Paul Newman es como tener delante a un unicornio, o a un dragón. Algo fabuloso y hermoso que pensabas que no existía porque no lo habías visto antes en tu pajorela vida y cuyo encontronazo súbito tiene que, como poco, llamar la atención.

Sydney Pollack, sin embargo, consciente de la indefectible e inusual belleza subyugante de su actor protagonista, decide no pasarla por alto y ser honesto con el espectador. Así pues, Sally Field está trabajando en su puesto de oficinista cuando el bello Paul se arrima a su mesa, y al levantar la vista, de la impresión, se le cae el café, que se desparrama por encima de los papeles, liándole un pifostio tremendo. Al intentar solucionar aquello, con una cara de lerda de no te menées, se pone a limpiar los documentos manchados usando los que todavía estaban limpios, y los pringa todos de café, dejándolos hechos un asquito, y termina arrebuñándolos en plan pelota y abrazándolos contra su pecho. Y así, muda, ojiplática, con la blusa pringada y la boca abierta, se queda mirando al bello, como no dando crédito a lo que ven sus ojos. Coño, lo normal.

Tras conseguir este momento de tan singular autenticidad, al buen Sydney le da por intentar que nos creamos que entre sus protas surge una chispita, con su correspondiente encuentro carnal… y ahí el hombre patina. ¡Que estamos hablando de Butch Cassidy y la madre de Forrest Gump! Por dios, qué ignominia, Sydney Pollack.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil