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9
Je ne pourrai jamais vivre sans toi...
Jacques Demy rodaba en 1964 su tercer largometraje, “Los paraguas de Cherburgo”. Revolucionaria en su momento, constituyó un experimento que Demy catalogó de Cine-Música, sin ningún referente anterior ni posterior en la historia del cine. Con todos los diálogos -absolutamente todos- cantados, “Los paraguas de Cherburgo” es un film que se adentra en un terreno extremadamente resbaladizo. Transitando permanentemente por el filo de la navaja, y con el peligro de caer fácilmente en la más absoluta cursilería, milagrosamente no lo hizo. Historia de amor, de un intenso y fatalista romanticismo, con un esquema solo en apariencia clásico, sin embargo Demy la reconduce y explora con acierto temas como el del destino, de las historias truncadas, y de las segundas oportunidades, con un cierto atisbo para la esperanza, no exenta de amargura, por lo que pudo haber sido y que por circunstancias del destino no pudo ser.
Convertida en una película de culto y en una de las cumbres del cine romántico de todos los tiempos, vista hoy, permanece como una experiencia única capaz todavía de emocionarnos y de tocar las fibras más sensibles y profundas de nuestro corazón. Con una inteligente utilización dramática del tratamiento cromático del film, y una brillante partitura que pivota alrededor del bellísimo tema de amor de M. Legrand, “Los paraguas de Cherburgo” cuenta sin embargo con uno de los finales más duros, amargos y contundentes que uno recuerda haber visto en una pantalla de cine, amen de lanzar al estrellato a una jovencísima C. Deneuve, el resto ya es historia.


Francesc Chico Jaimejuan

Barcelona 30 de septiembre de 2005
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81 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Fascinante ópera pop
Escrita y dirigida por Jacques Demy, rinde homenaje a los musicales de Stanley Donen y Vincente Minnelli y a la pintura sensual y de colores puros de Henri Matisse. Se rodó casi integramente en Cherburgo en el verano de 1963. Obtuvo 5 nominacios a los Oscar. Ganó la Palma de oro de Cannes, el premio Louis Delluc (actriz) y otros. Fue producida por Mag Bodard y se estrenó el 19-II-1996 (Francia).

La acción tiene lugar en la villa portuaria de Cherburgo entre noviembre de 1957 y junio de 1959, con un epílogo en la Nochebuena de 1963. Narra la historia de Genevieve Emery (Catherine Deneuve), de 16/17 años, soñadora y romántica, que se enamora de Guy Faucher (Nino Castelnuovo), de 20 años, mecánico, de carácter espontáneo, distraído y poco previsor. Ella trabaja en la tienda de paraguas de su madre, llamada "Les parapluies de Cherbourg", y él en un taller de reparación de coches. El romance se ve interrumpido cuando Guy es llamado a filas y destinado durante 24 meses a Argelia.

La película está pensada como un drama romántico musical, integramente cantado, que forma parte de las obras más genuinas de la Nouvelle Vague. Está realizada como una ópera pop, que incorpora los postulados estético del momento. Glosa cuatro ideas centrales: no todas las historias de la vida real tienen final feliz, el azar es importante y juega caprichosamente con las personas, los sueños de juventud son frágiles y el destino ofrece segundas oportunidades, mejores o peores que las primeras. Las palabras no bastan para expresar las emociones fuertes que depara la vida. Por ello es necesario recurrir a la música, el baile, el ensueño y la fantasía. La acción se desarrolla en un mundo mágico, irreal, artificioso y fascinante, puesto al servicio de la expresión de la realidad. Merecen atención espedial la escena inicial de un picado cenital sobre el empedrado del puerto de Cherburgo mientras la lluvia arrecia sobre los paraguas de colores diversos que se mueven en distintas direcciones dentro del cuadro escénico hasta que algunos se detienen en hilera para salvar el paso de una madre con un cochecito de bebé, la despedida en la estación del tren y la escena en la estación de servicio, amarga, triste y dolorosa.

La música contiene melodías que evocan la alegría de los enamorados y la melancolía de la separación. Sobre una textura jazzística, ofrece canciones memorables, como "Je t'attendrai" (motivo central del film) y "Je ne pouvrai jamais vivre sans toi", considerada por algunos una de las 50 canciones originales más destacadas del cine. La fotografía mueve la cámara con espectacularidad y se apoya en decorados de Bernard Evein, de gran fuerza visual y cromatismo irreal. El guión explica una historia romántica sencilla, de referencias cotidianas y provincianas. Usa numerosas elipsis, que elevan el tono del relato. La interpretación de Deneuve trasmite emoción y ternura. La dirección crea un mundo de ensueño, sincero y libre de sentimentalismos.
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54 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La cosas de la vida (por Jacques Demy)
"Canto al amor
para decir que ahora que te he encontrado
todo es sol y camino
que quiero cantar".
(Traducción de Canto l' amor de Lluis Llach).

Parte I: La partida.

Geneviève y Guy son dos jóvenes tortolitos que se pasan el día cantándose que se aman. Viven en un mundo de colorines, bello, alegre, maravilloso, donde la lluvia no es más que una excusa para acurrucarse en un paraguas cherburguiano de color pastel mientras hablan de planes de boda y de sus futuros hijos.

Pero el destino frustra sus sueños cuando él debe marchar al servicio militar en Argelia. Desesperados, se juran amor eterno, y, entre lágrimas, prometen esperar a su reencuentro.

Cuando se es joven, dos años es una eternidad.

Parte II: La ausencia.

Geneviève está sola. Los colores se vuelven chillones y amenazan con ahogar la esperanza de la joven. Porque cuando te mueres de amor, la enfermedad te debilita con la rapidez del fuego que te quemaba al principio, cuando reinaba la felicidad.

Roland es un buen hombre. Quiere a Geneviève con todas sus circunstancias, y quiere cuidarla. Maman, madame Emery, es ligeramente ridícula, pero en el fondo quiere que su hija sea feliz.

La vida es la que manda, y se vive día a día.

Parte III: El regreso

Los colores destiñen, y se vuelve sucios y lóbregos. Guy está triste, melancólico, amargado, y el paso del tiempo se ha detenido sobre su persona. Cada rincón, cada bar, cada estación de tren le recuerda a su amada.

Madeleine es una buena chica, que desea compartir su vida con él. Una vida apacible y tranquila.

La aceptación de la realidad es inevitable.

* Lentamente llegamos al final.

Es difícil comprender cómo una película como ésta puede ser tan bella. Pastelosa y cursi, rozando lo hortera, pero es difícil no dejarse conquistar por esta historia de amor tan corriente, tan tópica, que precisamente te enamora por eso, nacida de la suma de un guión sin fisuras y un trabajo musical de Michel Legrand impecable.

Bravo por Jacques Demy, por arriesgarse, y por reflejar las vivencias de la gente corriente. Por saber dirigir a la perfección, manteniéndote dentro todo el metraje. Por saber combinar los trajes con las paredes del decorado.

Por llenar de color un mundo gris. Tengo ganas de tararear.
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37 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
"Sólo en el cine se muere de amor"
Lo admito, a veces me gusta lo cursi. No lo cursi al estilo de bodas pastelosas (de hecho, si me casara preferiría hacerlo con ropa sencilla y con una celebración sencilla, detesto los saraos multitudinarios) o ir vestida como una caja de bombones con lacitos. Ni vestiría a mis hipotéticos hijos con prendas que parezcan sacadas de las crónicas de sociedad de la prensa rosa.
Cierto, este musical es cursi. Pero lo es de una manera encantadora, placentera de seguir, de contemplar, de escuchar. No es un musical al uso de ésos en los que de cuando en cuando van intercalando pesadas canciones sin venir mucho a cuento. Porque la maestría de "Los paraguas de Cherburgo" radica en que la música (hermosísima, romántica, delicada e inolvidable) está presente en todo el metraje como un elemento sustancial, y que cada frase pronunciada por cada personaje posee una musicalidad espontánea, sin alterar ni distorsionar la naturalidad de los diálogos. Todos cantan de principio a fin, pero lo hacen de manera agradable para el oído y para el temple de los espectadores, incluso de aquéllos no muy aficionados a este género.
La trama central, universal y de sobra conocida por todo el que ha vivido y observado los compases del amor, se saborea y se digiere con la suavidad y la dulzura de un caramelo de ésos que intentamos prolongar sobre la lengua, o el placer de un trocito de chocolate que se va derritiendo lentamente.
Preciosa historia repleta de colorido, elegancia, buen gusto, delicadeza y belleza, que nos habla de las huellas del primer amor, de la inocencia y la fuerza de ese sentimiento estrenado, del sufrimiento provocado por la separación, del olvido causado por el sinsabor y la distancia, del desengaño... Esos amores primerizos que marcan a fuego y que dejan sus secuelas para siempre. Pero la vida sigue... Y no hay mal que cien años dure.
Lindísima Catherine Deneuve, guapísimas actrices secundarias (la madre de Geneviève y Madeleine), dignos, atractivos y conmovedores también los intérpretes masculinos... Todos llevan sus papeles con una mezcla de gracia y sentimiento que conmueve. Todos superan con elevada nota la dificultad de no caer en el ridículo, pues no es fácil pasarse una película entera cantando sin parecer bobo o artificial.
Qué puesta en escena tan bonita. Qué combinación de colores (el papel de las paredes a juego con los vestidos de las mujeres... Un recurso tremendamente cursi pero que en esta película entra por los ojos sin dar grima), qué vestuario, qué decorados... Todo el conjunto parece ideado para deleitar la vista. Qué visión tan romántica de Cherburgo, con esas calles empedradas, sus casas coloridas, y sus tiendas con aspecto venerable.
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32 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
VIVO CANTANDO
Excepcional película totalmente cantada, de la primera frase a la última. Es inevitable pensar en el otro famoso musical de Demy (“Las señoritas de Rochefort”), pues con ella comparte no sólo el aspecto musical, sino también el marcado uso de colores pastel, y la misma maravillosa protagonista (Catherine Deneuve)
A diferencia de “La señoritas…”, “Los paraguas de Cherburgo” es bastante menos dulce, y está recorrida por un romanticismo que empieza siendo ñoño para volverse cada vez más negro y terminar siendo doloroso (en contraste con los alegres colores)

El tema principal de la banda sonora es de los que te remueven por dentro y se te clavan para siempre por su enorme melancolía.

La Deneuve está preciosa, virginal, y nos regala una interpretación sentida y nada fría… la acompaña estupendamente el muy guapo italiano Nino Castelnuovo.
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14 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El amor y sus circunstancias
Aún siendo admirador del genuino musical americano, Jacques Demy filmó este musical alejado del clasicismo yanqui, entre otros motivos, porque sería inútil imitarlos (Donen, Minelli, Cukor), lo que no es menos cierto son sus claras influencias. De tal forma, y ahí reside su pervivencia, la originalidad que este maravilloso film nos brinda, y es que no incluye números donde se canta o baila, sino que todo el film es un discurso uniforme e indivisible, más cercano a la ópera que al propio musical ortodoxo. No existe tránsito del diálogo hablado a la música y las canciones y viceversa, todos los personajes se expresan siempre cantando, a través de un recitativo, que se sitúa entre la palabra hablada y el canto propiamente dicho que facilita la escapada al mundo del ensueño, la pesía y la fantasía que debe tener todo musical.

Todo ello contribuye a la sublimación de la vida cotidiana: las relaciones sentimentales entre un pobre mecánico y una joven de familia bien venida a menos a los que el destino les tiene preparado mucho desengaño. La expresión suprema de unas vidas rabiosamente próximas y reconocibles. La trama está dividida en tres actos, como una obra escénica: La partida, la ausencia y el regreso. Su localización es una húmeda y gris Cherburgo al que el director llena de luz y colores pastel, fotografía siempre muy cuidada. La viuda Emery (Anne Vernon), regenta una tienda de paraguas en compañía de su hija Geneviéve (una cautivadora Catherine Deneuve) enamorada de Guy (Nino Castelnuovo) que vive con su madrina enferma, de quien cuida la joven Madelaine (Ellen Farme). Rodada con unos magistrales decorados por su elegante diseño y por las inolvidables melodías archiconocidas de Michael Legrand que forman parte de la historia del cine.

Pese a que el género musical no siempre fue aceptado por todos, incluso algunos lo califican de cursi, quizás por falta de sensibilidad, diría yo, éste film posee la magia de lo onírico, con escenas seductoras por su belleza plástica que Demy filma con una caligrafía de poema visual. Y qué es el cine, sino sueño y fantasía entre otras muchas sensaciones. Imperecedero musical de exigencia creadora, pasión arrebatadora, goza de la cadencia en cada paso y movimiento de sus personajes, obra delicada, sensual, romántica y realista sin dejar de ser fascinante. Todas sus virtudes constituyen una obra maestra del musical que el tiempo le continuará haciendo justicia.
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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Los caminos tortuosos del amor
Imaginemos un país -llamémosle Cherburgolandia- en el que sus habitantes, cuando van al cine, se extrañaran de que los actores de cierta película recitaran sus diálogos de forma que ellos juzgarían monótona y sin acompañamiento musical alguno. Una película extravagante e irreal, dirían. Y es que el mundo que conocemos, en el fondo, no es más que una interpretación de la realidad cuya validez se sustenta en el número de individuos que comparten sus reglas y convenciones.
Quizá por ello, aunque en un principio choque un poco que todos los diálogos de este musical atípico estén cantados (como si estuviéramos ante una opera), acaba uno acostumbrándose. Este modo de llevar los códigos del musical hasta el extremo acaba resultando, de hecho, más natural que el mundo esquizofrénico en el que se desenvuelven los musicales tradicionales, donde los actores, tras hablar largamente como “gente normal”, se ponen a cantar y a bailar de pronto al son de una música salida de no se sabe donde.
Uno de los puntos sobresalientes de esta película es su estilizado aspecto visual. Destacan los colores primarios (verdes, azules) y las ricas texturas (sobre todo en los papeles pintados) que muchas veces armonizan con el vestuario de los actores. Un “look” que luce bastante realista sin embargo, y se aleja del aspecto artificial y como de cartón-piedra que caracteriza a la mayoría de las películas musicales rodadas en estudio que solía confeccionar Hollywood. Deneuve, jovencísima, está estupenda, y todos los actores cantan sus diálogos con sentimiento y naturalidad, aunque estén doblados por cantantes profesionales cuya técnica de opereta nos remite a los musicales “de toda la vida”. Con todo, una sutil cadencia jazzistica recorre las variaciones de unas melodías que, por lo general, no buscan excesivo protagonismo (salvando el emotivo tema central que suena en la escena de la despedida en la estación, por ejemplo), pues parecen haberse compuesto para adecuarse a su función de soporte y acompañamiento de los diálogos. Y aquí hay que hacer una mención obligada a Michel Legrand, posteriormente captado por el cine americano y que compuso, entre muchas, la inolvidable banda sonora de “Verano del 42”.
En resumen: una original y conseguida película que cuando concluyó me sumió en una tierna melancolía. El amor recorre a veces caminos tortuosos que se interrumpen y vuelven a reanudarse. Pero algo se pierde en el camino y ya no puede recuperarse nunca.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Bonita, sencilla y limpia como las peliculas de antes.
Es un clásico del cine musical que hace tan agradable al oido con ese acento frances. Si bien la historia, además de romantica es tambien simple y realista tiene una musicalidad bastante buena. Como detalle he de decir que le sonará a mucha gente el tema principal de la película debido a que fue usado en la serie Futurama.

En ella se nos cuenta la historia de una pareja de enamorados: un chico que vive con su tía y que trabaja en un taller mecánico que se enamora de una bella dependienta de una boutique y viceversa. Ambos planean su futuro, comparten sueños pero estos se verán cortados por la partida del joven.

No es una película romántica ni un pastelón sino un drama que representa la realidad de todos aquellos jóvenes que vieron interrumpidas sus vidas por los servicios militares.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La música como medio de narración
Tres premios en Cannes, incluyendo la Palma de Oro. Cinco nominaciones a los Oscar en dos años diferentes (1964 y 1965). "Los paraguas de Cherburgo" no sólo merecía todos aquellos premios sino que además supone una experiencia inolvidable y difícil de repetir. Jacques Demy, uno de los directores franceses quizá menos conocidos mencionados en círculos cinéfilos (donde Godard, Resnais u otros son los nombres habituales) se atreve a contar una historia a modo de cuento y utilizando exclusivamente canciones para cada situación: no hay diálogos, todo está musicalizado. Incluso el hermoso rostro de la maravillosa Catherine Deneuve parece una composición de algún gran maestro.

La historia nos habla de una mujer (la citada Deneuve) que está enamorada del hombre equivocado. Su madre, dueña de una tienda de paraguas, le organiza una cita con un hombre rico y casi la fuerza a casarse con él. La narración se divide en tres bloques separados con precisión de cirujano, miendo los tiempos para que no duren demasiado y todo funcione como un perfecto engranaje. Y el mérito de todo esto no se queda ahí sino también en la naturalidad con la que interpreta todo su reparto, con la fuerza de la dirección de Demy, que no podría ser más sencilla y directa, pero a la vez notable, y con la soberbia música de Michel Legrand. Comedia y melodrama se dan la mano en una de esas películas que, de bellas, duelen. Y es que ese final va a ser difícil de olvidar. Un peliculón que merece no sólo haber obtenido las nominaciones previamente mencionadas, sino además ser más recordada de lo que es: no es sólo un experimento, es la prueba irrefutable de que la música es un perfecto motor para contar historias. Fabulosa.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Que fácil enamorarse de un rostro
Jacques Demy (Pontchâteau,1931-París,1990) fue una rara avis dentro de lo que fue la La Nouvelle Vague y quizás uno de los pocos directores europeos que se haya atrevido a enfrentarse a la tarea de crear un musical de autoría partiendo de los referentes hollywoodienses. Los Paraguas de Cherburgo (1964), quizás su película más famosa y que empujo la carrera de una joven y bella Catherine Deneuve es ante todo de valorar por su valentía en las forma y el estilo, aunque se califique a la película de comercial, que por otro lado lo es.

Valiente porque estamos ante la primera película musical en la que todos y cada uno de los diálogos son cantados, y al principio cuanto menos choca; y porque hace un uso estilístico del color poco usual para la época.

A destacar una Catherine Deneuve de la que es muy fácil enamorarse y el factor por el cual aunque es una historia romántica, y para más de uno rozará el extremo de la cursilería, esconde una faceta de desasosiego magnificamente conducida por la batuta del gran compositor Michel Legrand que hace de su música un inmejorable hilo conductor de la historia.


Uno de los puntos destacados de la película es la maravillosa utilización de colores vivos y saturados puesto que junto a la música reafirma cada sentimiento y se muestra como una razón más de la propuesta innovadora de Jacques Demy. También añade simbolismo a cada pasaje como cuando vemos a Geneviève junto a la ventana leyendo una carta que le ha enviado Guy; ella vestida de blanco, cortinas blancas, lazo blanco en el pelo, nevando en el exterior, todavía esta viva la esperanza de un reencuentro y una vida feliz en común. Ese mismo lazo será negro en la última escena de la película cuando el destino, uno de los temas recurrentes de Jacques Demy, haya separado los caminos de los dos personajes. La película fue rodada en Eastmancolor lo que hizo que con el paso de los años las cualidades del color se fueran perdiendo. La mujer del realizador, Agnès Varda, coordinó la restauración de la película a partir de negativos que se tenían archivados.

Sería bueno vaciarse de prejuicios ante un film innovador que supuso una bocanada de aire fresco para el cine de la época y que aunque con claras influencias del musical de Hollywod, se puede considerar plenamente europeo.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
El tiempo se divide en compases.
Esta película es una demostración de que el arte es la adecuación de la forma al contenido. La historia que nos cuenta no deja de ser un discreto melodrama: una joven pareja de una ciudad de provincias vive un apasionado romance, pero las circunstancias y el tiempo defraudan sus ilusiones y las convierten en recuerdos. Historia nimia y cotidiana que le puede ocurrir a cualquiera.
Hay admiración y homenaje al musical americano, pero el hallazgo de Demy es que todos los diálogos son cantados. Es la demostración de que el componente esencial del cine es el mismo que el de la música: el tiempo. Diálogos y acción se acompasan a la música y ponen en evidencia que el buen cine es un arte coreográfico en el que se ordenan sonidos y silencios de forma armónica.
El otro componente esencial del cine es el espacio y Demy lo domina integrando la cámara dentro de la coreografía. El tiempo fluye con elaborada naturalidad a través de la música, los diálogos, los movimientos de la cámara y de los actores en tan perfecta sincronización que eleva a la categoría de arte una historia tan pequeña.
Para reforzar el carácter de artificio que supone la creación cinematográfica, los espacios también son estilizados por el uso de colores saturados que van evolucionando a gamas más neutras, de acuerdo a la evolución de los personajes. La omnipresente música alcanza cotas inigualables de emoción con el recurrente tema central. Y Catherine Deneuve está tan hermosa que no puede ser real.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
LLUVIA
Quería ver esta película hacia tiempo, creía haber visto unas imágenes de esta anteriormente, creía que era una película romanticona en la que salía Peter O`Toole. Cuando la vi verifique que no era la película que creía, no salía Peter O`Toole, pero me encontré con una película que me encanto.

Yo no soy de llorar pero nada mas empezar la película se te saltan las lágrimas. Comienza con la melancólica música de Legrand, imágenes de lluvia, paraguas. Todos los elementos de la película están puestos para provocar la melancolía: Cherburgo, ciudad lluviosa con marineros de paso, amores, desamores, separación por la guerra, lo que podía haber sido y no fue… Un final que te deja tocado…

La película tiene la originalidad de que es un musical peculiar, no es que haya piezas musicales insertadas en la película, es que toda ella es un musical, con diálogos cantados.

Aspectos negativos no le veo ninguno. La gente dice que es cursi (RAE: dicho de una cosa que con apariencia de elegancia o riqueza, es ridícula y de mal gusto), yo no lo veo así, es romántica.

Por todo ello, considero que la película se merece un 9, muy buena. Por esta película y otras circunstancias considero a Francia como el país más romántico del mundo.
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4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Romántico musical en la lengua del amor.
El amor marca nuestras vidas, nos hace reir y nos hace llorar, nos hace sentirnos en las nubes para luego bajar, y nos duele a veces tanto como para desear que todo se acabe con la persona a la que amamos. Es ese noble y apasionado sentimiento el que hace que Guy y Genevieve deseen por encima de todo estar juntos y compartir sus vidas. Ella vive con su madre y le ayuda con su tienda de "parapluies". Él con su madrina y arregla coches en un garaje. Así es como comienza este clásico del cine musical francés, con una dulce historia de pasión juvenil, que luego se verá marcada por la tristeza y los avatares del destino.
Unos decorados de vivos y contrastados colores, un diálogo que es una cancion sin fin, y una deliciosa banda sonora de fondo, a veces muy alegre y en otras profundamente melancólica y romántica, envuelven y realzan los matices de los distintos pasajes de las vidas de los dos amantes, interpretados con gran candor y verismo por Catherine Deneuve y Nino Castelnuovo.
Sólo tienes que verla para "decouvrir l´amour " otra vez bajo los paraguas de Cherburgo.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Qué bonita...
Me puse a ver la peli porque trabaja la Deneuve de jovencita y me encontré con un raro musical en colores vibrantes. Y digo "raro" porque no hay partes habladas y números musicales, sino un recitativo continuado. Los personajes cantan en lugar de hablar. Hay que verla en francés porque si no sería otra película. Y lo de "bonita", pues sí, si no tienes alergia a las historias sensibleras de amor y te dejas llevar te emocionas y todo. Hay de todo un poco: amores apasionados, traiciones, cobardías, mujeres que aman en silencio... Pero ya digo, no sé si es la Deneuve, pero se ve con gusto.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Para llorar y para recordar siempre
Si has sido joven esta película te hará llorar unas cuantas veces. Si eres nostálgico llorarás muchas veces más.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Y no fue
Siempre pensé que en este particular genero, el musical, seria mucho más coherente que todo fuera cantando y arropado por la música, de principio a fin, no solo algunas partes o momentos estelares. Es por ello que esta película resulta ya de por si interesante al apostar precisamente por este concepto, el hacer un musical totalmente musicalizado.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Cantando a las cosas del amor
Una película totalmente cantada es un experimento interesante y bastante arriesgado, pero además existe el añadido de que el argumento es dramático.
Demy dirige con seriedad dejando que la música exponga los sentimientos pero creo que las melancólicas canciones de Legrand, salvo el hermoso tema principal que se repite varias veces, no resultan lo bastante atractivas para llenar las secuencias. Los personajes son excesivamente esquemáticos y las actuaciones quedan vistosas pero no aportan ninguna profundidad.
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11 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Mucho más que una película "en-cantada"
No había visto nunca antes esta película francesa -en coproducción con la RFA- y me ha gustado muchísimo. Está a la misma altura que otro posterior musical de Demy, "Las señoritas de Rochefort" (Les demoiselles de Rochefort, 1967). Eso sí, "Los paraguas..." es un film tristísimo, y ésa es seguramente la única pega que se le puede poner. Es un musical en el que los diálogos, todos los diálogos, son cantados, y ello suponía un riesgo para Demy, que este director supo superar, gracias a su talento, y al de todo el equipo técnico y artístico que hizo este largometraje. El uso del color, la ambientación, la puesta en escena, el detallismo que se advierte en cada plano, son sensacionales y asombrosos.

Pero "Los paraguas..." es más que un gran film musical, más aún que una película "en-cantada", como decía Demy. Es una película que se ríe de sí misma, como se advierte al principio, en el vestuario del taller mecánico, cuando un mecánico dice que va a la ópera, y otro le contesta -cantando- que eso de que todo el mundo cante es un rollo, y que él prefiere el cine. Además, es una historia de amor en la que los amantes (Nino Castelnuovo y Catherine Deneuve), aunque se quieren muchísimo, acaban separándose, y uniéndose a otra pareja sin grandes remordimientos. En fin, es una historia tremendamente sentimental y, a la vez, tremendamente realista.

A destacar también las referencias a otra película de Demy, anterior a ésta, "Lola" (1961). En ambas películas, Marc Michel es Roland Cassard. A Demy no le gustaba abandonar a sus personajes de anteriores películas; quería retomarles, volver a saber de ellos. Esa idea, o intención, dice mucho a favor de un cineasta.

"Los paraguas de Cherburgo" es una gran película, fuertemente imbricada en el espíritu de la "Nouvelle Vague" y del cine de su época.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Maravillosa
Estamos ante una película maravillosa por un montón de motivos: por la dulzura del primer amor, con las mariposas en el estómago y la seguridad de que comerás perdices durante toda tu vida con esa persona; por las enormes interpretaciones de principales y secundarios; por esa música TAN bonita y esas canciones que se mantienen durante absolutamente toda la película, formando parte de cada diálogo y de cada pensamiento; por esa gama de colores tan increíble y tan original, combinando a cada personaje con su entorno; y por ese final tan real y tan agridulce a la vez.

En resumen, es una película preciosa, que te deja con un nudo en la garganta mucho mucho tiempo después de haberla visto.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Romanticismo sin límites
Es una película tan romántica que anda bordeando el empalago o la cursilería, sin caer sin embargo en ellas, resultando finalmente una película desgarradora sobre el paso del tiempo
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4 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
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