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El cuento de la criada (Serie de TV) (2017)

El cuento de la criada (Serie de TV)
Trailer
7.8
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Sinopsis
Serie de TV (2017-Actualidad). En un futuro distópico donde se ha implantado una dictadura fundamentalista, una joven se ve forzada a vivir como una concubina para dar hijos a su señor. Tras el asesinato del presidente de los Estados Unidos y la mayoría del Congreso, se instaura en el país un régimen teocrático basado en los más estrictos valores puritanos. Los Estados Unidos de América, desde ese momento, pasan a ser conocidos como la República de Gilead. En esa nueva sociedad, la mayor parte de los valores modernos occidentales han quedado desterrados. La mujer pasa a un segundo plano, siendo prácticamente un objeto cuyo único valor está en sus ovarios, pues hay un problema de fertilidad en Gilead. Adaptación de la novela de Margaret Atwood. (FILMAFFINITY)

Estreno 3ª temporada USA: 5 junio 2019 / HBO España: 6 junio 2019.
Dirección
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Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Handmaid's Tale (TV Series)
Duración
60 min.
Guion
Bruce Miller, Ilene Chaiken, Dorothy Fortenberry, Lynn Renee Maxcy, Nina Fiore, Wendy Straker Hauser, Eric Tuchman, John Hererra, Kira Snyder, Leila Gerstein, Marissa Jo Cerar, Yahlin Chang, Jacey Heldrich (Novela: Margaret Atwood)
Música
Adam Taylor
Fotografía
Colin Watkinson, Zoe White, Stuart Biddlecombe
Productora
Emitida por Hulu; MGM Television / Hulu
Género
Serie de TV Drama Distopía Religión
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Margaret Atwood
9
Terrible distopia demasiado real
Magnífica adaptación de la novela El cuento de la criada de Margaret Atwood. Esta serie no tiene nada que ver con la fallida adaptación alemana de los años noventa. Treinta años han pasado desde que la escritora canadiense imaginara un futuro donde EEUU estuviera gobernado por una teocracia y lo que entonces parecía ciencia ficción hoy parece cada vez una posibilidad más real. No vamos a hablar del Islam, la Sharia o el Califato, donde el mundo que pintaba Margaret en su novela existe ya. Ella apuntaba al corazón de la democracia occidental. Bienvenidos a los Estados Unidos de los Amish.

Narrada en dos planos temporales distintos, por una lado tenemos a Defred, ya convertida en esclava sexual de uno de los comandantes (dirigentes) de la teocracia que ha derribado a la democracia y por otro lado tenemos a Defred cuando aún era June y a través de sus ojos vamos a ver cómo los fundamentalistas cristianos (que me perdonen los Amish por haberlos usado en mi anterior comparación) van a ir poco a poco a hacerse con el poder. Tras presentarse como los salvadores después un atentado en el Congreso, van a establecer su ley. Su ley quiere decir la ley de la Biblia y más concretamente la interpretación "surrealista" que ellos hacen de las Sagradas Escrituras. Porque que un don nadie viole a una mujer merece la horca, pero que uno de sus dirigentes viole a una de las esclavas sexuales con fines reproductivos, venía en "su" Biblia.

Porque ese es el punto de partida. La contaminación ha hecho que sean pocas las mujeres que logren dar a luz a niños sanos. Estos fundamentalistas van a aprovecharse de la situación para hablar de una vuelta a las tradiciones. Un mundo donde la ciencia o la universidad o la cultura o incluso las religiones cristianas que no comulguen con su visión del cristianismo están prohibidas y perseguidas. Un mundo donde la mujer ha sido relegada a un papel secundario, sin poder trabajar o poseer propiedades.

Aunque el peso inicial recae en la actriz Elisabeth Moss, con el paso de los capítulos ganan peso otros personajes. Curiosamente todos femeninos, Desde Yvonne Strahovski, la mujer del comandante Fred Waterford, el dueño de De-Fred. con su mezcla de celos, hipocresía y fascinación por el poder, pasando por otra de las esclavas sexuales, Of-Glen, (Alexis Bledel) personaje rebelde que a partir del tercer capítulo coge un vuelo espectacular y terminando por la tía Lydia (Ann Down) la mujer (la bestia) que dirige la Casa Roja, donde se doblega la voluntad de las mujeres para que acepten ser esclavas reproductivas, como si fueran animales.

La serie es buenísima, pero no seria ni la mitad de buena sin el papelazo que se marca Elisabeth Moss. Madre mía que capacidad tiene esta actriz para trasmitir emociones contenidas. No habla mucho, aunque a veces oímos sus pensamientos, pero lo dice todo con esa mirada que expresa a la vez ira, miedo, frustración, asco, algunos destellos de orgullo y una chispa muy, muy escondida de esperanza en poder reencontrarse con su hija, único motivo para que siga viva. Después de haber sido Peggy Olson en Mad Men, la actriz se marca el papel de su vida. Tras haber visto Feud, creía que Jessica Lange o Susan Sarandon se merecían todos los premios del año. Rectifico. Elisabeth Moss acaba de adelantarlas por la derecha.

Aunque los mejores personajes sean femeninos, esta distopia no es una excusa para presentarnos a la ya habitual heroína de medio pelo que viene a salvar el mundo. De-Fred bastante tiene con salvarse así misma. El libro fue una denuncia de la posible deriva hacia la que caminaba la humanidad en 1985. 32 años después ese mundo ya existe en algunas partes y en otras a muchos les gustaría que existiera. Serie denuncia que capta a la perfección el espíritu de una de mis novelas favoritas de su género.
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142 de 202 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Una distopía aburrida, maniquea y sin sentido.
Si vas a contar algo a través de una distopía, más vale que esta tenga una fuerte lógica interna (ahí tenemos la maravillosa The Man in the High Castle como ejemplo). Si no es así, todo lo demás cae como un castillo de naipes.

Pues este es el principal problema con The Handmaid's Tale.

El episodio piloto y el tercero son lentos hasta decir basta (sí, sí. Me encantó El séptimo sello de Bergman, así que haceos una idea de a lo que me refiero con "lento") y con una falta de lógica interna de la distopía que clama al cielo. No se explica (ni les interersa hacerlo), cómo de una amenaza terrorista, se supone que islámica, y de un nivel de fertilidad casi 0, donde se culpa a los tóxicos y a la contaminación, se pasa a abolir los derechos de la mujeres (no les permiten trabajar, tener cuantas bancarias...) y a crear este estado (totalmente absurdo) que, para remate, tiene métodos de subyugación y ejecución muy del estilo fundamentalista islámico (ahorcamientos en grúas y ablaciones, sin ir más lejos). Si es que, conociendo a los estadounidenses, uno se pregunta todo el rato dónde han ido a parar los millones de armas que tienen en los hogares y por qué no se han liado a tiros en las calles al empezar la represión (muy mal contada en el capítulo tres, por cierto).

Pero a lo que iba. ¿Se puede saber qué tiene que ver el culo con las témporas, guionistas y escritora del libro? Vamos, que me dicen que esta sociedad de El cuento de la criada ha llegado por la desaparición de los casquetes polares y el nacimiento de niños deformes por un aumento exponencial de relaciones incestuosas en medio de un mundo donde la electricidad ha dejado de ser viable, y tendría el mismo sentido. En resumen, la historia es un cúmulo de falacias non causa pro causa mal contadas que duelen. Lo que es más, el uso que hace de pasajes religiosos, mezclando creencias cristianas, judías con otros comportamientos y costumbres de cariz islámico, dan vergüenza ajena, y mira que soy ateo. Se limitan a coger lo peor de cada casa (y todas tienen muchas cosas muy malas, de sobra es sabido), meterlo en la coctelera y lo agitan creyendo que de ahí va a salir algo mínimamente coherente y todos nos vamos a rasgar las vestiduras conmocionados. Pero no, la maldad no es caótica. Nunca lo fue. Ella también debe tener una coherencia interna. Siempre la ha tenido.

¿Y la invención del parto? O sea, que lo más importante de esta sociedad es que nazca un niño... y las criadas los tienen en las casas bajo ritos pseudoanimistas, sin atención médica especializada por si algo va mal y en una silla de partos de madera al estilo de siglos anteriores mientras a las que les hacen la ablación por transgredir la ley al cometer "tracición de género" las ingresan con todo mimo en centros hiperesterilizados.

¿Estamos todos tontos?

Cinematográficamente, se abusa en todo momento del los primeros planos y los primerísimos planos, a menudo en contrapicado. Y sí, crea un atmósfera claustrofóbica, pero cuando todo el rato se usa el mismo recurso, la verdad es que señala más falta de maña que otra cosa, lo que da como resultado desidia y aburrimiento. Lo intentan compensar con alguna panorámica fluvial y algún plano cenital, sin mucho éxito.

Interpretativamente, todos está soberbios, desde la actriz principal hasta el últmo secundario. Lamentablemente, los malos son tan malos (excepto Fiennes en sus breves y estupendas apariciones y la ambivalencia del chófer) y los buenos son tan buenos, que aburren. Los buenos sufren tanto y los malos están tan mal trazados, que te da igual lo que pase. La estructura familiar de esta nueva sociedad es de traca, por cierto. Provenientes todos de las libertades hace nada perdidas, las esposas, los maridos y las criadas las adoptan como si ya fueran centenarias. Ninguna sociedad puede sobrevivir con esos ritos de procreación e intrafamiliares. Sería una sociedad que se dinamitaría a sí misma. Se solucionaría con la fecundación artificial, claro, con más índice de éxito que el método natural. Por supuesto, esto ni se menta. Quieres pensar que es porque lo prohíben sus creencias judeocristianasislámicas, pero también prohíben la fornicación y el adulterio (sexo con quien no estás casado/a) y ahí están, tan divinamente follando a otras en la jeta de la esposa y pasándose una vez más la lógica interna por el arco del triunfo. Además, faltan personajes y otros puntos de vista. Por ejemplo, ¿por qué una lesbiana a la que le obligan a tener sexo con un varón o una heterosexual que está siendo violada (muy ritualmente, eso sí) no generan pensamientos contra la procreación, el futuro bebé o algo? No digo que aborten, porque entonces las matan (ahí sí hay lógica). Pero que el pensamiento aparezca, se esboce, se tenga en cuenta al menos.
Pues nada. A todas las criadas se les cae la baba cada vez que aparece un niño. Me están follando contra mi voluntad y lo que hago para abstraerme es... recodar la carita de mi bebita. Estoy pariendo a un niño de alguien a quien no deseo, con la propietaria haciendo el ganso detrás, y todas con cara de arrobo ante el nacimiento del bebé. Ni un leve atisbo de gesto de asco. ¿En serio? ¿Ningún pensamiento proabortista a la vista? ¿Ni siquiera la intención de tenerlo?

Pues eso.

Que la disfrute el que pueda.
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210 de 373 usuarios han encontrado esta crítica útil