arrow

La flor: Primera parte (2016)

La flor: Primera parte
Trailer
7.4
157
Votar
Plugin no soportado
Añadir a listas
Sinopsis
Primera parte de las tres que componen "La flor", tercer largometraje de Mariano Llinás. Consiste en un prólogo (la presentación del film a cargo del director) y dos episodios. En el primero, una momia libera una maldición en una excavación en una provincia del interior de Argentina. En el segundo, una pareja de cantantes pop se reúne para tocar después de muchos años, mientras una mujer se inyecta veneno de escorpión con fines misteriosos. En las otras dos partes de la película, que aún no se estrenaron, se desarrollarán cuatro episodios más, con las mismas cuatro actrices en los roles protagónicos.

Fue premiada como la mejor película en la competencia internacional del BAFICI como una sola película junto a las 2 partes restantes, que en total suman 840 minutos (14 horas), siendo exhibidas por separado. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Argentina Argentina
Título original:
La flor: Primera parte
Duración
220 min.
Guion
Mariano Llinás
Música
Gabriel Chwojnik
Fotografía
Agustín Mendilaharzu
Productora
El Pampero Cine
Género
Drama Fantástico Intriga Terror Musical
8
Un muy buen comienzo para la trilogía de Mariano Llinás
El propio Mariano Llinás ya nos advertía en el cine de Ourense, antes de que comenzase la proyección, por si alguien quería bajarse del carro: “Lo que están a punto de ver NO es una película. Dura cerca de cuatro horas, con un pequeño descanso para que puedan ir al baño y algunas de las historias no tienen final”, obteniendo estas palabras algunas risas nerviosas por parte del público presente. Toda una declaración de intenciones, ya para empezar.

La flor – primera parte, como su propio título bien indica, es el punto de partida de un conjunto de películas que constituyen un proyecto que busca ser unitario.

Esta primera parte, protagonizada, como las futuras que están por venir, por las cuatro mismas actrices en todos y cada uno de los relatos, comienza con un breve prólogo en el que el director se dirige directamente a nosotros: “Son seis historias: cuatro empiezan y no terminan; la quinta empieza y termina; y la sexta es el final. La primera es una suerte de clase B, esas películas que los estadounidenses hacían con los ojos cerrados y ahora parecen haberse olvidado de cómo hacer; la segunda es un musical con algo de misterio; la tercera es de espías; la cuarta no se entiende bien de qué es; la quinta está inspirada en una película francesa filmada hace muchos años; la sexta, sobre cautivas del siglo XIX que vuelven del desierto y los indios”.

En la primera historia, que recuerda, efectivamente, a las conocidas y clásicas películas estadounidenses de clase B, nos encontramos con una serie de hechos sin aparente explicación que comienzan a sucederse tras la llegada de una momia a un laboratorio encargado de trabajar con fósiles.

La segunda, recalquemos que denominada por su propio autor como “musical con algo de misterio”, nos cuenta la historia de una pareja (dentro y fuera de los escenarios) de músicos que en el pasado ha tenido un gran éxito, atravesando ahora, sin embargo, una grave crisis que les ha dejado muy cerca de la separación. Esta historia se ve unida, a través de una de sus protagonistas, con otra paralela en la que un muy peculiar grupo busca conseguir la forma de alcanzar la eterna juventud, siendo éste el elemento misterioso de la narración. Esta parte de la película se ve acompañada por numerosas canciones originales muy conseguidas que irán cayendo con el paso de los minutos.

El trabajo de las actrices en estas dos primeras historias es notable, algo que se complementa en el apartado técnico con una muy singular forma de grabar, caracterizada en este caso por los primeros y medios planos, siendo muy habitual también el desenfoque por parte del director.

La mano de Gabriel Chwojnik, que vuelve a unir fuerzas con Llinás para encargarse de la música una vez más, es, como ya nos tiene acostumbrados, decisiva, principalmente en los momentos de tensión, aportando ese definitivo toque de suspense.

Una muy recomendable primera parte (sobre todo gracias a su segunda historia, a pesar de la buena factura de la primera y del interés que consigue suscitar en todo momento) de la trilogía desarrollada por Mariano Llinás, en lo que ha supuesto el estreno de este proyecto en suelo español.

Jorge Madriñán, http://metropolitano.gal/gafapasta/cine-la-mente-del-argentino-mariano-llinas/
[Leer más +]
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Pétalos
La flor no es una película cualquiera. La flor se ha convertido en pocos meses en una leyenda, en un concepto extraño que resuena de festival en festival como algo que nadie se cree que pueda existir, en algo a lo que uno no sabe cómo hacerle frente. Es un objeto místico y mitológico, un leviatán, un kráken, un juggernaut cuyo principio, cuya estructura y cuya narración intimida a cualquier espectador aguerrido que ose ponerse delante y que se arriesga a terminar aplastado por este gigante. La flor son seis historias: cuatro empiezan, pero no terminan. Una empieza y termina, como un cuento, y la última no tiene introducción pero sí un final. El esquema que forman la cronología de las historias se parece a una flor, de ahí su título y su cartel.

Las seis historias son, además, independientes entre sí: la primera es una película de terror de serie B al estilo de la Hammer, la segunda es un drama musical con un trasfondo de thriller, la tercera es una película de espías, la cuarta es un cuaderno de rodaje salpicado por una subtrama de fantasía, la quinta es un remake francés y la sexta es una película de aventura histórica. Nada tienen en común excepto a sus cuatro actrices protagonistas, cuerpo y alma de la obra, que en cada historia interpretan personajes distintos.

Y por si pareciera poco, un pequeño detalle: La flor tiene una duración de catorce horas. Catorce. Una duración reservada a las series pero cuyo patrón no puede aplicarse a la película. En una serie cada episodio tiene una duración similar, un ritmo periódico de corte a corte. No es el caso de La flor, que ya desde su inicio fue concebida como una antología de géneros, una película de películas, una metapelícula, donde un episodio dura cinco horas y otro apenas veinte minutos. Además, los intervalos que acompañan a las proyecciones rara vez coinciden con el final de uno de los segmentos. En palabras del propio director, los cortes de La flor nos devuelve a la nostalgia del cine-club, donde veríamos la misma noche tres películas seguidas con apenas una pausa entre ellas para salir a fumar un cigarro.
[Leer más +]
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil