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España España · Valencia
Voto de Arakiri:
7
Drama Después de dejar la escuela, dos amigos, Shinji y Masaru, corren diversa suerte: uno como boxeador y el otro como pistolero de los Yakuza. (FILMAFFINITY)
29 de mayo de 2007
38 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Kids Return”, es para mi la obra mas infravalorada de este director y una de las mas infravaloradas que recuerde en general.
Fue realizada por Kitano durante su recuperación después de sufrir un aparatoso accidente en motocicleta en donde casi pierde la vida y que le trajo una parálisis en la mitad de su rostro. Obviamente esta fatal experiencia causó que, a partir de esta cinta, su posterior filmografía se transformara en cintas más sobrias, personales, meditativas e íntimas, aunque, eso sí, con la fuerza suficiente para tocar fibras sensibles. La cinta se ubica a mediados de los 90, cuando la burbuja económica se rompe y la crisis asiática comienza. Masaru y Shinji (Ken Kaneko y Masanobu Ando, respectivamente) son los representantes perfectos de una generación que reniega de su pasado, han abandonado la escuela, dedicando gran parte de su tiempo a provocar problemas, abusar de los menores, ir al cine y emborracharse. Toda una vida de vagancia y ociosidad. Aun siendo amigos y compartiendo esa apatía, ambos son muy distintos: Masaru se encarga de golpear al que se deje, creyéndose superior, mientras que Shinji sigue a su comparsa en todas las fechorías que este comete, aunque es más pasivo y en general tiene otro concepto de la vida, sus destinos cambiarán a veces a mejor, a veces a peor, como en una constante montaña rusa, con sus respectivos altibajos, en sus incursiones de uno en los Yakuza y del otro como boxeador semi-profesional.
“Kids Return” es una cinta triste, melancólica y en donde no es necesario vivir al otro lado del mundo para que nos llegue lo que Gitano nos quería transmitir. En algún momento de nuestras vidas nos ponemos a preguntarnos, ¿qué habrá sido de fulanito después que terminamos la secundaria?, o tarde o temprano nos enteramos de una noticia que nos sacude, como la muerte de un conocido a causa de una sobredosis o el éxito en el extranjero de un buen amigo tuyo.
En ambos casos el azar y las decisiones personales son demasiado contundentes para poder escapar a la emoción más pura. No hay remedio, somos gente con sentimientos demasiado profundos para que esto no nos cale.
Sólo me resta decir que, ya sea en un país plagado de luces de neón o en uno desolado, indudablemente se necesitará de una persona con quien contar, porque siempre habrá un espacio para alguien en tu bicicleta, con la que se dará la última vuelta alrededor de tu lugar favorito antes de encarar el futuro.
Arakiri
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