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El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (1989)

El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante
Trailer
7,1
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Sinopsis
Albert es el sádico dueño de un restaurante. Su fuerte carácter y las tiránicas formas que aplica en el trabajo hacen que todos los empleados estén sometidos a un continuo régimen de esclavitud, incluida su esposa, Giorgina, a quien ridiculiza. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
The Cook, the Thief, His Wife and Her Lover
Duración
123 min.
Guion
Peter Greenaway
Música
Michael Nyman
Fotografía
Sacha Vierny
Productora
Allarts Cook Ltd / Erato Films / Films Inc
Género
Drama Comedia Comedia negra Cocina Película de culto
8
El Homer de Greenaway
Se abre el telón. Pocos imaginamos lo que estamos apunto de presenciar. El ABC del guionista habla de presentar al personaje principal en los primeros minutos con unos rasgos que le caractericen y justifiquen parte de su comportamiento o su toma de decisiones durante la historia. La presentación de Robert (el ladrón) es más que suficiente para saberlo todo sobre él. Para temerle y para apiadarse de aquel que esté en deuda con él. Deja clara su posición con respecto a la vida, a la mujer y al hombre, alzándose como un absurdo y patético semidiós.
Todo en El Cocinero, el Ladrón, Su Mujer y Su Amante está atrezado al límite de lo incómodo. (Como su título). Un película que casi puedes oler. Una voz que no puedes dejar de oír. Robert es empalagoso, acapara toda la conversación con discursos banales y seudo técnicos sobre las formas, la alimentación y la historia, convirtiéndose en el comensal que nunca querrías tener a tu lado en una comida. Su mujer es humillada y apaleada continuamente por él. Pero absorbe con estoica parsimonia esos palos y la canaliza flirteando con otro hombre, contrapunto perfecto a su marido. El amante. El único que viste de manera inocua y desapercibida. Un hombre que lee en lugar de hablar y que folla mejor que su marido. Sus encuentros son en la cocina, bajo el consentimiento de Richard, el cocinero y su plantilla, sometidos por Robert que acaba de comprar ese restaurante y se entretiene con él. La tragedia y la rebelión están servidas.
Qué película! Inclasificable. Llena de simbolismos. Comedia negra. Esperpento Barroca por lo emperifollada. Tres decorados teatrales. Artística hasta la indigestión. Alusiones explícitas a un etapa pictórica. La cocina recuerda más a lo humano de Velásquez y el comedor a lo sofisticado de Rembranndt. La fotografía es sublime. ( el momento en que Robert descubre los affairs de su esposa y su ira impregna toda la pantalla en un rojo terrorífico es impagable). Sorprende lo ambiguo de su tratamiento tan explícito de una época (cinquecento) y a su vez la intención de ser dadaísta y deconstructivista. No sabes si alabar la estética o detestarla y acabar con ese decorado tan absurdo y empalagoso como su dueño.
Película en la que no consigues la identificación ya que todos sus personajes a excepción del cocinero parecen esperpentos oníricos sacados de la peor pesadilla. Personajes incómodos en un escenario inverosímil pero atrayente.
El Cocinero, El Ladrón, Su Mujer y Su Amante, es un logro estético y fotográfico. Es innovadora en su tratamiento argumental y sus personjes y al verla uno no puede sino recordar películas posteriores de Jean Pierre Jeunet o de Wong Kar Wai que beben del imaginario visual de Greenaway. Incluso pensar en Homer Simpson como un Robert “reformado”.. No es tan descabellado si ahondas en la naturaleza del Sr Simpson. Matt Groening vio esta película.
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55 de 65 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Isabel II en pelotas
El único precedente que recuerdo de Greenaway es “El vientre de un arquitecto” y, aunque han pasado más de quince años desde que la vi, mi frágil memoria me evoca una peli con cierta ínfula conceptual pero no exenta de una preocupación estética y un lirismo extraordinarios.

Constato en “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante” como a Mr. Greenaway le sigue preocupando la estética y sigue refocilándose en esa imagen de cineasta bizarro, extravagante e inclasificable. Todo eso está muy bien. El problema radica en que cuando el sustrato argumental de una peli queda demasiado arrinconado en pos de un obsesivo tratamiento sensorial cualquier espectador mínimamente avispado puede darse cuenta que le están tomando el pelo. Hasta yo.

Llegado este punto, decidí seguir viendo la peli sin mayor pretensión que la de gozar lo máximo posible con los excesos y las extravagancias del británico: violencia, sexo, humor negro, escatología, antropofagia... todo ello cuidadosamente envuelto en una puesta en escena, eso sí, extraordinaria. Una interesante mezcla entre imaginería barroca y contemporánea estratégicamente aderezada con los modelitos de Gaultier y la musiquita de Nyman.

Yo diría, concluyendo ya, que Greenaway aprueba morfología y sintaxis pero catea semántica. Su peli es metafóricamente inofensiva y me transmite poco. Muy poco.

Aún así, le regalo seis estrellitas porque es visualmente atractiva, truculentamente transgresora y porque ver a la futura reina de Inglaterra en cueros no tiene precio.
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46 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil