arrow
5
Crítica impopular
Pues, la verdad, le resulta a uno raro tener que ponerle los pies en el suelo a tan elogiosas críticas.

Es una película que contiene escenas geniales, una por una; cuyas actuaciones son todas absolutamente magistrales; cuyos diálogos encierra cada uno pequeñas joyas (ver spoiler para glosa de todo esto); con una fotografía y una dirección absolutamente deslumbrantes, marcas de la casa.

Pero, a diferencia de la muy reciente "Malditos Bastardos" (que, de otras anteriores suyas, ya ni hablamos), que al menos era irreverente y muy original, y que daba para unas cuantas preguntas, al terminar de ver Django Desencadenado, muy bien puede el espectador decir: "Muy entretenido: ¿Y qué?"

Si estuviera dirigida por Peter Smith, nos parecería resultona y simpática. Como viene con la marca de Fábrica de Tarantino, le damos automáticamente nuestra complacencia con notas elevadas.
No obstante, en su reverso también sucede lo contrario: a Tarantino, a su genio (manifiesto sobradamente en esta película, como en todas las suyas) se le exige mucho más, viendo lo que pone en juego de arte cinematográfico. Por eso le otorgo un 5, en vez del 6 que se merecería. Porque la película en sí misma destila oro, y al final el resultado parece endeble cual hojalata, por sus excesos.

La última media hora es un desastre metido con calzador, se mire como se mire. Los geniales hallazgos se diluyen. El gozo inicial (qué inmensos 30 primeros minutos) queda aminorado y hundido.

Esto no es Clint Eastwood. Ni John Ford. Ni Peckinpah. Ni Kurosawa. Ni Hawks. Aquí no hay lecturas sobre la naturaleza humana. Ni siquiera enterradas entre la trama, que era la baza de los maestros. Éstos siempre tenían algo de verdad que decir. Aquí no.
Aquí hay absoluto vacío envuelto en perfecto papel de celofán. No se merece más de un 7, a mi entender.

Es una lástima que tantísimo talento, tanto genio, se enrede en sus amaneramientos.

Que su talento innato sin par esté al servicio de una estética huera y amanerada.


Y que esta crítica sea necesariamente impopular. :P

(Pero lean los spoilers antes de votar, sean caballeros)
[Leer más +]
602 de 931 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Brutal, genial y bastardo revolver cinematográfico
1. Hasta que llegó su hora

Muchos consideran que a Tarantino le llegó su hora en “Kill Bill”: la suma de referencias, el pastiche de tonos y la división del tomo-cinematográfico-pop-oriental convirtió la pieza mutante en un inmediato controvertido objeto de culto. Sabe que no puede sorprender ya al espectador con originales estructuras narrativas y sus últimas referencias eran demasiado evidentes. Ahora ha decidido iniciar una nueva andadura marcando cimas dentro de géneros explotados para reinventarlos bajo su estilo, con forma de superproducción y mandato de serie B. ¿Se ha hecho alguna vez una película bélica ambientada en la Segunda Guerra Mundial que hable del nazismo como “Malditos Bastardos”? ¿Veremos un western que narre la esclavitud en EEUU como “Django desencadenado”?

Tarantino siempre ha conseguido dejarse balas en la recámara, apartar proyectos malditos y reconvertirlos pasado el tiempo en afiladas y letales balas que salen de la pantalla dispuestas a quebrantar nuestros corazones. Esta vez parece quitarse la espina de la adaptación de ‘40 Lashes Less One’ de Elmore Leonard y enfrentándose a su eterna constante en su propio género: Sergio Leone. Finalmente “Django desencadenado” es puro Leone y puro Tarantino, pura pólvora incandescente prendida por la llama de Peckinpah, la auto-parodia-y-referencia y empapados de sangre de subgéneros. Es ese maldito y bastardo revolver cinematográfico que ansiaba la revalorización del género. Pura e impecable dinamita capaz de jugar con fuego y la anarquía, con el exhibicionismo y la versión extendida, con la brutalidad y el exceso, con la reinvención histórica y la apropiación.

2. Blax-spaghetti–tarantino-ploitation

El director de “Malditos bastardos” siempre se ha sentido muy cómodo dentro de subgéneros bajo esquemas y estructuras clásicas. “Django desencadenado” está marcada por el lado más salvaje e hiperbólico para retratar el pasado sanguinario y violento del pueblo norteamericano. De nuevo existe un triunfo al aunar la elegancia, precisión y monumentalidad clásica fordiana con la originalidad, provocación y radicalidad del cine más alternativo desde Leone hasta el blaxploitation.

La blasfemia excesiva desmigaja la cultura americana y a través de la ofensa y la violencia establece un espejo aparentemente distorsionado pero realmente esclarecedor. Aquí los negros montan a caballo y bailan sobre la tumba de John Wayne. Aquí pasamos de los llaveros de Pussy Wagon a las Muelas del Dr. King Schultz, de Ennio Morricone a mash-up musical referencial y contemporáneo. Aquí se muestra una historia visceral y extrema, que profana lo sagrado para reinventar la leyenda aria de Sigfrido y triturarla por el blaxploitation para obtener un recital de venganza y desenfreno. Todo un baño de sangre y de cine desde la idealización de Broomhilda hasta sus constantes clímax fragmentados en capítulos. Tarantino es el Yasuzo Masumura y el Seijun Suzuki de nuestro tiempo. Ódiale o ámale, pero jamás podrás ignorarle. Blanco, negro y rojo son los colores de su nueva bandera. Django, su héroe portador… Y recuerden, la ‘D’ es muda… pero sus aplausos no.
[Leer más +]
279 de 382 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
"Tarantino Uncontrolled" por El ombligo de Tarantino
Tanto tiempo siguiendo la filmografía del bueno de Quentin me ha servido para reafirmarme en la idea de que al "enfant terrible" del cine independiente americano ya no le apetece hacer películas con mayúscula, ya no le divierte. Ahora prefiere hacer entretenimiento puro y duro, muy bien hecho además. Prefiere invertir el talento y la desbordante creatividad que otrora mostró con inigualable estilo, en "collages" como el que nos ocupa, descuidando e incluso me atrevo a decir que despreciando su anterior concepción del cine. Uno tiene la sensación de que Tarantino se ha cansado de aquél Tarantino del que se esperaba algo fresco y único, se ha cansado de levantar expectativas y verse obligado a cumplirlas y parece haber encontrado una fórmula que divierte tanto a incondicionales como a sí mismo.

La tan esperada incursión en el "spaghetti" del eterno admirador del "spaghetti" no es ni una visión personal de aquella celebrada reinterpretación del western, ni un homenaje. Homenaje al "spaghetti" son las perlas que el propio director angelino introducía en sus Kill Bills y aquellas que inundaban su última película. Eran detalles, guiños que con cierta elegancia introducía puntualmente en historias fuera de contexto. Y eran de agradecer. Las referencias en directores con estilo nunca sobran.
Lo que Tarantino perpetra en Django desencadenado es un homenaje a sus propios homenajes. No sólo los referentes al propio "spaghetti western", si no el excesivo subrayado sangriento de cada disparo que nos remite a su gusto por la serie B y a su pasión por "lo japo". Uno asiste a una sucesión de lugares comunes tarantinianos, que sólo generan complacencia en su público, que asiste adulante a cada tic, a cada guiño, a cada gesto de complicidad. Tarantino ya no homenajea al cine, ya no muestra sus influencias. Se limita a centrifugar sus propias manías y a compartirlas en pantalla con aquellos que pasaron de disfrutar con su cine inicial a disfrutar con su persona.

Dio un giro con Kill Bill, se centró en el "siempre quise hacer una peli de japos", pero aquello seguía siendo una película en sí misma. Hizo lo propio con Grindhouse aunque con horroroso resultado. Y lo que parecía ser un alto en el camino con Malditos Bastardos parece la continuación de una senda que uno no sabe muy bien hacia donde lleva, salvo al interior de Tarantino.

La película es entretenida, aún siendo larga como un domingo de resaca sin novia. Es visualmente estimulante, tiene un argumento bien llevado, mantiene cierta tensión aunque llega un momento en que lo formal se merienda al trasfondo. Está muy bien interpretada, especialmente por Waltz y DiCaprio. A ratos bien musicada y a ratos atrozmente. El anacronismo es gracioso cuando no se abusa de él pero...¿Hip hop y Morricone? Por dios bendito Quentin, frena un poco con la fusión que me entran ardores.
A partir de la primera media hora, tuve la sensación de estar viendo Malditos Bastardos en el Oeste. No por argumento, no por guión, no por contexto. Pero es la misma estructura, la misma idea. Tarantino reescribe la historia, again.
Escoge dramas históricos, auténticas tragedias colectivas e inflige la venganza pertinente. Frivoliza, gamberrea, ridiculiza. A algunos les parece una falta de respeto, a mi me parece que el que el que se tome esto en serio simplemente tiene ganas de gresca. Si en la anterior cinta fueron los nazis, ahora son los esclavistas.

Yo te perdono por lo que fuiste, porque me caes bien, porque ver cada nuevo parto nunca es una pérdida de tiempo, pero amigo, deja de mirarte el ombligo, levanta ese divino mentón y vuelve a hacer pelis, que talento te sobra, crack.
[Leer más +]
271 de 406 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Western + Quentin Tarantino = PELICULÓN
Quentin lo ha vuelto a hacer... Nos propone un género cinematográfico obsoleto en los tiempos que corren y lo adapta a su manera de ver el cine, a su manejo de escribir guiones sobresalientes y con una puesta en escena como nos tiene acostumbrados este excepcional director (quizás el mejor de su generación).

Sin tapujos, nos encontraremos ese toque "Tarantiniano" que hemos visto otras veces en sus producciones ('Kill Bill', 'Pulp Fiction', 'Reservoir Dogs') en el salvaje Oeste. En una trama sorprendente a lo largo de la película, con unos personajes muy bien desarrollados y elaborados que te meten de lleno en el papel que desarrollan en la aventura. Mención especial a Christoph Waltz ('Malditos Bastardos'), otro papel secundario a las órdenes de Quentin que lo borda como ya hizo en su momento como almirante nazi. El elenco principal de personajes es sublime. Leonardo DiCaprio, Samuel L. Jackson y sobre todo el espectacular Jamie Foxx en el personaje clave (Django) nos dejan con un sabor de boca excelente después de visionar sus interpretaciones.

Técnicamente la cinta es una pasada. Fotografía, decorados, montaje, planos fijos y exteriores, desarrollo del guión y la trama... Todo raya a un nivel increíble. Con escenas extraordinariamente bien realizadas, como tiroteos, partes de tensión por efectos del guión y algunas líneas del mismo de una coherencia, nitidez y potencia que tumbaría al mejor guionista de Hollywood. Quiero hacer especial hincapié en la música, excelentemente insertada dentro de cada escena, acorde con el tipo de plano que nos muestra Tarantino.

Lo mejor de la película podemos encontrarlo en la escritura de su guión, en los planos delicadamente compuestos, en la introducción de la música en las escenas, en la intensidad de su desarrollo y en la interpretación de un gran elenco de actores dirigidos por un gran maestro. La película puede ser un homenaje a los mejores Western de la historia (dirigidos por leyendas como Sergio Leone o John Ford), pero adaptados a la era moderna del cine y con el toque tan peculiar que plasma Quentin en todos sus largometrajes que tantos seguidores consigue arrastrar a las salas de cine.

Conclusión: Estamos hablando de una obra grandísima en todos los aspectos, quizás lo mejor del año y lo más grande que se ha hecho en el género del Western desde 'Sin Perdón (Clint Eastwood, 1992)'. Ignorando pequeños detalles que se pueden encontrar en su desarrollo, una obra cumbre en el cine de Quentin Tarantino.
[Leer más +]
195 de 279 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
The Dark Knight Rises
Ya le metió mano al nazismo, ahora tocaba el racismo y la esclavitud. Spike Lee, el defensor del pueblo afroamericano, el que decide quién puede y quién no puede hacer películas sobre negros, el que ve racismo en un código de barras y el ocasionalmente director de buenas películas, la ha puesto a parir. ¿Qué quiere decir esto? Que es excesiva, visceral y que tanto blancos como negros intercambian balazos.

No controlo mucho de western, no sé si Quentin ha respetado sus códigos o se ha cagado en ellos. Yo lo que sé es que son dos horas y media de puro cine, una masterclass de dirección y una lenta (como siempre) sucesión de escenas memorables, además de una inmejorable ambientación.

Está película podría haber sido de 10 si no fuera por la última media hora, cuyo aspecto impovisado pudo ser debido a los problemas que tuvo Tarantino antes, durante y después de la producción. Nos hemos perdido a un personaje que intrerpretaría Kevin Costner y posteriormente Kurt Russell. Nos hemos perdido a Joseph Gordon-Levitt, ya que el chaval quiere hacer sus pinitos en la dirección. Y nos hemos perdido a Sacha Baron Cohen, que no había hecho suficientes payasadas promocionando El Dictador.

A Tarantino habría que darle un Nobel (aparte de algún Oscar, pero eso es otra historia) por descubrir a Christoph Waltz. Qué clase, qué talento, qué actorazo nos hemos estado perdiendo durante años. Suya es la función durante la mayoría del metraje. Luego está el DiCaprio más irreconocible de la historia, que se marca un papelazo como villano. Samuel L. Jackson se lleva el mejor personaje y no lo desaprovecha, su mejor actuación en lustros. Y también está Jamie Foxx, que al pobre le toca ser protagonista, personaje que Quentin no ha mimado tantos como a los secundarios. De hecho, me la repanpinfla él y su churri, yo solo quería más escenas de Christoph y Leo.

No me extiendo más, las dos primeras horas se pasan voladas, con un prológo genial que el maldito trailer se ha encargado de destriparnos y con un Waltz comiéndose la pantalla a bocados.

La escena del Ku Klux Klan de mercadillo merece capítulo aparte. Sublime.
[Leer más +]
128 de 166 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Sillas de montar refritas
La vida de Quentin Tarantino es, a estas alturas, un confortable y perpetuo sueño húmedo. Sus fans segregan fluidos y arrojan ropa interior a su paso como quinceñeras histéricas y perfuman el aire con incienso cada vez que suena su nombre. Los críticos pierden a la vez la memoria y el pudor (¿“el western que mayor atención jamás haya prestado –glubs- al lenguaje verbal”?) y mordisquean como tiernos chihuahuas la mano de (sic) “el más magnético de los directores vivos”. Las Locas Academias de Cine le obsequian con nominaciones sin número, a cual más pintoresca y misteriosa (¡mejor guión! ¡mejor montaje! ¡ole tus huevos!). El mundo, para Quentin, es ahora mismo la mullida alfombra de saliva que impide que sus pies rocen siquiera el suelo mientras se pasea por la balaustrada de su mansión. A sus pies, nosotros, los negros de su plantación, recolectamos algodón a la mayor gloria de nuestro amo, ese arrogante y consentido coronel sureño que monta en cólera con quien osa contrariarlo.

Sobre “Django desencadenado”, a fin de cuentas, no hay mucho que decir. Tarantino, como el Capitán Pescanova, ha descubierto qué croquetas le gustan a su publico y ha decidido fabricarlas en serie, de modo que ésta tiene el mismo insípido sabor, la misma textura grumosa, el mismo estomagante regusto a refrito que “Malditos bastardos”. Otro ladrillazo de casi tres horas, con dos o tres escenas a la altura del talento de su director y minutos y minutos y minutos de taladrantes y soporíferas monsergas y chorradas varias que sirven de excusa para la escabechina final con explosiones y escaleras de por medio de costumbre. ¿Buena factura técnica? Impecable. ¿La puesta en escena? Cuidadísima. ¿Interpretaciones? Notables e incluso excelentes. ¿Guiños, homenajes y cameos? Para dar y tomar. Y se acabó. Por crujiente y atractivo que sea el rebozado, la croqueta, por desgracia, no da para más.

Tiene gracia, eso sí, que quienes califican este peñazo de cumbre del cine de entrenimiento pongan de vuelta y media a cierto cine de autor, por considerarlo lento o pretencioso, cuando lo que esta ostentosa ópera pop acerca de la esclavitud acaba logrando es que “Stalker” o “Inland Empire” parezcan poco menos que canciones de los Ramones. Tiene también su guasa que se la presente como la reinvención definitiva del spaghetti-western, un género que siempre operó en sentido inverso al empleado por Tarantino en la última década, haciendo de la necesidad virtud y optimizando, en la medida de lo posible, los pobres medios de que disponía. Y en cuanto a ese humor que supuestamente destila, no está de más recordar que éste no es, ni mucho menos, ni el primer ni el mejor western paródico –con negro protagonista incluido- que se ha hecho. Si esa chirigota de las máscaras les ha parecido a algunos el Everest del humor, no quiero ni imaginarme qué dirían de la escena de las pedorretas de “Sillas de montar calientes”. Venga, que la copie Tarantino y salgamos ya de dudas.
[Leer más +]
79 de 103 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Y yo, empalmado
Teniendo en cuenta que tanto el spaghetti-western como Tarantino me encantan, era lógico y normal —hasta cierto punto— que también me gustara “Django unchained”. Con lo que no contaba, sin embargo, era con que la peli de Tarantino acabara empalmándome de forma tan rotunda y brutal. Porque sí, amigos, “Django unchained” no es una peli para todos los públicos. “Django unchained” es una peli —como vulgarmente se dice— para “empalmaos”. Una peli para nostálgicos del spaghetti y para devotos de Tarantino. Pero también para todos los que creemos ciegamente en el cine como espectáculo visual. Como herramienta para generar emociones. Como vehículo para contar una historia en el que lo más importante no es la propia historia, si no cómo la cuentas. Y en ese apartado, como resulta obvio, Tarantino lo borda.

Y si no, ¿cómo es posible que un cineasta sea capaz de tenerte clavado a la butaca durante más de dos horas y media? ¿Cómo es posible que un cineasta sea capaz de resucitar un género en el que Leone lo había dicho absolutamente todo? ¿Cómo es posible que un cineasta sea capaz de superarse sin dejar de ser fiel a un estilo que ya no sorprende a nadie?

Pues con talento. Con talento, personalidad y oficio. Mucho oficio. Con unos personajes extraordinarios. Con unos diálogos brillantes. Con un sentido del humor acojonante. Con unas secuencias de acción espectaculares. Con unos paisajes fascinantes. Con una banda sonora tremenda. Con esa desfachatez y grandilocuencia que le caracterizan. Con épica, lírica, métrica y hasta mensaje. Y con un respeto casi religioso, diría yo, por esos subgéneros cinematográficos (spaghetti-western y blaxploitation) que tanto y tan bien mamó desde mocoso.

Nueve vigorosas estrellitas, pues, para un cineasta que constata que aún le queda mucho cine en las venas y para una peli que, sin lugar a dudas, no desmerece en absoluto sus mejores obras. Y si no, al tiempo.
[Leer más +]
74 de 97 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Django, el negro
Verán ustedes. Yo vivo en un país bajo la dictadura de lo políticamente correcto. Donde la gente no se atreve a llamar negro a un negro (no se tienen que ir muy lejos, lean la sinopsis en esta página) y donde hay una multitud tan estúpida como sedienta de sangre esperando a que cualquiera se atreva a hablar con naturalidad para calificarlo de fascista.

En el país donde vivo, a los señores de raza árabe les llamamos moros, que es un término con ciertas connotaciones despectivas, que al igual que "nigger", es susceptible de levantar ampollas. También hay dos bandos profundamente idiotas que llevan peleándose desde tiempos inmemoriales: los rojos y los fachas. Lo políticamente correcto es hacer películas donde los buenos sean los rojos, y los malos, los fachas, que es lo que se lleva haciendo toda la vida en mi país. Lo más cerca que he estado de ver una película decente sobre el tema fue hace poco de la mano de Alex de la Iglesia, y la historia iba de payasos. Y al único que he escuchado nombrar a los moros ha sido a Torrente.

Síntesis de la crítica: Django Desencadenado es, además de un películón, una experiencia estimulante por su incorrección política y sobre todo, porque no pretende dejar a todos contentos. No es buenista. Y me gusta. Es una peli sólo descerebrada, pero sólo en apariencia, al igual que Malditos Bastardos, otra magnífica cinta sobre el mayor conflicto de la historia de la Humanidad tratada con la misma irreverencia.

También es un spaguetti-western excesivo filmado con pasión y garra; una película como la copa de un pino, con una historia espectacular y unos PERSONAJES memorables al más puro estilo de Tarantino. Y mejor que su predecesora, por lo menos para un servidor. Porque aqui los personajes me han CALADO.

Insisto, no es una peli para todos los públicos, que es otra cosa que me encanta. Este tipo de películas sólo son disfrutables cuando se tiene un cierto bagaje cultural, requieren cierto grado de no-ignorancia por parte del espectador (creo que esta frase la he dicho ya en unas cuanta críticas). Se disfruta de verdad cuando uno es capaz de distinguir entre realidad y ficción, y también de ver más allá del "fuck 'ya nigger". También cuando uno es capaz de aceptar su pasado, y el del país en el que ha nacido. ¿Se ve ahora el por qué del prólogo?

Un idiota puede salir flipando de ver Malditos Bastardos por el hecho de que tiroteen a Hitler, por supuesto. Si es con eso con lo que se queda, dejen que viva en paz. Otro tanto con ciertas escenas de esta peli. Yo, por contra, les propongo que se queden con la que Schultz enseña a Django a leer. Y en las consecuencias que ese momento traerá en la historia. Extrapólenlo a la vida real y comprenderán lo que quiero decir en esta insufrible e interminable reflexión. Inteligencia. Libertad. Morid, borregos. Etc.

¡Ah! Se me olvidaba. En mi país también hay traidores y descastados, como el personaje de Samuel L. Jackson. Están sentados en grandes despachos, en juzgados, o conducen coches de policía. Todo a lo que aspiran es a contentar al señorito de turno con su trabajo, hace mucho que vendieron su alma al diablo y viven permanentemente enrocados en sí mismos por miedo a perder lo que se ganaron vaya usted a saber cómo o gracias a quién. La verdad es que en el cine -español- no se habla de ellos, pero les veo a diario, tanto en la televisión como por la calle. Me dan tanto asco como Stephen. Y verlo retratado de esta manera me infunde cierta esperanza de que, en el futuro, alguien con pelotas cuente la historia de aquellos idiotas que traicionaron a su gente por un plato de comida y unas palmaditas en la espalda.

Por cierto, que Quentin y Di Caprio se hayan quedado fuera de los Oscars es de traca.
[Leer más +]
77 de 106 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Basta de Tarantino
Con Tarantino suele suceder que no existen puntos intermedios. O lo amas o lo odias, es así de sencillo. Yo, he tratado de mantenerme siempre en un escéptico punto intermedio, evaluando primero con meticulosidad cada uno de sus productos.
Sucede que a estas alturas, para muchas personas el director está por encima del bien y del mal. La crítica y las audiencias se han vuelto complacientes, y casi cualquier cosa que haga como director, guionista o productor (incluso como actor de cameos siempre destinados a la muerte), tiene que hacerse merecedora de elogios. Y ese es el juego en el que se ha caído. Tarantino se ha convertido en una marca de fábrica, a la que acude el espectador a ciegas, dando votos de confianza y calificaciones sin desmenuzar los contenidos apropiadamente. Es la lógica y la política del fan; ese que corre a ver cualquier cosa de los estudios Marvel, Christopher Nolan o Peter Jackson, y dice cada vez que se ha topado con la mejor película jamás hecha, al salir del cine, o que se trata del mejor director de toda la historia del cine, o que nunca había visto una obra maestra como esa. Si es de Tarantino, necesariamente tiene que ser buena.
Y entonces, se pierde el rumbo, y el sentido de la crítica. Y se despierta la complacencia, y se nos olvida que no nos está entregando nada bueno ni nuevo, que todo lo que vemos de una u otra manera ya lo habíamos visto antes, que tienen más sabor a western muchas de las escenas que ya rodó en filmes anteriores, y que ya explotó tanto su formula, que los resultados son desabridos, amén de un final de lo más cutre.
Punto aparte, los personajes de Waltz, DiCaprio y Jackson. Cumplen bien con su cometido, pero no resultan ser un elemento suficiente para salvar el mal sabor que queda al final. Tres horas de película y al final una sensación de que no pasó nada, el héroe ni siquiera despertó simpatía, y su cruzada, bueno, como que ni va ni viene.
[Leer más +]
83 de 121 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Buena peli, y eso que no me gustan las de Tarantino.
Reservoir Dogs me aburrió soberanamente más de la mitad de la película, Pulp Fiction me resultó bastante entretenida, Jackie Brown ni me acerqué a verla, me quedé en la primera Kill Bill (y con esfuerzo) y la única que volví a ver fue Malditos bastardos, película que ni fu ni fa pero que me descubrió en su plenitud a Waltz, verdadero protagonista de la cinta.
La primera hora es sencillamente sensacional gracias a la aparición del doctor Schultz y su relación con Django, la resolución de su primera captura y la química que hay entre ellos. En serio, aquí estaba agradable y verdaderamente sorprendido de que la verborrea tarantiniana estuviera contenida, de que la sangre y las tripas no tanto (no en vano, es marca de la casa) y de que la historia la estuviera narrando sin los aspavientos propios de otras de sus películas. A partir de ahí, la película baja pero no demasiado gracias a la descacharrante parodia de los orígenes del KKK, la aparición de un espectacular Leonardo Di Caprio, homenajes a Franco Nero y Don Johnson (que hace que sonrías de lado, pues viste de blanco impoluto... como cierto Ferrari Testarossa -seguro que esto es solo cosa mía-), la espectacular interpretación de Samuel L. Jackson y las conversaciones bien llevadas hasta la traca final, digna del más respetado spaghetti western y bañada en litros de sangre que harían las delicias de todos los vampiros de todas las sagas.
¿Y a los que os gusta Tarantino? Creo que también os gustará porque Tarantino está ahí: sangre (repito, porque aún me estoy limpiando), mucho diálogo (muy bien llevado), homenajes cinéfilos por todas partes, violencia explícita, incorrección política (ni se sabe las veces que se pronuncia "nigger", algo realmente peculiar en EEUU que a los europeos ni nos va ni nos viene, y como trata el tema de la esclavitud en sí, porque aquí, señoras y señores, el tema central es la Brunilda de toda Alemania en un tono épico que le haría tener un orgasmo a Wagner -no sé si de horror o de placer-, no se confundan), música de lo más pintoresca para una peli como esta, momentos apoteósicos a cámara lenta, juegos de palabras, clímax, anticlímax y un nuevo clímax cuando creías que la película iba a terminar y resulta que no, que sigue... y un final que ríete tú de Sergio Leone.
Lo tenéis todo, en serio. Pero es que, además de todo eso, lo ha hilado de tal manera que, en una de sus pocas veces, me ha entretenido y gustado lo que me cuenta. Todo el rato y no a ratos.
Curiosamente, sus 2 horas y 45 minutos se me han pasado volando.
Muy bien, Quentin. Pero que muy requetebién.
Id a verla, en serio. Creo que no os arrepentiréis.
[Leer más +]
67 de 92 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
¿Bazofia Desencadenada?
Lo siento por los acólitos de Tarantino, pero si esto es una obra maestra que nos parta un rayo a todos, porque la película como tal no vale nada.

He de reconocer que al principio, cuando apenas llevaba media hora de película, pensé que Tarantino de verdad se había tomado en serio la idea de hacer un western, y que la película iba a ser digna de los 10 eurazos que cuesta el cine hoy en día...iluso de mi, no podía estar más equivocado. Es cierto que la película comienza bien, si, pero según avanza se va convirtiendo en una mezcla grotesca entre un western, humor cutre y un drama sobre la esclavitud.

A pesar de ello, y de una música completamente absurda e incoherente prácticamente en su totalidad, uno todavía llega con esperanzas a ver el supuesto desenlace del film, que al fin y al cabo te puede medio arreglar una película en la cual has perdido la ilusión por completo.

De nuevo pequé de iluso, ya que lo que parece el gran desenlace, el momento cumbre de la película, no es más que el preámbulo de 30 minutos de auténtica basura (lo siento, no tiene otro nombre) que termina de destruir lo que ya se estaba cayendo a pedazos.

He de reconocer que para mi gusto ninguna de las principales actuaciones es mala, me gusta tanto el señor Christoph Waltz, como DiCaprio, Jamie Foxx o Samuel L Jackson, pero no pueden salvar una película que carece de sentido pasados los primeros 40 minutos.
[Leer más +]
65 de 99 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La D es muda
Que Tarantino se nutre de toda clase de influencias cinematográficas, sin ningún tipo de complejo, es de sobra conocido; lo que no había visto hasta Django es un Tarantino que se roba a sí mismo (me refiero en concreto a dos escenas del último tercio).

También me ha parecido percibir un cambio en la naturaleza de la violencia retratada, y por momentos, y aunque parezca mentira, he sentido la contención del cineasta en escenas que podrían haber sido mucho más crudas, todo ello sin salirse ni un ápice del marco de la brutalidad a que dio pie la esclavitud.

Existe por tanto, aunque tamizado, cierto tono de denuncia, si bien es cierto que esa denuncia nunca es explícita, nunca arrebata la historia que se está contando.

Película irregular, como lo fue Basterds, si acaso ésta es más compacta, por lineal. Irregular porque serlo es mucho más sencillo en una película de 2:45, más aún si el protagonismo cae mucho más del lado de un supuesto secundario durante las dos tercias partes del metraje. Me refiero naturalmente a Cristohper Waltz y su Dr. Schultz, personaje mucho mejor escrito, mucho mejor interpretado y mucho más seductor que el de Django.

Leonardo DiCaprio interpreta el que seguramente sea el mejor papel de su carrera. Aunque sea imitando a Robert De Niro.

Diría que es una buena película, pero no apasionante. En los grandes westerns, en los que a mí me gustan, el protagonista casi siempre encara su destino -que pasa por matar y morir- con estoicismo, sabedor de que con su sacrificio alguien obtendrá un destino mejor. En este sentido Django se me antoja un héroe mucho menos desprendido, con un amor obsesivo con el que no llego a conectar en ningún momento.

Tarantino se podía haber acortado -o eliminado- el cameo en esta ocasión.
[Leer más +]
41 de 53 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
CINE sin cadenas.
En primer lugar, y para no llevar a engaños a nadie, me reconozco amante incondicional de Quentin Tarantino. Por tanto, soy de esa amplia mayoría que aplaude cada nuevo estreno del "enfant terrible" de Hollywood como maná caído del cielo.

Una vez avisados de esto, y para resultar lo más objetivo posible, diré que "Django Unchained" es una película que admite varias valoraciones: para aquellos que como yo, nos dejamos empapar por la cinefilia de este genio y su magia, sin duda estamos ante una obra maestra, un 9 o 10 absoluto; aquellos que no sucumban a los encantos del director de "Pulp Fiction", podrán gozar de una película digna de un 7 u 8; los detractores de Tarantino, podrán ponerle a caer de un burro, pero aún así, es de justicia rendir pleitesía a un trabajo que no puede bajar de un 6, por mucho que se le busquen los puntos débiles.

Porque "Django Unchained" (la D es muda), es en primer lugar, la reinvención definitiva de un género cinematográfico, el spaguetti-western, al que Quentin Tarantino llevaba guiñando innumerables ojos durante toda su filmografía. Como el gran amante del séptimo arte que es, desnuda la esencia de un género que hizo grande el gigante Sergio Leone, y lo empapa de su propia materia prima. Narrador icónico donde los haya, cada segundo de metraje se justifica por sí mismo y se añade a la memoria de una cultura pop que desde "Reservoir Dogs", se ha visto enriquecida por su arte y sus innumerables secuencias míticas. Diálogos ágiles y ácidos, cargados de ironía que vuelven la vista atrás a una de las etapas más oscuras de la historia norteamericana, y de la que aún pretenden renegar. La mirada y el toque tarantiniano ahondan en las raices de un racismo sudoroso y sangriento que tras pasar por el filtro de su cámara, se torna en un espectáculo que desarma cualquier intento de justificación xenófoba. Su uso de la violencia muestra dos caras en esta nueva obra: por un lado, la tradicional trivialización de la violencia que tan característica es en el guionista y director, una visión alocada y salvaje de la locura sangrienta; por otro lado, Tarantino esta vez sorprende, destapando un nuevo enfoque a su transgresor morbo, buscando la repugnancia y el rechazo del espectador. Por primera vez en su carrera, se atreve a despojar de sarcasmo y acidez algunos de los arranques violentos del film, buscando la reacción tensa y frustrada de un público que asiste boquiabierto al espectáculo de la irracionalidad.

Espectáculo... eso es lo que al final termina siendo "Djando Unchained". CINE en el sentido más extenso de la palabra. Un ejercicio de disfrute y placer para aquel que se deja embaucar por el poderío visual y lingüístico de un maestro. Un deleite que mantiene pegado a la butaca, deseando que el metraje se extienda eternamente por los campos de algodón que recorren los cazarrecompensas protagonistas. Ahí reside la otra grandeza del film. No solo del trabajo del director vive Django. El reparto es magnífico e impecable, resaltando dos actuaciones maestras. Waltz y DiCaprio, o Schultz y Calvin, son personajes míticos llamados a ser leyendas que perduren en el recuerdo colectivo.

Aderezado todo ello con una banda sonora que aporta su ración de incongruencia (¿Hip-Hop en el lejano oeste? Por qué no), y su toque de genialidad de la mano de Ennio Morricone. Señoras y señores, el señor Tarantino lo ha vuelto a hacer: conseguir que salga del cine con una sonrisa de oreja a oreja por haber empleado 260 minutos de mi vida, en el ejercicio del disfrute y de la magia del cine.
[Leer más +]
32 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
No importa, es Tarantino
No importa si el guión es más predecible que un tiro oblicuo en el vacío, es Tarantino.

No importa si la mitad de la película es pura violencia hollywoodense (dosis necesaria del subconsciente colectivo), es Tarantino.

No importa si se violan las leyes de la física y un disparo en una dirección hace volar a la hermosísima dama en la dirección contraria, es Tarantino.

No importa si la estupidez de los personajes es, recurrentemente, pieza clave de toda causa (y es que es más fácil crear un tonto que un inteligente), es Tarantino.

No importa que la historia se desarrolle superfluamente en torno a la (¡núnca narrada!) historia de amor entre dos admirables y superemotivos personajes, es Tarantino.

No importa si el desarrollo de la historia son un conjunto de hermosos y memorables "Momentos Kodak" (indudablemente, para la posteridad, al lado de los molinos del Quijote), en vez de un desarrollo verosímil e inteligente, es Tarantino.

No importa si los bravos y supermalos pistoleros aún no pueden superar su shock a la hora de disparar, y un admirable pero triste letargo les impide entrar en acción justo cuanto nuestro buen Django desenfunda su gloriosa arma y acomete contra sus adversarios, es Tarantino.

Y es que no importa si hay más violencia que emotividad, más disparos que diálogos inteligentes, más sangre que reflexiones, más héroes que humanos, más explosiones que realismo, más tontos que inteligentes, más hazte la fama y échate a..., más críticos obsecuentes, más sobrevaloración, más perros comiendo negros, más látigos marcando negras, más y más sangre (¡explícito, explícito, qué se vea todo, por favor!), más superexplosiones (¡Oh!), más superdiálogos con superbuscaproblemas, más pochoclo, más Hollywood, más ficha de director, no, por supuesto que no importa, es Tarantino.
[Leer más +]
50 de 73 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Gran (di)versión
Si Tarantino tiene algún don, es el de la reanimación. El espectador puede entrar a la sala bajo de moral, ver cualquiera de sus películas y salir más enchufado que Pocholo en una barra libre.

Si Tarantino tiene alguna virtud, esa es la honestidad. Porque da lo que promete y siempre lo da todo. Sabe bien cuál es su papel y no juega a ser otra cosa que no sepa ser. No hay farsa, solo entusiasmo.

‘Django unchained’ no defrauda: hay acción, risas, ingenio, maldad, sangre fresca y numerosas secuencias brillantes. Todo ello envuelto con un exquisito gusto musical. En general: una muy buena película. En particular: una discreta película de Tarantino, el Tarantino de siempre, sí, pero no el mejor.

En muchos aspectos la nueva cinta no es tan nueva porque se asemeja demasiado a ‘Inglorious basterds’. El déjà vu se hace presente tanto en el personaje de un Christoph Waltz que camina a sus anchas (lo mejor de la película, junto a los breves Leonardo Di Caprio y Samuel L. Jackson) como en la trama, sus giros y el desenlace.

Visualmente continúa siendo fascinante, poderoso y devastador. Todos sabemos que Tarantino juega en otra división y él, que sabe que lo sabemos, tira de fórmula casera e infalible para entretenernos sin mesura. Lo que pasa en ‘Django unchained’ es que todo nos suena más familiar que de costumbre.

A Jamie Foxx le faltan carisma y anchuras en un papel protagonista cuyo conflicto da para más. El tramo final de la cinta resulta excesivo por estirado y previsible. Quentin se recrea en una historia que puede contarse con media hora menos, pero la duración es innegociable con un yonqui de la dirección.

El cinéfago por excelencia nos tiene demasiado bien acostumbrados y para una vez que pone el piloto automático, pretendemos ponernos tiquismiquis y exigirle algo tan inexigible e injusto como la brillantez eterna.

Un gran director es aquel que puede darse el lujo de versionarse a sí mismo para evitar el desastre. Tarantino reinterpretándose a sí mismo puede gustar menos, pero ese menos sigue siendo mucho. Y muy bueno.
[Leer más +]
35 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Once upon a time in Mississippi
Debemos remitirnos a “Reservoir Dogs” para encontrar la primera muestra de admiración de Quentin Tarantino por la cinta dirigida por Sergio Corbucci y protagonizada por Franco Nero en 1966, “Django”. En el largometraje dirigido por el realizador italiano aparece una sangrienta escena que el genio de Tennessee calcó para su aclamado trabajo de 1992. Los guiños de Tarantino hacia ese fabuloso, violento y siempre sorprendente subgénero del spaghetti-western que tan buenos momentos nos ha regalado, se suceden hasta evidenciarse descaradamente en “Malditos bastardos” (2009), donde su banda sonora incluye diversas composiciones de películas como “El retorno de Ringo” (1965), “El halcón y la presa” (1966), “De hombre a hombre” (1967) o “Salario para matar” (1968), todas del inimitable maestro Ennio Morricone. Unas partituras que no hacen sino sostener un conjunto cuyas referencias son más cercanas al spaghetti-western que al cine bélico en el que se cataloga “Inglourious Basterds”. Pero era el momento de convertir las insinuaciones en descaro. La sutileza en un golpe directo. Reunir a Quentin Tarantino con el género que llevaba tanto tiempo esperándole. Era el momento de “Django Unchained”.

Y se cumplieron todas las expectativas, por grandes que fueran, resucitando el espíritu de Django aún transformándolo por completo a imagen y semejanza de la genialidad perpetrada por Tarantino, que nos ofrece otro de esos inimitables trabajos con los que siempre sabe sorprender y, como en este caso, embelesar, entusiasmar, divertir. En definitiva, conquistar. Aquí, Django (Jamie Foxx) es un negro esclavizado que por obra del destino termina siendo, digamos, “tutelado” por un pirado brillante, un extraordinario, impredecible, elegante, refinado y extraño individuo germano llamado King Schultz (Christoph Waltz) que necesita de sus servicios para encontrar a unos tipos. Sus pretensiones son desconocidas, pero no tardará en mostrar sus cartas ante un sorprendido Django que encontrará en el citado caballero alemán su “carta de libertad”. Ambos nos pondrán ante las puertas de lo disparatado y original de esta fresca, gamberra y por momentos absurda película a través de la esencia del spaghetti y del peculiar estilo de Quentin Tarantino —tan influenciado por él—, regalándonos momentos tan desternillantes como violentos y cargados de adrenalina, mientras se despliega todo un abanico de personajes que, por breves que sean, siempre se terminan admirando. El argumento reposa en la esclavitud y el racismo como punto fuerte, sabiendo mostrar aun con el animoso estilo del director, toda la indignación que esa lacra puede producirnos.

Christoph Waltz (“Un dios salvaje“, 2011) vuelve a ser el que ya nos encandiló en “Malditos bastardos”, firmando una interpretación sublime que se convierte en el mejor papel de la película. Este hombre es una maravilla, cada gesto que reproduce, cada palabra que dispara, es una nueva lección, otra muestra de inmensa calidad del actor austriaco. Jamie Foxx (“Collateral“, 2004) cumple con una buena actuación, que raya a un nivel muy superior a lo acostumbrado por el actor en cualquier otra cinta. Se nota el ‘efecto Tarantino‘, pues este realizador siempre es muy capaz de sacar lo mejor de cada uno. Leonardo DiCaprio (“J.Edgar, 2011″), que encarna a un negrero que se cruza en el camino de los protagonistas, va de menos a más, pues se mueve mejor en el histrionismo despótico que en las escenas más tranquilas en las que debe transmitir la personalidad de un refinado hombre de buena posición. Samuel L. Jackson (“Hard Eight, Sidney“, 1996) enamora con su personaje de mayordomo cascarrabias, sorprendente en toda su interpretación, ya sea por caracterización o diálogos. Son las cabezas visibles de un reparto que fluye como la seda compenetrándose a la perfección a través de un metraje que dispensa escenas que van desde los diálogos mejor nutridos y que tan bien sabe desarrollar Tarantino hasta la acción más sanguinaria, pasando por toques de magistral humor que salpican toda la película pero que se ven culminados en la sobresaliente toma del Ku Klux Klan.

Quentin Tarantino (“Jackie Brown“, 1997), que se confirma (por si había alguna duda) como uno de los directores más brillantes de siempre, salda la deuda pendiente que tenía con una de sus pasiones, el spaghetti-western, ofreciéndonos un movido conjunto que se disfruta durante toda su duración, que aun siendo de 165 minutos pasa de un suspiro por la fluidez de todo lo representado. En el apartado musical no podían faltar los magistrales temas que siempre escoge, y aquí, en una selección en la que Ennio Morricone domina el grueso de la BSO, sorprende incluso con algunas inclusiones raperas que —en un western, quién lo diría— encajan a la perfección en las escenas que acompaña. Hay muchas razones por las que puedo afirmar que “Django Unchained” es excelente, pero lo preferible es que vosotros seáis testigos de por qué digo esto y concedáis vuestra confianza a la desfachatez más extraordinaria del cine, enmarcada en un género inmortal que, de la mano de Tarantino, ofrece mucho más de lo que pensábamos. El western no ha muerto, ni morirá jamás. Django ha vuelto.

__________
Bibliografía: Área Abierta Nº 26, “Influencia del Spaghetti-Western en ‘Malditos Bastardos’ de Quentin Tarantino“, por Dr. Vanesa F. Guzmán Parra y D. José Roberto Vila Oblitas, Universidad de Málaga.
[Leer más +]
32 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Genial homenaje a Leone y a Peckinpah
“Django desencadenado”, primera incursión de Tarantino en el género del western, puede considerarse como un homenaje a dos de los mejores directores del género, los míticos Sergio Leone y Sam Peckipah, pero adaptando el film a la era moderna del cine y con ese toque tan especial que plasma el director norteamericano en todos sus largometrajes.
Una mezcla explosiva que podría haber generado tanto un bodrio como una genialidad. Por fortuna para los amantes del cine de Tarantino, entre los que me incluyo, nos hallamos ante su mejor film desde “Pulp Fiction”, una película apasionante que te deja sin aliento hasta el final y cuyo largo metraje se te hace muy corto.
Pero el director de obras como “Reservoir dogs”, “Kill Bill” o “Jackie Brown” no podía conformarse con homenajear a estos dos maestros del género filmando un western de corte clásico. Tarantino introduce en la película el complejo tema de la esclavitud, que habitualmente había sido tratado en dramas, mezclando con su maestría habitual matices y realidades y conformando una obra de obligado visionado para amantes de su cine, del “Spaghetti-Western” o de la legendaria “Grupo salvaje”.
Pasen y vean…
[Leer más +]
26 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Django, Ecce Homo...
Seguramente lo más fácil sería decir que Tarantino homenajea al mal llamado subgénero del “Spaghetti Western”, sería fácil si realmente eso es lo que hiciera, así que Leone puede descansar tranquilo puesto que esto no ocurre y no ocurre porque detrás de las cámaras hay un director de verdad, dejando a parte manierismos varios y técnicas absurdas, centrándonos en el producto final que es lo que realmente interesa, Django, al igual que ya hiciera con “Malditos Bastardos” Kill Bill” o “Pulp Fiction” no copia ni recuerda a nadie, desde el minuto uno la cinta tiene el estilo propio y la personalidad suficiente para olvidarte de grandes obras maestras del genero como “Hasta que llegó su hora” o “La muerte tenía un precio” y que esto mismo no le pase factura, su estilo marcado y personal que nadie dudará ya a estas alturas, infunde a la cinta un carácter único y como todos los grandes sabe que debe utilizar y llevarlo a su terreno sin caer en la más burda de las imitaciones. Si el que crea que “Malditos Bastardos” era una película sobre nazis y ya esta o “Kill Bill” una de artes marciales tampoco sabrá ver que Django no solo es un western si no que es mucho más, es un film de Tarantino, en el que da cabida a todos los géneros y en el que todo vale si el resultado es el deseado, no importa ni ser correcto ni técnicamente perfecto, que más da, Tarantino te paga un billete para que te montes en su particular atracción y disfrutes al máximo pero no se te ocurra decir: "por favor paren esto", porque no te va a dar tiempo. No conseguirá la gloria de “Inglorous Bastards” pero si que sea una de las películas del año y que después de verla todos recordaran, no como otras que comparten terna de nominación y que después de verlas ya ni te acuerdas. Podría seguir con las interpretaciones que son magnificas todas, a excepción de una que en ocasiones es algo ridícula y quien sepa de Cine ya sabrá cual pero eso tampoco importa así que con todos ustedes: El GRAN QUENTIN TARANTINO. Disfrútenlo. La única pega es que se hace corta.
[Leer más +]
29 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
"Django Unchained" no es lo mismo que "Django Desencadenado"
Lo primero que hay que decir es que casi 3 horas de metraje es abusivo. Pero ya conocemos a Tarantino, le gusta perderse en muchas películas en una misma. Le gusta hablar de nada y de todo, tener momentos sublimes, excesivos, brillantes. Perderse entre sus largos diálogos que no dicen nada pero te quedas hipnotizado frente la pantalla. Una cosa que admiro de él es que no tiene riesgo a caer en el ridículo, es su película, la que quiere hacer, y te puede meter a Morricone y luego enlazar con música hip hop, sí, una especie de "Spaghetti Western" con rap. Y le queda bien al hijo de puta. Sabe poner la cámara en el lugar exacto, con el uso característico del zoom a veces. Humor como siempre Made in Tarantino. Se nota que ha visto miles de películas en su vida, de todos los géneros, se nota en las escenas de acción, en la sangre, siempre recordando al cine japonés. Pasando por los clásicos hasta llegar al cine incluso de serie Z. Christoph Waltz tremendo para mí, es un placer verlo siempre en V.O. La calma que tiene es increíble. Destacar también a Jamie Foxx, y a Leonardo DiCaprio, que hace tiempo ya se convirtió en uno de los mejores actores de su generación, dejando atrás ese pasado de ídolo de quinceañeras locas. Atención a Samuel L. Jackson, que aunque tiene poco metraje, borda todas las escenas en las que aparece. Jodidamente grande sus diálogos. Especial mención también a la escena del tiroteo final en la mansión. Locura de las grandes. Poco más que decir, no hace falta decir que es obligatoria verla en V.O. El doblaje mata a los actores. Que cada uno saque sus conclusiones, no puede existir mejor crítico que uno mismo. Pasen y vean pues.
[Leer más +]
31 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La leyenda de Django, un hombre libre
Brillante western al más puro estilo clásico. Tarantino consigue homenajear de forma perfecta el spaguetti western. "Django desencadenado" es una película que se asemeja mucho a "Malditos bastardos", un inicio absolutamente demoledor, un desarrollo notable y un tramo final sencillamente perfecto.

El niño malo de Hollywood vuelve a sus andadas con esta magnífica película, enormemente entretenida a pesar de su duración, de guión aparentemente sencillo aunque de alta calidad, con unas actuaciones principales sencillamente magistrales (perfecto Cristoph Waltz, para variar) y dirigida por la sádica y macabra mano de Tarantino, que proporciona intriga y dramatismo durante todo el transcurso del filme y consigue sacarte más de una sonrisa en el momento menos esperado con su ácido sentido del humor.

Al más puro estilo de Tarantino, no le falta violencia, sangrienta, abundante y excesiva, nada que no se esperaba de la oveja negra de Hollywood. Consigue que sus casi tres horas de metraje se pasen como si fueran apenas una hora y media.

Que se puede decir de esta nueva obra maestra de Quentin Tarantino, posee todos los elementos necesarios para ser disfrutada al cien por cien, sencillamente es una obra irrepetible en todos los sentidos, completamente única.

Con tan solo los títulos de crédito ya puedes ver que no te vas a llevar ninguna decepción, con ese magnífico inicio, ese cínico Cristoph Waltz te atrapa como un agujero negro y te emociona y te consigue hacer reír en solo un par de minutos.

No es que haya demasiados tiroteos, sin embargo cuando sale uno a la pantalla se presencia algo grandioso, violento y sangriento, emocionante, absolutamente maravilloso para la vista y los oídos.

Me cuesta creer que haya gente que diga que está perdiendo el ritmo, esa esencia Tarantiniana que desprendía en sus primeras películas, este es un director que sabe conservarse de forma espectacular, cuando hace algo lo hace a su manera (es decir, de forma brillante).

No dudes ni un segundo si vale la pena estar viendo una pantalla durante tres horas, ni siquiera lo pienses, si decides verla (como debe ser), estés seguro de que pasaras tres horas emocionantes y brillantes.

Sin duda resulta divertido como Tarantino caricaturiza los personajes hasta un extremo insospechado, hasta el extremo que todos tienen su gracia, hasta el más cabrón de todos, no sobra ningún personaje, no falta ningún personaje, todos aportan su toque ideal. Sencillamente no te la puedes perder.
[Leer más +]
29 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ver críticas con texto completo